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ALMAZAN

 

Almazán es un municipio y villa española de la provincia de Soria, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Con una población de 5489 habitantes (INE, 2019), se trata del segundo término municipal más poblado de la provincia. La localidad es atravesada por el río Duero.

El año 1068 Almazán es reconquistada por los cristianos por Alfonso VI de León, aunque poco después fue recuperada para al-Ándalus.​ Es a comienzos del siglo xii cuando Almazán es definitivamente repoblada por la acción de Alfonso I el Batallador en 1128. Un diploma del 22 de septiembre de ese año lo documenta, con la referencia temporal «en el tiempo cuando el predicho rey Alfonso poblaba la población de Almazán, que él llamaba Plasencia». Este testimonio informa del nombre que le daba el rey aragonés, que sin embargo no llegó a consolidarse.​ Tras la muerte de Alfonso I el Batallador en 1134, la población pasa a manos castellanas y Alfonso VII de León hace donaciones de terrenos de Almazán al obispo de Sigüenza.

 

En 1158 Sancho III de Castilla crea desde Almazán la Orden de Caballería de Calatrava. Entregándola al Abad Raimundo de Fitero y el freire Diego Velázquez, que se encargarán desde Ciruelos (la orden monacal del Císter) y desde el castillo de Calatrava, como castillo fronterizo cercano a Sierra Morena (la orden de los Caballeros) de mantener la frontera sur de Castilla

A finales del siglo xiii se enfrentan en guerra civil Sancho IV de Castilla, «el Bravo», y quien pretendía el trono de Castilla, el infante Alfonso de la Cerda, que había sido acogido en la corte de Alfonso III de Aragón, el Liberal, y era apoyado en sus aspiraciones reales por este monarca quien, en su enfrentamiento con Sancho el Deseado, tomó Almazán en 1289 estableciéndose allí el infante Alfonso de la Cerda junto con un séquito que hacía las veces de corte a comienzos del siglo xiv. En 1305, tras variadas vicisitudes y la mediación del rey de Portugal Dionisio I y el de Aragón Jaime II el Justo, la plaza es devuelta a la Corona castellana.​

 

En 1375 se firmaron en Almazán las paces entre Castilla y Aragón. Pedro IV el Ceremonioso, rey de Aragón, y Enrique II, rey de Castilla. En enero del mismo año moriría el rey Jaime IV de Mallorca, rey consorte de Nápoles tras una corta enfermedad. Su cuerpo fue trasladado a Soria para ser enterrado en el Convento de San Francisco. Juan Hurtado de Mendoza en 1392 era mayordomo mayor de Enrique III de Castilla. El rey Enrique IV de Castilla le regala la villa y le hace señor de la misma. La comarca estaba dividida en dos sexmos (división territorial que comprende cierto número de pueblos asociados para la administración de bienes comunes). Había 40 pueblos entre los dos sexmos; 24 en Tierra Llana y 16 en la Sierra. La villa estaba regida por el alcalde mayor; le ayudaban seis regidores, tres de la clase de hidalgos y tres hombres buenos del pueblo. Almazán era un marquesado del conde de Altamira, siendo este un título entroncado en el linaje de los Hurtado de Mendoza. Los Reyes Católicos visitaron Almazán en varias ocasiones.

En la villa murió el dramaturgo Tirso de Molina el 12 de marzo de 1648, en el convento de la Merced y se supone yace en el cementerio conventual.​ Durante la Guerra de la Independencia Española, el 10 de julio de 1810, fue incendiada​ esta villa por el general francés Régis Barthélemy Mouton-Duvernet, con motivo de la tenaz resistencia, que dentro de sus muros, hizo Jerónimo Merino, con 1600 hombres.​ A la caída del Antiguo Régimen la localidad se constituye en municipio constitucional en la región de Castilla la Vieja, partido de Almazán que en el censo de 1842 contaba con 484 hogares y 2400 vecinos. A mediados del siglo xix, entre el censo de 1857 y el anterior, crece el término del municipio porque incorpora a Fuentelcarro y a Tejerizas. A finales del siglo xx, entre el censo de 1981 y el anterior, crece el término del municipio porque incorpora a Cobertelada, con las localidades de Almántiga, Balluncar, Covarrubias y Lodares del Monte.

 

Patrimonio

 

Muralla junto a la plaza Mayor y, en segundo plano, la iglesia de San Miguel.

Sobresale el conjunto artístico románico, pero sin olvidar muestras de barroco, renacentista y gótico.

 

Iglesia de San Miguel, joya del románico soriano. Destaca su cimborrio de dos cuerpos. El primero, construido en piedra, está cubierto con una bóveda estrellada de nervios entrecruzados de estilo mudéjar del siglo xii. También destaca su bonito campanario octogonal.​ Fue declarada monumento histórico-artístico perteneciente al tesoro nacional el 3 de junio de 1931.15​16​ Hoy día cuenta con el estatus de bien de interés cultural.

Iglesia de Santa María de Calatañazor. Destaca su bonito retablo recientemente restaurado.

Iglesia de San Pedro.

Iglesia de Nuestra Señora de Campanario, con cabecera románica.

Antigua iglesia de San Vicente, románica, hoy Aula Municipal de Cultura.

Iglesia de San Esteban, junto al castillo, con restos románicos.

Ermita de Jesús Nazareno o Capilla del Cristo, barroca.

Antiguo convento de las Clarisas, hoy día propiedad de particular.

Antiguo convento de la Merced, propiedad del Ayuntamiento. Fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 26 de diciembre de 1947.

Recinto amurallado, que incluye la Puerta de Herreros, la Puerta del Mercado y la Puerta y reloj de la Villa y la "Puerta del Postiguillo" en la Plaza Santa María.

Plaza Mayor, donde se erige la estatua de Diego Laínez y sede del Ayuntamiento, el Palacio de los Hurtado de Mendoza y la Iglesia de San Miguel. La plaza fue reformada en 2011 por los arquitectos José María de Churtichaga y Cayetana de la Quadra-Salcedo, intervención que incluyó la inserción de un mirador en voladizo con vistas sobre el río Duero y que en 2012 resultó finalista en la séptima edición del Premio Europeo del Espacio Público Urbano.

Antigua Casa del Obispo

Palacio de los Hurtado de Mendoza o de los Altamira. Fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 13 de junio de 1991.

Las Tres Cruces.

 

Mandado construir por doña Sancha de Castilla, hermana de Alfonso VII el Emperador, en el año 1147. Esta infanta obtuvo por mediación del Rey francés, Luis el Joven, una espina de la corona de Jesús custodiada en el Monasterio de San Dionís, y que posteriormente regaló a este Monasterio, de ahí su nombre de Real Monasterio de Santa María de La Santa Espina. En el mismo año llegaron los primeros monjes cistercienses.

 

Como ha pasado en tantos otros monasterios, éste se construyó en diferentes épocas y sufrió notables reformas, además de un grave incendio en 1731 y su abandono tras la desamortización de Mendizábal en 1835.

 

En 1865 adquirió el monasterio D. Ángel Juan Álvarez, Marqués de Valderas. Gracias a la iniciativa de su viuda, Doña Susana de Montes y Bayón, el Monasterio pasó a ser un centro de enseñanza agrícola.

 

Este Monasterio está declarado Bien de Interés Cultural desde el año 1931.

 

www.lasantaespina.es/historia.asp?tipo=historia&IdTbl1=1

El Centre Pompidou Málaga invita al público a vivir la experiencia a través de la riqueza de su colección, la excelencia de su programación, el cruce de disciplinas artísticas y sus innovadores programas de mediación destinados a todos los públicos.

Ofrece un recorrido por el arte de los siglos XX y XXI con casi 90 obras selectas de la incomparable colección del Centre Pompidou, una de las dos más importantes del mundo del arte moderno y contemporáneo.

 

The Centre Pompidou Malaga invites the public to experience through the richness of its collection, the excellence of its programming, the crossing of artistic disciplines and innovative mediation programs for all audiences.

It offers a tour of the art of the twentieth and twenty centuries with almost 90 selected works of the incomparable collection of the Centre Pompidou, one of the two most important in the world of modern and contemporary art.

ALMAZAN

 

Almazán es un municipio y villa española de la provincia de Soria, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Con una población de 5489 habitantes (INE, 2019), se trata del segundo término municipal más poblado de la provincia. La localidad es atravesada por el río Duero.

El año 1068 Almazán es reconquistada por los cristianos por Alfonso VI de León, aunque poco después fue recuperada para al-Ándalus.​ Es a comienzos del siglo xii cuando Almazán es definitivamente repoblada por la acción de Alfonso I el Batallador en 1128. Un diploma del 22 de septiembre de ese año lo documenta, con la referencia temporal «en el tiempo cuando el predicho rey Alfonso poblaba la población de Almazán, que él llamaba Plasencia». Este testimonio informa del nombre que le daba el rey aragonés, que sin embargo no llegó a consolidarse.​ Tras la muerte de Alfonso I el Batallador en 1134, la población pasa a manos castellanas y Alfonso VII de León hace donaciones de terrenos de Almazán al obispo de Sigüenza.

 

En 1158 Sancho III de Castilla crea desde Almazán la Orden de Caballería de Calatrava. Entregándola al Abad Raimundo de Fitero y el freire Diego Velázquez, que se encargarán desde Ciruelos (la orden monacal del Císter) y desde el castillo de Calatrava, como castillo fronterizo cercano a Sierra Morena (la orden de los Caballeros) de mantener la frontera sur de Castilla

A finales del siglo xiii se enfrentan en guerra civil Sancho IV de Castilla, «el Bravo», y quien pretendía el trono de Castilla, el infante Alfonso de la Cerda, que había sido acogido en la corte de Alfonso III de Aragón, el Liberal, y era apoyado en sus aspiraciones reales por este monarca quien, en su enfrentamiento con Sancho el Deseado, tomó Almazán en 1289 estableciéndose allí el infante Alfonso de la Cerda junto con un séquito que hacía las veces de corte a comienzos del siglo xiv. En 1305, tras variadas vicisitudes y la mediación del rey de Portugal Dionisio I y el de Aragón Jaime II el Justo, la plaza es devuelta a la Corona castellana.​

 

En 1375 se firmaron en Almazán las paces entre Castilla y Aragón. Pedro IV el Ceremonioso, rey de Aragón, y Enrique II, rey de Castilla. En enero del mismo año moriría el rey Jaime IV de Mallorca, rey consorte de Nápoles tras una corta enfermedad. Su cuerpo fue trasladado a Soria para ser enterrado en el Convento de San Francisco. Juan Hurtado de Mendoza en 1392 era mayordomo mayor de Enrique III de Castilla. El rey Enrique IV de Castilla le regala la villa y le hace señor de la misma. La comarca estaba dividida en dos sexmos (división territorial que comprende cierto número de pueblos asociados para la administración de bienes comunes). Había 40 pueblos entre los dos sexmos; 24 en Tierra Llana y 16 en la Sierra. La villa estaba regida por el alcalde mayor; le ayudaban seis regidores, tres de la clase de hidalgos y tres hombres buenos del pueblo. Almazán era un marquesado del conde de Altamira, siendo este un título entroncado en el linaje de los Hurtado de Mendoza. Los Reyes Católicos visitaron Almazán en varias ocasiones.

En la villa murió el dramaturgo Tirso de Molina el 12 de marzo de 1648, en el convento de la Merced y se supone yace en el cementerio conventual.​ Durante la Guerra de la Independencia Española, el 10 de julio de 1810, fue incendiada​ esta villa por el general francés Régis Barthélemy Mouton-Duvernet, con motivo de la tenaz resistencia, que dentro de sus muros, hizo Jerónimo Merino, con 1600 hombres.​ A la caída del Antiguo Régimen la localidad se constituye en municipio constitucional en la región de Castilla la Vieja, partido de Almazán que en el censo de 1842 contaba con 484 hogares y 2400 vecinos. A mediados del siglo xix, entre el censo de 1857 y el anterior, crece el término del municipio porque incorpora a Fuentelcarro y a Tejerizas. A finales del siglo xx, entre el censo de 1981 y el anterior, crece el término del municipio porque incorpora a Cobertelada, con las localidades de Almántiga, Balluncar, Covarrubias y Lodares del Monte.

 

Patrimonio

 

Muralla junto a la plaza Mayor y, en segundo plano, la iglesia de San Miguel.

Sobresale el conjunto artístico románico, pero sin olvidar muestras de barroco, renacentista y gótico.

 

Iglesia de San Miguel, joya del románico soriano. Destaca su cimborrio de dos cuerpos. El primero, construido en piedra, está cubierto con una bóveda estrellada de nervios entrecruzados de estilo mudéjar del siglo xii. También destaca su bonito campanario octogonal.​ Fue declarada monumento histórico-artístico perteneciente al tesoro nacional el 3 de junio de 1931.15​16​ Hoy día cuenta con el estatus de bien de interés cultural.

Iglesia de Santa María de Calatañazor. Destaca su bonito retablo recientemente restaurado.

Iglesia de San Pedro.

Iglesia de Nuestra Señora de Campanario, con cabecera románica.

Antigua iglesia de San Vicente, románica, hoy Aula Municipal de Cultura.

Iglesia de San Esteban, junto al castillo, con restos románicos.

Ermita de Jesús Nazareno o Capilla del Cristo, barroca.

Antiguo convento de las Clarisas, hoy día propiedad de particular.

Antiguo convento de la Merced, propiedad del Ayuntamiento. Fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 26 de diciembre de 1947.

Recinto amurallado, que incluye la Puerta de Herreros, la Puerta del Mercado y la Puerta y reloj de la Villa y la "Puerta del Postiguillo" en la Plaza Santa María.

Plaza Mayor, donde se erige la estatua de Diego Laínez y sede del Ayuntamiento, el Palacio de los Hurtado de Mendoza y la Iglesia de San Miguel. La plaza fue reformada en 2011 por los arquitectos José María de Churtichaga y Cayetana de la Quadra-Salcedo, intervención que incluyó la inserción de un mirador en voladizo con vistas sobre el río Duero y que en 2012 resultó finalista en la séptima edición del Premio Europeo del Espacio Público Urbano.

Antigua Casa del Obispo

Palacio de los Hurtado de Mendoza o de los Altamira. Fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 13 de junio de 1991.

Las Tres Cruces.

 

ALMAZAN

 

Almazán es un municipio y villa española de la provincia de Soria, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Con una población de 5489 habitantes (INE, 2019), se trata del segundo término municipal más poblado de la provincia. La localidad es atravesada por el río Duero.

El año 1068 Almazán es reconquistada por los cristianos por Alfonso VI de León, aunque poco después fue recuperada para al-Ándalus.​ Es a comienzos del siglo xii cuando Almazán es definitivamente repoblada por la acción de Alfonso I el Batallador en 1128. Un diploma del 22 de septiembre de ese año lo documenta, con la referencia temporal «en el tiempo cuando el predicho rey Alfonso poblaba la población de Almazán, que él llamaba Plasencia». Este testimonio informa del nombre que le daba el rey aragonés, que sin embargo no llegó a consolidarse.​ Tras la muerte de Alfonso I el Batallador en 1134, la población pasa a manos castellanas y Alfonso VII de León hace donaciones de terrenos de Almazán al obispo de Sigüenza.

 

En 1158 Sancho III de Castilla crea desde Almazán la Orden de Caballería de Calatrava. Entregándola al Abad Raimundo de Fitero y el freire Diego Velázquez, que se encargarán desde Ciruelos (la orden monacal del Císter) y desde el castillo de Calatrava, como castillo fronterizo cercano a Sierra Morena (la orden de los Caballeros) de mantener la frontera sur de Castilla

A finales del siglo xiii se enfrentan en guerra civil Sancho IV de Castilla, «el Bravo», y quien pretendía el trono de Castilla, el infante Alfonso de la Cerda, que había sido acogido en la corte de Alfonso III de Aragón, el Liberal, y era apoyado en sus aspiraciones reales por este monarca quien, en su enfrentamiento con Sancho el Deseado, tomó Almazán en 1289 estableciéndose allí el infante Alfonso de la Cerda junto con un séquito que hacía las veces de corte a comienzos del siglo xiv. En 1305, tras variadas vicisitudes y la mediación del rey de Portugal Dionisio I y el de Aragón Jaime II el Justo, la plaza es devuelta a la Corona castellana.​

 

En 1375 se firmaron en Almazán las paces entre Castilla y Aragón. Pedro IV el Ceremonioso, rey de Aragón, y Enrique II, rey de Castilla. En enero del mismo año moriría el rey Jaime IV de Mallorca, rey consorte de Nápoles tras una corta enfermedad. Su cuerpo fue trasladado a Soria para ser enterrado en el Convento de San Francisco. Juan Hurtado de Mendoza en 1392 era mayordomo mayor de Enrique III de Castilla. El rey Enrique IV de Castilla le regala la villa y le hace señor de la misma. La comarca estaba dividida en dos sexmos (división territorial que comprende cierto número de pueblos asociados para la administración de bienes comunes). Había 40 pueblos entre los dos sexmos; 24 en Tierra Llana y 16 en la Sierra. La villa estaba regida por el alcalde mayor; le ayudaban seis regidores, tres de la clase de hidalgos y tres hombres buenos del pueblo. Almazán era un marquesado del conde de Altamira, siendo este un título entroncado en el linaje de los Hurtado de Mendoza. Los Reyes Católicos visitaron Almazán en varias ocasiones.

En la villa murió el dramaturgo Tirso de Molina el 12 de marzo de 1648, en el convento de la Merced y se supone yace en el cementerio conventual.​ Durante la Guerra de la Independencia Española, el 10 de julio de 1810, fue incendiada​ esta villa por el general francés Régis Barthélemy Mouton-Duvernet, con motivo de la tenaz resistencia, que dentro de sus muros, hizo Jerónimo Merino, con 1600 hombres.​ A la caída del Antiguo Régimen la localidad se constituye en municipio constitucional en la región de Castilla la Vieja, partido de Almazán que en el censo de 1842 contaba con 484 hogares y 2400 vecinos. A mediados del siglo xix, entre el censo de 1857 y el anterior, crece el término del municipio porque incorpora a Fuentelcarro y a Tejerizas. A finales del siglo xx, entre el censo de 1981 y el anterior, crece el término del municipio porque incorpora a Cobertelada, con las localidades de Almántiga, Balluncar, Covarrubias y Lodares del Monte.

 

Patrimonio

 

Muralla junto a la plaza Mayor y, en segundo plano, la iglesia de San Miguel.

Sobresale el conjunto artístico románico, pero sin olvidar muestras de barroco, renacentista y gótico.

 

Iglesia de San Miguel, joya del románico soriano. Destaca su cimborrio de dos cuerpos. El primero, construido en piedra, está cubierto con una bóveda estrellada de nervios entrecruzados de estilo mudéjar del siglo xii. También destaca su bonito campanario octogonal.​ Fue declarada monumento histórico-artístico perteneciente al tesoro nacional el 3 de junio de 1931.15​16​ Hoy día cuenta con el estatus de bien de interés cultural.

Iglesia de Santa María de Calatañazor. Destaca su bonito retablo recientemente restaurado.

Iglesia de San Pedro.

Iglesia de Nuestra Señora de Campanario, con cabecera románica.

Antigua iglesia de San Vicente, románica, hoy Aula Municipal de Cultura.

Iglesia de San Esteban, junto al castillo, con restos románicos.

Ermita de Jesús Nazareno o Capilla del Cristo, barroca.

Antiguo convento de las Clarisas, hoy día propiedad de particular.

Antiguo convento de la Merced, propiedad del Ayuntamiento. Fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 26 de diciembre de 1947.

Recinto amurallado, que incluye la Puerta de Herreros, la Puerta del Mercado y la Puerta y reloj de la Villa y la "Puerta del Postiguillo" en la Plaza Santa María.

Plaza Mayor, donde se erige la estatua de Diego Laínez y sede del Ayuntamiento, el Palacio de los Hurtado de Mendoza y la Iglesia de San Miguel. La plaza fue reformada en 2011 por los arquitectos José María de Churtichaga y Cayetana de la Quadra-Salcedo, intervención que incluyó la inserción de un mirador en voladizo con vistas sobre el río Duero y que en 2012 resultó finalista en la séptima edición del Premio Europeo del Espacio Público Urbano.

Antigua Casa del Obispo

Palacio de los Hurtado de Mendoza o de los Altamira. Fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 13 de junio de 1991.

Las Tres Cruces.

 

ALMAZAN

 

Almazán es un municipio y villa española de la provincia de Soria, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Con una población de 5489 habitantes (INE, 2019), se trata del segundo término municipal más poblado de la provincia. La localidad es atravesada por el río Duero.

El año 1068 Almazán es reconquistada por los cristianos por Alfonso VI de León, aunque poco después fue recuperada para al-Ándalus.​ Es a comienzos del siglo xii cuando Almazán es definitivamente repoblada por la acción de Alfonso I el Batallador en 1128. Un diploma del 22 de septiembre de ese año lo documenta, con la referencia temporal «en el tiempo cuando el predicho rey Alfonso poblaba la población de Almazán, que él llamaba Plasencia». Este testimonio informa del nombre que le daba el rey aragonés, que sin embargo no llegó a consolidarse.​ Tras la muerte de Alfonso I el Batallador en 1134, la población pasa a manos castellanas y Alfonso VII de León hace donaciones de terrenos de Almazán al obispo de Sigüenza.

 

En 1158 Sancho III de Castilla crea desde Almazán la Orden de Caballería de Calatrava. Entregándola al Abad Raimundo de Fitero y el freire Diego Velázquez, que se encargarán desde Ciruelos (la orden monacal del Císter) y desde el castillo de Calatrava, como castillo fronterizo cercano a Sierra Morena (la orden de los Caballeros) de mantener la frontera sur de Castilla

A finales del siglo xiii se enfrentan en guerra civil Sancho IV de Castilla, «el Bravo», y quien pretendía el trono de Castilla, el infante Alfonso de la Cerda, que había sido acogido en la corte de Alfonso III de Aragón, el Liberal, y era apoyado en sus aspiraciones reales por este monarca quien, en su enfrentamiento con Sancho el Deseado, tomó Almazán en 1289 estableciéndose allí el infante Alfonso de la Cerda junto con un séquito que hacía las veces de corte a comienzos del siglo xiv. En 1305, tras variadas vicisitudes y la mediación del rey de Portugal Dionisio I y el de Aragón Jaime II el Justo, la plaza es devuelta a la Corona castellana.​

 

En 1375 se firmaron en Almazán las paces entre Castilla y Aragón. Pedro IV el Ceremonioso, rey de Aragón, y Enrique II, rey de Castilla. En enero del mismo año moriría el rey Jaime IV de Mallorca, rey consorte de Nápoles tras una corta enfermedad. Su cuerpo fue trasladado a Soria para ser enterrado en el Convento de San Francisco. Juan Hurtado de Mendoza en 1392 era mayordomo mayor de Enrique III de Castilla. El rey Enrique IV de Castilla le regala la villa y le hace señor de la misma. La comarca estaba dividida en dos sexmos (división territorial que comprende cierto número de pueblos asociados para la administración de bienes comunes). Había 40 pueblos entre los dos sexmos; 24 en Tierra Llana y 16 en la Sierra. La villa estaba regida por el alcalde mayor; le ayudaban seis regidores, tres de la clase de hidalgos y tres hombres buenos del pueblo. Almazán era un marquesado del conde de Altamira, siendo este un título entroncado en el linaje de los Hurtado de Mendoza. Los Reyes Católicos visitaron Almazán en varias ocasiones.

En la villa murió el dramaturgo Tirso de Molina el 12 de marzo de 1648, en el convento de la Merced y se supone yace en el cementerio conventual.​ Durante la Guerra de la Independencia Española, el 10 de julio de 1810, fue incendiada​ esta villa por el general francés Régis Barthélemy Mouton-Duvernet, con motivo de la tenaz resistencia, que dentro de sus muros, hizo Jerónimo Merino, con 1600 hombres.​ A la caída del Antiguo Régimen la localidad se constituye en municipio constitucional en la región de Castilla la Vieja, partido de Almazán que en el censo de 1842 contaba con 484 hogares y 2400 vecinos. A mediados del siglo xix, entre el censo de 1857 y el anterior, crece el término del municipio porque incorpora a Fuentelcarro y a Tejerizas. A finales del siglo xx, entre el censo de 1981 y el anterior, crece el término del municipio porque incorpora a Cobertelada, con las localidades de Almántiga, Balluncar, Covarrubias y Lodares del Monte.

