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Al ser descubierta en su verdad más íntima y bella, en todos sus matices, y revelar el tesoro de colores que se oculta bajo su velo verde de alga de aguas dulces, Oedogonium se ha ruborizado, encendiendo su luz en constelaciones que recorren un universo de destellos de arcoíris.

 

Sin artificios, sin maquillaje, con tan solo aplicar el filtro de la palabra justa que descubre la hermosura del alma y la generosidad de un corazón, algunas personas se encienden de rubor como si se hubiese quebrado el encanto de su secreto, pero es un gesto necesario para marcar el punto exacto de la estrella que muchos navegantes necesitan conocer para no perder su rumbo.

 

Oedogonium hoy se muestra así, con su alma de destellos y con su corazón ancho al ser descubierta tan solo por unos filtros de cristal que han encendido sus entrañas en constelaciones de color.

 

Oedogonium es un alga filamentosa de filamentos como hilos que nunca se ramifican. Todos los parientes de Oedogonium pertenecen a la clase de algas clorofíceas y se incluyen en el orden Oedogoniales, un orden muy especial por sus peculiaridades a la hora de reproducirse y de crecer.

 

Oedogonium crece dando lugar a filamentos tabicados formados por células de un solo núcleo - en la imagen se observan bastante bien como círculos grises con una parte central más densa-. Cada célula contiene varios cloroplastos que al estar perforados muestran un aspecto de red irregular y deshilachada, las zonas más oscuras de los cloroplastos corresponden a pequeños acúmulos de proteínas, los pirenoides, granos de reserva bastante comunes en las algas.

 

Igual que todos los seres vivos, grandes y pequeños Oedogonium lucha por sobrevivir, y consigue hacerlo en gran cantidad de medios acuáticos ayudada por cuatro sistemas diferentes de reproducción tanto sexual como asexual, que pasa en algunos casos por la formación de grandes zoosporas flageladas que recuerdan a los mismos protozoos de vida errante.

 

Oedogonium ha venido en unas muestras recogidas en el Parque del Retiro de Madrid el día 2 de abril para el taller de vida microscópica organizado en Medialab-Prado Madrid y en el que se presentó el trabajo extraordinario y altruista desarrollado por la plataforma de Biodiversidad Virtual y se ha fotografiado a 400 aumentos con una técnica combinada de campo oscuro y polarización.

 

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En tan solo una gota de agua se abrió este pequeño tesoro de vida de seres que que como en la selva misteriosa, aguardan a ser descubiertos uno a uno en los próximos días. Del mismo corazón de Madrid, en las aguas que salpican en Parque del Retiro se esconde esta Arca de Noe invisible, repleta de seres fascinantes. Han podido ser descubiertos en la jornada de presentación de la plataforma Biodiversidad virtual en el espacio de Medialab-Prado.

 

1 Chroococcus , 2 Navicula , 3 Nitzschia , 4 Ankistrodesmus , 5 Scenedesmus , 6 Scenedesmus , 7 Oedogonium , 8 Colacium , 9 Chlamydomonas , 10 Salpingoeca , 11 Anisonema , 12 Anisonema , 13 Jenningsia , 14 Euglena , 15 Euglena , 16 Phacus , 17 Colchipodium , 18 Chlamydaster , 19 Platyamoeba , 20 Amoeba , 21 Stylonychia , 22 Lagynophyra , 23 Cinetochilum , 24 Encentrum , 25 Lepadella .

 

Todas las imágenes han sido tomadas a 400 aumentos con la técnica de contraste de interferencia sobre unas muestras recogidas en el Parque del Retiro el día 2 de abril de 2016.

   

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La técnica de campo oscuro permite destacar la belleza del alma de muchas algas que con la iluminación de campo claro se extingue comida por la luz exterior.

 

Oedogonium se muestra hoy aquí sin artificios, en su pura esencia, con tan solo dejar que la luz en vez de iluminarla, salga de su interior con toda esa frescura que le da su propia vida y se muestra así, con su alma pura y libre encendida de frescura y de belleza.

