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Merecedísimo reconocimiento a este narrador de Castalla, que jugó un papel muy importante en la recuperación de la lexicografía valenciana así como en la estandarización de dicha lengua.

Conocidísimo por obras como "Rondalles valencianes", "L'Ambició d'Aleix", o la trilogía que compone el "Cicle de Cassana", con las tres novelas

"Sense la Terra Promesa," "Temps de Batuda", y "Enllà de l'Horitzó".

En el plano linguístico destaca el compendio de conjugación verbal "La flexió verbal", "Millorem el llenguatge" o el "Curs Mitjà de Gramàtica Catalana referida especialmente al país valencià".

 

La Ansco Memo fue una de las primeras cámaras americanas que se lanzaron para competir en el incipiente mercado de los 35mm, comercializándose tan solo tres años después de que se presentara el prototipo de Leica de Oskar Barnack.

 

Corresponde a una patente de invención y diseño a nombre de Carl Bornmann, presentada por la Ansco ante el Registro de Patentes el 22 de Enero de 1922 y concedida con fecha 10 de Enero de 1928, con el número 74.211.

 

La Memo adquirida es una caja rectangular de madera revestida con piel sintética que es fácilmente ceñible con la palma de la mano pues sus dimensiones son de apenas unos 5x11x6,5 cm (anchura x altura x profundidad) y poco más de 330 gramos de peso (sin película).

 

La cámara utilizaba película de 35mm, precargada en unos chásis especialmente diseñados para funcionar en ella, primero de madera y posteriormente metálicos. Recuerdesé que hasta la llegada de las cámaras Retina en 1934 y la posterior estandarización del sistema Kodak, cada cámara que empleaba este sistema de película tenía su propio chásis. Dado que hacía dos exposiciones por fotograma, se conseguían hasta 50 fotografias por carga, en otras palabras, era una cámara de medio formato con ventajas evidentes para el usuario respecto al empleo de los rollos habituales de entonces pero, asimismo, también rentable para las empresas porque en aquella época era habitual que los Estudios de Cine vendiésen por muy bajo precio los stocks de película no usada, situación que aprovechaban los fabricantes de cámaras para reciclarla y sacar una rentabilidad adicional. Los negativos obtenidos eran de aproximadamente 2x3 cms pudiendo aceptar buenas ampliaciones de hasta 6x9 cm.

 

Se comercializaron varios equipamientos que incluían, desde el más básico con una lente anastigmática f 6,5 de foco fijo, hasta diversas opciones de foco ajustable con lentes Bausch & Lomb o Wollensak de f 6,5 y f/3,5.

 

El ejemplar adquirido que se muestra aquí, dispone de un no muy común Wollensak Velostigmat con aperturas de f/3,5 a f/16, asociado a un obturador Betax No. 0, de seis velocidades con rangos en fracciones de segundo de 2, 5, 10, 25, 50 y 100, más las opciones de disparo en B (al apretar el disparador se abre el diafragma y al liberar se cierra) y T (opción que abre al pulsar el disparador y para cuyo cierre se requiere de una nueva pulsación). A tal fin, cuenta con una pequeña palanca emplazada en la semicircunferencia inferior del panel del objetivo y para el disparo a distancia o a velocidades lentas, dispone del correspondiente orificio roscado para el acoplamiento de un tripode.

 

Para avanzar la película, en lugar de girar la típica rueda giratoria, se debe bajar una suerte de pestillo ubicado en el respaldo, lo que además carga automáticamente el obturador. Para su mejor observación, lo he separado de la cámara y fotografiado a su derecha.

 

Estaba provista de un visor del tipo Galileo adherido a la cubierta superior mediante tornillos, disponiendo además de un asa metálica para su transporte. El contador, situado en el frontal superior, avanza con cada disparo, mostrando el número de fotograma hasta un total de cincuenta. La puesta a cero se hacía manualmente.

 

El precio de lanzamiento de la cámara fue en 1927 de 35 dólares, la versión más básica se ofrecía por 20 $ y la versión más cara era la equipada con un Bausch & Lomb f/3,5 que alcanzaba los 40 dólares de entonces. También se ofrecía por igual precio una versión en madera pulida (no revestida). La gama de opciones para el revelado casero era amplia, incluyéndose desde ampliadoras, copiadoras y proyectores. Por su parte, el cartucho de película para cincuenta exposiciones se vendía por medio dólar.

 

En esta colección se pueden ver otros ejemplares de la producción de la Ansco, entre otros, la muy sencilla de cajón producida especialmente para la Exposición Universal de Chicago en 1933 o la Agfa-Ansco Clipper Special de 1939 que por cierto fue elégida ese año como "Cámara Value" por la prestigiosa revista Popular Photography.

"...el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea".

  

El acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que existe entre dos seres humanos, excepto en forma momentánea.

 

Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, el patrón del grupo, estoy salvado: salvado de mi temible experiencia de la soledad.

 

La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos- y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría-.

 

“Quien salva una sola vida, es como si hubiera salvado a todo el mundo, quien destruye una sola vida, es como si hubiera destruido a todo el mundo”.

 

Todos obedecen las mismas órdenes, y no obstante, todos están convencidos de que siguen sus propios deseos. Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización del hombre, y esa estandarización es llamada “igualdad”.

 

El hombre se convierte en “ocho horas de trabajo” […] Tiene muy poca iniciativa, sus tareas están prescritas por la organización del trabajo […] Aún los sentimientos están prescritos.

 

Desde el nacimiento hasta la muerte, de lunes a lunes, de la mañana a la noche: todas las actividades están rutinizadas y prefabricadas. ¿Cómo puede un hombre preso en esa red de actividades rutinarias recordar que es un hombre, un individuo único, al que solo le ha sido otorgada una única oportunidad de vivir, con esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con el anhelo de amar y el miedo a la nada y a la separatidad?

 

El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque” […] dar, no recibir. ¿Qué es dar? El malentendido más común consiste en suponer que dar significa “renunciar” a algo, privarse de algo, sacrificarse.

 

¿Qué le da una persona a otra? […] da lo que está vivo en él […] No da con el fin de recibir, dar es de por si una dicha exquisita […] Dar implica hacer de la otra persona un dador, y ambas comparten la alegría de lo que han creado. […] el amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor.

 

Nos conocemos y, a pesar de todos los esfuerzos que podamos realizar, no nos conocemos. Conocemos a nuestros semejantes y, sin embargo, no los conocemos, porque no somos una cosa, y tampoco lo son nuestros semejantes. Cuanto más avanzamos hacia las profundidades de nuestro ser, o el ser de los otros, más nos elude la meta del conocimiento. Sin embargo, no podemos dejar de sentir el deseo de penetrar en el secreto del alma humana, en el núcleo más profundo que es “él”.

 

El amor es la penetración activa en la otra persona […] En el acto de fusión, te conozco, me conozco a mi mismo, conozco a todos – y no “conozco” nada-.

 

El amor infantil sigue el principio: “Amo porque me aman”. El amor maduro obedece al principio: “Me aman porque amo”. El amor inmaduro dice: “Te amo porque te necesito”. El amor maduro dice: “Te necesito porque te amo”.

 

El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo […] Si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo la vida.