 

Patrimonio

 

Muralla junto a la plaza Mayor y, en segundo plano, la iglesia de San Miguel.

Sobresale el conjunto artístico románico, pero sin olvidar muestras de barroco, renacentista y gótico.

 

Iglesia de San Miguel, joya del románico soriano. Destaca su cimborrio de dos cuerpos. El primero, construido en piedra, está cubierto con una bóveda estrellada de nervios entrecruzados de estilo mudéjar del siglo xii. También destaca su bonito campanario octogonal.​ Fue declarada monumento histórico-artístico perteneciente al tesoro nacional el 3 de junio de 1931.15​16​ Hoy día cuenta con el estatus de bien de interés cultural.

Iglesia de Santa María de Calatañazor. Destaca su bonito retablo recientemente restaurado.

Iglesia de San Pedro.

Iglesia de Nuestra Señora de Campanario, con cabecera románica.

Antigua iglesia de San Vicente, románica, hoy Aula Municipal de Cultura.

Iglesia de San Esteban, junto al castillo, con restos románicos.

Ermita de Jesús Nazareno o Capilla del Cristo, barroca.

Antiguo convento de las Clarisas, hoy día propiedad de particular.

Antiguo convento de la Merced, propiedad del Ayuntamiento. Fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 26 de diciembre de 1947.

Recinto amurallado, que incluye la Puerta de Herreros, la Puerta del Mercado y la Puerta y reloj de la Villa y la "Puerta del Postiguillo" en la Plaza Santa María.

Plaza Mayor, donde se erige la estatua de Diego Laínez y sede del Ayuntamiento, el Palacio de los Hurtado de Mendoza y la Iglesia de San Miguel. La plaza fue reformada en 2011 por los arquitectos José María de Churtichaga y Cayetana de la Quadra-Salcedo, intervención que incluyó la inserción de un mirador en voladizo con vistas sobre el río Duero y que en 2012 resultó finalista en la séptima edición del Premio Europeo del Espacio Público Urbano.

Antigua Casa del Obispo

Palacio de los Hurtado de Mendoza o de los Altamira. Fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 13 de junio de 1991.

Las Tres Cruces.

 

Limenitis reducta ((Staudinger, 1901)

Ninfa de los arroyos - Nimfa mediterrànea

Limenitis camilla (Linnaeus, 1764)

Ninfa del bosque - nimfa boscana

Pirineo aragonés - España

Aún volando en la misma zona como fue el caso, no son frecuentes estos encuentros, así juntas, sin mediación de la suerte. Ambas especies libaban golosamente sobre esa panera floral y alternaban posiciones lo que complicaba las tomas, además de estar a contraluz. No obstante pueden observarse las diferencias entre ambas ninfas. Arriba en el centro, Limenitis reducta y abajo dos ejemplares de Limenitis camilla.

 

Limenitis reducta ((Staudinger, 1901)

Southern white admiral

Limenitis camilla (Linnaeus, 1764)

White admiral

Aragonese Pyrenees (Spain)

Even flying in the same area as was the case, these meetings are not frequent, thus together, without the mediation of luck. Both species fought greedily on that floral pane and alternated positions which complicated the shots, in addition to being backlit. However, the differences between the two nymphs can be observed. Up in the center, Limenitis reducta and down two specimens of Limenitis camilla.

  

Limenitis reducta ((Staudinger, 1901)

Sylvain azuré

Limenitis camilla (Linnaeus, 1764)

Petit Sylvain

Pyrénées aragonaises (Espagne)

Même en volant dans la même zone que ce fut le cas, ces réunions ne sont pas fréquentes, donc ensemble, sans la médiation de la chance. Les deux espèces aspirés goulûment sur cette vitre florale et ont alterné des positions compliquant les prises de vues, en plus d'être rétro-éclairées. Cependant, les différences entre les deux nymphes peuvent être observées. Au centre, Limenitis reducta et au-dessous de deux spécimens de brancard Limenitis camilla.

 

  

En primer lugar, quiero dejar claro, que esta fotografía la he subido en B/N por varios motivos. El primero y principal, porque es mi visión personal para resaltar volúmenes, texturas, detalles y luz....Sé que para los puristas del arte, es un sacrilegio no mostrar la extraordinaria policromía de la obra, pero como es mi foto, de momento la enseño así y la que tengo en color para otra ocasión, así la podeis ver dos veces y comparar...Otro motivo, es que viendo las fotografías de esta obra que hay por la red, no hay ninguna en B/N...esto me animó a ser diferente en la manera de enseñar esta maravilla, que vista en fotografía, sigue siendo una belleza aún sin color....Y otro de los motivos y principal, porque para mi galería, me gusta así...¡Claro está que para un libro de arte, no! Pero como no me van a pagar nada por la foto...Pues en Blanco y Negro, con mayúsculas

  

Imagen capturada en la Real Colegiata de San Isidro, durante la quedada en Madrid del grupo "Fotografía y Literatura".

Esta bellísima y magnífica obra anónima conocida como "La Dormición de la Virgen" está salida de los talleres madriléños del barroco, y fué :

 

"Realizada en el siglo XVII, probablemente en el primer tercio, esta obra anónima suele pasar desapercibida debido a su ubicación lateralizada, en las proximidades del presbiterio.

Hace referencia a la creencia de que la Virgen no murió, sino que estuvo tres días en tránsito, como dormida, hasta su asunción a los cielos en carne y alma por mediación de Jesucristo.

La dormición tuvo lugar en presencia de los doce apóstoles. De ahí que, en la mayoría de las manifestaciones artísticas que existen al respecto, éstos aparezcan representados acompañando el cuerpo recostado de María, aunque, en otros casos, la Madre de Dios se encuentra sola.

A pesar de que la tradición suele situar a San Pedro en la cabecera, dirigiendo los rezos, y a San Juan Evangelista a los pies, en el grupo madrileño ambos personajes presiden el lecho. San Juan, el primero por la izquierda, extiende sus manos hacia la Virgen, mientras San Pedro le pasa el brazo por el hombro para confortarle en su aflicción

Algunas figuras presentan los dedos anular y corazón unidos, un recurso manierista que parece respaldar que estamos ante una obra temprana dentro del siglo XVII, con una cierta impronta renacentista, en la que creemos reconocer la influencia del gran maestro Juan de Juni (1506-1577).

Con respecto a la escultura de la Virgen, no se trata de la pieza original, sino de una talla que el imaginero madrileño Tomás Parés Pérez (1914-1996) hizo en el año 1948, para recomponer la imagen destruida durante la Guerra Civil (1936-1939). En cualquier caso, estamos ante una obra de gran calidad.

El conjunto está hecho en madera dorada y policromada, con una decoración en la que predominan los motivos vegetales en las vestimentas. Se desconoce cuál es su origen, aunque todo apunta que estuvo antes en la Iglesia del Carmen, en la calle del mismo nombre."

 

La infomación entrecomillada en esta descripción está publicada en la red por Jesús Guerra Esetena en la ubicación, Pasion por Madrid.

 

Según se cuenta la tradición oral madrileña, una novia plantada en el altar, recuperó a su novio por mediación de la Virgen del Puerto. La joven, en agradecimiento, robó un melón y se lo ofreció. La Virgen le indicó que lo devolviera a su dueño y lo comprara. Y que si conseguía que su novio se lo comiera éste sería un «buen marido». Desde entonces, las madrileñas suelen llevar dinero para comprar el mejor melón a sus parejas.

CATEDRAL

 

La Catedral de Santa María la Real de la Almudena es la sede episcopal de la diócesis de Madrid (España). Se trata de un templo de 102 metros de longitud y 73 de altura con una mezcla de diferentes estilos: neoclásico en el exterior, neogótico en el interior y neorrománico en la cripta.

 

Fue consagrada por el pontífice Juan Pablo II en su cuarto viaje a España, el 15 de junio de 1993, siendo la primera catedral española consagrada por un papa.

Está ubicada en el centro de la ciudad. La fachada principal se encuentra frente al Palacio Real de Madrid. La fachada del crucero mira hacia la calle de Bailén, y el acceso a la cripta se realiza por la Cuesta de la Vega, al final de la Calle Mayor. A diferencia de la mayoría de templos cristianos, de orientación este-oeste, la catedral tiene una orientación norte-sur, fruto de su concepción como parte integrante del conjunto del Palacio Real. Está construida en piedra de Novelda (Alicante) y granito de las canteras de Colmenar Viejo (Madrid).

El día 4 de abril de 1883 el rey Alfonso XII puso la primera piedra del nuevo edificio, que sería la futura catedral de Madrid, en unos terrenos que, por mediación de la reina Mercedes, devota de la Virgen de la Almudena, son cedidos por el Patrimonio Real en 1879. Espaldarazo definitivo para la construcción sería la creación de la Diócesis de Madrid-Alcalá, mediante bula dada por León XIII. Mientras se construía la catedral, la antigua iglesia jesuítica del Colegio Imperial, que en aquel momento tenía la consideración de colegiata, bajo la advocación de san Isidro, pasó a ser el templo catedralicio de la nueva diócesis. En 1964, Casimiro Morcillo recibió el título de Arzobispo-obispo, pero dentro de la provincia metropolitana de Toledo. No sería hasta la muerte de éste, en 1971, cuando el Cardenal Tarancón abandonó la Sede de Toledo para ocupar la de Madrid-Alcalá, con rango de Archidiócesis. Esta arquidiócesis pasó a llamarse Arquidiócesis de Madrid en 1991, con la restauración de la diócesis de Alcalá de Henares.

 

El marqués de Cubas, a cargo del proyecto, reformó su proyecto inicial como iglesia parroquial proponiendo una imponente catedral neogótica siguiendo la moda imperante en Europa por influencia de Viollet-le-Duc. Los trabajos comenzaron por la cripta, construida en estilo neorrománico, con acceso por la Cuesta de la Vega y que no se abrió al culto hasta 1911, una vez concluida por Enrique María Repullés y Vargas. En esa misma época se levantaron los primeros pilares, pero los trabajos quedaron prácticamente abandonados hasta 1950, año en el que Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro ganan el concurso convocado para la terminación de las obras. El aspecto del templo cambiaría entonces, puesto que, aunque se mantenía el estilo gótico del proyecto primitivo para el interior de la catedral, el exterior sería ahora neoclásico, siendo éste el aspecto que mantiene actualmente: de esta forma, la catedral se integraría con el entorno, también neoclásico, del Palacio Real.

 

Las obras continuaron hasta su paralización en 1965, ante la falta de fondos y de apoyo del ayuntamiento. Transcurrieron casi veinte años hasta que, en 1984, se creó un patronato que consiguió el apoyo de instituciones públicas (que incluían el ayuntamiento y el Gobierno de España, ambos en manos de políticos de izquierda) y privadas para finalizar las obras. La catedral fue consagrada por el papa Juan Pablo II el 15 de junio de 1993, tomando el relevo de la colegiata de San Isidro, que había sido la catedral provisional de Madrid desde 1885.[1]

  

Quizá el elemento más llamativo al exterior de la catedral sea la cúpula, que es doble; gótica vista desde el interior, pero claramente barroca al exterior. Está recubierta con pizarra, y presenta un tambor octogonal en el que se abren cuatro grandes huecos termales y una pequeña linterna como remate. Cuenta con doce estatuas, que representan a los apóstoles: San Felipe, San Bartolomé, San Mateo, San Simón, Judas Tadeo, Santiago Alfeo, San Matías, San Bernabé, San Pedro, Santiago Apóstol, San Juan y San Andrés. Son obra del escultor Luis Sanguino.

 

La fachada principal, hacia la plaza de la Armería, es la situada a los pies del templo, y mira hacia la cara sur del Palacio Real. Se compone de un gran pórtico de columnata doble, siendo el piso inferior de inspiración toscana y el superior jónico. Este conjunto, de aire neoclásico, fue rematado después de la consagración de la catedral por una hornacina barroca, cobijando una imagen de la Virgen de la Almudena. Se colocaron también cuatro estatuas, obra del escultor Ramón Chaparro, que representan a cuatro santos españoles: san Isidro Labrador, santa María de la Cabeza, santa Teresa de Jesús y san Fernando Rey, realizadas en piedra blanca de Colmenar Viejo.

 

En el balcón, una vidriera de diez metros cuadrados que representa a la Virgen de Lis. Y cuatro estatuas que representan a los cuatro evangelistas, del escultor José Luis Parés.

 

Hay dos grandes escudos, ejecutados también por el escultor Parés. Ubicados en la parte inferior, están realizados en piedra: representan las Armas Plenas de la Casa Real Española y el escudo del papa que consagró la catedral, Juan Pablo II. Junto a los escudos, en dos hornacinas, están las estatuas de san Pedro y san Pablo, obra de Juan de Ávalos.

 

Las puertas son de bronce. La central tiene adornos con el tema trinitario, ante lo que fue el Nuevo Milenio del 2000; una de las laterales hace referencia a la Monarquía católica de España, con efigies de los reyes de la Reconquista; la otra, está dedicada a Hispanoamérica. Son obra también del escultor Sanguino.

 

De las dos torres de esta fachada, a la de la derecha se la conoce como "Mariana" o "de los gallegos", ya que las campanas han sido donadas por gallegos y cada una de ellas tiene una advocación mariana castiza: Santa María la Real de la Almudena; Santa María de la Paloma; Santa María de Atocha y Santa María de la Flor de Lis. En la torre de la izquierda, que da a la calle Bailén, está el carillón.

Esta fachada es la que se utiliza diariamente para el acceso a la catedral. Corresponde a la parte oriental del crucero del templo, dando vista a la calle Bailén. En el diseño de esta fachada se advierte cierto influjo escurialense en su monumentalidad y desnudez, solo rota por las puertas de bronce. Son éstas obra, asimismo, del escultor Sanguino. La lateral de la izquierda representa el hallazgo de la Virgen de la Almudena por el rey Alfonso VI de Castilla, en el año 1085; la central, recuerda el día de la inauguración de la Catedral por el papa Juan Pablo II, el 15 de junio de 1993, con imágenes de los Reyes, doña María de la Mercedes, madre del Rey, y el entonces arzobispo de Madrid, Ángel Suquía; por último, la puerta lateral derecha ilustra la procesión de la Virgen de la Almudena el 9 de noviembre, día de su fiesta, por las calles de Madrid. En ella se ve al actual cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y los monumentos más emblemáticos de la ciudad. La fachada se completa con las estatuas de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María, también obra de José Luis Parés.

 

Frente a esta fachada, se ha construido una plaza que le sirve de atrio amplio. Se conoce comúnmente como la plaza de Juan Pablo II por la estatua de más de tres metros que representa a este papa, realizada por el escultor Juan de Ávalos. La plaza está adornada, además, con cuatro fuentes y farolas de estilo fernandino. A esta plaza se accede por una escalera imperial.

 

Todo el conjunto está cerrado por rejas, coronadas por las estatuas en bronce de san Antonio María Claret, san Ignacio de Loyola y san Juan de Ávila, obra de la escultora Consuelo Perea.

La Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Santa María la Real de la Almudena, conocida simplemente como Catedral de la Almudena,​ es un templo catedralicio de culto católico, dedicado a la Virgen María bajo la advocación de la Almudena.

 

La catedral está ubicada en el centro histórico de Madrid; la fachada principal se encuentra frente al Palacio Real. La fachada del crucero mira hacia la calle de Bailén y el acceso a la cripta se realiza por la cuesta de la Vega, al final de la calle Mayor. A diferencia de la mayoría de templos cristianos, de orientación este-oeste, la catedral tiene una orientación norte-sur, fruto de su concepción como parte integrante del conjunto del Palacio Real.

 

La catedral es el principal templo de la Archidiócesis de Madrid, sede del arzobispo y del capítulo metropolitano.

 

Se trata de un edificio de 102 metros de longitud y 73 de altura máxima, construido desde finales del siglo XIX a finales del XX, en diferentes estilos arquitectónicos: neoclásico en el exterior, neogótico en el interior y neorrománico en la cripta.

 

Fue consagrada el 15 de junio de 1993 por Juan Pablo II, en su cuarto viaje a España, siendo la única catedral española consagrada por un papa.

Los orígenes de la catedral de la Almudena pueden situarse en la pequeña iglesia de Santa María de la Almudena, de origen tardomedieval, que se emplazaba a pocos metros de la actual catedral, que se levanta, según recientes excavaciones, sobre el lugar que ocupó la judería de Madrid.​ Durante siglos hubo intentos de dotar de mayor grandiosidad a la mencionada parroquia, intentos que fueron haciéndose más intensos con la consolidación del imperio y con el establecimiento en la villa de la sede de la Corte. Según un informe de 1567:

 

Por el bien universal de la villa y su tierra, importa y tiene gran necesidad que se haga en ella una iglesia catedral y cabeza de obispado.

 

No obstante, la villa pertenecía a la archidiócesis de Toledo, antigua capital del reino hispánico visigodo, que siempre se opuso a perder su capitalidad eclesiástica. Así, se intentó ampliar y reformar a la pequeña iglesia de santa María hasta su desaparición en 1868, cuando, finalmente, se impuso la necesidad de construir una iglesia nueva para dar cabida al culto a la patrona de Madrid.

 

El día 4 de abril de 1883 el rey Alfonso XII puso la primera piedra del nuevo edificio, que sería la futura catedral de Madrid, en unos terrenos que, por mediación de la reina María de las Mercedes de Orleans, muy devota de la Virgen de la Almudena, fueron cedidos por el Patrimonio real en 1879.

 

El espaldarazo definitivo para la construcción fue la creación de la diócesis de Madrid-Alcalá, mediante una bula dada por León XIII, el 7 de marzo de 1885. Mientras se construía la catedral, la antigua iglesia jesuítica del Colegio Imperial, que en aquel momento tenía la consideración de colegiata, bajo la advocación de san Isidro, pasó a ser el templo catedralicio de la nueva diócesis.

 

En 1964, Casimiro Morcillo recibió el título de arzobispo, siendo la diócesis de Madrid-Alcalá, elevada a rango de archidiócesis. Esta archidiócesis pasó a llamarse archidiócesis de Madrid en 1991, con la restauración de la diócesis de Alcalá de Henares.

 

El arquitecto Francisco de Cubas, a cargo del proyecto, reformó su proyecto inicial como iglesia parroquial, proponiendo una imponente catedral neogótica que seguía la moda imperante en Europa por influencia de Viollet-le-Duc. Navascués la calificó como «el proyecto neomedieval más importante de la arquitectura española del siglo XIX».​ Los trabajos de construcción comenzaron por la cripta, realizada en estilo neorrománico, con acceso independiente por la Cuesta de la Vega y abierta al culto en 1911, una vez concluida por Enrique María Repullés y Vargas. En esa misma época se levantaron los primeros pilares.

 

Tras el paréntesis de la Guerra Civil, el alcalde de Madrid de la época, José Moreno Torres, encargó al arquitecto Luis Mosteiro la reanudación de las obras y, una vez más, se suscitaron importantes discrepancias sobre el estilo arquitectónico.

 

Los trabajos quedaron prácticamente abandonados hasta 1950, año en el que Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro ganan el concurso convocado para la terminación de las obras. El aspecto del templo cambió entonces, puesto que, aunque se mantenía el estilo Gótico del proyecto primitivo para el interior de la catedral, el exterior sería ahora neoclásico, siendo éste el aspecto que mantiene actualmente. De esta forma, la catedral se integraría mejor con el entorno del Palacio Real.

 

Las obras continuaron hasta su paralización en 1965, ante la falta de fondos y de apoyo del Ayuntamiento de Madrid. Transcurrieron casi veinte años hasta que, en 1984, se creó un patronato que consiguió el apoyo de instituciones públicas (que incluían al Ayuntamiento y el Gobierno de España, ambos en manos de políticos de izquierda) y privadas para finalizar las obras. La catedral fue consagrada por el papa Juan Pablo II el 15 de junio de 1993, tomando el relevo de la Colegiata de san Isidro, que había sido la catedral provisional de Madrid desde 1885.

 

Desde su apertura, la Catedral ha estado muy unida a los actos de carácter religioso de la Familia Real española. El día 8 de noviembre del año 2000, fue enterrada en la capilla funeraria, bajo el altar de la Virgen, la reina María de las Mercedes de Orleans, primera esposa de Alfonso XII, gran impulsora de las obras y cuyos restos mortales habían permanecido en el Monasterio de El Escorial hasta la terminación del templo catedralicio.

 

El 22 de mayo de 2004, se celebraron los esponsales del rey Felipe VI (entonces príncipe de Asturias) con Letizia Ortiz.​

 

En 2005 tuvo lugar una exposición sobre la Inmaculada y España, organizada por la Fundación Las Edades del Hombre.

 

El 20 de agosto de 2011, Benedicto XVI se convirtió en el segundo papa en visitar la catedral, donde presidió y celebró una misa con seminaristas, dentro de los actos programados en la XXVI Jornada Mundial de la Juventud.​

 

La catedral de la Almudena suele ser escenario de algunas ceremonias de Estado. Ha sido marco, entre otros muchos, de los funerales de Estado de los ex-presidentes Leopoldo Calvo-Sotelo en 2008 y Adolfo Suárez en 2014.​

 

La catedral de la Almudena es una de las catedrales españolas más recientemente construidas, junto a la catedral de San Cristóbal de La Laguna de Tenerife y la catedral de María Inmaculada de Vitoria.

 

Interior

 

Interior de la catedral hacia el presbiterio.

La catedral tiene planta de cruz latina, compuesta por una nave central y dos laterales, amplio crucero de tres naves; cabecera curva con girola y cinco capillas radiales. Contrasta el exterior de la catedral, de estilo ecléctico en el que predominan las líneas neoclásicas y barrocas, con el interior, que sigue los patrones del estilo neogótico, incluyendo vidrieras polícromas y triforio.

 

Gran parte del mobiliario litúrgico sigue también este estilo. La mesa del altar mayor es de mármol verde, y se encuentra en el centro del crucero. A la derecha del mismo se encuentra la cátedra episcopal, de líneas gotizantes, tallada en nogal en 1885. Detrás del altar mayor, preside el presbiterio una escultura de Cristo crucificado, de estilo barroco, obra del insigne imaginero cordobés Juan de Mesa (1583-1627), realizada en 1620 y que al igual que la sillería del coro, procede de la Colegiata de San Isidro, para la que fue encargado por el Colegio Imperial. Se trata de una obra clave del barroco escultórico español, a pesar de que tuvo que ser restaurada tras los daños sufridos durante la Guerra Civil española.

 

La Virgen de la Almudena, patrona de la ciudad, tiene su altar en el crucero de la nave derecha, frente a la entrada por la calle de Bailén. Es un altar elevado, al que se accede por dos escaleras laterales con barandilla de bronce. La escultura original, representando a la Virgen con el Niño en sus brazos, es una imagen de madera tallada y policromada, de estilo gótico; está colocada en la hornacina central de un valioso retablo, realizado por Juan de Borgoña a finales del siglo XV. Lo forman dieciocho tablas representando escenas de la vida de Jesús y María, de agradable colorido; la mazonería y la predela son obra moderna, de estilo neogótico. La imagen de la Virgen se halla elevada sobre un pedestal de plata del siglo XVII, con ciriales y resplandores del mismo material y época, regalados por la Villa de Madrid.

 

Bajo el arco rebajado formado por las escaleras, se encuentra la sepultura de la reina María de las Mercedes, esposa de Alfonso XII, fallecida en 1878. Sus restos fueron trasladados allí en el año 2000,​ cumpliendo la voluntad de la soberana de ser enterrada a los pies de la Virgen.

 

En el espacio del crucero, antecediendo a la escalinata, se puede contemplar una excelente escultura representando la Caída de Jesús con la cruz, conocida como Cristo de la Misericordia. Es una talla de vestir, barroca, de intenso realismo y veraz policromía, atribuida a Juan Martínez Montañés. Hacia el lado contrario se halla otra obra maestra de la imaginería barroca, un Cristo atado a la columna, obra del escultor napolitano Giacomo Colombo, firmada y fechada en la peana en el año 1698.