 

Oedogonium es un alga filamentosa de filamentos como hilos que nunca se ramifican. Todos los parientes de Oedogonium pertenecen a la clase de algas clorofíceas y se incluyen en el orden Oedogoniales, un orden muy especial por sus peculiaridades a la hora de reproducirse y de crecer.

 

Oedogonium crece dando lugar a filamentos tabicados formados por células de un solo núcleo - en la imagen se observan bastante bien como círculos grises con una parte central más densa-. Cada célula contiene varios cloroplastos que al estar perforados muestran un aspecto de red irregular y deshilachada, las zonas más oscuras de los cloroplastos corresponden a pequeños acúmulos de proteínas, los pirenoides, granos de reserva bastante comunes en las algas.

 

Igual que todos los seres vivos, grandes y pequeños Oedogonium lucha por sobrevivir, y consigue hacerlo en gran cantidad de medios acuáticos ayudada por cuatro sistemas diferentes de reproducción tanto sexual como asexual, que pasa en algunos casos por la formación de grandes zoosporas flageladas que recuerdan a los mismos protozoos de vida errante.

 

Oedogonium ha venido en unas muestras recogidas en el Parque del Retiro de Madrid el día 2 de abril para el taller de vida microscópica organizado en Medialab-Prado Madrid y en el que se presentó el trabajo extraordinario y altruista desarrollado por la plataforma de Biodiversidad Virtual y se ha fotografiado a 400 aumentos con la técnica de campo oscuro.

  

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Apenas es nada y resultó ser todo a fuerza de trabajo y del paso del tiempo contado en miles de millones de años. Cianobacterias como ésta, Chroococcus dispersus insignificantes y esenciales, dieron la señal de paso y abrieron la puerta para que la vida se extendiese en cualquier rincón del Planeta.

 

Seres como éste crearon constelaciones en el agua en tiempos a los que la imaginación o alcanza, y granito a grano de vida, sembraron de vida nuestro Planeta creando las condiciones para que aquel infierno primitivo se tornase un paraíso habitable en el que somos inquilinos recientes e inexpertos.

 

Muchas cianobacterias apenas parecen haber cambiado desde el origen de los tiempos y han resistido el desgaste de más de tres mil millones de años. Han contemplado en medio de colosales e indescriptibles catástrofes como se han ido extinguiendo muchos seres de los que hoy tan solo queda su recuerdo petrificado.

 

Han sido testigos mudos de la vida pasajera desde su infinita insignificancia y posiblemente, cuando nuestro Planeta se apague, se extinguirán con él como compañeras fieles a la vida.

 

Primitivas y evolucionadas a un tiempo, las cianobacterias, se encuentran en cualquier tipo de ambiente, desde la nieve, a los suelos ardientes de las fumarolas, sólo necesitan un poco de agua y luz.

 

La imagen de hoy corresponde a una cianobacteria diminuta del género Chroococcus que brilla como el oro, porque es oro para la vida. Chroococcus dispersus vive en el corazón de Madrid, en cualquier pequeño estanque del parque del Retiro.

 

Desde allí, como un invisible sistema planetario nos recuerda que la vida es un tesoro, que con tenacidad y granito a grano se ha construido a base de esfuerzos insignificantes y tenaces. Es la fuerza de la belleza y del trabajo infatigable.

 

La imagen, tomada a 400 aumentos con la técnica de contraste de interferencia, procede de una muestra recogida en el Parque del Retiro de Madrid el día 2 de abril para el taller de vida microscópica organizado en Medialab Madrid y en el que se presentó el trabajo extraordinario y altruista desarrollado por la plataforma de Biodiversidad Virtual.

  

Más información.

  

flickriver.com/photos/javier1949/popular-interesting/

 

Medialab/Prado

 

Rehabilitación y acondicionamiento de la antigua Serrería Belga de los Pinares de El Paular para sede de Centro Medialab/Prado

Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

medialab-prado.es/

www.langarita-navarro.com

www.dezeen.com/2013/07/05/medialab-prado-by-langarita-nav...