 

Como lo expresó bellamente Simone Weil: “las mismas palabras [por ejemplo, un hombre dice a su mujer, “te amo”] pueden ser triviales o extraordinarias según la forma en que se digan. Y esa forma depende de la profundidad de la región en el ser de un hombre de donde procedan, sin que la voluntad pueda hacer nada. Y, por un maravilloso acuerdo, alcanzan la misma región en quien las escucha. De tal modo, el que escucha puede discernir, si tiene alguna capacidad de discernimiento, cuál es el valor de las palabras.

 

En el amor erótico dos seres que estaban separados se convierten en uno solo. En el amor materno, dos seres que estaban unidos se separan.

 

Se llega a conocer a la persona “amada” tan bien como a uno mismo. O, quizá, sería mejor decir tan poco.

 

Pero para la mayoría de la gente, su propia persona, tanto como las otras cosas, resulta rápidamente explorada y agotada. Para ellos, la intimidad se establece principalmente a través del contacto sexual […] Pero la intimidad de este tipo tiende a disminuir cada vez más a medida que transcurre el tiempo. El resultado es que se trata de encontrar amor en la relación con otra persona, con un nuevo desconocido. Este se transforma nuevamente en una persona “íntima”, la experiencia de enamorarse vuelve a ser estimulante e intensa, para tornarse otra vez menos y menos intensa, y concluye en el deseo de una nueva conquista, un nuevo amor- siempre con la ilusión de que el nuevo amor será distinto de los anteriores-.

 

La atracción sexual crea, por un momento, la ilusión de la unión, pero, sin amor, tal “unión” deja a los desconocidos tan desesperados como antes.

 

Un nombre siempre denota una cosa, o una persona, algo finito.

 

“Conocer y, no obstante [pensar] que no conocemos es el más alto [logro]; no conocer [y sin embargo pensar] que conocemos es una enfermedad”.

 

El problema humano del capitalismo moderno puede formularse de la siguiente manera: El capitalismo moderno necesita hombres que cooperen mansamente y en gran número; que quieran consumir cada vez más; y cuyos gustos estén estandarizados y puedan modificarse y anticiparse fácilmente. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, principio o conciencia moral – dispuestos, empero, a que los manejen, a hacer lo que se espera de ellos, a encajar sin dificultades en la maquinaria social-; a los que se pueda guiar sin recurrir a la fuera, conducir, sin líderes, impulsar sin finalidad alguna -excepto la de cumplir, apresurarse, funcionar, seguir adelante-. ¿Cuál es el resultado? El hombre moderno está enajenado de sí mismo, de sus semejantes y de la naturaleza. Se ha transformado en un artículo, experimenta las fuerzas vitales como una inversión que debe producirle el máximo de beneficios posible en las condiciones imperantes en el mercado. Las relaciones humanas son esencialmente las de autómatas enajenados en las que cada uno basa su seguridad en mantenerse cerca del rebaño y en no diferir en el pensamiento, el sentimiento o la acción. Al mismo tiempo que todos tratan de estar tan cerca de los demás como sea posible, todos permanecen tremendamente solos, invadidos por el profundo sentimiento de inseguridad, de angustia y de culpa que surge siempre que es imposible superar la separatidad humana. Nuestra sociedad ofrece muchos paliativos que ayudan a la gente a ignorar conscientemente esa soledad: en primer término, la estricta rutina del trabajo burocratizado y mecánico, que ayuda a la gente a no tomar conciencia de sus deseos humanos más fundamentales, del anhelo de trascendencia y unidad. En la medida en que la rutina sola no basta para lograr ese fin, el hombre se sobrepone a su desesperación inconsciente por medio de la rutina de la diversión, la consumición pasiva de sonidos y visiones que ofrece la industria del entretenimiento; y, además, por medio de la satisfacción de comprar siempre cosas nuevas y cambiarlas inmediatamente por otras. El hombre moderno está actualmente muy cerca de la imagen que Huxley describe en Un mundo feliz: bien alimentado, bien vestido, sexualmente satisfecho, y no obstante sin yo, sin contacto alguno, salvo el más superficial, con sus semejantes, guiado por los lemas que Huxley formula tan sucintamente, tales como: “Cuando el individuo siente, la comunidad tambalea”; o “Nunca dejes para mañana la diversión que puedes conseguir hoy”, o como la afirmación final: “Todo el mundo es feliz hoy en día” La felicidad del hombre moderno consiste en “divertirse”. Divertirse significa la satisfacción de consumir y asimilar artículos, espectáculos, comida, bebidas, cigarrillos, gente, conferencias, libros, películas; todo se consume, se traga. El mundo es un enorme objeto de nuestro apetito, una gran manzana, una gran botella, un enorme pecho; todos succionamos, los eternamente expectantes, los esperanzados -y los eternamente desilusionados-. Nuestro carácter está equipado para intercambiar y recibir, para traficar y consumir; todo, tanto los objetos materiales, como los espirituales, se convierten en objeto de intercambio y de consumo.

 

El amor como satisfacción sexual recíproca, y el amor como “trabajo en equipo” y como refugio de la soledad, constituyen las dos formas “normales” de la desintegración del amor en la sociedad occidental contemporánea, de la patología del amor socialmente determinado.

 

Cualquier estudio detallado demostraría, empero, que la atmósfera de tensión e infelicidad dentro de la “familia unida” es más nociva para los niños que una ruptura franca, que les enseña, por lo menos, que el hombre es capaz de poner fin a una situación intolerable por medio de una decisión valiente.

 

Otro error muy frecuente: la ilusión de que el amor significa necesariamente la ausencia de conflicto.

 

El amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos.

 

Nuestra cultura lleva a una forma de vida difusa y desconcentrada, que casi no registra paralelos. Se hacen muchas cosas a la vez: se lee, se escucha la radio, se habla, se fuma, se come, se bebe. Somos consumidores con la boca siempre abierta, ansiosos y dispuestos a tragarlo todo: películas, bebidas, conocimiento. Esa falta de concentración se manifiesta claramente en nuestra dificultad para estar a solas con nosotros mismos. Quedarse sentado, sin hablar, fumar, leer o beber, es imposible para la mayoría de la gente. Se ponen nerviosos e inquietos y deben hacer algo con la boca o con las manos.

 

Los valores humanos están determinados por los valores económicos […] El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana -salvo matarlo-.

 

Concentrarse en la relación con otros significa fundamentalmente poder escuchar. La mayoría de la gente oye a los demás, y aun da consejos, sin escuchar realmente.

 

Estar concentrado significa vivir plenamente en el presente, en el aquí y el ahora, y no pensar en la tarea siguiente mientras estoy realizando otra.

 

Educación significa ayudar al niño a realizar sus potencialidades. Lo contrario de la educación es la manipulación, que se basa en la ausencia de fe, en el desarrollo de las potencialidades y en la convicción de que un niño será como corresponde sólo si los adultos le inculcan lo que es deseable y suprimen lo que parece indeseable.

 

La situación paradójica de multitud de individuos hoy en día es que están semidormidos durante el día y semidespiertos cuando duermen o cuando quieren dormir.

 

La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción, el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea.

  

Fragmentos de “El arte de amar” de Erich Fromm

  

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Jardines de Monforte

 

c/Monforte

 

Valencia

 

Los Jardines de Monforte se encuentran en la calle Monforte, muy cerca de La Alameda y de los Jardines del Real.