 

Al comienzo de la girola se encuentra la Capilla del Santísimo, reservada a la adoración eucarística, que centra la atención de la capilla con un moderno sagrario-ostensorio. También recibe culto en esta capilla la talla de la Virgen del Monte, escultura medieval, gótica, del siglo XIII.

  

Interior de la catedral hacia el órgano.

En la intersección con el crucero, en el lado de la epístola, se expone un gran cuadro, que presidió durante algún tiempo el altar mayor de la catedral, representando Los preparativos para la Crucifixión. Procede del desaparecido convento madrileño de los Capuchinos de la Paciencia,​ y es obra del pintor Francisco Ricci (1651), destacando la atmósfera sombría, tensa y movida que preside el cuadro, descrita con ágiles pinceladas. Se trata de una obra clave de la pintura barroca española y una de las más señeras de cuantas guarda el templo.​ A los pies de este lienzo, un excelente Cristo Yacente del escultor Juan de Ávalos, de vigorosa anatomía. En el brazo del crucero opuesto, se puede contemplar un retablo de tablas pintadas de estilo gótico, obra de un taller castellano de los siglos XV-XVI.

 

La capilla central de la girola está dedicada a san Isidro Labrador y su esposa, santa María de la Cabeza, cuyas imágenes, tallas policromadas barrocas, atribuidas a Juan Villabrille y Ron (siglos XVII-XVIII), flanquean el arca funeraria, del siglo XIII, que durante un tiempo contuvo los restos incorruptos del santo (custodiados en la actualidad en la Colegiata de San Isidro). El arca es una obra singular de arte medieval, con diversas escenas pintadas representando pasajes de la vida del santo.

 

Nave central y laterales

 

Interior de la cúpula.

La cubierta de la nave central, a diferencia de las laterales que siguen los esquemas góticos (bóveda de crucería simple), se resuelve mediante una ingeniosa solución de hormigón alveolado, lo que permitió reducir costes y trabajo. La decoración pictórica de esta estructura es de carácter geométrico, obra del pintor José Luis Galicia, dentro de un estilo que recuerda los tradicionales artesonados mudéjares, sobre todo en la profusa utilización del pan de oro y gamas de colores contrastantes. La cúpula, pintada por el mismo artista, tiene como motivo los cuatro elementos (tierra, mar, fuego y aire) en sus cuatro vértices, que sostienen a la bóveda celeste.

 

Las capillas de las naves laterales están dedicadas a santos contemporáneos: san Josemaría Escrivá de Balaguer, decorada con relieves y escultura del santo, por Venancio Blanco; santa María Micaela del Santísimo Sacramento; beata Mariana de Jesús, mercedaria nacida en Madrid; santa Maravillas de Jesús, madrileña, carmelita descalza; santa Ángela de la Cruz; san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac; san Pedro Poveda; santa María Soledad Torres Acosta y santa María Josefa del Corazón de Jesús. Todas ellas se organizan y decoran con imágenes y mobiliario de estilo contemporáneo en su mayor parte. A los pies del templo se sitúan la capilla petintencial y la capilla bautismal; esta última con una sencilla pila de mármol negro y una destacada escultura de San Juan Bautista, obra de Robert Michel, del siglo XVIII.

 

El órgano catedralicio, situado en el coro alto, a los pies del templo, fue construido por el organero Gerhard Grenzing, y constituye una pieza excepcional. Consta de cuatro teclados, más un teclado de pedal, y tiene acoplamientos mecánicos y eléctricos: el teclado de las caderetas exteriores cuenta con dieciséis líneas de tubos, el mayor tiene once líneas; veintiuna líneas de tubos son para el teclado expresivo, nueve para la trompetería y el pedal suma trece líneas más.

  

Interior de la catedral, iluminado por la luz coloreada por las vidrieras.

Vidrieras y pinturas del ábside

 

Exterior de la cúpula.

El 28 de abril de 2004, el cardenal Rouco Varela, arzobispo de Madrid, bendijo las pinturas y vidrieras que decoran el ábside de la catedral. Fueron encargados al religioso y artista Kiko Argüello.

 

Los murales representan (de izquierda a derecha): El Bautismo, La Transfiguración, La Crucifixión, Cristo Pantocrátor, La Resurrección, La Ascensión y La venida del Espíritu Santo en Pentecostés. En el centro de la composición, presidiendo toda la catedral, la imagen del Pantocrátor, representado como Jesús en su Segunda Venida. En el libro abierto que sostiene el Pantocrátor está escrito: «Amad a vuestros enemigos. ¡Vengo pronto!». Estas pinturas recuerdan en su estilo general a los tradicionales iconos de las iglesias ortodoxas, apreciándose un matiz contemporáneo en los detalles.

 

Sobre las pinturas, hay dispuestas siete vidrieras dedicadas a la Palabra o Verbo de Dios, con su nombre en diferentes idiomas: latín (Verbum), griego (Logos), hebreo (Dabar), siríaco (Melaj), ruso (Slovo) y español (Palabra). En el centro, el nombre de María, advocación de la catedral. Las vidrieras, no siendo figurativas, crean un equilibrio entre las figuras pintadas, el cromatismo de las vidrieras y el del techo en una síntesis de tradición y modernidad. No obstante, el conjunto ha sido controvertido, poniéndose en duda el gusto estético y la originalidad y pertinencia del mismo.

FUENTE: es.wikipedia.org/wiki/Catedral_de_la_Almudena_(Madrid)

CATEDRAL

 

La Catedral de Santa María la Real de la Almudena es la sede episcopal de la diócesis de Madrid (España). Se trata de un templo de 102 metros de longitud y 73 de altura con una mezcla de diferentes estilos: neoclásico en el exterior, neogótico en el interior y neorrománico en la cripta.

 

Fue consagrada por el pontífice Juan Pablo II en su cuarto viaje a España, el 15 de junio de 1993, siendo la primera catedral española consagrada por un papa.

Está ubicada en el centro de la ciudad. La fachada principal se encuentra frente al Palacio Real de Madrid. La fachada del crucero mira hacia la calle de Bailén, y el acceso a la cripta se realiza por la Cuesta de la Vega, al final de la Calle Mayor. A diferencia de la mayoría de templos cristianos, de orientación este-oeste, la catedral tiene una orientación norte-sur, fruto de su concepción como parte integrante del conjunto del Palacio Real. Está construida en piedra de Novelda (Alicante) y granito de las canteras de Colmenar Viejo (Madrid).

El día 4 de abril de 1883 el rey Alfonso XII puso la primera piedra del nuevo edificio, que sería la futura catedral de Madrid, en unos terrenos que, por mediación de la reina Mercedes, devota de la Virgen de la Almudena, son cedidos por el Patrimonio Real en 1879. Espaldarazo definitivo para la construcción sería la creación de la Diócesis de Madrid-Alcalá, mediante bula dada por León XIII. Mientras se construía la catedral, la antigua iglesia jesuítica del Colegio Imperial, que en aquel momento tenía la consideración de colegiata, bajo la advocación de san Isidro, pasó a ser el templo catedralicio de la nueva diócesis. En 1964, Casimiro Morcillo recibió el título de Arzobispo-obispo, pero dentro de la provincia metropolitana de Toledo. No sería hasta la muerte de éste, en 1971, cuando el Cardenal Tarancón abandonó la Sede de Toledo para ocupar la de Madrid-Alcalá, con rango de Archidiócesis. Esta arquidiócesis pasó a llamarse Arquidiócesis de Madrid en 1991, con la restauración de la diócesis de Alcalá de Henares.

 

El marqués de Cubas, a cargo del proyecto, reformó su proyecto inicial como iglesia parroquial proponiendo una imponente catedral neogótica siguiendo la moda imperante en Europa por influencia de Viollet-le-Duc. Los trabajos comenzaron por la cripta, construida en estilo neorrománico, con acceso por la Cuesta de la Vega y que no se abrió al culto hasta 1911, una vez concluida por Enrique María Repullés y Vargas. En esa misma época se levantaron los primeros pilares, pero los trabajos quedaron prácticamente abandonados hasta 1950, año en el que Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro ganan el concurso convocado para la terminación de las obras. El aspecto del templo cambiaría entonces, puesto que, aunque se mantenía el estilo gótico del proyecto primitivo para el interior de la catedral, el exterior sería ahora neoclásico, siendo éste el aspecto que mantiene actualmente: de esta forma, la catedral se integraría con el entorno, también neoclásico, del Palacio Real.

 

Las obras continuaron hasta su paralización en 1965, ante la falta de fondos y de apoyo del ayuntamiento. Transcurrieron casi veinte años hasta que, en 1984, se creó un patronato que consiguió el apoyo de instituciones públicas (que incluían el ayuntamiento y el Gobierno de España, ambos en manos de políticos de izquierda) y privadas para finalizar las obras. La catedral fue consagrada por el papa Juan Pablo II el 15 de junio de 1993, tomando el relevo de la colegiata de San Isidro, que había sido la catedral provisional de Madrid desde 1885.[1]

  

Quizá el elemento más llamativo al exterior de la catedral sea la cúpula, que es doble; gótica vista desde el interior, pero claramente barroca al exterior. Está recubierta con pizarra, y presenta un tambor octogonal en el que se abren cuatro grandes huecos termales y una pequeña linterna como remate. Cuenta con doce estatuas, que representan a los apóstoles: San Felipe, San Bartolomé, San Mateo, San Simón, Judas Tadeo, Santiago Alfeo, San Matías, San Bernabé, San Pedro, Santiago Apóstol, San Juan y San Andrés. Son obra del escultor Luis Sanguino.

 

La fachada principal, hacia la plaza de la Armería, es la situada a los pies del templo, y mira hacia la cara sur del Palacio Real. Se compone de un gran pórtico de columnata doble, siendo el piso inferior de inspiración toscana y el superior jónico. Este conjunto, de aire neoclásico, fue rematado después de la consagración de la catedral por una hornacina barroca, cobijando una imagen de la Virgen de la Almudena. Se colocaron también cuatro estatuas, obra del escultor Ramón Chaparro, que representan a cuatro santos españoles: san Isidro Labrador, santa María de la Cabeza, santa Teresa de Jesús y san Fernando Rey, realizadas en piedra blanca de Colmenar Viejo.

 

En el balcón, una vidriera de diez metros cuadrados que representa a la Virgen de Lis. Y cuatro estatuas que representan a los cuatro evangelistas, del escultor José Luis Parés.

 

Hay dos grandes escudos, ejecutados también por el escultor Parés. Ubicados en la parte inferior, están realizados en piedra: representan las Armas Plenas de la Casa Real Española y el escudo del papa que consagró la catedral, Juan Pablo II. Junto a los escudos, en dos hornacinas, están las estatuas de san Pedro y san Pablo, obra de Juan de Ávalos.

 

Las puertas son de bronce. La central tiene adornos con el tema trinitario, ante lo que fue el Nuevo Milenio del 2000; una de las laterales hace referencia a la Monarquía católica de España, con efigies de los reyes de la Reconquista; la otra, está dedicada a Hispanoamérica. Son obra también del escultor Sanguino.

 

De las dos torres de esta fachada, a la de la derecha se la conoce como "Mariana" o "de los gallegos", ya que las campanas han sido donadas por gallegos y cada una de ellas tiene una advocación mariana castiza: Santa María la Real de la Almudena; Santa María de la Paloma; Santa María de Atocha y Santa María de la Flor de Lis. En la torre de la izquierda, que da a la calle Bailén, está el carillón.

Esta fachada es la que se utiliza diariamente para el acceso a la catedral. Corresponde a la parte oriental del crucero del templo, dando vista a la calle Bailén. En el diseño de esta fachada se advierte cierto influjo escurialense en su monumentalidad y desnudez, solo rota por las puertas de bronce. Son éstas obra, asimismo, del escultor Sanguino. La lateral de la izquierda representa el hallazgo de la Virgen de la Almudena por el rey Alfonso VI de Castilla, en el año 1085; la central, recuerda el día de la inauguración de la Catedral por el papa Juan Pablo II, el 15 de junio de 1993, con imágenes de los Reyes, doña María de la Mercedes, madre del Rey, y el entonces arzobispo de Madrid, Ángel Suquía; por último, la puerta lateral derecha ilustra la procesión de la Virgen de la Almudena el 9 de noviembre, día de su fiesta, por las calles de Madrid. En ella se ve al actual cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y los monumentos más emblemáticos de la ciudad. La fachada se completa con las estatuas de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María, también obra de José Luis Parés.

 

Frente a esta fachada, se ha construido una plaza que le sirve de atrio amplio. Se conoce comúnmente como la plaza de Juan Pablo II por la estatua de más de tres metros que representa a este papa, realizada por el escultor Juan de Ávalos. La plaza está adornada, además, con cuatro fuentes y farolas de estilo fernandino. A esta plaza se accede por una escalera imperial.

 

Todo el conjunto está cerrado por rejas, coronadas por las estatuas en bronce de san Antonio María Claret, san Ignacio de Loyola y san Juan de Ávila, obra de la escultora Consuelo Perea.

""Centro" es el nombre de una hermosa canción de Pedro Pastor, que ha cedido su uso para este movimiento de voluntades. Gracias a Pedro, a Concha Casasnovas por haber visto la necesidad de poner banda sonora a todo esto, y a Paula Verde por estas imágenes que siempre nos invitan a mirar a las personas de otro modo. Y a Olga Lalín, a Carmen Saavedra, al alumnado de "Procesos Educativos y Mediación Tecnológica" de la UMA, y a tantas otras personas que hay detrás..." Gracias Nacho por existir www.ignaciocalderon.uma.es/

  

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CATEDRAL

 

La Catedral de Santa María la Real de la Almudena es la sede episcopal de la diócesis de Madrid (España). Se trata de un templo de 102 metros de longitud y 73 de altura con una mezcla de diferentes estilos: neoclásico en el exterior, neogótico en el interior y neorrománico en la cripta.

 

Fue consagrada por el pontífice Juan Pablo II en su cuarto viaje a España, el 15 de junio de 1993, siendo la primera catedral española consagrada por un papa.

Está ubicada en el centro de la ciudad. La fachada principal se encuentra frente al Palacio Real de Madrid. La fachada del crucero mira hacia la calle de Bailén, y el acceso a la cripta se realiza por la Cuesta de la Vega, al final de la Calle Mayor. A diferencia de la mayoría de templos cristianos, de orientación este-oeste, la catedral tiene una orientación norte-sur, fruto de su concepción como parte integrante del conjunto del Palacio Real. Está construida en piedra de Novelda (Alicante) y granito de las canteras de Colmenar Viejo (Madrid).

El día 4 de abril de 1883 el rey Alfonso XII puso la primera piedra del nuevo edificio, que sería la futura catedral de Madrid, en unos terrenos que, por mediación de la reina Mercedes, devota de la Virgen de la Almudena, son cedidos por el Patrimonio Real en 1879. Espaldarazo definitivo para la construcción sería la creación de la Diócesis de Madrid-Alcalá, mediante bula dada por León XIII. Mientras se construía la catedral, la antigua iglesia jesuítica del Colegio Imperial, que en aquel momento tenía la consideración de colegiata, bajo la advocación de san Isidro, pasó a ser el templo catedralicio de la nueva diócesis. En 1964, Casimiro Morcillo recibió el título de Arzobispo-obispo, pero dentro de la provincia metropolitana de Toledo. No sería hasta la muerte de éste, en 1971, cuando el Cardenal Tarancón abandonó la Sede de Toledo para ocupar la de Madrid-Alcalá, con rango de Archidiócesis. Esta arquidiócesis pasó a llamarse Arquidiócesis de Madrid en 1991, con la restauración de la diócesis de Alcalá de Henares.

 

El marqués de Cubas, a cargo del proyecto, reformó su proyecto inicial como iglesia parroquial proponiendo una imponente catedral neogótica siguiendo la moda imperante en Europa por influencia de Viollet-le-Duc. Los trabajos comenzaron por la cripta, construida en estilo neorrománico, con acceso por la Cuesta de la Vega y que no se abrió al culto hasta 1911, una vez concluida por Enrique María Repullés y Vargas. En esa misma época se levantaron los primeros pilares, pero los trabajos quedaron prácticamente abandonados hasta 1950, año en el que Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro ganan el concurso convocado para la terminación de las obras. El aspecto del templo cambiaría entonces, puesto que, aunque se mantenía el estilo gótico del proyecto primitivo para el interior de la catedral, el exterior sería ahora neoclásico, siendo éste el aspecto que mantiene actualmente: de esta forma, la catedral se integraría con el entorno, también neoclásico, del Palacio Real.

 

Las obras continuaron hasta su paralización en 1965, ante la falta de fondos y de apoyo del ayuntamiento. Transcurrieron casi veinte años hasta que, en 1984, se creó un patronato que consiguió el apoyo de instituciones públicas (que incluían el ayuntamiento y el Gobierno de España, ambos en manos de políticos de izquierda) y privadas para finalizar las obras. La catedral fue consagrada por el papa Juan Pablo II el 15 de junio de 1993, tomando el relevo de la colegiata de San Isidro, que había sido la catedral provisional de Madrid desde 1885.[1]

  

Quizá el elemento más llamativo al exterior de la catedral sea la cúpula, que es doble; gótica vista desde el interior, pero claramente barroca al exterior. Está recubierta con pizarra, y presenta un tambor octogonal en el que se abren cuatro grandes huecos termales y una pequeña linterna como remate. Cuenta con doce estatuas, que representan a los apóstoles: San Felipe, San Bartolomé, San Mateo, San Simón, Judas Tadeo, Santiago Alfeo, San Matías, San Bernabé, San Pedro, Santiago Apóstol, San Juan y San Andrés. Son obra del escultor Luis Sanguino.

 

La fachada principal, hacia la plaza de la Armería, es la situada a los pies del templo, y mira hacia la cara sur del Palacio Real. Se compone de un gran pórtico de columnata doble, siendo el piso inferior de inspiración toscana y el superior jónico. Este conjunto, de aire neoclásico, fue rematado después de la consagración de la catedral por una hornacina barroca, cobijando una imagen de la Virgen de la Almudena. Se colocaron también cuatro estatuas, obra del escultor Ramón Chaparro, que representan a cuatro santos españoles: san Isidro Labrador, santa María de la Cabeza, santa Teresa de Jesús y san Fernando Rey, realizadas en piedra blanca de Colmenar Viejo.

 

En el balcón, una vidriera de diez metros cuadrados que representa a la Virgen de Lis. Y cuatro estatuas que representan a los cuatro evangelistas, del escultor José Luis Parés.

 

Hay dos grandes escudos, ejecutados también por el escultor Parés. Ubicados en la parte inferior, están realizados en piedra: representan las Armas Plenas de la Casa Real Española y el escudo del papa que consagró la catedral, Juan Pablo II. Junto a los escudos, en dos hornacinas, están las estatuas de san Pedro y san Pablo, obra de Juan de Ávalos.

 

Las puertas son de bronce. La central tiene adornos con el tema trinitario, ante lo que fue el Nuevo Milenio del 2000; una de las laterales hace referencia a la Monarquía católica de España, con efigies de los reyes de la Reconquista; la otra, está dedicada a Hispanoamérica. Son obra también del escultor Sanguino.

 

De las dos torres de esta fachada, a la de la derecha se la conoce como "Mariana" o "de los gallegos", ya que las campanas han sido donadas por gallegos y cada una de ellas tiene una advocación mariana castiza: Santa María la Real de la Almudena; Santa María de la Paloma; Santa María de Atocha y Santa María de la Flor de Lis. En la torre de la izquierda, que da a la calle Bailén, está el carillón.

Esta fachada es la que se utiliza diariamente para el acceso a la catedral. Corresponde a la parte oriental del crucero del templo, dando vista a la calle Bailén. En el diseño de esta fachada se advierte cierto influjo escurialense en su monumentalidad y desnudez, solo rota por las puertas de bronce. Son éstas obra, asimismo, del escultor Sanguino. La lateral de la izquierda representa el hallazgo de la Virgen de la Almudena por el rey Alfonso VI de Castilla, en el año 1085; la central, recuerda el día de la inauguración de la Catedral por el papa Juan Pablo II, el 15 de junio de 1993, con imágenes de los Reyes, doña María de la Mercedes, madre del Rey, y el entonces arzobispo de Madrid, Ángel Suquía; por último, la puerta lateral derecha ilustra la procesión de la Virgen de la Almudena el 9 de noviembre, día de su fiesta, por las calles de Madrid. En ella se ve al actual cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y los monumentos más emblemáticos de la ciudad. La fachada se completa con las estatuas de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María, también obra de José Luis Parés.

 

Frente a esta fachada, se ha construido una plaza que le sirve de atrio amplio. Se conoce comúnmente como la plaza de Juan Pablo II por la estatua de más de tres metros que representa a este papa, realizada por el escultor Juan de Ávalos. La plaza está adornada, además, con cuatro fuentes y farolas de estilo fernandino. A esta plaza se accede por una escalera imperial.

 

Todo el conjunto está cerrado por rejas, coronadas por las estatuas en bronce de san Antonio María Claret, san Ignacio de Loyola y san Juan de Ávila, obra de la escultora Consuelo Perea.

Tomada en las mediaciones de Tornadizos (Ávila)

Se firmó, con mediación estadounidense, el tratado de Ancón, por el que Bolivia perdía su salida al mar y Perú parte de su territorio.

 

Chile amplió sus fronteras, por un lado, y por el otro las estrechó, y las empresas inglesas involucradas en la explotación del salitre obtuvieron grandísimos beneficios.

26 de Junio

San Josemaía Escrivá

 

ORACIÓN A SAN JOSEMARÍA

 

Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen otorgaste a San Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, escogiéndole como instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei, camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano: haz que yo sepa también convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte, y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, iluminando los caminos de la tierra con la luminaria de la fe y del amor.

 

Concédeme por la intercesión de San Josemaría el favor que te pido... (pídase). Así sea.

 

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

 

San Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás nació en Barbastro (España) el 9 de enero de 1902. Recibió la ordenación sacerdotal en Zaragoza el 28 de marzo de 1925. El 2 de octubre de 1928, en Madrid, fundó el Opus Dei , que ha abierto a los fieles un nuevo camino de santificación en medio del mundo, a través del ejercicio del trabajo profesional ordinario y en el cumplimiento de los propios deberes personales, familiares y sociales, siendo así fermento de intensa vida cristiana en todos los ambientes. El 14 de febrero de 1930, Mons. Escrivá de Balaguer fundaba la Sección de mujeres del Opus Dei, y el 14 de febrero de 1943, dentro del Opus Dei, la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. El Opus Dei recibió la aprobación definitiva de la Santa Sede el 16 de junio de 1950; y el 28 de noviembre de 1982 fue erigido como Prelatura personal, forma jurídica introducida en el Derecho de la Iglesia por el Concilio Vaticano II, que era la deseada y prevista por Mons. Escrivá de Balaguer.

 

Con oración y penitencia constantes, con el ejercicio ejemplar de todas las virtudes, con amorosa dedicación e infatigable solicitud por todas las almas, y con una continua e incondicionada entrega a la Voluntad de Dios, Mons. Escrivá de Balaguer ha impulsado y guiado la expansión del Opus Dei por todo el mundo, a lo largo de 47 años. Cuando su Fundador rindió su alma a Dios, el Opus Dei estaba ya extendido en los cinco Continentes, y contaba más de 60.000 miembros de 80 nacionalidades, al servicio de la Iglesia con el mismo espíritu de plena unión y veneración al Papa y a los obispos, que vivió siempre Mons. Escrivá de Balaguer e inculcó a sus hijos.

 

Mons. Escrivá de Balaguer había ofrecido su vida, repetidas veces, por la Iglesia y por el Romano Pontífice. El Señor acogió ese ofrecimiento y entregó santamente su alma a Dios, en Roma, el 26 de junio de 1975, en su habitación de trabajo, con la misma sencillez que caracterizó toda su existencia.