 

Medialab-Prado | Madrid

Architecture by Langarita Navarro Arquitectos

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Medialab/Prado

 

Rehabilitación y acondicionamiento de la antigua Serrería Belga de los Pinares de El Paular para sede de Centro Medialab/Prado

Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

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Las dos vidas de Nitzschia amphibia no son tan numerosas como las siete del gato, pero a ella le bastan para vivir bien.

 

Las dos vidas de Nitzschia amphibia son dos vidas sencillas, sin pretensiones, pero enraizadas con la mágica existencia que surge de la mezcla de dos ingredientes también mágicos: agua y Sol.

 

Las dos vidas de Nitzschia amphibia son la vida de navegante por cualquier océano infinito de agua dulce y la vida reposada de un navío diminuto atracado en un puerto salpicado de oleajes, vamos, como la vida de cualquier anfibio: agua y tierra.

 

Cuando navega Nitzschia amphibia es una diatomea costurera que cose el agua con el hilo invisible de su vida, primero hacia adelante y luego hacia atrás en un ritmo siempre certero de pulsos deslizantes.

 

Cuando atraca junto a la orilla, a Nitzschia amphibia le gustan los muelles duros de roca fragmentada en granitos como la sal, hasta que el agua vuelve a darle su señal de partida y así retorna una vez más a la vida navegante con meta en puerto incierto.

 

Nitzschia amphibia es una diatomea solitaria casi de cualquier tipo de agua, a la que le gustan especialmente las cargadas en nutrientes que en El Parque del Retiro puede encontrar...y allí nos encontró a nosotros, una mañana de sol de abril, celebrando entre amigos la presentación en Medialab-Prado, de la plataforma de Biodiversidad Virtual una vida también anfibia de pasión y de trabajo.

 

Nitzschia amphibia es también un barquito de cristal de costados paralelos de apenas cuatro micras de anchura y proa y popa afiliadas separdas entro doce y cincuenta micras. Son pequeñas dimensiones en la que cabe su gran alma viva de navegante.

 

La imagen, tomada a 400 aumentos con la técnica de contraste de interferencia, procede de una muestra recogida en el Parque del Retiro de Madrid el día 2 de abril para el taller de vida microscópica organizado en Medialab-Prado Madrid y en el que se presentó el trabajo extraordinario y altruista desarrollado por la plataforma de Biodiversidad Virtual.

  

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Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

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Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

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Es un pabellón de cristal diseñado por Ricardo Velásquez Bosco en 1887 e inspirado en El Palacio de Cristal de Londres de 1850 de Joseph Paxton.

Se encuentra en el corazón del Parque del Retiro, carismáticamente reflejado en un pequeño lago poblado por patos, gansos grises y cisnes negros, conformando una de las estampas más bucólicas de Madrid.

 

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Medialab/Prado

 

Rehabilitación y acondicionamiento de la antigua Serrería Belga de los Pinares de El Paular para sede de Centro Medialab/Prado

Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

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Medialab/Prado

 

Rehabilitación y acondicionamiento de la antigua Serrería Belga de los Pinares de El Paular para sede de Centro Medialab/Prado

Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

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Medialab/Prado

 

Rehabilitación y acondicionamiento de la antigua Serrería Belga de los Pinares de El Paular para sede de Centro Medialab/Prado

Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

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Rehabilitación y acondicionamiento de la antigua Serrería Belga de los Pinares de El Paular para sede de Centro Medialab/Prado

Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

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Medialab-Prado | Madrid

Architecture by Langarita Navarro Arquitectos

Medialab-Prado | Madrid

Architecture by Langarita Navarro Arquitectos

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Medialab/Prado

 

Rehabilitación y acondicionamiento de la antigua Serrería Belga de los Pinares de El Paular para sede de Centro Medialab/Prado

Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

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Rehabilitación y acondicionamiento de la antigua Serrería Belga de los Pinares de El Paular para sede de Centro Medialab/Prado

Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

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MediaLab Prado Madrid - Abril 2013

amores de brunilda

by #retroworks

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Medialab/Prado

 

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Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

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Medialab/Prado

 

Rehabilitación y acondicionamiento de la antigua Serrería Belga de los Pinares de El Paular para sede de Centro Medialab/Prado

Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

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Rehabilitación y acondicionamiento de la antigua Serrería Belga de los Pinares de El Paular para sede de Centro Medialab/Prado

Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

medialab-prado.es/

www.langarita-navarro.com

www.dezeen.com/2013/07/05/medialab-prado-by-langarita-nav...