 

Sorprende este jardín por su tranquilidad y quietud, dado que está en uno de los puntos de circulación mas densos de Valencia. Este jardín es lugar de retiro para mucha gente que desea relajarse por sus jardines, leer un buen libro o estar a la sombra de sus árboles.

 

El artístico trazado de este jardín, de corte neoclásico; la abundancia de estatuas de mármol que lo adornan, en número de treinta y tres; la serie de estanques y surtidores, detalles arquitectónicos y el mismo pabellón de descanso justifican plenamente su condición oficial de "jardín artístico", declarado como tal por decreto de 30 de mayo de 1941.

 

Con motivo de la declaración oficial de jardín artístico, fue encomendada su restauración a Javier Winthuysen, llevada a cabo por el jardinero mayor municipal Ramón Peris, y a cargo del Ayuntamiento de Valencia.

 

Los jardines de Monforte se pueden estructurar en tres partes para su fácil comprensión, el pabellón de descanso o palacete, dos pequeños jardines de tipo privado o intimista que flanquean el edificio, uno a cada lado de sus fachadas interiores y la tercera parte los jardines propiamente dichos que ocupan la mayor extensión del terreno.

 

El origen de los jardines se remonta a un huerto situado extramuros de la ciudad propiedad de don José Vich, barón de Llaurí. El 3 de agosto de 1849 es vendido a don Juan Bautista Romero Almenar marqués de San Juan.

 

Este gran patricio valenciano invirtió sumas considerables en la plantación y ornato de este jardín, que competía en hermosura con el cercano "Hort de les freses" y el de Ripalda, ambos desaparecidos, y que tan grata hacían la llamada "Volta del Rossinyol". El marqués de San Juan sería quien a la postre construiría el pabellón de descanso y lo utilizaría como casa de recreo y esparcimiento.

 

El diseño del jardín fue encargado al arquitecto valenciano Sebastián Monleón Estellés (1815-1878), autor de la Plaza de Toros, y para 1859 las obras ya estaban acabadas.

 

A la muerte en 1872 de su propietario, sin sucesión que le sobreviviese, hereda la propiedad doña Josefa Sancho Conchés, sobrina de su esposa doña Mariana Conchés († 1877). Josefa Sancho Conchés estaba casada con Joaquín Monforte Parrés de quien toma su actual nombre los jardines. En 1971 el Ayuntamiento de Valencia adquiere la propiedad del mismo, aunque ya en 1941 había sido declarado Jardín Artístico Nacional. En la actualidad es gestionado por la Fundación Pública Municipal de Parques y Jardines Singulares.

 

El actual Jardín tiene dos entradas, la secundaria que se realiza por una puerta abierta en el muro que rodea todo el perímetro y que se encuentra en la Pl.de la Legión Española y la entrada que dispone el pabellón de recreo en la calle Monforte, que habitualmente solo se abre para ocasiones o eventos (principalmente bodas civiles). La entrada del público a los jardines se realiza por una entrada lateral abierta en la fachada principal del palacete de recreo sin que sea necesario pasar por el interior del mismo.

 

El pabellón de recreo es un sencillo edificio de finales del siglo XIX de estilo academicista francés de planta rectangular, dos pisos y terraza, con una pequeña linterna octogonal en el centro de la misma. La fachada principal que recae a uno de los pequeños jardines tiene una gran balconada. Como hemos dicho el palacete es obra de Sebastian Monleón.

 

En consonancia con el carácter señorial del jardín se conserva este pabellón de recreo, especie de palacete construido a iniciativa del propio Marqués de San Juan, y cuya puerta era paso obligado, y único, al jardín. A la izquierda del zaguán una escalinata cuyas paredes se decoran con nueve figuras femeninas pintadas al temple y otros tantos medallones con amorcillos, conduce al piso principal, con varias estancias en torno a una central, porticada en estilo neopalladiano, cubierta con bóveda octogonal sobre pechinas, en cuyos segmentos aparecen pintadas diversas alegorías. Desde los balcones de este piso o desde la terraza abalaustrada se contemplan interesantes panorámicas de tan suntuoso jardín.

 

El pabellón de recreo se utiliza actualmente para la celebración de las bodas civiles con la intención de dar mayor boato a este tipo de celebraciones. Así mismo sus jardines son aprovechados por los novios para el ritual de las fotos, dada la gran belleza de los jardines.

 

De los dos pequeños jardines intimistas que tiene alrededor el pabellón destacamos el primero, que enfrenta a la fachada principal y que se caracteriza por un espacio cerrado por un pequeño muro de escasa altura en cuyo centro encontramos una alberca rodeada por un pequeña verja de hierro con un surtidor en el centro. Una sencilla portada formada por un arco de medio punto, adornada con dos dragones o grifos y a la que se accede por una pequeña escalera que salva el desnivel del terreno, permite el paso a los jardines. A este lugar se le suele denominar Glorieta de los Arcos.

 

En este espacio destacamos dos conjuntos escultóricos, situados a ambos lados de la escalera, uno de ellos representa a un grupo de niños jugando con un delfín y el otro grupo, otros niños tocando una caracola.

 

En la parte superior del pequeño muro a la altura de la portada encontramos dos conjuntos escultóricos que representan a unos amorcillos jugando con una oveja o cabra y el otro a otros amorcillos jugando con un perro. Dos estatuas de bulto redondo completan el conjunto, una de ellas representa al Dios Baco-Dionisios, dios del Vino, por ello alza con su mano derecha una copa de vino, mientras que con la izquierda sujeta un racimo de uvas. La segunda figura representa al Dios Mercurio-Hermes. Este lleva el sombrero de ala ancha, llamado petaso con unas pequeñas alas que nos informan que se trata del mensajero de los dioses. Además lleva una bolsa en su mano derecha como deidad del comercio.

 

Nada mas traspasar esta portada nos encontramos una pequeña alberca en cuyo centro encontramos a un niño cabalgando sobre un cisne. Nos encontramos ya en los amplios jardines.

 

Es aquí donde la vegetación adquiere exuberancias y efectos de jardín paisajístico en torno a un montículo artificial rodeado de añosos pinos, y en donde las magnolias, el laurel y el exótico ginobiloba reflejan sus frondosidades sobre la tersura cristalina del agua remansada en el gran estanque o lago artificial, de mas de 20 metros de diámetro y cuyo brocal forma ocho agallones con surtidores en éstos y en el centro. Las grutas que encierra este montículo, los senderos y pasadizos rústicos confieren cierto carácter romántico a este bosquete.

 

El segundo de los jardines que llamamos intimistas y situado en otro de los lados de la casa es de forma semicircular y llama la atención por la existencia de una portada formada sencillamente por las dos jambas sin dintel rematadas por jarrones, y en cuyos lados encontramos dos esculturas de dos leones similares a los que dispone el Congreso de los Diputados de Madrid.

 

En el muro de la casa, flanqueando la puerta de acceso al jardín, dos hornacinas abiertas en el muro albergan dos esculturas femeninas realizadas en mármol. Una de ellas representa a Hebe, diosa de la juventud y copera de los dioses. Lleva en su mano derecha una jarra mientras que con la izquierda sujeta un cáliz. La segunda figura, representa a Caliope o tal vez a Clio, la primera musa de la ciencia y la segunda musa de la Historia. A ambas se les suele representar con un rollo de papiro, que es lo que lleva en su mano izquierda esta escultura.