 

June 26

St. Josemaría Escrivá

 

PRAYER TO THE DAY

 

Oh God, through the mediation of the Blessed Virgin to St. Josemaría bestowed, priest countless graces, choosing him as a most faithful instrument to found Opus Dei, a way of sanctification in daily work and the fulfillment of the Christian's ordinary duties: make I know also convert all the circumstances and events of my life into occasions of loving, and serving with joy and simplicity to the Church, the Pope and all souls, illuminating the ways of the earth with the light of faith and love.

 

Grant through the intercession of St. Josemaría's favor I ask ... (Ask yourself). So be it.

 

Our Father, Hail Mary, Glory.

 

St. Josemaria Escriva de Balaguer was born in Barbastro (Spain) on January 9, 1902. He was ordained in Zaragoza on March 28, 1925. On October 2, 1928, in Madrid, founded Opus Dei, which has opened to the faithful a new way to holiness in the midst of the world, through the exercise of ordinary work and the fulfillment of his personal duties, family and social well being a leaven of intense Christian life in all environments. On February 14, 1930, Escriva de Balaguer founded the women's branch of Opus Dei, and the February 14, 1943, within the Opus Dei, the Priestly Society of the Holy Cross. Opus Dei has received final approval from the Holy See on June 16, 1950, and November 28, 1982 was erected as a personal prelature, legal form introduced into the law of the Church by Vatican II, which was the desired and provided by Escriva.

 

With constant prayer and penance, with the exemplary exercise of all virtues, with loving dedication and tireless concern for all souls, and with a continuous and unconditional surrender to the Will of God, Escriva de Balaguer has initiated and guided the expansion Opus Dei worldwide, over 47 years. When its founder gave his soul to God, Opus Dei was already widespread in the five continents, and had over 60,000 members of 80 nationalities, serving the Church with the spirit of full union and veneration for the Pope and bishops, who ever lived Escriva and instilled in their children.

 

Escriva had offered his life, repeatedly, by the Church and the Roman Pontiff. The Lord accepted the offer and gave his holy soul to God, in Rome on June 26, 1975, in his workroom, with the same simplicity that characterized his entire life.

 

26 de junho

São Josemaría Escrivá

 

ORAÇÃO PARA O DIA

 

Oh Deus, através da mediação da Santíssima Virgem a São Josemaria concedeu, graças incontáveis ​​sacerdote, escolhendo-o como instrumento fidelíssimo para fundar o Opus Dei, caminho de santificação no trabalho profissional e do cumprimento dos deveres quotidianos do cristão: fazer Eu sei também converter todos os momentos e circunstâncias da minha vida em ocasiões de amar e servir com alegria e simplicidade a Igreja, o Papa e todas as almas, iluminando os caminhos da terra com a luz da fé e amar.

 

Conceder por intercessão de São Josemaria favor peço ... (Pergunte a si mesmo). Assim seja.

 

Pai Nosso, Ave Maria, Glória.

 

São Josemaria Escrivá de Balaguer nasceu em Barbastro (Espanha) em 09 de janeiro de 1902. Ele foi ordenado sacerdote em Saragoça em 28 de março de 1925. Em 2 de outubro de 1928, em Madrid, fundou o Opus Dei, que abriu o caminho para uma nova fiéis à santidade no meio do mundo, através do exercício do trabalho profissional e no cumprimento dos seus deveres pessoais, família e bem-estar social fermento de intensa vida cristã em todos os ambientes. Em 14 de fevereiro de 1930, Escrivá de Balaguer fundou ramo feminino do Opus Dei, ea 14 de fevereiro de 1943, dentro do Opus Dei, a Sociedade Sacerdotal da Santa Cruz. Opus Dei recebeu a aprovação final da Santa Sé em 16 de junho de 1950, e 28 de novembro de 1982 foi erigida como uma prelatura pessoal, forma jurídica introduzida na lei da Igreja pelo Concílio Vaticano II, que foi o desejado e fornecido pelo Escrivá.

 

Com a oração constante e penitência, com o exercício exemplar de todas as virtudes, com dedicação amorosa e incansável preocupação para todas as almas, e com uma entrega contínua e incondicional à vontade de Deus, Escrivá de Balaguer iniciou e orientou a expansão Opus Dei em todo o mundo, mais de 47 anos. Quando seu fundador deu a sua alma a Deus, o Opus Dei era já bastante difundida nos cinco continentes, e teve mais de 60.000 membros de 80 nacionalidades, servindo a Igreja com o espírito de união plena e veneração para o Papa e os bispos, que já viveu Escrivá e incutiu nos filhos.

 

Escrivá tinha oferecido a sua vida, repetidamente, pela Igreja e ao Romano Pontífice. O Senhor aceitou a oferta e deu a sua santa alma a Deus, em Roma, em 26 de junho de 1975, em sua sala de trabalho, com a mesma simplicidade que caracterizou toda a sua vida.

Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen otorgaste a San Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, escogiéndole como instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei, camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano: haz que yo sepa también convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte, y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, iluminando los caminos de la tierra con la luminaria de la fe y del amor.

 

Concédeme por la intercesión de San Josemaría el favor que te pido... (pídase). Así sea.

 

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

 

La estampa también está disponible en pdf y audio en opusdei.es/es-es/section/oraciones-y-devociones/

7 SECRETOS DEL SEXO EN LA ANTIGUA ROMA

 

El modo de entender el sexo en la antigua Roma no solo era muy distinto al actual, sino que ya varió enormemente entre la República y el Imperio. Con el paso del tiempo se amplió la permisividad moral.

  

Sexo en la Antigua Roma

 

1. Roma se fundó gracias a un festival de tabúes sexuales rotos

 

Dioses engendraban mortales, vírgenes violadas, sacerdotisas ofendidas y reyes de origen semidivino criados por vulgares meretrices. Sexo y violencia era parte de la vida política de Roma desde sus inicios. Eneas, el primer patriarca, era hijo de Venus, diosa del amor pasional. Por las venas de los romanos también corría la sangre beliciosa de Marte. Rómulo y Remo no habrían nacido si el dios de la guerra no hubiera violado a su madre, la vestal Rea Silvia. Y tampoco habrían podido fundar la ciudad más poderosa de Europa de no ser por la loba que los amamantó. Según algunas versiones de la leyenda, la loba era en realidad una compasiva prostituta (lupa, en latín, se usaba indistintamente para referirse al animal o a una mujer de moralidad dudosa, de ahí viene la palabra lupanar). El propio Rómulo, ya adulto, recurriría a la violencia a la hora de conseguir esposas para sus guerreros, raptando a las hijas de los sabinos.

 

Aun así, los primeros romanos no se caracterizaron por ser desenfrenados. Pobres y ricos trabajaban el campo, un oficio agotador que no dejaba mucho margen para la diversión. Se celebraban bastantes matrimonios indisolubles, mediante un rito llamado confarreatio. Y aunque había formas menos inflexibles de matrimonio, de todos modos el divorcio estaba mal visto. Solamente se podía repudiar a una esposa si esta cometía un grave delito, como ser infiel, abortar sin permiso del esposo o robar las llaves de la bodega para emborracharse (las damas respetables tenían prohibido el vino). Las parejas con problemas recurrían a la mediación de Juno Viriplaca, divinidad que, como su nombre indica, “aplacaba a los maridos”. Ante el altar de la diosa intercambiaban reproches, se desahogaban y, las más de las veces, volvían a casa reconciliados.

 

Los lectores ávidos de orgías tendrán que esperar al Imperio para ver colmadas sus expectativas. Se sabe poco de los años oscuros de las primeras monarquías, pero los tres primeros siglos de la República quedarían para el recuerdo como una era de irreprochable virtud, que llenaría de nostalgia a moralistas como Catón el Viejo o Salustio.

 

¿Qué significa la virtud para los romanos? Nada que ver con la abstinencia sexual o la fidelidad a la esposa. Virtus viene de vir, varón. Ser virtuoso equivale a ser masculino.

 

Ahora bien, ¿qué significa la virtud para los romanos? Desde luego, no tiene nada que ver con la abstinencia sexual o la fidelidad a la esposa, y menos aún con la heterosexualidad. La palabra virtus viene de vir, varón. Ser virtuoso equivale a ser masculino, y ser masculino, en la mentalidad romana, significa dominar. En primer lugar, dominar los propios impulsos, pero también dominar a los demás: esposa, amantes, hijos, esclavos, extranjeros… La virtud es cosa de hombres, o, mejor dicho, de ciudadanos. La cualidad que ennoblece a una mujer de alto rango no es la virtud, sino la pudicitia, el pudor. Y al resto de los mortales solo les queda la obediencia.

  

2. Mandar en la cama

 

Al ciudadano romano le está permitida cualquier actividad sexual, siempre que su actitud sea dominante. Puede penetrar a mujeres, hombres o adolescentes apenas púberes sin remordimiento alguno. También puede recibir atenciones orales sin menoscabo de su reputación. Lo que no debe hacer bajo ningún concepto, si quiere conservar la dignidad, es servir como objeto de placer.

 

El sexo no es jamás una relación entre iguales, sino un juego de poder, en el que lo que es bueno o malo viene determinado por el puesto que uno ocupa en la jerarquía social.

 

Ser penetrado es la mayor de las humillaciones. ¡Pobre del ladrón o del seductor a quien pesquen in fraganti colándose en una vivienda ajena! Tiene todos los números para acabar sodomizado por el dueño de la casa o por sus esclavos. En una relación homoerótica, nadie pondrá en tela de juicio la masculinidad del miembro activo de la pareja, sean cuales sean sus preferencias. En cambio, al pasivo se le desprecia por afeminado, y los papeles de ambos no son, en modo alguno, intercambiables. Tampoco entra en los planes del amante virtuoso preocuparse por hacer gozar a su partenaire. Para los romanos no hay nada más ridículo que un ciudadano que practica una felación. O, peor aún, un cunnilingus, que se interpreta como un homenaje servil a una mujer, ser inferior por naturaleza.

 

Así pues, el sexo no es jamás una relación entre iguales, sino un juego de poder, en el que lo que es bueno o malo, aceptable o inaceptable, viene determinado por el puesto que uno ocupa en la jerarquía social. Lo expresó de maravilla Séneca el Viejo: el sexo pasivo “en un hombre libre es un crimen; en el esclavo, una obligación; en el liberto, un servicio”.

 

A diferencia de los griegos, que incorporan la pederastia a la cultura demócrata, los romanos tienen terminantemente prohibido acercarse a un muchacho libre. El cuerpo de un ciudadano es intocable, como lo es el de una mujer casada o el de una virgen patricia. Lo comprobó de primera mano un tal Publio Poncio, que en 330 a. C. dio con sus huesos en la cárcel por haber intentado abusar de un joven de buena familia venida a menos, llamado Tito Veturio. El caso era controvertido: Veturio se había vendido voluntariamente como esclavo a Poncio para pagar unas deudas. Por ello, este se creía en su derecho de convertirlo en su amante y de azotarlo para forzarle a consentir. Los cónsules no lo vieron del mismo modo. Aunque esclavo temporal, Veturio había nacido libre y era, por tanto, inviolable.

 

De haber sido esclavo de nacimiento, liberto, prostituto o extranjero, la ley no habría salido en defensa de Veturio. “Nadie prohíbe a nadie caminar por la calle, mientras no tomes un atajo por una zona vallada”, dice un personaje de una comedia de Plauto. “Mientras te mantengas lejos de la novia, la viuda, la virgen, el hombre joven y los chicos nacidos libres, ama a quien quieras”. No obstante, no todo el mundo respetaba estos límites. Una ley del siglo II a. C. prohibía seguir a matronas y adolescentes por la calle, lo que hace suponer que el acoso era algo frecuente. Hay que tener en cuenta que las ciudadanas romanas se casaban a partir de los doce años. Abundaban las matronas y las viudas extremadamente jóvenes.

  

3. Las clases inferiores vivían las relaciones íntimas sin protección ni privilegios, pero también con menos rigidez

 

¿Cómo vivían las relaciones íntimas las clases inferiores? Se esperaba de los esclavos que fueran promiscuos, pero a veces se les permitía vivir en contubernio, literalmente “compartir tienda”. Algo parecido sucedía con los soldados, que tenían prohibido el matrimonio mientras durara el servicio militar, pero solían mantener a compañeras e hijos, cuya situación regularizaban una vez licenciados.

 

Un caso curioso es el de la liberta Allia Potestas, que convivía con dos hombres a la vez. Sus dos viudos le dedicaron un emotivo epitafio, en el que alaban sus habilidades domésticas y describen sus encantos con minucioso desparpajo, desde el color de su cabello hasta el tamaño de sus pezones. El matrimonio romano no permitía la poligamia, pero era una institución hecha a medida de los ricos. A nadie le importaba cómo vivieran quienes no tuvieran un rancio linaje que preservar.

  

Roma

 

4. El loco siglo II a. C.

 

A pesar de la relativa tolerancia de la que disfrutaban los hombres de las clases privilegiadas, los magistrados de la República predicaban moderación en las costumbres. No porque el sexo fuera malo en sí, sino porque podía distraer a un ciudadano de sus obligaciones e incitarle a derrochar su fortuna. Enamorarse era insensato e irresponsable.

 

Venus protegía a los romanos, sí, pero también podía hacerles perder la cabeza. No convenía irritarla, pero era mejor mantenerla a raya. De la misma manera que los cristianos adoran a la Virgen María bajo distintas advocaciones (Montserrat, Guadalupe, etc.), en Roma se rendía culto a Venus Genetrix, una discreta versión de la diosa que subrayaba su carácter maternal, como honorable tatarabuela de los romanos. Pero estos, al final, se verían obligados a recurrir a otra Venus mucho más explosiva. Aníbal tuvo la culpa. En el año 215 a. C. el Senado, aterrado ante la idea de vérselas con el cartaginés ante las puertas de Roma, decidió implorar la ayuda de su protectora y erigió en el monte Capitolio un templo a la poderosa Venus Ericina, responsable de las pasiones desatadas y patrona de las prostitutas. Cartago fue vencida, pero la pícara diosa conquistó para siempre el corazón de los romanos.

   

5. Los jóvenes patricios mandaron al cuerno la proverbial austeridad romana.

 

Tras el fin de la segunda guerra púnica, una intensa sensualidad se adueñó de Roma. Con Cartago fuera de combate, ya no había obstáculo para apoderarse de todo el Mediterráneo. A medida que las legiones se adentraban en Grecia y Asia Menor, los soldados quedaron deslumbrados por el lujo de sus ciudades y palacios. Con cada nueva conquista, un chorro de oro llovía sobre las clases dirigentes en forma de tributos, posesiones y cargos en el extranjero. La ciudad se llenó de mercancías exóticas, dioses desconocidos, esclavos de extrañas facciones y filósofos griegos que predicaban nuevos valores.

 

Los jóvenes patricios, seducidos por la nueva Roma cosmopolita, mandaron al cuerno la proverbial austeridad romana, para consternación de moralistas como Catón el Viejo, que veía en aquella actitud el fin de la virtus y la dignitas. “El Estado va por mal camino cuando se paga más dinero por un esclavo guapo que por un campo de cultivo”, se quejó amargamente en un discurso. En efecto, estaban de moda los delicati, jovencitos destinados a complacer sexualmente a sus amos. Sin embargo, no era el homoerotismo lo que irritaba al severo orador, sino la intemperancia. Un pueblo que lo gastaba todo en placeres solo podía conducir a la República a su ruina. La lujuria no era peor que la pereza o la glotonería. Eso sí, todo tenía un límite. En 186 a. C., más de siete mil hombres y mujeres, algunos de familia noble, fueron arrestados por participar en unas bacanales que iban más allá de lo que los romanos entendían por un culto razonable a Dionisio. Además de las clásicas danzas bajo los efectos del vino, se decía que esta secta practicaba orgías multitudinarias, abusos sexuales contra muchachos libres e incluso sacrificios humanos.

  

6. Mujeres al poder

 

La nueva juventud romana no está para sermones. “Todos los que puedan pagar tienen derecho a hacer el amor”, grita un personaje de Plauto, haciéndose eco del sentir de su generación. Ciertamente, sus padres y abuelos ya echaban canas al aire con prostitutas, pero ellos van más allá: se enamoran de cortesanas, las colman de regalos, compiten por sus favores y les dedican poemas. En sus versos, Catulo, Tibulo y Virgilio ya no se comportan como el macho omnipotente de los viejos tiempos. Al contrario, se declaran subyugados por la amada, imploran sus favores y se quejan de sus traiciones, una falta de hombría que hubiera sonrojado a sus antepasados. Ellas, por su parte, emplean la seducción para obtener concesiones o acumular un patrimonio que les permita jubilarse holgadamente.

 

Las grandes familias se aseguran de mantener su fortuna a buen recaudo, ya que las novias patricias conservan la propiedad de sus bienes y el derecho a heredar.

 

La prosperidad económica también ha cambiado la vida a las mujeres respetables. El matrimonio ya no es lo que era. Ahora las bodas se celebran sin manus: la esposa sigue bajo la tutela paterna en lugar de pasar a depender del marido. De este modo, las grandes familias se aseguran de mantener su fortuna a buen recaudo, ya que las novias patricias conservan la propiedad de sus bienes y el derecho a heredar. En teoría no pueden vivir a su antojo, ya que dependen de la autoridad paterna. Pero en la práctica gozan de una gran libertad de movimientos: a fin de cuentas, no viven bajo el mismo techo que su padre. Si quedan huérfanas, enviudan o se divorcian, se les asigna un tutor a quien deben consultar para determinadas transacciones. Sin embargo, con el tiempo, el permiso de estos tutores se volverá una mera formalidad.

 

Ya nadie ofrece sacrificios a Juno Viriplaca para resolver crisis conyugales. El divorcio está a la orden del día, los clanes hacen y deshacen matrimonios en función de las conveniencias políticas del momento, alianzas orientadas a obtener cargos públicos que beneficien a ambas familias. Y las romanas desempeñan un papel crucial en estas redes políticas. Lejos de quedarse en casa tejiendo túnicas, como manda la tradición, se convierten en profesionales de las relaciones públicas. Acompañan a sus maridos a fiestas y banquetes, ejercen de mediadoras entre su familia y la de su esposo, intrigan para impulsar la carrera de hijos y parientes, emprenden negocios con el dinero de su dote e incluso reciben a sus propios clientes, hombres y mujeres de rango inferior que les prestan apoyo incondicional a cambio de favores.

 

Las nuevas libertades de las matronas no incluyen el derecho de amar a quien deseen. El tabú del adulterio sigue intacto. Incluso las viudas deben guardar las formas. El gran escándalo del siglo I a. C. lo protagonizó Clodia Metelli, una opulenta viuda patricia que se vio envuelta en una intrincada trama judicial de tintes políticos. Al acusado, Marco Caelio Rufo, se le imputaba un asesinato, varios disturbios y un intento de envenenar a Clodia. Pero Caelio contaba con un abogado de lujo, Cicerón, cuya táctica consistió en desprestigiar a la demandante, vertiendo sobre ella un sinfín de reproches morales –adulterio, incesto, alcoholismo...– hasta convertir a la presunta víctima en una malévola femme fatale, a la que no dudó en apodar “la Medea del Palatino”. Por fortuna para ella, este ataque a su reputación no tuvo consecuencias legales. Durante la República, la conducta de una viuda emancipada era un asunto privado. Pero eso estaba a punto de cambiar.

  

7. El adulterio como asunto de Estado

 

Si durante la República las matronas seguían siendo intocables y las aventuras galantes las protagonizaban cortesanas, en tiempos de Julio César el adulterio era ya el deporte nacional. Al mismo César lo llaman, jocosamente, “marido de todas las mujeres y mujer de todos los maridos”. Por primera vez se tiene en cuenta el placer mutuo. Es en esta época cuando Ovidio publica El arte de amar, un completísimo manual para seducir a mujeres casadas que, entre otros consejos, indica a los jóvenes los mejores sitios de Roma donde ir a cazar conquistas, entre ellos el circo y el teatro.

 

Las mujeres se pirran por aurigas, actores y luchadores. Una patricia llamada Epia fue la comidilla de sus contemporáneos por fugarse con un gladiador de mediana edad. “Es la espada que las mujeres aman”, comentaría, entre burlón y resignado, Juvenal. Si damos crédito a los grafitis de Pompeya, el sex-appeal de los gladiadores era, ciertamente, irresistible: “Las chicas suspiran por Celadus el Tracio” o “Crescens el reciario, médico de las chicas de noche, de día y a otras horas” son algunas de las bravuconadas que pintaban en las paredes estos guerreros del espectáculo.

 

Octavio Augusto daría un brusco golpe de timón a las costumbres con dos leyes concebidas para interferir directamente en la vida íntima de los ciudadanos.

 

Entre los romanos, el ocio siempre se consideró una fuente de inmoralidad, y jamás hubo tanto ocio ni tan variado como durante las primeras dinastías del Imperio. Roma seguía siendo una ciudad rica, y sus ciudadanos, despojados de casi todo poder político, no tenían nada que hacer. Bañarse, cotillear, asistir a espectáculos, cultivar las artes y enredarse en amoríos eran sus únicas ocupaciones. Las matronas habían aparcado la tradicional stola y vestían modelos más vistosos y provocativos. En la aristocracia, los celos entre esposos no eran de buen tono, y tener hijos había dejado de ser una prioridad.

 

Octavio Augusto daría un brusco golpe de timón a las costumbres con dos leyes concebidas para interferir directamente en la vida íntima de los ciudadanos. La Lex Iulia de maritandis ordinibus penalizaba a los solteros y a los casados sin hijos, impidiéndoles heredar. Además, obligaba a viudos y divorciados de ambos sexos a casarse de nuevo, en plazos que oscilaban de los cien días a los diez meses. A las matronas que hubieran dado más de tres hijos a la patria se las premiaba liberándolas de cualquier tutela masculina. Por su parte, la Lex Iulia adulteriis convertía el adulterio en un crimen penado por la ley. Hasta entonces, los trapos sucios de la infidelidad se lavaban en casa, con la ayuda de un consejo familiar que negociaba las condiciones del repudio y con alguna que otra paliza al amante de turno. A partir de ahora, denunciar un adulterio sería obligatorio. Si el esposo no acusaba públicamente a la infiel, se exponía a ser condenado por proxeneta. Cualquier testigo de un adulterio, real o imaginario, podía presentar denuncia, y si los reos eran declarados culpables, el demandante se quedaba una parte de sus bienes. Esto disparó los juicios por intereses políticos o económicos, incluso por simple venganza. La pena solía consistir en el destierro a una isla, aunque el padre de la condenada tenía derecho a matarla, si lo prefería. Por supuesto, la ley afectaba únicamente a mujeres casadas de nacimiento libre. La vida moral de las menos respetables no interesaba al Estado. En el año 19, una patricia llamada Vistilia intentó eludir el castigo por adulterio inscribiéndose en el registro de prostitutas. Para cubrir este agujero legal, el Senado acabó publicando un decreto que prohibía prostituirse a las mujeres de clase alta.

 

La dureza de estas medidas haría exclamar al historiador Tácito: “Antes sufríamos con los escándalos, ahora sufrimos con las leyes”. Sin embargo, el alarde de conservadurismo de Octavio no iba a dar los frutos esperados. Los jóvenes ricos de su tiempo siguieron entregándose al placer. Y la primera dinastía del Imperio no pasaría a la historia, precisamente, como ejemplo de continencia sexual.

  

Ana Echeverría 05/01/2018

 

www.lavanguardia.com/historiayvida/7-secretos-del-sexo-en...

www.bit.ly/6encuentrodetrabajosocial

 

www.bit.ly/7encuentrodetrabajosocial

 

VI Encuentro Regional de Trabajo Social de México, Centroamérica y el Caribe

Del 22 al 25 de agosto. Ciudad de Panamá.

 

María del Carmen Mendoza Rangel

Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM

Asociación de Trabajadores Sociales Mexicanos

 

Identidad del Trabajo Social y

Formación Profesional

www.flickr.com/photos/rupertomiller/14549804737/in/set-72...