 

flickriver.com/photos/javier1949/popular-interesting/

 

Medialab/Prado

 

Rehabilitación y acondicionamiento de la antigua Serrería Belga de los Pinares de El Paular para sede de Centro Medialab/Prado

Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

medialab-prado.es/

www.langarita-navarro.com

www.dezeen.com/2013/07/05/medialab-prado-by-langarita-nav...

 

flickriver.com/photos/javier1949/popular-interesting/

 

Medialab/Prado

 

Rehabilitación y acondicionamiento de la antigua Serrería Belga de los Pinares de El Paular para sede de Centro Medialab/Prado

Calle Alameda 15 c/v a Plaza de las Letras y c/v a Cenicero 8. Madrid

 

Serrería Belga de los Pinares de El Paular

Arquitecto: Manuel Álvarez Naya: 1924-1928 (Obras)

 

El edificio original es la nave posterior de un conjunto dedicado a talleres y venta de maderas de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular que ocupó la totalidad de la manzana, con fachada a la calle Atocha, obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La estructura, de hormigón en vigas, pilares, forjado y cerchas de cubierta, tiene un gran interés por su sencillez y por la previsión de su construcción en este material incombustible, dado el uso de la manipulación y manufactura de la madera que se dio al edificio. Su simplicidad y modernidad estructural para la época en que se construyó constituye su mayor atractivo, siendo un magnífico ejemplo de arquitectura industrial madrileña de principio del siglo XX. Su actividad se clausuró a principios de la década de los 90, pasando a propiedad del Ayuntamiento.

El Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid convocó, en febrero 2007, concurso internacional de ideas para adecuar el edificio a sede de Intermediae-Prado. Se recibieron 56 propuestas, resultando ganadora la presentada por los arquitectos españoles María Langarita y Víctor Navarro.

 

Adaptación de la Serrería Belga para sede de Centro Medialab/Prado “LA COSA”

Arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro 2008 (proyecto) 2009-13 (obras)

 

Fragmentos de la memoria redactada por los autores:

Quizá la extrañeza, más que otras cosas, hace posible que las diversas voluntades que constituyen el proyecto de adaptación de la Serrería Belga para Medialab-Prado coexistan, no sin cierta ironía.

La primera de estas cáusticas convivencias es la que nace de una cierta esquizofrenia institucional. A la vez que el Paseo del Arte se convertía en el titulo del relato con el que el Ayuntamiento de Madrid pretendía atraer a un turismo global, el Área de las Artes promovía, en el mismo lugar, un concurso de arquitectura que acabaría siendo para una institución que auspiciaba debates profundamente críticos con ese modelo. Medialab autodefinida como “un espacio orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y del ámbito de confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad” promueve, frente al modelo tradicional de exhibición, la producción como proceso permeable, el desplazamiento de la figura del espectador al de actuante o la figura del mediador como facilitador de conexiones.

La Serrería versus La Cosa es otro formato de coexistencia que, a modo de combate dialéctico, ha permitido habitar más allá del concepto convencional de rehabilitación el espacio intermedio que quedaba entre ambos contrincantes. La Serrería Belga fue construida en varias fases desde los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Manuel Álvarez Naya y es una de las primeras arquitecturas madrileñas en las que se empleaba el hormigón armado. La Cosa, por su parte, es el nombre que nos ha facilitado referirnos a ese conjunto de dispositivos, instalaciones y comunicaciones que agrupados permiten actualizar el edificio a los requerimientos actuales. Un ente ligero y articulado, con un cierto aire pretecnológico, que infiltrado en el edificio permite una amplia capacidad de transformación. En definitiva, una coexistencia de contrarios que ha permitido pensar la región intermedia entre interlocutores no como un producto consumado sino como un proceso abierto, versátil y activado por los usuarios.