 

Los leones de piedra blanca de Colmenar (Madrid), son obra de José Bellver Collazos (Ávila 1824-Madrid 1869) y fueron realizados hacia 1850 para la escalinata del Congreso de los Diputados en Madrid, donde no llegaron a colocarse nunca, sino otros de bronce de Ponciano Ponzano, ya que en su momento se consideró que estos eran pequeños para el citado edificio. En 1864 Juan Bautista Romero los adquirió en Madrid y se los trajo para su palacio valenciano donde quedan ubicados desde entonces.

 

Rodeando la zona encontramos un barandal de hierro donde descansan ocho bustos sobre pequeños pedestales que representan a distintos filósofos, escritores y poetas.

 

Traspasada esta portada accedemos a los amplios jardines de cuidada traza geométrica en cuyo centro encontramos una gran fuente rodeada por una verja en cuyo centro hay un pedestal con cuatro caños de donde brota el agua y encima de este un conjunto formado por las ninfas Dafnis y Cloe. Este conjunto suele ser el icono preferido para representar la imagen corporativa de los Jardines de Monforte.

 

Alrededor de esta fuente encontramos cuatro figuras femeninas sobre pedestal que representan a los cuatro continentes, América con el caiman, Asia con un camello, Europa con un caballo y África con el león. Estas cuatro figuras son replicas exactas de las que se encuentran en los Jardines de Parcent. En esta zona es donde encontramos la mayoría de las esculturas que posee el jardín y contrasta con la otra zona ajardinada, ya que en este lugar se concentra una vegetación arreglada según el gusto francés de jardines geométricos, en contraposición al resto del jardín en donde destacan los árboles y la vegetación un poco más salvaje.

 

En definitiva sus casi once mil metros cuadrados de vegetación, protegidos por un alto muro perimetral crean un reposado ambiente en su interior, que invita a prolongar la estancia. La enumeración de las distintas clases de árboles, arbustos y flores seria extensísima y no es aquí el sitio para ello, pero conste que estos jardines son unos de los mas bonitos y seguramente el más tranquilo y placentero que tiene la ciudad de Valencia.

  

www.jdiezarnal.com/valencialosjardinesdemonforte.html

 

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JARDÍN DE MONFORTE

 

Año Construcción: 1859

Situación: c/ Monforte, Plz. Legión Española - Valencia

 

Autor: Sebastián Monleón Estellés

 

La unidad formada por palacete y jardín de Monforte fueron construidos en 1859, según proyecto del arquitecto Sebastián Monleón, sobre una existente casa particular de recreo con su huerto (Hort de Romero) situado en la zona extramuros de Valencia. Declarado Jardín Artístico nacional en 1941, fué restaurado ese mismo año por Javier de Winthuyssen. Desde 1970 es propiedad municipal, fecha en la que se amplió el jardín añadiéndole una franja en su parte oeste. El palacete, perfectamente integrado con el jardín a través de la circulación en crucero por su planta baja, tiene una planta superior cuadrada, formando una cruz griega con cuatro habitaciones en los ángulos laterales. Una linterna ilumina la bóveda de la planta principal adornada por numerosas pinturas al fresco. La terraza superior ofrecía en su tiempo, una vista panorámica de Valencia y su entorno. Fué restaurado en 1985 y actualmente no es visitable, abriendo sólo para la celebración de bodas civiles. El jardín, de corte romántico con episodios neoclásicos, está considerado uno de los mejores ejemplos españoles. En apenas 12.000 m. desarrolla dos zonas principales: una geométrica o parterre viejo, con setos recortados y esculturas italianas de mármol, y otra naturalista mas informal (accesible por el singular patio- jardín secreto lateral de la casa) con gran estanque y montañita artificial plantada de pinos y sotobosque, que alberga una gruta en la parte inferior. El jardín triangular, que a modo de rótula une estas dos partes, recuerda a los jardines arábigo-valencianos: setos de mirto, naranjos de copa alta y fuente con cantinela de agua, enmarcada por arcos de ciprés. El túnel metálico cubierto de Bougainvillea y una rosaleda, completan la planta irregular de este jardín en el que uno de los logros de su excepcional trazado es la transición gradual, casi imperceptible, entre sus diferentes zonas. Los ejemplares de Cupressus, Pinus, Taxus, Ginkgo, Cocculus, Magnolia, etc han alcanzado gran envergadura y consiguen aislarnos del entorno, creando un ambiente de isla verde en medio de la ciudad a pesar de la presión de edificación en su perímetro. Sólo es posible acceder al jardín por la puerta de la ampliación de 1970. Inexplicablemente, no está abierto el acceso natural, a través de la casa, y el visitante debe tenerlo en cuenta porque esto dificulta la lectura y comprensión del espacio.

 

(Texto extraido de la "Guia de Arquitectura de Valencia" CTAV 2007. )

 

www.arquitectosdevalencia.es/arquitectura-de-valencia/xvi...

 

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No sabe qué es amor quien no te ama... Vicente Gaos

  

No sabe qué es amor quien no te ama.

No sabe qué es amor quien no te mira.

Tú arrancaste a su alma y a su lira

el son más dulce, la más fiera llama.

 

¿Qué fue de tanto amor por tanta dama?

Sólo cenizas de la inmensa pira.

Se nubla la mirada, el cuerpo expira,

y el alma quiere asirse a la alta rama

 

de Dios, que con sus silbos amorosos

te hechiza en la honda calma del verano.

Madrid, a mil seiscientos treinta y cinco.

 

Pasaron ya los años venturosos

y los amargos. Todo pasó en vano.

Y a Dios te entregas con mortal ahínco.

 

Vicente Gaos

  

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¿Para qué la belleza?

  

La belleza es uno de los grandes antídotos contra la violencia de la vida, contra la inhospitalidad del mundo… en definitiva, contra la muerte. La belleza nos ayuda a burlar la muerte, nos desvía por caminos placenteros, hace la vida más ancha (ya que no puede hacerla más larga), nos consuela de sinsabores y sufrimientos. La belleza es, de algún modo, terapéutica.

  

Pues, de lo terrible lo bello no es más que ese grado

que aún soportamos. Y si lo admiramos

es porque en su calma desdeña destruirnos.

Todo ángel es terrible

 

Rainer Maria Rilke, Elegías a Duino

 

¿Sales del negro abismo o bajas de los astros?

Como un perro, el Destino sigue ciego tu falda…

Al azar vas sembrando la dicha y los desastres,

y todo lo gobiernas sin responder nada.

 

¡Caminas sobre muertos, y te burlas, Belleza!

El Horror, de tus broches no es el menos precioso,

y el Crimen, que se cuenta entre tus caros dijes,

danza amorosamente en tu vientre orgulloso.