 

Una palabra de una belleza virginal, que no ha sufrido todavía la usura del tiempo, se expande actualmente como una explosión de vida y de sentido, un poco por todas partes en el mundo. Esa palabra difícilmente pronunciable: transdisciplinariedad. NicolescuBasabarab

  

I.En busca de los rastros y las huellas de identidad

 

Gilberto Jiménez define la identidad como “un conjunto de repertorios culturales interiorizados (representaciones, signos, valores y símbolos), a través de los cuales, los actores sociales individuales o colectivos, demarcan sus fronteras y se distinguen de los demás actores en una situación determinada, todo ello dentro de un espacio históricamente específicoy socialmente determinado”.

 

Este conjunto de repertorios se constituye en la interrelación entre las personas y se va configurando y reconstituyendo de manera permanente en un todo que caracteriza a un grupo o colectivo de personas. En el ámbito de las profesiones, este colectivo interactúa en torno a una mediación caracterizada por la propia especificidad de la disciplina a la cual se adscribe o ejerce. En el Trabajo Social, nuestra acción profesional, -dice Cecilia Aguayo-, es una acción social de alteridad, de construcción mutua de identidad, que se da a través de la interacción entre sujetos desde unorden simbólico y significativo.

Considerando entonces estos elementos, podemos entender que la identidad no la vamos a descubrir en los textos, en la palabra escrita al margen de sentido, en la lectura y la comprensión teórica y metodológica, en la búsqueda escudriñadora de datos, fechas, números y porcentajes que sustenten nuestras reflexiones sobre la cuestión social y la realidad estrujante que se manifiesta cotidianamente en toda su crudeza. Dice Federico Lorenz, en un texto donde hace referencia al paradigma de los indicios, losrastros aparentemente inconexos, es más, su misma condición de datos, solo adquieren sentido a través de los ojos del observador” (Lorenz, 2007, 48)

 

Así este observador, ya sea como lector de la palabra escrita o testigo presencial de los acontecimientos, en este caso prácticas profesionales y discursivas autorales, registra los datos y se apropia de estos, a partir de sus propias representaciones simbólicas y significativas tratando de encontrar ciertas huellas o indicios de las voluntades humanas que llevaron a que los hechos se dieran de tal o cual manera. Esta perspectiva entonces nos abre una puerta metodológica que va más allá de lo que se expresa como realidad objetiva. Esta forma de aproximación a la realidad histórica, nos coloca en el terreno de la subjetividad, tanto de quien ha dejado la huella como de quien la reconoce. Y de esta forma se hace presente la permanente disyuntivaque nos aqueja en lo humano: “la contradicción entre la fuerza de lo individual yparticular como prueba y la necesidad de objetivar y generalizar para otorgarle el rango de ciencia desde el punto de vista racionalista”.(Lorenz, 2007, 48).

 

Por eso en el rango valorativo y permanentemente inundado del sentimiento humano, es donde se dan los encuentros y los desencuentros, los afectos y los rechazos, los apegos, los cambios y las resistencias. Sin embargo estos elementos tienen también referentes conceptuales y experienciales, que también quedan adheridos a lo simbólico.

 

Entonces, la condición para la construcción de identidad profesional, está en estrecha correlación con la especificidad de una profesión, de manera que los componentes de esta, dan el toque de centralidad para su constitución, en la medida que median las relaciones entre quienes ejercen la profesión, otorgándole sentido a la interacción gremial.

 

Componentes tales como elobjeto de intervención, un cuerpo teórico-conceptual, el marco ético y valorativo, objetivos y fines, metodologías,técnicas e instrumentos y el conjunto de prácticas que se realizan.Pasemos entonces una mirada a las formas en que estos componentes se han venido expresando en el curso de nuestra historia.

 

1.Sobre el objeto de intervención

 

En el intento de delimitar el objeto de intervención fuimos asumiendo diversas denominaciones que caminaron desde el ser genérico, sus problemas y sus necesidades, hasta la sociedad en general. Después hablamos de las personas portadoras de derechos y hoy se habla de estas como portadoras de deseos, sueños y expectativas. En lo particular yo lo conceptué epistemológicamente como el espacio en el que las personas transitan entre la necesidad y la satisfacción, lo cual en términos profesionales se concreta en el curso desarrollado por estas, entre la demanda individual, grupal o colectiva y el servicio otorgado por la institución. Hoy coincido con el planteamiento de Nora Aquín que sitúa el objeto en:

 

…la delicada intersección entre los procesos de reproducción cotidiana de la existencia, los obstáculos o dificultades que tienen los sectores subalternos para su reproducción, y los procesos de distribución secundaria del ingreso –entendidos éstos en sentido más amplio que el estatal-.Trabajo Social interviene en los procesos de encuentro de los sujetos con los objetos de su necesidad, y en ese tránsito modifica no sólo condiciones materiales, sino también representaciones y relaciones sociales cotidianas–familiares, grupales o comunitarias- y con otras instancias de la dinámica social.

 

2.En el plano teórico

 

En los inicios nos acogimos a los referentes conceptuales de otras disciplinas de lo social, para abordar la individualidad, los procesos grupales y la comunidad. Nos adscribimos a perspectivas psicologístas, estructuralistas, antropológicas; quisimos alcanzar lacientificidad desde una mirada lineal cuantificadora y la racionalidad instrumental del positivismo y el estructural funcionalismo, asumimos la teoría crítica, alimentándonos del materialismo histórico, el materialismo dialéctico y la economía política. Desde ahí dimos el debate profesional y la reflexión con otras profesiones y gremios para encauzar nuestra identidad y reafirmar nuestra pertenencia al campo de las Ciencias Sociales. Más recientemente buscamos dotarnos de una visión de integralidad, recuperando la subjetividad humana como dimensión de análisis y de construcción de la vida.

 

Desde estas perspectivas, fuimos bajando a definir las intencionalidades y nos hemos propuesto desde la adaptación del hombre a su medio ambiente familiar, escolar laboral y social, hasta la transformación de la sociedad en los años 70s. Por los años 80s dimos un gran salto al ubicar la política social como nuestro ámbito de intervención y buscamos contribuir al diseño de iniciativas para atender las necesidades sociales, tanto en lo local y privado como en el ámbito de lo público.

 

Hoy, se da cuenta de una corriente profesional desde la que se busca fortalecer y potenciar las capacidades de los sujetos demandantes y los procesos sociales en la búsqueda de alternativas para la defensa de la vida, de la comunidad y de la colectividad social en una perspectiva más humana.

 

Si revisamos nuestras funciones desde una mirada política, diríamos que nacimos para ayudar y controlar, luego nos constituimos en mediadores, algunos dijeron que éramos las aspirinas del pueblo y los colchones del estado. Más tarde se nos encargó la atención de lo que otros llamaron “la patología social”.Y en algunos momentos resbalamos en el control de los movilizados, los alzados, los rebeldes y si no fuera porque nos rebelamos, hoy estuviéramos buscando entre la ciudadanía los rostros del “terrorismo”

 

Y fue precisamente a partir de nuestras rebeldías, que se genera el movimiento de reconceptualización,“un hito en la historia del Trabajo Social Latinoamericano” –Dice Gustavo Parra- “Porque que inició el camino de la transformación y abrió el desarrollo de la conciencia para forjar un Trabajo Social desde y en función de las particularidades del continente en un contexto de significativos cambios” tantode los marcos referenciales y los principios filosóficos, como de los métodos para la intervención.

 

3)En lo Metodológico

 

En lo orígenes asumimos la atención individualizada, el trabajo de grupos y las experiencias comunitarias, como métodos para la intervención, Más tarde en los inicios del movimiento de reconceptualización se recomponen las propuestas para la intervención profesional asumiendo que nuestras prácticas escolares y profesionales, tendrían que darse con una lógica metodológica procesual de la investigación a la planeación y la intervención.

 

A mediados de la década de los 70s, bajo la perspectiva que nos posicionaba en el materialismo histórico y dialéctico, comulgamos con la investigación acción participativa y construimos propuestas metodológicas bajo el esquema de aproximaciones sucesivas en un camino de la búsqueda de la concreción y la acción transformadora.

 

Entre nuestros objetivos y funciones profesionales hoy se encuentra la promoción de la participación y la organización ciudadana para la discusión, decisión y elaboración de iniciativas; así como en la ejecución y vigilancia de las políticas públicas en atención a las necesidades sociales.Ahora creemos en el protagonismo de la gente, en los seres humanos como portadores de derechos, lo que exige del ejercicio profesional, una relación de igualdad y de respeto y el compromiso ético con la sociedad.

 

Recapitulando, ¿podríamos encontrarnos cada una y cada uno de nosotros en esta historia?; ¿Alcanzamos a descubrir la línea ascendente o descendente?, ¿Avanzamos o retrocedemos? Sin duda hemos tenido grandes avances, Pero ¿Cuáles fueron las motivaciones de los saltos que se dieron?; ¿Que voluntades se movilizaron para crear las condiciones y las posibilidades de los cambios? ¿Qué es lo que nos convoca al encuentro permanente, a nivel local, regional, nacional e internacional? ¿Qué es lo que nos mueve al relato, intercambio y recreación de nuestro quehacer cotidiano?

 

En todo el transcurso de la historia nuestra, se manifiesta algunos aspectos que considero configuran nuestra identidad:

 

a)El contacto cara a cara, directo y permanente con la población en situación excluida,conflictuada, golpeada, uiltrajada, humillada e indignada, que en cada acción nos coloca entre lo injusto y lo justo.

 

b)Los esfuerzos que emprenden las personas pero aliviar, resolver, superar, modificar y transformar su propia situación.

 

c)La permanente constatación en la realidad de las actitudes, maneras y modos que se manifiestan en la relación gobierno-sociedad, caracterizada la mayoría de las veces por la mentira, el engaño, la imposición, la falta de respeto y la indolencia.

 

d)La necesidad permanente de conocer, analizar, interpretar situaciones, diseñar estrategias e instrumentos que nos faciliten la intervención y que nos permitan incidir en cada situación en su justa dimensión.

 

Estos aspectos, me parece han sido motor constitutivo de nuestra identidad profesional, identidad que a veces se guarda silenciosamente ante la función institucionalizada, la rutina diaria o la imposición jerárquica.

 

Entonces la intervención del Trabajo Social se produce en escenarios impregnados de fuertes carencias, crisis profundas, de una violencia exacerbada, dolores profundos, rupturas y conflictos que ya no son sólo del ámbito inmediato, familiar, local o comunitario. Hoy la emocionalidad de los sujetos, aparece fuertemente deteriorada ante ello, nos hemos comprometido a trabajar sobre la base de la condolencia, el respeto, la solidaridad y el afecto, la búsqueda de la justicia, de la paz y del reconocimiento de los derechos. Y son estas actitudes y estas nuestras búsquedas históricas, las que generan la posibilidad de que el Trabajo Social, pueda ser un aporte significativo en la reconstrucción de la sociedad.

  

II.Un desafío de exigencia histórica en la formación de trabajadores sociales

 

La gigantesca crisis planetaria, es la crisis de la humanidad, que no logra acceder a la humanidad. EdgarMorin

 

Una impronta ética que tenemos plantear en estos momentos para hacer cualquier planteamiento en relación a la formación de trabajadores sociales es ¿Qué Trabajo Social se necesita hoy?

 

La situación actual, puede ser definida como crisis estructural generalizada, con la posibilidad cada vez más presente de un futuro de catástrofe. Esta crisis producida por la tensión generada en el marco de la globalización y la economía de mercado, ha impregnado todas las dimensiones de la vida. Estos tiempos “de neoliberalismo y globalización -dijo Flores Olea- han desatado la avidez por el enriquecimiento ilimitado e ilegítimo, como si todos los límites morales se hubieran roto y la ambición estuviera desencadenada”, Hoy, se actúa sin respeto a ningún tipo de norma jurídica o moral” y el mundo se nos está yendo de las manos.

 

Edgar Morín, habla de una gigantesca crisis planetaria que se vive, como “la crisis de la humanidad que no logra acceder a la humanidad” y habla del80% deprobabilidadcatastrófica, debido al impulso de “cuatro motores incontrolados: la ciencia, la técnica, la economía y la ganancia. Cada uno de ellos -dice- es alimentado por una sed insaciable: la sed de conocimiento (ciencia), la sed de potencia (técnica), la sed de posesión y la sed de riqueza”

 

Es la primera vez en la historia -dice NicolescuBasarab un físico rumano-que el mundo se encuentra ante la posibilidad de autodestrucción, sin ninguna posibilidad de regreso. Esta autodestrucción potencial de la especie humana tiene una triple dimensión: material, biológica y espiritual. En la era de la razón triunfante, lo irracional es más actuante que nunca, y ha llevado a la sociedad a ser depositaria del miedo y la desesperanza, replegada a la vida privada y presa en la vida pública por la competencia, el cálculo, la racionalidad instrumental y el conocimiento fragmentado. Excluida y cada vez más sin acceso al buen vivir, debido a la exacerbada acumulación de la riqueza. Debido a que bajo el paradigma del mercado, se convierten en bienes privados y por lo tanto mercancías, lo que históricamente se ha reconocido como derechos sociales, dejando a las grandes mayorías en situación de pobreza extrema hasta el grado de la perversidad.

 

Ya desde 1999, Edgar Morin alertaba sobre los problemas que estaba presentando la educación y los riesgos que esto implicaba para el conocimiento. En su texto “los 7 saberes necesarios para la educación del futuro, llama la atención sobre algunos aspectos que podemos tomar en cuentala elaboración de todo perfil profesional:

 

La educación -dice-

 

Debe preparar para superar la ceguera ante el conocimiento de lo humano, de sus disposiciones, sus imperfecciones, sus dificultades y sus tendencias tanto al error como a la ilusión

Debe proporcionar conocimiento pertinente capaz de aprehender los objetos en suscontextos, sus complejidades y sus conjuntos, enseñando métodos que permitan aprehender las relacionesmutuas y las influencias recíprocas entre las partes y el todo y abordar problemas globales y fundamentales para inscribir allí conocimientos parciales y locales.

Debe enseñar la condición humana y la capacidad de reconocer la unidad y de su identidad compleja y de su identidad común a todos los demás humanos, así como la unión indisoluble entre la unidad y la diversidad de todo lo que es humano.

Debe enseñar la identidad terrenalen la era planetaria y el reconocimiento de su complejidad y sus crisis de confrontación

Debe preparar para enfrentar las incertidumbres, con los principios y estrategias que permitan afrontar lo inesperado, lo incierto, y modificar su desarrollo en virtud de lasinformaciones adquiridas en el camino.

Debe enseñar la comprensión como medio y fin de la comunicación humana entre humanos, tanto próximos como extraños, vital para que las relaciones humanas salgan de su estado bárbarode incomprensión y poder reducir los síntomas y las causas de los racismos,las xenofobias y los desprecios.

Enseñar la ética del género humanoa partir de la conciencia de que el humano es al mismo tiempoindividuo, parte de una sociedad y parte de una especie y que en su desarrollo están incluidas lasautonomías individuales, las participaciones comunitarias y la concienciade pertenecer a la especie humana.

 

III.Referentes que la dan centralidad a la formación de trabajadores sociales

 

1.)En relación al contexto

 

A.Colocar la economía de mercado como sustento y referente único o darle supremacía para la formación profesional, privilegiando el discurso hegemónico, de la necesidad de centrarse en “los conocimientos técnico-operacionales”nos conduce a la posición de entender al conocimiento como mercancía o como un bien inserto en el círculo de laoferta y la demanda, y quedarnos con la necesidad de formar en el desarrollo de competencias para su inserción en el mercado laboral. El sentido de la formación, se coloca entonces en garantizar que nuestros egresados encuentren trabajo en el mercado con lo que atendemos sólo a la racionalidadinstrumental, y se abandona o se olvida el deber moral, de nuestroverdadero sentido profesional:formar para contribuir a la creación de alternativas que atiendan lo social, llámese desarrollo social, bienestar social, cambio social o bien común, es decir a nuestra racionalidad axiológica (Aguayo, 2007, 109)

 

B.Colocarnos solo en la posición catastrofista en la que se plantea que la crisis estructural generalizada nos está llevando al abismo, incluyendo a la propia especie, debe ser, sólo para para tomar conciencia de la gravedad y del camino hacia la destrucción planetaria, en el entendido incluso, que todo está listo para la autodestrucción, pero paradójicamente también se dan las condiciones,

“para una mutación positiva, comparable a las grandes vueltas de la Historia. El desafío de autodestrucción tiene su contrapartida de esperanza, de autonacimiento. El desafío planetario de la muerte tiene su contrapartida en una conciencia visionaria, transpersonal y planetaria, que se nutre del crecimiento fabuloso del saber. No sabemos de qué lado va a inclinarse la balanza. Por eso hay que actuar rápidamente, ahora. Mañana será demasiado tarde” (Basarab, 1996,7). También a Edgar Morán que conmina a “no paralizarnos frente a la realidad catastrófica” dado que la posibilidad de cambiar el rumbo de la catástrofe, está en los seres humanos. Es decir en nuestras propias manos.

 

C.Colocarnos en la búsqueda de alternativas para movernos entre estas disyuntivas y la posibilidad de hacerles frente. Ante ello, Alicia de Alba en sus planteamiento sobre el diseño curricular,plantea que “vivimos una realidad hegemonizada y controlada, pero no absolutamente, lo que encierra una posibilidad de creación”. En este sentido, debemos preparar para ir a la búsqueda de las propias fisuras que se presentan en el seno mismo de la crisis estructural generalizada en tensión con el proceso de globalización y ahí mismo desarrollar estrategias de intervención y concertación de las propuesta político-educativas que se hacen presentes por los diversos grupos que impulsan y determinan el cambio curricular y con ello, se convierten en “sujetos de la sobredeterminación curricular”, en la búsqueda de nuevos contornos de vinculación con la sociedad, donde se van encontrando espacios para el desarrollo de iniciativas, proyectos y procesos alternativos a partir de las propias decisiones de los sujetos y en acuerdo a sus propias determinaciones.

 

Entonces, necesitamos entonces, trabajadores sociales que sean sujetos protagonistas y competentes para actuar en la crisis estructural generalizada, encontrando sus propios campos de significación y las posibilidades de acción que le lleven a fortalecer los procesos sociales.

 

2) En relación a la perspectiva conceptual

 

La subjetividad es constitutivamente ética. No se trata de cualquier subjetividad, sino de aquella que configura al sujeto viviente, en tanto sujeto de necesidades y en tanto proyecto de vida digna y plena. José Luis Rebellato

 

El paradigma como categoría conceptual y recurso epistemológico permite la interpretación de la realidad desde una perspectiva de totalidad. Facilita el acercamiento a la realidad concreta, proporcionando un encuadre teórico–ideológico que orienta el conocimiento, el análisis y la interpretación, imprimiéndole sentidos y significados al mundo de lo concreto, respecto a un imaginario impregnado de utopías:

 

Diversas vertientes cognoscitivas, han evidenciado la crisis de la racionalidad moderna y de la concepción positivista de ciencia, lo que permitió otras posibilidades en las formas de entender la realidad y de construir conocimiento y entre estas, aquellas que incorporan la dimensión subjetiva al análisis de los fenómenos. Lo imaginario, lo simbólico y lo valoral, así como la compleja red de relaciones multidimensionadas, fueron abriendo el paso a la conciencia de la discontinuidad, de la no linealidad, de lo singular, de la diferencia y de la ruptura y la fragmentación, así como de la existencia de diversas racionalidades y de múltiples sistemas culturales desde los cuales se puede construir verdad.

 

La reivindicación de la subjetividad, de la cultura y la ética, en la construcción del conocimiento y de la realidad misma se constituye en la posibilidad de que sean los propios individuos, grupos y colectividades sociales los que le den sentido y significado a sus acciones y puedan interpretar las de otros, para tomar las decisiones más convenientes a sus propios procesos en un auténtico ejercicio de derechos. Es desde esta postura que una corriente profesional se plantea el apostarle como profesión a la constitución de sujetos a partir del fortalecimiento de sus capacidades y de su propia autonomía.

 

Para Luis Xirinacs, el ser humano en su interior, es poseedor de mecanismos biológicos que configuran sus comportamientos como individuo, yson estos mecanismos, los que permiten integrarse en una corriente, en un grupo en una colectividad y formar parte de un proyecto, dándose así las condiciones paraconstituirse en la categoría de SUJETO.

 

El cuerpo humano –dice- es una maquina natural productora de la vida, que utiliza su propia energía natural, en la que confluye la sensibilidad, el instinto, el deseo y la libido, y esta es la que permite a su “yo interno”, entrar en una corriente de intensidad variable a veces acelerada a veces lenta, a veces truncada: En el sujeto se presenta en un ciclo vital que se manifiesta en cuatro momentos constitutivos de la experiencia subjetiva interior.

 

Esquema 1

Ciclo Vital del sujeto

  

Este proceso interno, es continuo,permanentemente lleno de energías, de sensaciones, percepciones e impresiones; de ordenamientos, clasificaciones y elaboraciones de estados de ánimo, ideas, visiones y actitudes que tienden a ser objetivizadas en sus prácticas. Según Xirinacs todos los tipos de energía, física, mecánica, eléctrica, magnética, etc, se producen al interior de nuestro cuerpo. El conocimiento y control que sobre ellos vamos adquiriendo van permitiendo pasar a los niveles de madurez que requiere la posibilidad de construcción de puentes entre nuestra subjetividad individual y la subjetividad colectiva de los proyectos a los que nos adscribimos.

Por su parte, Hugo Zemelman, también nos proponecuatro elementos que involucra el sujeto en su ciclo vital en una línea de continuidad.

 

Esquema 2

Ciclo vital del sujeto según Hugo Zemelman

  

El sujeto es una configuración de subjetividades, de significados y sentidos de representaciones e interpretaciones que se ponen en juego en cada acción y en cada proyecto y si se hace de manera racional y conciente, se van produciendo cambios y modificaciones que fortalecen la voluntad de acción. Por ello la subjetividad, la ética y la cultura, son elementos idóneos cuya conjunción, se constituye en un lugar privilegiado para la construcción de alternativas que fortalezcan los poderes locales, el saber, las capacidades y la conciencia de los actores. El sujeto historizado es un ser que conciente de su realidad,intenciona prácticas transformadoras en la búsqueda de alternativas.

 

La posibilidad de dar saltos en los que se integra la experiencia, el pensamiento y la conciencia, a partir de los esfuerzos propios de las personas y de su energía vital, posibilita que estos se vayan constituyendo en sujetos y actores. La construcción de sujeto implica entonces, intencionarun conjunto de saltos cualitativos para transitar de la decisión al posicionamiento, y de la organización a la incidencia. Hugo Zemelman ubica cuatro momentos en este tránsito.

Esquema 3

Saltos cualitativos en la construcción de subjetividad colectiva

  

Blanca Muñoz, -catedrática de la Universidad Carlos III en Madrid España-, nos dice que la conjugación de lo finito propio de la corporalidad humana y lo infinito que caracteriza la estructura universal del espíritu de la especie, fue clave para el surgimiento del Humanismo ilustrado. “En esa tensión, dice, es donde la dignidad del sujeto queda garantizada, y en donde los universales éticos objetivos constatados por la ciencia y la ética, y los universales subjetivos del arte y la sensibilidad, aseguran un modelo de razón moral que queda protegida de los envites de la irracionalidad”. En definitiva, para evitar “el nuevo asalto a la razón", habrá que centrarse en la ética de la dignidad humana y en este sentido la lucha contra el neoliberalismo, nos exige, hoy saltar de la posibilidad a la realidad, recuperando a los seres humanos para que no se resignen a vivir bajo la desesperanza y la derrota.

  

3) En relación a la estructura curricular. Sólo algunas ideas.

 

Quizás nunca como ahora la libertad y la imaginación se vieron desafiadas a construir un proyecto colectivo de dimensión mundial, si es que queremos evitar que continúe la destrucción de la vida. José Luis Rebellato

  

Entrar al terreno de cómo organizar el contenido los contenidos de la formación profesional, implica dar un salto casi mortal, en la medida en que, al concentrarnos en la tarea de diseño, se olviden los otros aspectos a tomar en cuenta. Es decir que todo lo que se definió como perfil, enfoque perspectiva conceptual y urgencias de realidad, no encuentre cabida en una malla curricular y habrá que hacer enormes esfuerzos para no perder el sueño que se fue construyendo a partir de las primeras discusiones.