Estos modos de coexistencia abren campo a algunas de las estrategias utilizadas en la adaptación: La apropiación del edificio existente no solo como narración histórica sino también como contenedor de energías latentes que se han incorporado al proyecto como material efectivo. Se ha evitado duplicar o incorporar soluciones o propiedades que ya fueran aportadas por el edificio de la Serrería. El tratamiento no específico de los espacios. Esta condición ha derivado en un tratamiento homogéneo de las soluciones materiales o la distribución uniforme de los sistemas de instalaciones.

Pensar la actuación como una estratificación con diferentes niveles de cambio en el tiempo. Se han elegido sistemas de construcción ligeros y desmontables, así como materiales que por su durabilidad y por su capacidad de ser modificados no condicionen futuras transformaciones.

Enfocar cada nueva intervención como una oportunidad para incorporar soportes para la acción e investigación de creadores. Entre ellos están la solución de dobles estores como pantallas de proyección, el aprovechamiento de huecos en la estructura existente para crear un suelo retroproyectado, la utilización de la medianera como fachada digital o el diseño de La Cosa como un dispositivo de experimentación digital.

El edificio existente se conserva en su estado actual. Se restituyen de forma puntual aquellas partes que por cuestiones técnicas o estructurales lo necesitan y se eliminan las que impiden el desarrollo del programa. Sobre ese esqueleto se enreda el segundo interlocutor La Cosa. Esta actuación dual permite superar la noción de objeto y enfatizar la atención en lo que ocurre entre los dos. Haciendo que la intervención no sé perciba como un producto consumado sino que se materialice como un proceso abierto activado por los usuarios.

Descripción constructiva.

El carácter doble y contradictorio se ha mantenido en los aspectos constructivos del proyecto. Frente a la materialización sólida de estructura de hormigón y muros de fábrica de ladrillo y revoco de la Serrería, la nueva actuación ha adoptado un sistema de estructura metálica y cerramientos ligeros de madera y textil, que minimizan el impacto sobre el edificio existente y permiten su desmantelamiento con el mínimo impacto. A su vez, el trazado de las instalaciones, que quedan vistas, permite una fácil reconfiguración de los espacios para la incorporación de diferentes actividades.

En el interior, La Cosa, se construye mediante un sencillo armazón de estructura metálica y cerramientos de contrachapado de madera, en los que se alojan, las comunicaciones, aseos y la distribución general de las instalaciones.

La Cosa en el exterior, por el contrario, adopta un sistema constructivo más sofisticado que libera el plano del suelo facilitando así la continuidad con la red de plazas cercanas y permite que el espacio urbano se prolongue hasta el interior del edificio. La estructura final sigue un esquema similar al de una marioneta, asociando la pieza con un elemento flotante, ligero y articulado. La estructura está constituida por unos marcos de acero suspendidos mediante cables tipo Macalloy de unas cruces de acero interseccionadas que atan al mismo tiempo las dos cerchas paralelas que las soportan. La unión de esos marcos, flotando a diferentes alturas en el aire, define un recorrido de sección variable que cobra volumen a través del sistema de arriostramiento metálico. El resultado final es el de una malla romboidal a modo de red que asegura la rigidez de la pieza. La necesidad de no perder la ligereza marcó la decisión en la búsqueda del cerramiento; Se opto por un sistema de doble piel textil que fuera ligero y que permitiera el paso de la luz en todo momento. Esa trama romboidal con aspecto de malla tensada se potencia mediante un sistema de iluminación formado por líneas de leds RGB que permite realizar creaciones digitales e intervenciones artísticas en toda su envolvente.

 

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