 

Charles Baudelaire, Las flores del mal

 

Es indudable que la “belleza” es una de las dimensiones fundamentales de la vida humana desde sus mismos orígenes. En todas las culturas, a lo largo de la Historia, diversas manifestaciones artísticas y técnicas de cuidado y embellecimiento del cuerpo muestran que desde tiempos inmemoriales, desde el principio mismo, el hombre ha mostrado un sentimiento estético. Desde las propias pinturas rupestres, cuya verdadera función aún desconocemos, hasta utensilios domésticos y bélicos, el espíritu humano ha decorado, ha dotado de una dimensión nueva todos los objetos de su entorno, incluido, como acabo de mencionar, y de forma muy especial, el propio cuerpo: el vestido, el maquillaje, los aceites y perfumes, los “accesorios” (fíbulas, diademas, cinturones, joyas…), el arte del peinado y, mucho más allá, el estilo propio, las maneras (andares, formas de protocolo, de salutación, los conceptos de elegancia y gracia…).

 

La música, la pintura, la escultura, la danza aparecen ya en las primeras etapas de la hominización en sus formas más rudimentarias y se desarrollan de forma exponencial y con una variedad absolutamente inabarcable.

 

Pero si es indudable que el sentido de la belleza es intrínseco al ser humano, también podemos decir que su definición es problemática, por no decir imposible. La disciplina filosófica denominada “Estética” ha intentado desde su fundación hallar una definición universal de belleza, Una definición que no se va a encontrar si lo que intentamos delimitar es su “esencia”.

 

Ahora bien. Si no podemos responder a la pregunta qué es la belleza (tantas cosas se han dicho de ella, que es como si no se hubiera dicho nada), tal vez podamos acercarnos a ella de otro modo que dirigiéndonos directamente a su corazón, podemos rodearla, “vigilarla”, observarla (¡contemplarla!) e intentar responder a la pregunta para qué la belleza. Qué función cumple en el juego de fuerzas, en el entramado vital que nos hace humanos, capaces de apreciarla. Para qué sirve la belleza, qué objeto tiene admirarla, poseerla, crearla. No creo exagerar si afirmo que el hombre necesita rodearse de belleza para poder vivir, más aún, para poder sentirse humano. ¿En qué consiste esa necesidad?

 

Desde Platón, en Occidente existe una asociación, ya inscrita en nuestro “inconsciente colectivo” (permítanme esta expresión, algún día escribiré sobre él), que hace equivalentes los términos Belleza, Verdad y Bien. Esta sagrada Trinidad ha cruzado los siglos de Europa inalterable, inmutable, segura de su divina potencia para convocar a los espíritus humanos en torno a sí. Si percibimos algo como bello, lo tomamos por bueno y verdadero. Y, por contra, algo que designamos como “feo”, queda de forma automáticamente inconsciente asociado a lo malo o lo falso. Podríamos añadir el término Pureza, que me parece un significante tradicionalmente imbricado al concepto mismo de belleza, lo que nos remite a una arcana naturaleza alquímica de la misma, como si la Belleza fuera la forma Verdadera, Buena, Pura de la materia, extraída a través de un proceso de sublimación. Numerosos estudios psicológicos vienen demostrando desde los años 60 del pasado siglo que personas consideradas bellas físicamente obtienen con más facilidad puestos de trabajo y son consideradas como más persuasivas y más dignas de confianza. Es uno de los principios fundamentales, por otro lado, de la publicidad…

 

Un primer acercamiento a su misterio, a su enigma, es pensar en la economía del placer. La belleza, su contemplación, su posesión, su creación producen placer. Un placer que radica ¿en los órganos de los sentidos? ¿En el cerebro? No, la belleza parece pertenecer a otra dimensión. Una comida deliciosa podrá tener una bella presentación, pero no es en sí “bella”. Lo mismo podemos decir de un perfume cuya fragancia nos arrebata: nos proporciona placer, pero ese olor no es “bello”.

 

Por otro lado, el exceso de belleza sabemos que puede producir un efecto paradójico de displacer, conocido como “Síndrome de Stendhal”, una especie de vértigo del espíritu, una náusea vital, causados por la saturación y embotamiento de los sentidos. ¿Significará esto que hay una cantidad determinada de belleza que el hombre puede soportar, al sentir de Rilke? ¿O es simplemente que la explicación de la búsqueda de placer es insuficiente para entender el para qué de la belleza? Sería, por otro lado, como reducir el fenómeno complejo del amor a la serie de reacciones y procesos fisiológicos concomitantes que se producen en los cuerpos de los amantes. Y aunque esta teoría tiene numerosos defensores entre nuestros admirados científicos, y en gran número de legos que parecen aliviados al “degradar” sus complejos y atormentados sentimientos a reacciones neuroquímicas que algún día podrán ser controladas y neutralizadas por la omnipotente farmacología, parece que por lo común, o al menos en muchos de nosotros, la idea de reducir el amor, o el placer de la belleza a mera fisiología simplemente nos repugna.

 

La belleza está en el interior, se nos dice. No siempre tiene que ver con una hipotética perfección física, por ejemplo, los rasgos de un rostro. Pensemos en uno atractivo en sumo grado, el más hermoso que nos quepa imaginar. Ahora, de repente, ese rostro habla, y lo hace con una voz chillona, en extremo desagradable, o simplemente, con voz aterciopelada dice una palabra malsonante o una afirmación soez. ¿No es cierto que en ese preciso instante algo de la “belleza” física de ese rostro “perfecto” se desvanece para siempre como un espejismo? ¿Qué ha sucedido ahí?

 

Tal vez es que en el concepto de belleza hay entrelazadas, cual hilos invisibles, otras dimensiones. Por ejemplo, la armonía, el equilibrio…; este era el ideal griego de belleza. En los inicios del cine sonoro, muchas estrellas rutilantes hubieron de ser dobladas porque sus voces, absolutamente inapropiadas para el glamour que su presencia física exigía, amenazaban con destruir su merecida fama. En definitiva: en la belleza está involucrado algo del orden del equilibrio, de la armonía, algo bello es la definición de un “conjunto armonioso”. El símil con la música es indiscutible: para que una composición musical agrade al oído, debe responder a un harmonium, a una escala, a una jerarquía de sonidos que se combinan entre sí siguiendo reglas inamovibles. Si una “nota discordante” se intercala de repente en esa fluida estructura, de repente nuestros oídos chirrían, y la belleza del conjunto se echa a perder. Podríamos argumentar que la eclosión de la música dodecafónica contradice la idea tradicional de armonía, al abrirnos a la belleza de lo atonal. Sin embargo, este es un argumento ya hoy endeble: el propio Arnold Schönberg, artífice del dodecafonismo, se desgarró interiormente entre Moisés y Aaron, en su célebre ópera, y aceptó en una verdadera gesta metatextual, que no podemos prescindir por completo de la ley, que el flujo ilimitado del goce estético, necesita diques de contención, necesita una estructura…

 

Entonces, parecería que este es el para qué de la belleza, para esto sirve: para crear orden, armonía, serenidad en la vida humana… ¿Es esto suficiente? ¿Es imprescindible? Parece que existen muchas formas de crear orden y nada tienen que ver con la estética, con la búsqueda de la belleza. La historia muestra cómo la educación y las mil formas de disciplina sociopolítica han producido orden y armonía sin acudir al arte, sin necesitar de él, incluso prescindiendo de él. Es más, a menudo el arte ha sido considerado subversivo, peligroso, desestabilizador. La belleza arrastra, enloquece, embarga los sentidos, embriaga, enajena… “La beauté sera convulsive ou ne sera pas”, sentenciaba André Bretón, idea que ya restallaba desde Baudelaire y Poe. Lo cual no deja de de evocarnos un aire de morbidez y necrofilia. En cualquier caso, desde Schlegel y el movimiento romántico, pasando por Lautréamont, una corriente de “malditismo” comienza a apropiarse del concepto de belleza. Karl Rosenkranz publica en 1853 “Estética de lo feo”, fascinante taxonomía de categorías de “lo bello negativo”, como lo definió su autor. De ahí a las manifestaciones artísticas más radicales (Damien Hirst & co), parece inevitable un cierto encuentro, un cierto contacto de lo bello con lo siniestro, por parafrasear la indagación de Eugenio Trías.