 

En este plano de la batalla curricular, Bertha Orozco, considera necesario diseñar una estrategia para la participación de todos los sectores de la escuela, en un ejercicio dialogante, amplio, abierto, plural y respetuoso para actuar como actores protagonistas de la estructuración. Los saltos que ella ubica de la constitución de este sujetoy en esta perspectiva, los ubica también en cuatro momentos.

 

Esquema 4

Conformación del sujeto protagonista del cambio curricular

  

La estructura de organización curricular ante este contexto, va adquiriendo sentido en una complejidad que va más allá de forzar la centralidad el contenido en un solo aspecto, ya sea éste,“centrado en el alumno”, “centrado en el aprendizaje”, o bien “centrado en el conocimiento”. Más bien, habría hoy que pensar la posibilidad de recrear un curriculum complejo y flexible en vinculación con la sociedad tomando en cuenta, la situación de crisis estructural generalizada. Dicha complejidad permitiría abordar a partir del reconocimiento y la comprensión de múltiples dimensiones la diversidad de posibilidades que nos acerquen a incluir en la estructura:

 

Una visión de la realidad,

Los campos del conocimiento

Las dimensiones constitutivas de la especificidad profesional

El campo de intervención profesionaly

La acción profesional,

 

La definición de estos campos constitutivos de la estructura, requieren de la definición previa del perfil que se desea formar, y el enfoque teórico y metodológico. Algunos expertos en el curriculum, hablan de campos constitutivosque son imprescindibles en esta perspectiva.

 

Esquema 5

Una propuesta de campos constitutivos de la estructura curricular

Para finalizar, Cierro con una especie de declaración: suscribo la posición reiteradamente planteada de impulsar un proceso de gestión amplia y de reflexión colectiva que vaya recuperando los consensos de los diferentes sujetos y actores, acerca del tipo de profesional que requiere este contexto y para lo que yo me pronuncie en mayúsculas porque en nuestras escuelas, formemos Trabajador Sociales que ejerzan la profesión como científicos sociales, respaldados en perspectivas teóricas y sentido histórico; fortaleciendo la conciencia para impulsar cambios significativos que contribuyan a garantizar la permanencia de lo humano y la construcción de una ciudadanía activa y responsable de la acción social hacia un futuro en el que se respete la vida, la dignidad y el ejercicio de los derechos.

   

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y DOCUMENTALES

 

1.Aguayo Cecilia. 2007“Profesión y profesionalización: hacia una perspectiva ética de las competenciasen Trabajo Social”. Revista Tendencia & Retos Nº 12/Octubre. Universidad de la Salle Bogotá Colombia.

2.Aquín,Nora. “Acerca del objeto del Trabajo Social, texto s/f.

3.BasarabNicolescu, “La Transdisciplinariedad: Manifiesto”. Traducción Norma Núñez-Dentin Gérard DentinHttp: //www.Ceuarkos.Com/Manifiesto.Pdf Consultado En 4 de Octubre del 2013

4.De Alba, Alicia. 2009. “Curriculum: mito, crisis y perspectivas”. Archivo de Blog teoriasyproc.blogspot.mx/2009/04/curriculum-alicia-de-alb.... Consultado el 11 dejulio de 2014

5.Lorenz, Federico Guillermo. 2007. “Sobre indicios y resistencias. En torno al paradigma indiciario de Carlo Ginzburg”. Prácticas de oficio. Investigación y reflexión en Ciencias Sociales. Publicación del Posgrado en Ciencias Sociales Instituto de Desarrollo Económico y Social. No. 1 Diciembre. Buenos Aires Argentina

6.Mendoza. María del Carmen 2009 “Una reflexión en cuatro planos” Conferencia dictada en el Seminario sobre Intervención Social en la Universidad Autónoma Metropolitana. Campus Xochimilco, en noviembre. México

7.____________2012. “la construcción de sujetos y la Formación Profesional”. Plaza Pública. Revista de Trabajo Social Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. Año 5, Nº 7 Volumen 4, Julio. Tandil, Argentina.

8.Morín Edgar, 1999.“Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”. Traducción de Mercedes Vallejo-Gómez. Editado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. París, Francia

9.Muñoz López, Blanca. 2002. Sobre la necesaria reconstrucción del sujeto post-Industrial en el capitalismo tardío: la búsqueda de un nuevo humanismo. Revista PAIDEA No. 2. Octubre-Nov. Madrid España

10.Pascal Galvani y Espinosa, Ana Cecilia “La Vía para el Futuro de la Humanidad” Edgar Morin. Breve presentación del libro en español”. www.ceuarkos.com/vision_docente/index.htm

11.Rebellato, José Luis. 1999. Constitución del sujeto popular y educación liberadora.Encuentro sobre Filosofía Latinoamericana, globalización y democracia. Montevideo Uruguay. Septiembre y octubre.

12.Xirinacs, Lluis M. 1975. SUJETO: Una Meditación delirante a propósito de una fuente llamada Fuente de Verapáz. Ediciones Sígueme, Editorial Claret, Barcelona.

13.Zemelman Hugo. 1987. “Conocimiento y sujetos sociales. Contribución al estudio del presente”. Jornadas 111, El Colegio de México, México D.F.

 

7 SECRETOS DEL SEXO EN LA ANTIGUA ROMA

 

El modo de entender el sexo en la antigua Roma no solo era muy distinto al actual, sino que ya varió enormemente entre la República y el Imperio. Con el paso del tiempo se amplió la permisividad moral.

  

Sexo en la Antigua Roma

 

1. Roma se fundó gracias a un festival de tabúes sexuales rotos

 

Dioses engendraban mortales, vírgenes violadas, sacerdotisas ofendidas y reyes de origen semidivino criados por vulgares meretrices. Sexo y violencia era parte de la vida política de Roma desde sus inicios. Eneas, el primer patriarca, era hijo de Venus, diosa del amor pasional. Por las venas de los romanos también corría la sangre beliciosa de Marte. Rómulo y Remo no habrían nacido si el dios de la guerra no hubiera violado a su madre, la vestal Rea Silvia. Y tampoco habrían podido fundar la ciudad más poderosa de Europa de no ser por la loba que los amamantó. Según algunas versiones de la leyenda, la loba era en realidad una compasiva prostituta (lupa, en latín, se usaba indistintamente para referirse al animal o a una mujer de moralidad dudosa, de ahí viene la palabra lupanar). El propio Rómulo, ya adulto, recurriría a la violencia a la hora de conseguir esposas para sus guerreros, raptando a las hijas de los sabinos.

 

Aun así, los primeros romanos no se caracterizaron por ser desenfrenados. Pobres y ricos trabajaban el campo, un oficio agotador que no dejaba mucho margen para la diversión. Se celebraban bastantes matrimonios indisolubles, mediante un rito llamado confarreatio. Y aunque había formas menos inflexibles de matrimonio, de todos modos el divorcio estaba mal visto. Solamente se podía repudiar a una esposa si esta cometía un grave delito, como ser infiel, abortar sin permiso del esposo o robar las llaves de la bodega para emborracharse (las damas respetables tenían prohibido el vino). Las parejas con problemas recurrían a la mediación de Juno Viriplaca, divinidad que, como su nombre indica, “aplacaba a los maridos”. Ante el altar de la diosa intercambiaban reproches, se desahogaban y, las más de las veces, volvían a casa reconciliados.

 

Los lectores ávidos de orgías tendrán que esperar al Imperio para ver colmadas sus expectativas. Se sabe poco de los años oscuros de las primeras monarquías, pero los tres primeros siglos de la República quedarían para el recuerdo como una era de irreprochable virtud, que llenaría de nostalgia a moralistas como Catón el Viejo o Salustio.

 

¿Qué significa la virtud para los romanos? Nada que ver con la abstinencia sexual o la fidelidad a la esposa. Virtus viene de vir, varón. Ser virtuoso equivale a ser masculino.

 

Ahora bien, ¿qué significa la virtud para los romanos? Desde luego, no tiene nada que ver con la abstinencia sexual o la fidelidad a la esposa, y menos aún con la heterosexualidad. La palabra virtus viene de vir, varón. Ser virtuoso equivale a ser masculino, y ser masculino, en la mentalidad romana, significa dominar. En primer lugar, dominar los propios impulsos, pero también dominar a los demás: esposa, amantes, hijos, esclavos, extranjeros… La virtud es cosa de hombres, o, mejor dicho, de ciudadanos. La cualidad que ennoblece a una mujer de alto rango no es la virtud, sino la pudicitia, el pudor. Y al resto de los mortales solo les queda la obediencia.

  

2. Mandar en la cama

 

Al ciudadano romano le está permitida cualquier actividad sexual, siempre que su actitud sea dominante. Puede penetrar a mujeres, hombres o adolescentes apenas púberes sin remordimiento alguno. También puede recibir atenciones orales sin menoscabo de su reputación. Lo que no debe hacer bajo ningún concepto, si quiere conservar la dignidad, es servir como objeto de placer.

 

El sexo no es jamás una relación entre iguales, sino un juego de poder, en el que lo que es bueno o malo viene determinado por el puesto que uno ocupa en la jerarquía social.

 

Ser penetrado es la mayor de las humillaciones. ¡Pobre del ladrón o del seductor a quien pesquen in fraganti colándose en una vivienda ajena! Tiene todos los números para acabar sodomizado por el dueño de la casa o por sus esclavos. En una relación homoerótica, nadie pondrá en tela de juicio la masculinidad del miembro activo de la pareja, sean cuales sean sus preferencias. En cambio, al pasivo se le desprecia por afeminado, y los papeles de ambos no son, en modo alguno, intercambiables. Tampoco entra en los planes del amante virtuoso preocuparse por hacer gozar a su partenaire. Para los romanos no hay nada más ridículo que un ciudadano que practica una felación. O, peor aún, un cunnilingus, que se interpreta como un homenaje servil a una mujer, ser inferior por naturaleza.

 

Así pues, el sexo no es jamás una relación entre iguales, sino un juego de poder, en el que lo que es bueno o malo, aceptable o inaceptable, viene determinado por el puesto que uno ocupa en la jerarquía social. Lo expresó de maravilla Séneca el Viejo: el sexo pasivo “en un hombre libre es un crimen; en el esclavo, una obligación; en el liberto, un servicio”.

 

A diferencia de los griegos, que incorporan la pederastia a la cultura demócrata, los romanos tienen terminantemente prohibido acercarse a un muchacho libre. El cuerpo de un ciudadano es intocable, como lo es el de una mujer casada o el de una virgen patricia. Lo comprobó de primera mano un tal Publio Poncio, que en 330 a. C. dio con sus huesos en la cárcel por haber intentado abusar de un joven de buena familia venida a menos, llamado Tito Veturio. El caso era controvertido: Veturio se había vendido voluntariamente como esclavo a Poncio para pagar unas deudas. Por ello, este se creía en su derecho de convertirlo en su amante y de azotarlo para forzarle a consentir. Los cónsules no lo vieron del mismo modo. Aunque esclavo temporal, Veturio había nacido libre y era, por tanto, inviolable.

 

De haber sido esclavo de nacimiento, liberto, prostituto o extranjero, la ley no habría salido en defensa de Veturio. “Nadie prohíbe a nadie caminar por la calle, mientras no tomes un atajo por una zona vallada”, dice un personaje de una comedia de Plauto. “Mientras te mantengas lejos de la novia, la viuda, la virgen, el hombre joven y los chicos nacidos libres, ama a quien quieras”. No obstante, no todo el mundo respetaba estos límites. Una ley del siglo II a. C. prohibía seguir a matronas y adolescentes por la calle, lo que hace suponer que el acoso era algo frecuente. Hay que tener en cuenta que las ciudadanas romanas se casaban a partir de los doce años. Abundaban las matronas y las viudas extremadamente jóvenes.

  

3. Las clases inferiores vivían las relaciones íntimas sin protección ni privilegios, pero también con menos rigidez

 

¿Cómo vivían las relaciones íntimas las clases inferiores? Se esperaba de los esclavos que fueran promiscuos, pero a veces se les permitía vivir en contubernio, literalmente “compartir tienda”. Algo parecido sucedía con los soldados, que tenían prohibido el matrimonio mientras durara el servicio militar, pero solían mantener a compañeras e hijos, cuya situación regularizaban una vez licenciados.

 

Un caso curioso es el de la liberta Allia Potestas, que convivía con dos hombres a la vez. Sus dos viudos le dedicaron un emotivo epitafio, en el que alaban sus habilidades domésticas y describen sus encantos con minucioso desparpajo, desde el color de su cabello hasta el tamaño de sus pezones. El matrimonio romano no permitía la poligamia, pero era una institución hecha a medida de los ricos. A nadie le importaba cómo vivieran quienes no tuvieran un rancio linaje que preservar.

  

Roma

 

4. El loco siglo II a. C.

 

A pesar de la relativa tolerancia de la que disfrutaban los hombres de las clases privilegiadas, los magistrados de la República predicaban moderación en las costumbres. No porque el sexo fuera malo en sí, sino porque podía distraer a un ciudadano de sus obligaciones e incitarle a derrochar su fortuna. Enamorarse era insensato e irresponsable.

 

Venus protegía a los romanos, sí, pero también podía hacerles perder la cabeza. No convenía irritarla, pero era mejor mantenerla a raya. De la misma manera que los cristianos adoran a la Virgen María bajo distintas advocaciones (Montserrat, Guadalupe, etc.), en Roma se rendía culto a Venus Genetrix, una discreta versión de la diosa que subrayaba su carácter maternal, como honorable tatarabuela de los romanos. Pero estos, al final, se verían obligados a recurrir a otra Venus mucho más explosiva. Aníbal tuvo la culpa. En el año 215 a. C. el Senado, aterrado ante la idea de vérselas con el cartaginés ante las puertas de Roma, decidió implorar la ayuda de su protectora y erigió en el monte Capitolio un templo a la poderosa Venus Ericina, responsable de las pasiones desatadas y patrona de las prostitutas. Cartago fue vencida, pero la pícara diosa conquistó para siempre el corazón de los romanos.

   

5. Los jóvenes patricios mandaron al cuerno la proverbial austeridad romana.

 

Tras el fin de la segunda guerra púnica, una intensa sensualidad se adueñó de Roma. Con Cartago fuera de combate, ya no había obstáculo para apoderarse de todo el Mediterráneo. A medida que las legiones se adentraban en Grecia y Asia Menor, los soldados quedaron deslumbrados por el lujo de sus ciudades y palacios. Con cada nueva conquista, un chorro de oro llovía sobre las clases dirigentes en forma de tributos, posesiones y cargos en el extranjero. La ciudad se llenó de mercancías exóticas, dioses desconocidos, esclavos de extrañas facciones y filósofos griegos que predicaban nuevos valores.

 

Los jóvenes patricios, seducidos por la nueva Roma cosmopolita, mandaron al cuerno la proverbial austeridad romana, para consternación de moralistas como Catón el Viejo, que veía en aquella actitud el fin de la virtus y la dignitas. “El Estado va por mal camino cuando se paga más dinero por un esclavo guapo que por un campo de cultivo”, se quejó amargamente en un discurso. En efecto, estaban de moda los delicati, jovencitos destinados a complacer sexualmente a sus amos. Sin embargo, no era el homoerotismo lo que irritaba al severo orador, sino la intemperancia. Un pueblo que lo gastaba todo en placeres solo podía conducir a la República a su ruina. La lujuria no era peor que la pereza o la glotonería. Eso sí, todo tenía un límite. En 186 a. C., más de siete mil hombres y mujeres, algunos de familia noble, fueron arrestados por participar en unas bacanales que iban más allá de lo que los romanos entendían por un culto razonable a Dionisio. Además de las clásicas danzas bajo los efectos del vino, se decía que esta secta practicaba orgías multitudinarias, abusos sexuales contra muchachos libres e incluso sacrificios humanos.

  

6. Mujeres al poder

 

La nueva juventud romana no está para sermones. “Todos los que puedan pagar tienen derecho a hacer el amor”, grita un personaje de Plauto, haciéndose eco del sentir de su generación. Ciertamente, sus padres y abuelos ya echaban canas al aire con prostitutas, pero ellos van más allá: se enamoran de cortesanas, las colman de regalos, compiten por sus favores y les dedican poemas. En sus versos, Catulo, Tibulo y Virgilio ya no se comportan como el macho omnipotente de los viejos tiempos. Al contrario, se declaran subyugados por la amada, imploran sus favores y se quejan de sus traiciones, una falta de hombría que hubiera sonrojado a sus antepasados. Ellas, por su parte, emplean la seducción para obtener concesiones o acumular un patrimonio que les permita jubilarse holgadamente.

 

Las grandes familias se aseguran de mantener su fortuna a buen recaudo, ya que las novias patricias conservan la propiedad de sus bienes y el derecho a heredar.

 

La prosperidad económica también ha cambiado la vida a las mujeres respetables. El matrimonio ya no es lo que era. Ahora las bodas se celebran sin manus: la esposa sigue bajo la tutela paterna en lugar de pasar a depender del marido. De este modo, las grandes familias se aseguran de mantener su fortuna a buen recaudo, ya que las novias patricias conservan la propiedad de sus bienes y el derecho a heredar. En teoría no pueden vivir a su antojo, ya que dependen de la autoridad paterna. Pero en la práctica gozan de una gran libertad de movimientos: a fin de cuentas, no viven bajo el mismo techo que su padre. Si quedan huérfanas, enviudan o se divorcian, se les asigna un tutor a quien deben consultar para determinadas transacciones. Sin embargo, con el tiempo, el permiso de estos tutores se volverá una mera formalidad.

 

Ya nadie ofrece sacrificios a Juno Viriplaca para resolver crisis conyugales. El divorcio está a la orden del día, los clanes hacen y deshacen matrimonios en función de las conveniencias políticas del momento, alianzas orientadas a obtener cargos públicos que beneficien a ambas familias. Y las romanas desempeñan un papel crucial en estas redes políticas. Lejos de quedarse en casa tejiendo túnicas, como manda la tradición, se convierten en profesionales de las relaciones públicas. Acompañan a sus maridos a fiestas y banquetes, ejercen de mediadoras entre su familia y la de su esposo, intrigan para impulsar la carrera de hijos y parientes, emprenden negocios con el dinero de su dote e incluso reciben a sus propios clientes, hombres y mujeres de rango inferior que les prestan apoyo incondicional a cambio de favores.

 

Las nuevas libertades de las matronas no incluyen el derecho de amar a quien deseen. El tabú del adulterio sigue intacto. Incluso las viudas deben guardar las formas. El gran escándalo del siglo I a. C. lo protagonizó Clodia Metelli, una opulenta viuda patricia que se vio envuelta en una intrincada trama judicial de tintes políticos. Al acusado, Marco Caelio Rufo, se le imputaba un asesinato, varios disturbios y un intento de envenenar a Clodia. Pero Caelio contaba con un abogado de lujo, Cicerón, cuya táctica consistió en desprestigiar a la demandante, vertiendo sobre ella un sinfín de reproches morales –adulterio, incesto, alcoholismo...– hasta convertir a la presunta víctima en una malévola femme fatale, a la que no dudó en apodar “la Medea del Palatino”. Por fortuna para ella, este ataque a su reputación no tuvo consecuencias legales. Durante la República, la conducta de una viuda emancipada era un asunto privado. Pero eso estaba a punto de cambiar.

  

7. El adulterio como asunto de Estado

 

Si durante la República las matronas seguían siendo intocables y las aventuras galantes las protagonizaban cortesanas, en tiempos de Julio César el adulterio era ya el deporte nacional. Al mismo César lo llaman, jocosamente, “marido de todas las mujeres y mujer de todos los maridos”. Por primera vez se tiene en cuenta el placer mutuo. Es en esta época cuando Ovidio publica El arte de amar, un completísimo manual para seducir a mujeres casadas que, entre otros consejos, indica a los jóvenes los mejores sitios de Roma donde ir a cazar conquistas, entre ellos el circo y el teatro.

 

Las mujeres se pirran por aurigas, actores y luchadores. Una patricia llamada Epia fue la comidilla de sus contemporáneos por fugarse con un gladiador de mediana edad. “Es la espada que las mujeres aman”, comentaría, entre burlón y resignado, Juvenal. Si damos crédito a los grafitis de Pompeya, el sex-appeal de los gladiadores era, ciertamente, irresistible: “Las chicas suspiran por Celadus el Tracio” o “Crescens el reciario, médico de las chicas de noche, de día y a otras horas” son algunas de las bravuconadas que pintaban en las paredes estos guerreros del espectáculo.

 

Octavio Augusto daría un brusco golpe de timón a las costumbres con dos leyes concebidas para interferir directamente en la vida íntima de los ciudadanos.

 

Entre los romanos, el ocio siempre se consideró una fuente de inmoralidad, y jamás hubo tanto ocio ni tan variado como durante las primeras dinastías del Imperio. Roma seguía siendo una ciudad rica, y sus ciudadanos, despojados de casi todo poder político, no tenían nada que hacer. Bañarse, cotillear, asistir a espectáculos, cultivar las artes y enredarse en amoríos eran sus únicas ocupaciones. Las matronas habían aparcado la tradicional stola y vestían modelos más vistosos y provocativos. En la aristocracia, los celos entre esposos no eran de buen tono, y tener hijos había dejado de ser una prioridad.

 

Octavio Augusto daría un brusco golpe de timón a las costumbres con dos leyes concebidas para interferir directamente en la vida íntima de los ciudadanos. La Lex Iulia de maritandis ordinibus penalizaba a los solteros y a los casados sin hijos, impidiéndoles heredar. Además, obligaba a viudos y divorciados de ambos sexos a casarse de nuevo, en plazos que oscilaban de los cien días a los diez meses. A las matronas que hubieran dado más de tres hijos a la patria se las premiaba liberándolas de cualquier tutela masculina. Por su parte, la Lex Iulia adulteriis convertía el adulterio en un crimen penado por la ley. Hasta entonces, los trapos sucios de la infidelidad se lavaban en casa, con la ayuda de un consejo familiar que negociaba las condiciones del repudio y con alguna que otra paliza al amante de turno. A partir de ahora, denunciar un adulterio sería obligatorio. Si el esposo no acusaba públicamente a la infiel, se exponía a ser condenado por proxeneta. Cualquier testigo de un adulterio, real o imaginario, podía presentar denuncia, y si los reos eran declarados culpables, el demandante se quedaba una parte de sus bienes. Esto disparó los juicios por intereses políticos o económicos, incluso por simple venganza. La pena solía consistir en el destierro a una isla, aunque el padre de la condenada tenía derecho a matarla, si lo prefería. Por supuesto, la ley afectaba únicamente a mujeres casadas de nacimiento libre. La vida moral de las menos respetables no interesaba al Estado. En el año 19, una patricia llamada Vistilia intentó eludir el castigo por adulterio inscribiéndose en el registro de prostitutas. Para cubrir este agujero legal, el Senado acabó publicando un decreto que prohibía prostituirse a las mujeres de clase alta.

 

La dureza de estas medidas haría exclamar al historiador Tácito: “Antes sufríamos con los escándalos, ahora sufrimos con las leyes”. Sin embargo, el alarde de conservadurismo de Octavio no iba a dar los frutos esperados. Los jóvenes ricos de su tiempo siguieron entregándose al placer. Y la primera dinastía del Imperio no pasaría a la historia, precisamente, como ejemplo de continencia sexual.

  

Ana Echeverría 05/01/2018

 

www.lavanguardia.com/historiayvida/7-secretos-del-sexo-en...

Virgen del Patrocinio Dolorosa

 

Imagen de la virgen del Patrocinio, realizada por el escultor Luis Álvarez Duarte, en 1973.

La Virgen original, obra de Cristóbal Ramos, procesionó por primera vez bajo palio en 1750.1

 

La Virgen fue sustituida en 1921 por otra de terracota de autor desconocido.