 

Hay un antiquísimo tema mitológico que todos ustedes conocen: el de “la Bella y la Bestia”. Este mitologema ha alimentado muchas historias en todas las civilizaciones y culturas. Una de las más populares es la historia de King Kong. Desde su primera aparición en el cine, en 1933, hasta la versión más reciente, del 2005 (obvio la última producción a manos de Jordan Vogt-Roberts), la historia se abre o se cierra con un enigmático proverbio árabe:

 

“Y entonces, la Bestia miró el rostro de Bella. Y detuvo su mano asesina. Y desde ese día, estuvo destinada a morir”.

 

¿Qué hemos de entender aquí? La historia en sí resulta chocante: un simio gigante se siente fascinado por una insignificante humana. Obviamente, no entendemos qué pasa por la cabeza de semejante monstruo. Obviamente, no puede ser su objeto sexual, pues en este caso, el tamaño importa y de forma trágica. Mata por ella, la defiende a riesgo de su propia vida, la quiere poseer. Y muy curioso: su demoledora fiereza frente a otro animal cualquiera, se desvanece en una mezcla de curiosidad y ternura al contemplarla. La bella es tratada por el gigante con una suma delicadeza desconocida en él, imposible en él hasta entonces y fuera de ella. Esta historia es absurda con una evidencia abrumadora. Sin embargo, no nos resulta inverosímil en ningún momento: la aceptamos con una naturalidad no menos asombrosa.

 

¿No será porque algo nuestro, algo muy latente, muy escondido, resuena en nosotros mismos? ¿No será que nos identificamos de alguna manera, nos reconocemos ahí? El citado proverbio árabe dice que la Bestia “detuvo su mano asesina”. En ningún momento la alza contra la Bella. Muy al contrario, su mano, asesina en cualquier otra ocasión, se convierte en lecho, mecedora, fortaleza inexpugnable para Bella.

 

Y es que, en efecto, la belleza es uno de los grandes antídotos contra la violencia de la vida, contra la inhospitalidad del mundo… en definitiva, contra la muerte. La belleza nos ayuda a burlar la muerte, nos desvía por caminos placenteros, hace la vida más ancha (ya que no puede hacerla más larga), nos consuela de sinsabores y sufrimientos. La belleza es, de algún modo, terapéutica.

 

No pretendo decir, ni mucho menos, que todo el misterio de la belleza se reduzca a este principio, pero creo que añade una dimensión en la que a menudo no pensamos. Rodearse de belleza, hasta en los gestos y objetos más cotidianos, es sin duda alguna un factor terapéutico muy poderoso. Cuidar los detalles (como decíamos al principio, en la presentación de una comida), prestar atención a los matices de colores al cruzar un parque, o pararse en la vorágine diaria a escuchar unos minutos de la música preferida. Cualquier excusa es buena para introducir belleza (aunque sea de forma minimalista, “homeopática”) en nuestras vidas. Párense a pensar 3 ó 4 veces al día en esta propuesta. Merece la pena, se lo aseguro.

 

Por Jorge Camón Pascual.

 

CULTURAMAS

Las aerolíneas integradas en Avianca-Taca Holding S.A. migrarán a una marca única (Avianca). Taca dejará de ser la aerolínea de los salvadoreños y se convertirá en la transnacional Avianca, la cual promete nuevos destinos, nuevas salas VIP y otros beneficios a sus viajeros.

Pero más allá de cambiar de nombre, Taca es parte de la historia de El Salvador, ya que sumó más de ocho décadas de surcar los cielos para transportar a salvadoreños, empresarios y turistas centroamericanos y de otras partes del mundo a diferentes destinos.

Fue fundada por el neozelandés Lowell Yerex, quien piloteando un avión mono motor Stinson, luchó contra la revolución hondureña al lado del general Tiburcio Carías. En agradecimiento por los servicios prestados, Carías le regaló el avión.Los domingos alzaba vuelo para transportar a personalidades de la alta sociedad, vestidos de gala, para experimentar la exclusiva sensación de volar por primera vez.La demanda era tal, que Lowell, creó en 1931 la empresa Transportes Aéreos Centroamericanos que después le daría vida a sus siglas: Taca.

Taca nació en Honduras como una empresa mixta dedicada al transporte de pasajeros y de carga. Sus primeras operaciones cubrieron todo el territorio hondureño, llegando a localidades aisladas donde la difícil geografía del territorio impedía la construcción de carreteras y el paso del ferrocarril.Después de dos años de creación, la aerolínea realizó su primer vuelo internacional a El Salvador. Y así, nació Taca El Salvador. S.A.

CAMBIOS Y RETOS

En 1945, Lowel Yerex dejó la compañía y esta se abrió al público para la venta de sus acciones las cuales fueron adquiridas por Waterman Airlines, subsidiaria de Waterman Steamship Corporation, con sede en Nueva Orleans, Estados Unidos.

Debido a que su propietaria era una aerolínea extranjera, a finales de los años cincuenta Taca se encontró al borde del cierre, momento que fue aprovechado por Ricardo Kriete, un estadounidense nacionalizado en El Salvador, quien adquirió el 30% de a compañía, evitando así su cierre.

Además de incursionar en la línea aérea, Ricardo Kriete estaba involucrado en la industria del café, algodón y caña de azúcar, explotaba la minería y era propietario del hotel Nuevo Mundo, en San Salvador.

Con la llegada de Kriete a TACA, la compañía sufrió significativos cambios, entre ellos el paso de los aviones a hélice Douglas DC-4, a los jet.

La compañía creció en Centroamérica, Cuba, México y Nueva Orleans, al mismo tiempo que fue reconocida como una importante aerolínea de carga mundial.

En 1969 falleció Ricardo Kriete y la empresa quedó en manos de su hijo Ricardo, que en ese entonces se inclinaba por el negocio de la agricultura. No obstante, aceptó el reto.

A pesar de no poseer una preparación académica formal, Ricardo Kriete mantuvo a flote la empresa pero en 1977, la dirección de la compañía pasó a manos de Francisco Balzareti, esposo de Lilian, la otra hija de Ricardo Kriete.

Al cumplir los 27 años, Roberto Kriete se incorpora de nuevo a la empresa junto a Borgo Bustamante. Juventud, audacia y experiencia se juntan, y dan seriedad a la aerolínea, que recibe el respaldo de la entonces junta directiva.

La nueva administración realizó una estrategia más audaz, experimentando cambios radicales como el aumento de la flota y la inversión en otras compañías centroamericanas como Aviateca de Guatemala y SAHSA de Honduras.

Desde su fundación Taca ha ofrecido infinidad de vuelos a través de sus centros de conexión, y su amplia red de rutas que ha llegado a más de 22 países y cerca de 50 destinos.