 

En 1924 Eduardo Seco talló los respiraderos en plata y el platero cordobés Ruiz realizó unos varales para esta virgen que hoy pertenecen a la Hermandad de los Panaderos. En 1926 fue bendecida la corona de oro de la Virgen, obra de José Moguel, durante la celebración de un culto en la parroquia de Santa Ana.5 Ese mismo año la Virgen estrenó un manto trazado por Herminia Álvarez Udell y realizado por Hijo de Olmo. Además, se creó la insignia Mediatrix, bordada en el Taller de Caro, que representa la mediación de la Virgen. La insignia fue bendecida por el cardenal Ilundain y actuó de madrina la infanta María Luisa de Orleans,5 que era camarera de la hermandad.3

 

La talla de la Virgen fue realizada en 1973, a semejanza de la anterior imagen, por Luis Álvarez Duarte.5 En 1974 la Virgen llevó una nueva corona de oro, realizada por Fernando Marmolejo Camargo, y su paso palio llevó unos nuevos respiraderos, obra del mismo autor.5

 

La Virgen de Patrocinio no posee ninguna lágrima.

Castromonte , Valladolid .

Lo mandó construir doña Sancha de Castilla, hermana de Alfonso VII el Emperador, en el año 1147. Esta infanta obtuvo por mediación del Rey francés, Luis el Joven, una espina de la corona de nuestro Señor custodiada en el Monasterio de San Dionís, y que posteriormente regaló a este Monasterio, de ahí su nombre . Declarado Bien de Interés Cultural desde el año 1931.

www.lasantaespina.es/historia.asp?tipo=historia&IdTbl1=1

www.pedrofierro.com

www.amigosfotografos.es/foro/index.php?topic=6878.new#new

En medio del bosque de la zona de Zeanuri, vimos las famosas cabañas suspendidas en el vació por mediación de cables de acero, sujetos a los fornidos y robustos pinos y secuoyas, donde uno puede pasar unos días y disfrutar de la naturaleza en plenitud, pudiendo contemplar desde la altura, buena parte del bosque.

Leoni, Pompeo. Escultor italiano. Además de colaborar con su padre, Leone Leoni, en todos sus trabajos, Pompeo Leoni fue capaz de crear un taller en Madrid, y de ocuparse de algunas otras obras, al margen del retablo de El Escorial.

Leone Leoni entró en contacto con la corte imperial por mediación de Ferrante Gonzaga, gobernador del Milanesado. El primer encuentro acaeció en Bruselas en 1549, y en él Leone recibió encargos del Emperador y de su hermana María de Hungría (1505-1558), viuda de Luis II de Hungría y gobernadora de los Países Bajos entre 1531-1555. María le solicitó diez esculturas en bronce de cuerpo entero de miembros de la familia imperial de las que sólo se realizaron la suya y la de su sobrino Felipe.

 

CATEDRAL

 

La Catedral de Santa María la Real de la Almudena es la sede episcopal de la diócesis de Madrid (España). Se trata de un templo de 102 metros de longitud y 73 de altura con una mezcla de diferentes estilos: neoclásico en el exterior, neogótico en el interior y neorrománico en la cripta.

 

Fue consagrada por el pontífice Juan Pablo II en su cuarto viaje a España, el 15 de junio de 1993, siendo la primera catedral española consagrada por un papa.

Está ubicada en el centro de la ciudad. La fachada principal se encuentra frente al Palacio Real de Madrid. La fachada del crucero mira hacia la calle de Bailén, y el acceso a la cripta se realiza por la Cuesta de la Vega, al final de la Calle Mayor. A diferencia de la mayoría de templos cristianos, de orientación este-oeste, la catedral tiene una orientación norte-sur, fruto de su concepción como parte integrante del conjunto del Palacio Real. Está construida en piedra de Novelda (Alicante) y granito de las canteras de Colmenar Viejo (Madrid).

El día 4 de abril de 1883 el rey Alfonso XII puso la primera piedra del nuevo edificio, que sería la futura catedral de Madrid, en unos terrenos que, por mediación de la reina Mercedes, devota de la Virgen de la Almudena, son cedidos por el Patrimonio Real en 1879. Espaldarazo definitivo para la construcción sería la creación de la Diócesis de Madrid-Alcalá, mediante bula dada por León XIII. Mientras se construía la catedral, la antigua iglesia jesuítica del Colegio Imperial, que en aquel momento tenía la consideración de colegiata, bajo la advocación de san Isidro, pasó a ser el templo catedralicio de la nueva diócesis. En 1964, Casimiro Morcillo recibió el título de Arzobispo-obispo, pero dentro de la provincia metropolitana de Toledo. No sería hasta la muerte de éste, en 1971, cuando el Cardenal Tarancón abandonó la Sede de Toledo para ocupar la de Madrid-Alcalá, con rango de Archidiócesis. Esta arquidiócesis pasó a llamarse Arquidiócesis de Madrid en 1991, con la restauración de la diócesis de Alcalá de Henares.

 

El marqués de Cubas, a cargo del proyecto, reformó su proyecto inicial como iglesia parroquial proponiendo una imponente catedral neogótica siguiendo la moda imperante en Europa por influencia de Viollet-le-Duc. Los trabajos comenzaron por la cripta, construida en estilo neorrománico, con acceso por la Cuesta de la Vega y que no se abrió al culto hasta 1911, una vez concluida por Enrique María Repullés y Vargas. En esa misma época se levantaron los primeros pilares, pero los trabajos quedaron prácticamente abandonados hasta 1950, año en el que Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro ganan el concurso convocado para la terminación de las obras. El aspecto del templo cambiaría entonces, puesto que, aunque se mantenía el estilo gótico del proyecto primitivo para el interior de la catedral, el exterior sería ahora neoclásico, siendo éste el aspecto que mantiene actualmente: de esta forma, la catedral se integraría con el entorno, también neoclásico, del Palacio Real.

 

Las obras continuaron hasta su paralización en 1965, ante la falta de fondos y de apoyo del ayuntamiento. Transcurrieron casi veinte años hasta que, en 1984, se creó un patronato que consiguió el apoyo de instituciones públicas (que incluían el ayuntamiento y el Gobierno de España, ambos en manos de políticos de izquierda) y privadas para finalizar las obras. La catedral fue consagrada por el papa Juan Pablo II el 15 de junio de 1993, tomando el relevo de la colegiata de San Isidro, que había sido la catedral provisional de Madrid desde 1885.[1]

  

Quizá el elemento más llamativo al exterior de la catedral sea la cúpula, que es doble; gótica vista desde el interior, pero claramente barroca al exterior. Está recubierta con pizarra, y presenta un tambor octogonal en el que se abren cuatro grandes huecos termales y una pequeña linterna como remate. Cuenta con doce estatuas, que representan a los apóstoles: San Felipe, San Bartolomé, San Mateo, San Simón, Judas Tadeo, Santiago Alfeo, San Matías, San Bernabé, San Pedro, Santiago Apóstol, San Juan y San Andrés. Son obra del escultor Luis Sanguino.

 

La fachada principal, hacia la plaza de la Armería, es la situada a los pies del templo, y mira hacia la cara sur del Palacio Real. Se compone de un gran pórtico de columnata doble, siendo el piso inferior de inspiración toscana y el superior jónico. Este conjunto, de aire neoclásico, fue rematado después de la consagración de la catedral por una hornacina barroca, cobijando una imagen de la Virgen de la Almudena. Se colocaron también cuatro estatuas, obra del escultor Ramón Chaparro, que representan a cuatro santos españoles: san Isidro Labrador, santa María de la Cabeza, santa Teresa de Jesús y san Fernando Rey, realizadas en piedra blanca de Colmenar Viejo.

 

En el balcón, una vidriera de diez metros cuadrados que representa a la Virgen de Lis. Y cuatro estatuas que representan a los cuatro evangelistas, del escultor José Luis Parés.

 

Hay dos grandes escudos, ejecutados también por el escultor Parés. Ubicados en la parte inferior, están realizados en piedra: representan las Armas Plenas de la Casa Real Española y el escudo del papa que consagró la catedral, Juan Pablo II. Junto a los escudos, en dos hornacinas, están las estatuas de san Pedro y san Pablo, obra de Juan de Ávalos.

 

Las puertas son de bronce. La central tiene adornos con el tema trinitario, ante lo que fue el Nuevo Milenio del 2000; una de las laterales hace referencia a la Monarquía católica de España, con efigies de los reyes de la Reconquista; la otra, está dedicada a Hispanoamérica. Son obra también del escultor Sanguino.

 

De las dos torres de esta fachada, a la de la derecha se la conoce como "Mariana" o "de los gallegos", ya que las campanas han sido donadas por gallegos y cada una de ellas tiene una advocación mariana castiza: Santa María la Real de la Almudena; Santa María de la Paloma; Santa María de Atocha y Santa María de la Flor de Lis. En la torre de la izquierda, que da a la calle Bailén, está el carillón.

Esta fachada es la que se utiliza diariamente para el acceso a la catedral. Corresponde a la parte oriental del crucero del templo, dando vista a la calle Bailén. En el diseño de esta fachada se advierte cierto influjo escurialense en su monumentalidad y desnudez, solo rota por las puertas de bronce. Son éstas obra, asimismo, del escultor Sanguino. La lateral de la izquierda representa el hallazgo de la Virgen de la Almudena por el rey Alfonso VI de Castilla, en el año 1085; la central, recuerda el día de la inauguración de la Catedral por el papa Juan Pablo II, el 15 de junio de 1993, con imágenes de los Reyes, doña María de la Mercedes, madre del Rey, y el entonces arzobispo de Madrid, Ángel Suquía; por último, la puerta lateral derecha ilustra la procesión de la Virgen de la Almudena el 9 de noviembre, día de su fiesta, por las calles de Madrid. En ella se ve al actual cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y los monumentos más emblemáticos de la ciudad. La fachada se completa con las estatuas de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María, también obra de José Luis Parés.

 

Frente a esta fachada, se ha construido una plaza que le sirve de atrio amplio. Se conoce comúnmente como la plaza de Juan Pablo II por la estatua de más de tres metros que representa a este papa, realizada por el escultor Juan de Ávalos. La plaza está adornada, además, con cuatro fuentes y farolas de estilo fernandino. A esta plaza se accede por una escalera imperial.

 

Todo el conjunto está cerrado por rejas, coronadas por las estatuas en bronce de san Antonio María Claret, san Ignacio de Loyola y san Juan de Ávila, obra de la escultora Consuelo Perea.

CATEDRAL

 

La Catedral de Santa María la Real de la Almudena es la sede episcopal de la diócesis de Madrid (España). Se trata de un templo de 102 metros de longitud y 73 de altura con una mezcla de diferentes estilos: neoclásico en el exterior, neogótico en el interior y neorrománico en la cripta.

 

Fue consagrada por el pontífice Juan Pablo II en su cuarto viaje a España, el 15 de junio de 1993, siendo la primera catedral española consagrada por un papa.

Está ubicada en el centro de la ciudad. La fachada principal se encuentra frente al Palacio Real de Madrid. La fachada del crucero mira hacia la calle de Bailén, y el acceso a la cripta se realiza por la Cuesta de la Vega, al final de la Calle Mayor. A diferencia de la mayoría de templos cristianos, de orientación este-oeste, la catedral tiene una orientación norte-sur, fruto de su concepción como parte integrante del conjunto del Palacio Real. Está construida en piedra de Novelda (Alicante) y granito de las canteras de Colmenar Viejo (Madrid).

El día 4 de abril de 1883 el rey Alfonso XII puso la primera piedra del nuevo edificio, que sería la futura catedral de Madrid, en unos terrenos que, por mediación de la reina Mercedes, devota de la Virgen de la Almudena, son cedidos por el Patrimonio Real en 1879. Espaldarazo definitivo para la construcción sería la creación de la Diócesis de Madrid-Alcalá, mediante bula dada por León XIII. Mientras se construía la catedral, la antigua iglesia jesuítica del Colegio Imperial, que en aquel momento tenía la consideración de colegiata, bajo la advocación de san Isidro, pasó a ser el templo catedralicio de la nueva diócesis. En 1964, Casimiro Morcillo recibió el título de Arzobispo-obispo, pero dentro de la provincia metropolitana de Toledo. No sería hasta la muerte de éste, en 1971, cuando el Cardenal Tarancón abandonó la Sede de Toledo para ocupar la de Madrid-Alcalá, con rango de Archidiócesis. Esta arquidiócesis pasó a llamarse Arquidiócesis de Madrid en 1991, con la restauración de la diócesis de Alcalá de Henares.

 

El marqués de Cubas, a cargo del proyecto, reformó su proyecto inicial como iglesia parroquial proponiendo una imponente catedral neogótica siguiendo la moda imperante en Europa por influencia de Viollet-le-Duc. Los trabajos comenzaron por la cripta, construida en estilo neorrománico, con acceso por la Cuesta de la Vega y que no se abrió al culto hasta 1911, una vez concluida por Enrique María Repullés y Vargas. En esa misma época se levantaron los primeros pilares, pero los trabajos quedaron prácticamente abandonados hasta 1950, año en el que Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro ganan el concurso convocado para la terminación de las obras. El aspecto del templo cambiaría entonces, puesto que, aunque se mantenía el estilo gótico del proyecto primitivo para el interior de la catedral, el exterior sería ahora neoclásico, siendo éste el aspecto que mantiene actualmente: de esta forma, la catedral se integraría con el entorno, también neoclásico, del Palacio Real.

 

Las obras continuaron hasta su paralización en 1965, ante la falta de fondos y de apoyo del ayuntamiento. Transcurrieron casi veinte años hasta que, en 1984, se creó un patronato que consiguió el apoyo de instituciones públicas (que incluían el ayuntamiento y el Gobierno de España, ambos en manos de políticos de izquierda) y privadas para finalizar las obras. La catedral fue consagrada por el papa Juan Pablo II el 15 de junio de 1993, tomando el relevo de la colegiata de San Isidro, que había sido la catedral provisional de Madrid desde 1885.[1]

  

Quizá el elemento más llamativo al exterior de la catedral sea la cúpula, que es doble; gótica vista desde el interior, pero claramente barroca al exterior. Está recubierta con pizarra, y presenta un tambor octogonal en el que se abren cuatro grandes huecos termales y una pequeña linterna como remate. Cuenta con doce estatuas, que representan a los apóstoles: San Felipe, San Bartolomé, San Mateo, San Simón, Judas Tadeo, Santiago Alfeo, San Matías, San Bernabé, San Pedro, Santiago Apóstol, San Juan y San Andrés. Son obra del escultor Luis Sanguino.

 

La fachada principal, hacia la plaza de la Armería, es la situada a los pies del templo, y mira hacia la cara sur del Palacio Real. Se compone de un gran pórtico de columnata doble, siendo el piso inferior de inspiración toscana y el superior jónico. Este conjunto, de aire neoclásico, fue rematado después de la consagración de la catedral por una hornacina barroca, cobijando una imagen de la Virgen de la Almudena. Se colocaron también cuatro estatuas, obra del escultor Ramón Chaparro, que representan a cuatro santos españoles: san Isidro Labrador, santa María de la Cabeza, santa Teresa de Jesús y san Fernando Rey, realizadas en piedra blanca de Colmenar Viejo.

 

En el balcón, una vidriera de diez metros cuadrados que representa a la Virgen de Lis. Y cuatro estatuas que representan a los cuatro evangelistas, del escultor José Luis Parés.

 

Hay dos grandes escudos, ejecutados también por el escultor Parés. Ubicados en la parte inferior, están realizados en piedra: representan las Armas Plenas de la Casa Real Española y el escudo del papa que consagró la catedral, Juan Pablo II. Junto a los escudos, en dos hornacinas, están las estatuas de san Pedro y san Pablo, obra de Juan de Ávalos.

 

Las puertas son de bronce. La central tiene adornos con el tema trinitario, ante lo que fue el Nuevo Milenio del 2000; una de las laterales hace referencia a la Monarquía católica de España, con efigies de los reyes de la Reconquista; la otra, está dedicada a Hispanoamérica. Son obra también del escultor Sanguino.

 

De las dos torres de esta fachada, a la de la derecha se la conoce como "Mariana" o "de los gallegos", ya que las campanas han sido donadas por gallegos y cada una de ellas tiene una advocación mariana castiza: Santa María la Real de la Almudena; Santa María de la Paloma; Santa María de Atocha y Santa María de la Flor de Lis. En la torre de la izquierda, que da a la calle Bailén, está el carillón.

Esta fachada es la que se utiliza diariamente para el acceso a la catedral. Corresponde a la parte oriental del crucero del templo, dando vista a la calle Bailén. En el diseño de esta fachada se advierte cierto influjo escurialense en su monumentalidad y desnudez, solo rota por las puertas de bronce. Son éstas obra, asimismo, del escultor Sanguino. La lateral de la izquierda representa el hallazgo de la Virgen de la Almudena por el rey Alfonso VI de Castilla, en el año 1085; la central, recuerda el día de la inauguración de la Catedral por el papa Juan Pablo II, el 15 de junio de 1993, con imágenes de los Reyes, doña María de la Mercedes, madre del Rey, y el entonces arzobispo de Madrid, Ángel Suquía; por último, la puerta lateral derecha ilustra la procesión de la Virgen de la Almudena el 9 de noviembre, día de su fiesta, por las calles de Madrid. En ella se ve al actual cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y los monumentos más emblemáticos de la ciudad. La fachada se completa con las estatuas de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María, también obra de José Luis Parés.

 

Frente a esta fachada, se ha construido una plaza que le sirve de atrio amplio. Se conoce comúnmente como la plaza de Juan Pablo II por la estatua de más de tres metros que representa a este papa, realizada por el escultor Juan de Ávalos. La plaza está adornada, además, con cuatro fuentes y farolas de estilo fernandino. A esta plaza se accede por una escalera imperial.

 

Todo el conjunto está cerrado por rejas, coronadas por las estatuas en bronce de san Antonio María Claret, san Ignacio de Loyola y san Juan de Ávila, obra de la escultora Consuelo Perea.

Comarca de " los Montes Torozos " ( Valladolid ).

 

Este Monasterio lo mandó construir doña Sancha de Castilla, hermana de Alfonso VII el Emperador en el año 1147. Esta infanta obtuvo por mediación del Rey Francés, Luis el Joven, una espina de la corona de Jesús.

En la parte posterior del retablo hay un pequeño camerin en la que se puede contemplar una impresionante custodia de oro y plata en cuyo interior se guarda la Santa Espina.

CATEDRAL

 

La Catedral de Santa María la Real de la Almudena es la sede episcopal de la diócesis de Madrid (España). Se trata de un templo de 102 metros de longitud y 73 de altura con una mezcla de diferentes estilos: neoclásico en el exterior, neogótico en el interior y neorrománico en la cripta.

 

Fue consagrada por el pontífice Juan Pablo II en su cuarto viaje a España, el 15 de junio de 1993, siendo la primera catedral española consagrada por un papa.

Está ubicada en el centro de la ciudad. La fachada principal se encuentra frente al Palacio Real de Madrid. La fachada del crucero mira hacia la calle de Bailén, y el acceso a la cripta se realiza por la Cuesta de la Vega, al final de la Calle Mayor. A diferencia de la mayoría de templos cristianos, de orientación este-oeste, la catedral tiene una orientación norte-sur, fruto de su concepción como parte integrante del conjunto del Palacio Real. Está construida en piedra de Novelda (Alicante) y granito de las canteras de Colmenar Viejo (Madrid).

El día 4 de abril de 1883 el rey Alfonso XII puso la primera piedra del nuevo edificio, que sería la futura catedral de Madrid, en unos terrenos que, por mediación de la reina Mercedes, devota de la Virgen de la Almudena, son cedidos por el Patrimonio Real en 1879. Espaldarazo definitivo para la construcción sería la creación de la Diócesis de Madrid-Alcalá, mediante bula dada por León XIII. Mientras se construía la catedral, la antigua iglesia jesuítica del Colegio Imperial, que en aquel momento tenía la consideración de colegiata, bajo la advocación de san Isidro, pasó a ser el templo catedralicio de la nueva diócesis. En 1964, Casimiro Morcillo recibió el título de Arzobispo-obispo, pero dentro de la provincia metropolitana de Toledo. No sería hasta la muerte de éste, en 1971, cuando el Cardenal Tarancón abandonó la Sede de Toledo para ocupar la de Madrid-Alcalá, con rango de Archidiócesis. Esta arquidiócesis pasó a llamarse Arquidiócesis de Madrid en 1991, con la restauración de la diócesis de Alcalá de Henares.

 

El marqués de Cubas, a cargo del proyecto, reformó su proyecto inicial como iglesia parroquial proponiendo una imponente catedral neogótica siguiendo la moda imperante en Europa por influencia de Viollet-le-Duc. Los trabajos comenzaron por la cripta, construida en estilo neorrománico, con acceso por la Cuesta de la Vega y que no se abrió al culto hasta 1911, una vez concluida por Enrique María Repullés y Vargas. En esa misma época se levantaron los primeros pilares, pero los trabajos quedaron prácticamente abandonados hasta 1950, año en el que Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro ganan el concurso convocado para la terminación de las obras. El aspecto del templo cambiaría entonces, puesto que, aunque se mantenía el estilo gótico del proyecto primitivo para el interior de la catedral, el exterior sería ahora neoclásico, siendo éste el aspecto que mantiene actualmente: de esta forma, la catedral se integraría con el entorno, también neoclásico, del Palacio Real.

 

Las obras continuaron hasta su paralización en 1965, ante la falta de fondos y de apoyo del ayuntamiento. Transcurrieron casi veinte años hasta que, en 1984, se creó un patronato que consiguió el apoyo de instituciones públicas (que incluían el ayuntamiento y el Gobierno de España, ambos en manos de políticos de izquierda) y privadas para finalizar las obras. La catedral fue consagrada por el papa Juan Pablo II el 15 de junio de 1993, tomando el relevo de la colegiata de San Isidro, que había sido la catedral provisional de Madrid desde 1885.[1]

  

Quizá el elemento más llamativo al exterior de la catedral sea la cúpula, que es doble; gótica vista desde el interior, pero claramente barroca al exterior. Está recubierta con pizarra, y presenta un tambor octogonal en el que se abren cuatro grandes huecos termales y una pequeña linterna como remate. Cuenta con doce estatuas, que representan a los apóstoles: San Felipe, San Bartolomé, San Mateo, San Simón, Judas Tadeo, Santiago Alfeo, San Matías, San Bernabé, San Pedro, Santiago Apóstol, San Juan y San Andrés. Son obra del escultor Luis Sanguino.

 

La fachada principal, hacia la plaza de la Armería, es la situada a los pies del templo, y mira hacia la cara sur del Palacio Real. Se compone de un gran pórtico de columnata doble, siendo el piso inferior de inspiración toscana y el superior jónico. Este conjunto, de aire neoclásico, fue rematado después de la consagración de la catedral por una hornacina barroca, cobijando una imagen de la Virgen de la Almudena. Se colocaron también cuatro estatuas, obra del escultor Ramón Chaparro, que representan a cuatro santos españoles: san Isidro Labrador, santa María de la Cabeza, santa Teresa de Jesús y san Fernando Rey, realizadas en piedra blanca de Colmenar Viejo.

 

En el balcón, una vidriera de diez metros cuadrados que representa a la Virgen de Lis. Y cuatro estatuas que representan a los cuatro evangelistas, del escultor José Luis Parés.

 

Hay dos grandes escudos, ejecutados también por el escultor Parés. Ubicados en la parte inferior, están realizados en piedra: representan las Armas Plenas de la Casa Real Española y el escudo del papa que consagró la catedral, Juan Pablo II. Junto a los escudos, en dos hornacinas, están las estatuas de san Pedro y san Pablo, obra de Juan de Ávalos.

 

Las puertas son de bronce. La central tiene adornos con el tema trinitario, ante lo que fue el Nuevo Milenio del 2000; una de las laterales hace referencia a la Monarquía católica de España, con efigies de los reyes de la Reconquista; la otra, está dedicada a Hispanoamérica. Son obra también del escultor Sanguino.

 

De las dos torres de esta fachada, a la de la derecha se la conoce como "Mariana" o "de los gallegos", ya que las campanas han sido donadas por gallegos y cada una de ellas tiene una advocación mariana castiza: Santa María la Real de la Almudena; Santa María de la Paloma; Santa María de Atocha y Santa María de la Flor de Lis. En la torre de la izquierda, que da a la calle Bailén, está el carillón.