En el logo de la aerolínea resalta la figura de un ave de origen tropical, la guacamaya, una imagen que lo ha identificado con el exquisito clima de la región centroamericana.

Toda esta historia ha quedado en la memoria de los salvadoreños, que ven en Taca un ícono de desarrollo, de expansión y de identidad, ya que internacionalizó a uno de los países que lo vio nacer y crecer: El Salvador.

En la actualidad, Taca no solo ha llegado a ser uno de los más eficientes sistemas de transportación en Latinoamérica, sino un orgullo para la región centroamericana y para los salvadoreños que han sido testigos de su evolución.

AVIANCA, LA NUEVA MARCA

Con su publicidad "Haber llegado hasta aquí es solo el comienzo", Avianca informa a sus pasajeros que habrán innovadores cambios para continuar dando el mejor servicio a los viajeros.

La nueva Avianca ofrece salas VIP para brindar la mejor experiencia al volar. En algunas salas se encontrarán ambientes modernos, atrevidos y con estilo, además de espacios cómodos y acogedores pensados y diseñados para cada tipo de pasajero.

El servicio será de nivel superior, siendo su principal característica su estandarización, profesionalismo y calidez. Al interior de las salas podrá disfrutar de una amplia variedad de productos y servicios, como conexión a internet, computadores y/o tablets, material de lectura, zonas de descanso, pantallas de televisión, y más.

Otra de las novedades será el sistema de iluminación que poseerán los nuevos aviones. El sistema moodlighting, contará con seis diferentes escenarios que cambian el mood (humor) del avión para transmitir una sensación diferente a los viajeros en cada etapa del vuelo.

El viajero también podrá experimentar combinaciones de luces de color ámbar, azules y blancas en toda la cabina, que irán cambiando de intensidad durante el vuelo para dar el ambiente adecuado de abordaje, demostración de seguridad, despegue/aterrizaje, relajación y servicios de comida.

Los asientos tienen mayor espacio entre asientos, cojines más confortables y los nuevos interiores permitirán mayor relajación mientras vuela.

Con la homologación de las marcas Avianca y TACA a una única marca comercial se busca implementar mejoras al servicio a bordo. Uno de lo más importantes es la vajilla para clase ejecutiva, entre otros elementos claves para la comodidad de los pasajeros.

La nueva Avianca también ofrecerá mayor conectividad y más destinos, para tener siempre una opción de vuelo conveniente al momento de planificar los viajes a cualquiera de los 83 destinos en América y Europa.

OTROS DATOS

-Con la fusión de AVIANCA-TACA en 2010 se busca crear la red de transporte aéreo más completa de servicios de pasajeros y carga en América Latina, además de ofrecer más destinos y mayores opciones de horarios.

-En 1931, es fundada la empresa Transportes Aéreos Centroamericanos (TACA) en Tegucigalpa, Honduras.

-En 2009, 2010, 2011 y 2012, Taca fue premiada como la mejor aerolínea de Centroamérica y el Caribe, por la firma internacional Skytrax.

-La renovación de la flota los ha llevado a contar en los últimos años con la más alta tecnología en aeronaves, para ofrecer seguridad y comodidad durante el vuelo.

-En 2008, la revista Estrategia y Negocios les otorgó el Premio E&N por ser la marca "Top of Mind" de los centroamericanos.

  

Foto Digital: Alexseander R. Antonio.

 

Refernte Historico: magazine.elsalvador.com/mg/nota_3_imagenes.asp?idArt=7914...

  

Si los siete sabios de Roma aconsejaron a su Príncipe que estuviera callado durante siete días, lo hicieron porque el silencio es el mejor de los consejos, el dueño de la libertad. Si los dioses griegos eligieron el Monte Olimpo para desde allí mandar sobre el cielo, mar y tierra, lo hicieron porque en Tesalia nació la raza helénica y sus llanuras fueron de una gran fertilidad. Nada mejor que las historias y leyendas, tan llenas de sabiduría, para el mejor de los placeres, como es el de pasear por un pequeño paraíso en el centro de la ciudad, lleno de mitologías, de semblanzas, de fuentes y de rincones con la distinción del buen gusto.

 

Más de treinta esculturas emergen bajos los frondosos árboles, frutos de recuerdos románicos u homéricos que dan vida al jardín neoclásico construido en la propiedad de Juan Bautista Romero, Marqués de San Juan, a mediados del siglo XIX. El romanticismo de sus pérgolas se cobija en las buganvillas, y por sus calles, marcadas por una vegetación relajante, como auténticos senderos de paz, discurre el encuentro con personajes de mármol al frescor de los pequeños surtidores en torno al estanque: el que da forma a una flor de nenúfar bajo la sombra mágica de los magnolios.

 

Es el lugar ideal donde los recién casados dejan para la posteridad el mejor de los recuerdos, ambientado en los setos con recortes del mejor gusto francés y el exuberante romanticismo de sus árboles. Allí, donde la cola de la novia luce como una reina, ante el porte meloso del galán en el día que gozan de su enlace matrimonial.

 

El palacete, lugar de descanso del Marqués de San Juan, a su muerte, pasó a su esposa, quien transmitió la propiedad a su sobrina, casada con Joaquín Monforte Parrés, que da nombre al jardín. En la actualidad es propiedad municipal desde el año 1970, y de su gestión, se encarga la Fundación Pública Municipal de Parques y Jardines Singulares.

 

El Jardín de Monforte, cerrado y abierto al público en horas de visita, es uno de los más encantadores rincones de mi ciudad. El lugar ideal para perderse en el tiempo ante la presencia callada de tribunos y personajes mitológicos que ofrecieron a la humanidad lo mejor de si mismos. Y fue tan docta su enseñanza que nada mejor que un vergel para rubricarla.

 

Julio Cob

  

rinconesdemiciudad.blogspot.com.es/2007/04/el-jardn-de-mo...

  

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"...el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea".

  

El acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que existe entre dos seres humanos, excepto en forma momentánea.

 

Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, el patrón del grupo, estoy salvado: salvado de mi temible experiencia de la soledad.

 

La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos- y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría-.

 

“Quien salva una sola vida, es como si hubiera salvado a todo el mundo, quien destruye una sola vida, es como si hubiera destruido a todo el mundo”.

 

Todos obedecen las mismas órdenes, y no obstante, todos están convencidos de que siguen sus propios deseos. Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización del hombre, y esa estandarización es llamada “igualdad”.

 

El hombre se convierte en “ocho horas de trabajo” […] Tiene muy poca iniciativa, sus tareas están prescritas por la organización del trabajo […] Aún los sentimientos están prescritos.

 

Desde el nacimiento hasta la muerte, de lunes a lunes, de la mañana a la noche: todas las actividades están rutinizadas y prefabricadas. ¿Cómo puede un hombre preso en esa red de actividades rutinarias recordar que es un hombre, un individuo único, al que solo le ha sido otorgada una única oportunidad de vivir, con esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con el anhelo de amar y el miedo a la nada y a la separatidad?

 

El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque” […] dar, no recibir. ¿Qué es dar? El malentendido más común consiste en suponer que dar significa “renunciar” a algo, privarse de algo, sacrificarse.