Esta fachada es la que se utiliza diariamente para el acceso a la catedral. Corresponde a la parte oriental del crucero del templo, dando vista a la calle Bailén. En el diseño de esta fachada se advierte cierto influjo escurialense en su monumentalidad y desnudez, solo rota por las puertas de bronce. Son éstas obra, asimismo, del escultor Sanguino. La lateral de la izquierda representa el hallazgo de la Virgen de la Almudena por el rey Alfonso VI de Castilla, en el año 1085; la central, recuerda el día de la inauguración de la Catedral por el papa Juan Pablo II, el 15 de junio de 1993, con imágenes de los Reyes, doña María de la Mercedes, madre del Rey, y el entonces arzobispo de Madrid, Ángel Suquía; por último, la puerta lateral derecha ilustra la procesión de la Virgen de la Almudena el 9 de noviembre, día de su fiesta, por las calles de Madrid. En ella se ve al actual cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y los monumentos más emblemáticos de la ciudad. La fachada se completa con las estatuas de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María, también obra de José Luis Parés.

 

Frente a esta fachada, se ha construido una plaza que le sirve de atrio amplio. Se conoce comúnmente como la plaza de Juan Pablo II por la estatua de más de tres metros que representa a este papa, realizada por el escultor Juan de Ávalos. La plaza está adornada, además, con cuatro fuentes y farolas de estilo fernandino. A esta plaza se accede por una escalera imperial.

 

Todo el conjunto está cerrado por rejas, coronadas por las estatuas en bronce de san Antonio María Claret, san Ignacio de Loyola y san Juan de Ávila, obra de la escultora Consuelo Perea.

Leoni, Pompeo. Escultor italiano. Además de colaborar con su padre, Leone Leoni, en todos sus trabajos, Pompeo Leoni fue capaz de crear un taller en Madrid, y de ocuparse de algunas otras obras, al margen del retablo de El Escorial.

Leone Leoni entró en contacto con la corte imperial por mediación de Ferrante Gonzaga, gobernador del Milanesado. El primer encuentro acaeció en Bruselas en 1549, y en él Leone recibió encargos del Emperador y de su hermana María de Hungría (1505-1558), viuda de Luis II de Hungría y gobernadora de los Países Bajos entre 1531-1555. María le solicitó diez esculturas en bronce de cuerpo entero de miembros de la familia imperial de las que sólo se realizaron la suya y la de su sobrino Felipe

 

CATEDRAL

 

La Catedral de Santa María la Real de la Almudena es la sede episcopal de la diócesis de Madrid (España). Se trata de un templo de 102 metros de longitud y 73 de altura con una mezcla de diferentes estilos: neoclásico en el exterior, neogótico en el interior y neorrománico en la cripta.

 

Fue consagrada por el pontífice Juan Pablo II en su cuarto viaje a España, el 15 de junio de 1993, siendo la primera catedral española consagrada por un papa.

Está ubicada en el centro de la ciudad. La fachada principal se encuentra frente al Palacio Real de Madrid. La fachada del crucero mira hacia la calle de Bailén, y el acceso a la cripta se realiza por la Cuesta de la Vega, al final de la Calle Mayor. A diferencia de la mayoría de templos cristianos, de orientación este-oeste, la catedral tiene una orientación norte-sur, fruto de su concepción como parte integrante del conjunto del Palacio Real. Está construida en piedra de Novelda (Alicante) y granito de las canteras de Colmenar Viejo (Madrid).

El día 4 de abril de 1883 el rey Alfonso XII puso la primera piedra del nuevo edificio, que sería la futura catedral de Madrid, en unos terrenos que, por mediación de la reina Mercedes, devota de la Virgen de la Almudena, son cedidos por el Patrimonio Real en 1879. Espaldarazo definitivo para la construcción sería la creación de la Diócesis de Madrid-Alcalá, mediante bula dada por León XIII. Mientras se construía la catedral, la antigua iglesia jesuítica del Colegio Imperial, que en aquel momento tenía la consideración de colegiata, bajo la advocación de san Isidro, pasó a ser el templo catedralicio de la nueva diócesis. En 1964, Casimiro Morcillo recibió el título de Arzobispo-obispo, pero dentro de la provincia metropolitana de Toledo. No sería hasta la muerte de éste, en 1971, cuando el Cardenal Tarancón abandonó la Sede de Toledo para ocupar la de Madrid-Alcalá, con rango de Archidiócesis. Esta arquidiócesis pasó a llamarse Arquidiócesis de Madrid en 1991, con la restauración de la diócesis de Alcalá de Henares.

 

El marqués de Cubas, a cargo del proyecto, reformó su proyecto inicial como iglesia parroquial proponiendo una imponente catedral neogótica siguiendo la moda imperante en Europa por influencia de Viollet-le-Duc. Los trabajos comenzaron por la cripta, construida en estilo neorrománico, con acceso por la Cuesta de la Vega y que no se abrió al culto hasta 1911, una vez concluida por Enrique María Repullés y Vargas. En esa misma época se levantaron los primeros pilares, pero los trabajos quedaron prácticamente abandonados hasta 1950, año en el que Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro ganan el concurso convocado para la terminación de las obras. El aspecto del templo cambiaría entonces, puesto que, aunque se mantenía el estilo gótico del proyecto primitivo para el interior de la catedral, el exterior sería ahora neoclásico, siendo éste el aspecto que mantiene actualmente: de esta forma, la catedral se integraría con el entorno, también neoclásico, del Palacio Real.

 

Las obras continuaron hasta su paralización en 1965, ante la falta de fondos y de apoyo del ayuntamiento. Transcurrieron casi veinte años hasta que, en 1984, se creó un patronato que consiguió el apoyo de instituciones públicas (que incluían el ayuntamiento y el Gobierno de España, ambos en manos de políticos de izquierda) y privadas para finalizar las obras. La catedral fue consagrada por el papa Juan Pablo II el 15 de junio de 1993, tomando el relevo de la colegiata de San Isidro, que había sido la catedral provisional de Madrid desde 1885.[1]

  

Quizá el elemento más llamativo al exterior de la catedral sea la cúpula, que es doble; gótica vista desde el interior, pero claramente barroca al exterior. Está recubierta con pizarra, y presenta un tambor octogonal en el que se abren cuatro grandes huecos termales y una pequeña linterna como remate. Cuenta con doce estatuas, que representan a los apóstoles: San Felipe, San Bartolomé, San Mateo, San Simón, Judas Tadeo, Santiago Alfeo, San Matías, San Bernabé, San Pedro, Santiago Apóstol, San Juan y San Andrés. Son obra del escultor Luis Sanguino.

 

La fachada principal, hacia la plaza de la Armería, es la situada a los pies del templo, y mira hacia la cara sur del Palacio Real. Se compone de un gran pórtico de columnata doble, siendo el piso inferior de inspiración toscana y el superior jónico. Este conjunto, de aire neoclásico, fue rematado después de la consagración de la catedral por una hornacina barroca, cobijando una imagen de la Virgen de la Almudena. Se colocaron también cuatro estatuas, obra del escultor Ramón Chaparro, que representan a cuatro santos españoles: san Isidro Labrador, santa María de la Cabeza, santa Teresa de Jesús y san Fernando Rey, realizadas en piedra blanca de Colmenar Viejo.

 

En el balcón, una vidriera de diez metros cuadrados que representa a la Virgen de Lis. Y cuatro estatuas que representan a los cuatro evangelistas, del escultor José Luis Parés.

 

Hay dos grandes escudos, ejecutados también por el escultor Parés. Ubicados en la parte inferior, están realizados en piedra: representan las Armas Plenas de la Casa Real Española y el escudo del papa que consagró la catedral, Juan Pablo II. Junto a los escudos, en dos hornacinas, están las estatuas de san Pedro y san Pablo, obra de Juan de Ávalos.

 

Las puertas son de bronce. La central tiene adornos con el tema trinitario, ante lo que fue el Nuevo Milenio del 2000; una de las laterales hace referencia a la Monarquía católica de España, con efigies de los reyes de la Reconquista; la otra, está dedicada a Hispanoamérica. Son obra también del escultor Sanguino.

 

De las dos torres de esta fachada, a la de la derecha se la conoce como "Mariana" o "de los gallegos", ya que las campanas han sido donadas por gallegos y cada una de ellas tiene una advocación mariana castiza: Santa María la Real de la Almudena; Santa María de la Paloma; Santa María de Atocha y Santa María de la Flor de Lis. En la torre de la izquierda, que da a la calle Bailén, está el carillón.

Esta fachada es la que se utiliza diariamente para el acceso a la catedral. Corresponde a la parte oriental del crucero del templo, dando vista a la calle Bailén. En el diseño de esta fachada se advierte cierto influjo escurialense en su monumentalidad y desnudez, solo rota por las puertas de bronce. Son éstas obra, asimismo, del escultor Sanguino. La lateral de la izquierda representa el hallazgo de la Virgen de la Almudena por el rey Alfonso VI de Castilla, en el año 1085; la central, recuerda el día de la inauguración de la Catedral por el papa Juan Pablo II, el 15 de junio de 1993, con imágenes de los Reyes, doña María de la Mercedes, madre del Rey, y el entonces arzobispo de Madrid, Ángel Suquía; por último, la puerta lateral derecha ilustra la procesión de la Virgen de la Almudena el 9 de noviembre, día de su fiesta, por las calles de Madrid. En ella se ve al actual cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y los monumentos más emblemáticos de la ciudad. La fachada se completa con las estatuas de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María, también obra de José Luis Parés.

 

Frente a esta fachada, se ha construido una plaza que le sirve de atrio amplio. Se conoce comúnmente como la plaza de Juan Pablo II por la estatua de más de tres metros que representa a este papa, realizada por el escultor Juan de Ávalos. La plaza está adornada, además, con cuatro fuentes y farolas de estilo fernandino. A esta plaza se accede por una escalera imperial.

 

Todo el conjunto está cerrado por rejas, coronadas por las estatuas en bronce de san Antonio María Claret, san Ignacio de Loyola y san Juan de Ávila, obra de la escultora Consuelo Perea.

CATEDRAL

 

La Catedral de Santa María la Real de la Almudena es la sede episcopal de la diócesis de Madrid (España). Se trata de un templo de 102 metros de longitud y 73 de altura con una mezcla de diferentes estilos: neoclásico en el exterior, neogótico en el interior y neorrománico en la cripta.

 

Fue consagrada por el pontífice Juan Pablo II en su cuarto viaje a España, el 15 de junio de 1993, siendo la primera catedral española consagrada por un papa.

Está ubicada en el centro de la ciudad. La fachada principal se encuentra frente al Palacio Real de Madrid. La fachada del crucero mira hacia la calle de Bailén, y el acceso a la cripta se realiza por la Cuesta de la Vega, al final de la Calle Mayor. A diferencia de la mayoría de templos cristianos, de orientación este-oeste, la catedral tiene una orientación norte-sur, fruto de su concepción como parte integrante del conjunto del Palacio Real. Está construida en piedra de Novelda (Alicante) y granito de las canteras de Colmenar Viejo (Madrid).

El día 4 de abril de 1883 el rey Alfonso XII puso la primera piedra del nuevo edificio, que sería la futura catedral de Madrid, en unos terrenos que, por mediación de la reina Mercedes, devota de la Virgen de la Almudena, son cedidos por el Patrimonio Real en 1879. Espaldarazo definitivo para la construcción sería la creación de la Diócesis de Madrid-Alcalá, mediante bula dada por León XIII. Mientras se construía la catedral, la antigua iglesia jesuítica del Colegio Imperial, que en aquel momento tenía la consideración de colegiata, bajo la advocación de san Isidro, pasó a ser el templo catedralicio de la nueva diócesis. En 1964, Casimiro Morcillo recibió el título de Arzobispo-obispo, pero dentro de la provincia metropolitana de Toledo. No sería hasta la muerte de éste, en 1971, cuando el Cardenal Tarancón abandonó la Sede de Toledo para ocupar la de Madrid-Alcalá, con rango de Archidiócesis. Esta arquidiócesis pasó a llamarse Arquidiócesis de Madrid en 1991, con la restauración de la diócesis de Alcalá de Henares.

 

El marqués de Cubas, a cargo del proyecto, reformó su proyecto inicial como iglesia parroquial proponiendo una imponente catedral neogótica siguiendo la moda imperante en Europa por influencia de Viollet-le-Duc. Los trabajos comenzaron por la cripta, construida en estilo neorrománico, con acceso por la Cuesta de la Vega y que no se abrió al culto hasta 1911, una vez concluida por Enrique María Repullés y Vargas. En esa misma época se levantaron los primeros pilares, pero los trabajos quedaron prácticamente abandonados hasta 1950, año en el que Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro ganan el concurso convocado para la terminación de las obras. El aspecto del templo cambiaría entonces, puesto que, aunque se mantenía el estilo gótico del proyecto primitivo para el interior de la catedral, el exterior sería ahora neoclásico, siendo éste el aspecto que mantiene actualmente: de esta forma, la catedral se integraría con el entorno, también neoclásico, del Palacio Real.

 

Las obras continuaron hasta su paralización en 1965, ante la falta de fondos y de apoyo del ayuntamiento. Transcurrieron casi veinte años hasta que, en 1984, se creó un patronato que consiguió el apoyo de instituciones públicas (que incluían el ayuntamiento y el Gobierno de España, ambos en manos de políticos de izquierda) y privadas para finalizar las obras. La catedral fue consagrada por el papa Juan Pablo II el 15 de junio de 1993, tomando el relevo de la colegiata de San Isidro, que había sido la catedral provisional de Madrid desde 1885.[1]

  

Quizá el elemento más llamativo al exterior de la catedral sea la cúpula, que es doble; gótica vista desde el interior, pero claramente barroca al exterior. Está recubierta con pizarra, y presenta un tambor octogonal en el que se abren cuatro grandes huecos termales y una pequeña linterna como remate. Cuenta con doce estatuas, que representan a los apóstoles: San Felipe, San Bartolomé, San Mateo, San Simón, Judas Tadeo, Santiago Alfeo, San Matías, San Bernabé, San Pedro, Santiago Apóstol, San Juan y San Andrés. Son obra del escultor Luis Sanguino.

 

La fachada principal, hacia la plaza de la Armería, es la situada a los pies del templo, y mira hacia la cara sur del Palacio Real. Se compone de un gran pórtico de columnata doble, siendo el piso inferior de inspiración toscana y el superior jónico. Este conjunto, de aire neoclásico, fue rematado después de la consagración de la catedral por una hornacina barroca, cobijando una imagen de la Virgen de la Almudena. Se colocaron también cuatro estatuas, obra del escultor Ramón Chaparro, que representan a cuatro santos españoles: san Isidro Labrador, santa María de la Cabeza, santa Teresa de Jesús y san Fernando Rey, realizadas en piedra blanca de Colmenar Viejo.

 

En el balcón, una vidriera de diez metros cuadrados que representa a la Virgen de Lis. Y cuatro estatuas que representan a los cuatro evangelistas, del escultor José Luis Parés.

 

Hay dos grandes escudos, ejecutados también por el escultor Parés. Ubicados en la parte inferior, están realizados en piedra: representan las Armas Plenas de la Casa Real Española y el escudo del papa que consagró la catedral, Juan Pablo II. Junto a los escudos, en dos hornacinas, están las estatuas de san Pedro y san Pablo, obra de Juan de Ávalos.

 

Las puertas son de bronce. La central tiene adornos con el tema trinitario, ante lo que fue el Nuevo Milenio del 2000; una de las laterales hace referencia a la Monarquía católica de España, con efigies de los reyes de la Reconquista; la otra, está dedicada a Hispanoamérica. Son obra también del escultor Sanguino.

 

De las dos torres de esta fachada, a la de la derecha se la conoce como "Mariana" o "de los gallegos", ya que las campanas han sido donadas por gallegos y cada una de ellas tiene una advocación mariana castiza: Santa María la Real de la Almudena; Santa María de la Paloma; Santa María de Atocha y Santa María de la Flor de Lis. En la torre de la izquierda, que da a la calle Bailén, está el carillón.

Esta fachada es la que se utiliza diariamente para el acceso a la catedral. Corresponde a la parte oriental del crucero del templo, dando vista a la calle Bailén. En el diseño de esta fachada se advierte cierto influjo escurialense en su monumentalidad y desnudez, solo rota por las puertas de bronce. Son éstas obra, asimismo, del escultor Sanguino. La lateral de la izquierda representa el hallazgo de la Virgen de la Almudena por el rey Alfonso VI de Castilla, en el año 1085; la central, recuerda el día de la inauguración de la Catedral por el papa Juan Pablo II, el 15 de junio de 1993, con imágenes de los Reyes, doña María de la Mercedes, madre del Rey, y el entonces arzobispo de Madrid, Ángel Suquía; por último, la puerta lateral derecha ilustra la procesión de la Virgen de la Almudena el 9 de noviembre, día de su fiesta, por las calles de Madrid. En ella se ve al actual cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y los monumentos más emblemáticos de la ciudad. La fachada se completa con las estatuas de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María, también obra de José Luis Parés.

 

Frente a esta fachada, se ha construido una plaza que le sirve de atrio amplio. Se conoce comúnmente como la plaza de Juan Pablo II por la estatua de más de tres metros que representa a este papa, realizada por el escultor Juan de Ávalos. La plaza está adornada, además, con cuatro fuentes y farolas de estilo fernandino. A esta plaza se accede por una escalera imperial.

 

Todo el conjunto está cerrado por rejas, coronadas por las estatuas en bronce de san Antonio María Claret, san Ignacio de Loyola y san Juan de Ávila, obra de la escultora Consuelo Perea.

"...Así pues, como los teóricos están en realidad, como ya he dicho, tan desamparados como la gente corriente cuando hay que formular hipótesis sobre las consecuencias, incluso las más cercanas, del desastre en curso, apenas sorprende que sus escritos tengan algo de fantasmal, tanto más cuanto que adoptan para la galería un tono avejentado de contundente seguridad. (A los fantasmas, como sabe todo el mundo, les gusta cubrirse con armaduras oxidadas.)

 

En efecto, al no poder concebir un futuro del tipo que sea, carecen de casi todo lo que daba consistencia y mordiente a una teoría revolucionaria: la tensión hacia la actividad colectiva y la búsqueda de mediaciones prácticas, la reflexión estratégica en función de plazos precisos, la capacidad de ligar cada conflicto a un programa universal de emancipación. Y si falta todo esto, no es –en todo caso no siempre y no principalmente- por alguna deficiencia intelectual particular, sino porque el terreno social e histórico en el que podía nacer y desplegarse una inteligencia teórica semejante ha desaparecido bajo nuestros pies..."

 

(Jaime Semprún)

En esta foto vemos perfectamente como por mediacion de una palanca y desde el interior se manipula el tapon que da paso al agua de la piscina hacia las ruedas de potencia tanto de los fuelles como del martillo pilon ....ambos son independientes

La ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio y los presidentes de CEOE, Juan Rosell y de CEPYME, Antonio Garamendi, inauguraron la jornada “40 años de la Constitución Española. Balances y retos de futuro de la gestión de las relaciones laborales y de la solución autónoma de conflictos laborales”. Tuvo lugar hoy en la sede de CEOE, organizada por CEOE y CEPYME, dentro de las actividades de promoción y difusión de la Fundación SIMA.

Fotografía: José Luis Roca

Valentino a efectos legales.

 

Hoy hace una semana que entró en nuestras vidas, lo adoptamos de la perrera de Bilbo por mediación de www.felinosbilbao.org/

 

Espero compartir con él mucho años.

La comunidad llegó a Sanlúcar en 1480 por mediación de Enrique Pérez de Guzmán y Meneses, II Duque de Medina-Sidonia y su esposa Leonor de Rivera y Mendoza. Sin embargo el actual edificio data de finales del siglo XVI, cuando al ser usado como lugar de retiro por Leonor Manrique de Sotomayor, Condesa de Niebla y su nieta Leonor de Guzmán, el convento se vio favorecido por las iniciativas de la Casa de Medina-Sidonia a través de una amplia reforma. En este convento profesaron dos hijas de Hernán Cortés, María y Catalina. Religiosas naturales de la localidad de Sanlúcar fundaron el primer convento dominico en América, en la isla de Santo Domingo.

    

La ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio y los presidentes de CEOE, Juan Rosell y de CEPYME, Antonio Garamendi, inauguraron la jornada “40 años de la Constitución Española. Balances y retos de futuro de la gestión de las relaciones laborales y de la solución autónoma de conflictos laborales”. Tuvo lugar hoy en la sede de CEOE, organizada por CEOE y CEPYME, dentro de las actividades de promoción y difusión de la Fundación SIMA.

Fotografía: José Luis Roca

La distancia que separa a los medios de las mediaciones (J.M. Barbero) es superior a la que separa a las hipermediaciones de las mediaciones (Scolari, C.A., 'Hipermediaciones', Barcelona: Gedisa, 2008).

[Fra Filippo Lippi en 1456] «...se mudó a Prato, castillo cerca de Florencia, por mediación de algunos de sus parientes que aún vivían. Estuvo, en compañía de fray Diamante del Carmen, de gusto similar y compañero durante el noviciado, haciendo obras, algunos meses en diversos lugares de este castillo. En tanto las monjas de Santa Margarita le encargaron una tabla para el altar de la iglesia. A poco que había comenzado, estando en el monasterio, vio fra Filippo a una hija de Francesco Buti el florentino, el cual para custodia o para hacerla monja la llevó. Fray Filippo enamorando a Lucrezia, que ese era el nombre de la niña, la cual tenía gracia y donaire, rogó mucho a las monjas para obtener permiso, queriendo que posara en una figura de Nuestra Señora dentro de la obra; cosa que con mucho dificultad le concedieron. Se las ingenió para apartar a la monja, un día fijo que se iba a mostrar el cíngulo de Nuestra Señora, honrada reliquia de este castillo. Las monjas quedaron avergonzadas por el caso; y Francesco su padre, nunca mas se alegró, considerándose deshonrado. Por miedo no volvió nunca ir, aún por mucho que le rogó su enamorado fray Filippo, y al tiempo parió un hijo, que se llamó a Filippo.»

 

Este es el relato de las Vidas de Vasari que explica el óleo que reproducimos. Se observa que Lucrezia va vestida de novicia (detalle que Vasari no confirma ni desmiente) y que al pintor le falta el hábito de fraile carmelita (aunque la leyenda de su vida disipada pueda explicar esta omisión).

 

La documentación prueba que Lucrezia Buti figura como monja desde 1454 junto a su hermana Spineta. En 1456 fué raptada por el capellán del convento un tal Lippi y, al parecer, su hermana y otras tres monjas que la buscaron la encontraron y regresa al con ellas al convento en 1459 donde profesa. No obstante hay datos que señalan que Lucrezia y su hermana estaban en casa de Filippo en 1461. De hecho en 1465 tienen otra hija Alessandra. Consta que el Papa Pio II -alentado por los Medici- otorgó una dispensa a Fra Filippo Lippi y a Lucrezia para que contrajeran matrimonio en 1461.

 

Como se ve, la historia no queda nada clara y no sabemos si Lucrezia fue una ardiente enamorada o una mujer seducida (y víctima de las circunstancias). Tampoco está claro que figuras femeninas del pintor son retratos de la amada. Ante todo este embrollo y ante la escasísima credibilidad que merece Vasari como biógrafo (llega a afirmar que Fra Filippo fue cautivo de los moros) la moderna Historia del Arte pone en cuestión todo este episodio.

 

La imagen que reproducimos es un óleo sobre lienzo que se conserva en una colección privada.

 

Procedencia de la imagen:

 

www.artrenewal.org/pages/artwork.php?artworkid=404&si...

 

La actual sede del Medialab-Prado es el conjunto de dos naves industriales de inicios del siglo XX: Las Serrerías Belgas. Valioso ejemplo de un pasado industrial hoy prácticamente desaparecido que surgió al albur del nuevo siglo y se desarrolló entre anhelos de florecimiento económico y sueños utópicos.

 

mediacion.medialab-prado.es/?p=475

 

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