 

¿Qué le da una persona a otra? […] da lo que está vivo en él […] No da con el fin de recibir, dar es de por si una dicha exquisita […] Dar implica hacer de la otra persona un dador, y ambas comparten la alegría de lo que han creado. […] el amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor.

 

Nos conocemos y, a pesar de todos los esfuerzos que podamos realizar, no nos conocemos. Conocemos a nuestros semejantes y, sin embargo, no los conocemos, porque no somos una cosa, y tampoco lo son nuestros semejantes. Cuanto más avanzamos hacia las profundidades de nuestro ser, o el ser de los otros, más nos elude la meta del conocimiento. Sin embargo, no podemos dejar de sentir el deseo de penetrar en el secreto del alma humana, en el núcleo más profundo que es “él”.

 

El amor es la penetración activa en la otra persona […] En el acto de fusión, te conozco, me conozco a mi mismo, conozco a todos – y no “conozco” nada-.

 

El amor infantil sigue el principio: “Amo porque me aman”. El amor maduro obedece al principio: “Me aman porque amo”. El amor inmaduro dice: “Te amo porque te necesito”. El amor maduro dice: “Te necesito porque te amo”.

 

El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo […] Si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo la vida.

 

Como lo expresó bellamente Simone Weil: “las mismas palabras [por ejemplo, un hombre dice a su mujer, “te amo”] pueden ser triviales o extraordinarias según la forma en que se digan. Y esa forma depende de la profundidad de la región en el ser de un hombre de donde procedan, sin que la voluntad pueda hacer nada. Y, por un maravilloso acuerdo, alcanzan la misma región en quien las escucha. De tal modo, el que escucha puede discernir, si tiene alguna capacidad de discernimiento, cuál es el valor de las palabras.

 

En el amor erótico dos seres que estaban separados se convierten en uno solo. En el amor materno, dos seres que estaban unidos se separan.

 

Se llega a conocer a la persona “amada” tan bien como a uno mismo. O, quizá, sería mejor decir tan poco.

 

Pero para la mayoría de la gente, su propia persona, tanto como las otras cosas, resulta rápidamente explorada y agotada. Para ellos, la intimidad se establece principalmente a través del contacto sexual […] Pero la intimidad de este tipo tiende a disminuir cada vez más a medida que transcurre el tiempo. El resultado es que se trata de encontrar amor en la relación con otra persona, con un nuevo desconocido. Este se transforma nuevamente en una persona “íntima”, la experiencia de enamorarse vuelve a ser estimulante e intensa, para tornarse otra vez menos y menos intensa, y concluye en el deseo de una nueva conquista, un nuevo amor- siempre con la ilusión de que el nuevo amor será distinto de los anteriores-.

 

La atracción sexual crea, por un momento, la ilusión de la unión, pero, sin amor, tal “unión” deja a los desconocidos tan desesperados como antes.

 

Un nombre siempre denota una cosa, o una persona, algo finito.

 

“Conocer y, no obstante [pensar] que no conocemos es el más alto [logro]; no conocer [y sin embargo pensar] que conocemos es una enfermedad”.

 

El problema humano del capitalismo moderno puede formularse de la siguiente manera: El capitalismo moderno necesita hombres que cooperen mansamente y en gran número; que quieran consumir cada vez más; y cuyos gustos estén estandarizados y puedan modificarse y anticiparse fácilmente. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, principio o conciencia moral – dispuestos, empero, a que los manejen, a hacer lo que se espera de ellos, a encajar sin dificultades en la maquinaria social-; a los que se pueda guiar sin recurrir a la fuera, conducir, sin líderes, impulsar sin finalidad alguna -excepto la de cumplir, apresurarse, funcionar, seguir adelante-. ¿Cuál es el resultado? El hombre moderno está enajenado de sí mismo, de sus semejantes y de la naturaleza. Se ha transformado en un artículo, experimenta las fuerzas vitales como una inversión que debe producirle el máximo de beneficios posible en las condiciones imperantes en el mercado. Las relaciones humanas son esencialmente las de autómatas enajenados en las que cada uno basa su seguridad en mantenerse cerca del rebaño y en no diferir en el pensamiento, el sentimiento o la acción. Al mismo tiempo que todos tratan de estar tan cerca de los demás como sea posible, todos permanecen tremendamente solos, invadidos por el profundo sentimiento de inseguridad, de angustia y de culpa que surge siempre que es imposible superar la separatidad humana. Nuestra sociedad ofrece muchos paliativos que ayudan a la gente a ignorar conscientemente esa soledad: en primer término, la estricta rutina del trabajo burocratizado y mecánico, que ayuda a la gente a no tomar conciencia de sus deseos humanos más fundamentales, del anhelo de trascendencia y unidad. En la medida en que la rutina sola no basta para lograr ese fin, el hombre se sobrepone a su desesperación inconsciente por medio de la rutina de la diversión, la consumición pasiva de sonidos y visiones que ofrece la industria del entretenimiento; y, además, por medio de la satisfacción de comprar siempre cosas nuevas y cambiarlas inmediatamente por otras. El hombre moderno está actualmente muy cerca de la imagen que Huxley describe en Un mundo feliz: bien alimentado, bien vestido, sexualmente satisfecho, y no obstante sin yo, sin contacto alguno, salvo el más superficial, con sus semejantes, guiado por los lemas que Huxley formula tan sucintamente, tales como: “Cuando el individuo siente, la comunidad tambalea”; o “Nunca dejes para mañana la diversión que puedes conseguir hoy”, o como la afirmación final: “Todo el mundo es feliz hoy en día” La felicidad del hombre moderno consiste en “divertirse”. Divertirse significa la satisfacción de consumir y asimilar artículos, espectáculos, comida, bebidas, cigarrillos, gente, conferencias, libros, películas; todo se consume, se traga. El mundo es un enorme objeto de nuestro apetito, una gran manzana, una gran botella, un enorme pecho; todos succionamos, los eternamente expectantes, los esperanzados -y los eternamente desilusionados-. Nuestro carácter está equipado para intercambiar y recibir, para traficar y consumir; todo, tanto los objetos materiales, como los espirituales, se convierten en objeto de intercambio y de consumo.

 

El amor como satisfacción sexual recíproca, y el amor como “trabajo en equipo” y como refugio de la soledad, constituyen las dos formas “normales” de la desintegración del amor en la sociedad occidental contemporánea, de la patología del amor socialmente determinado.

 

Cualquier estudio detallado demostraría, empero, que la atmósfera de tensión e infelicidad dentro de la “familia unida” es más nociva para los niños que una ruptura franca, que les enseña, por lo menos, que el hombre es capaz de poner fin a una situación intolerable por medio de una decisión valiente.

 

Otro error muy frecuente: la ilusión de que el amor significa necesariamente la ausencia de conflicto.

 

El amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos.

 

Nuestra cultura lleva a una forma de vida difusa y desconcentrada, que casi no registra paralelos. Se hacen muchas cosas a la vez: se lee, se escucha la radio, se habla, se fuma, se come, se bebe. Somos consumidores con la boca siempre abierta, ansiosos y dispuestos a tragarlo todo: películas, bebidas, conocimiento. Esa falta de concentración se manifiesta claramente en nuestra dificultad para estar a solas con nosotros mismos. Quedarse sentado, sin hablar, fumar, leer o beber, es imposible para la mayoría de la gente. Se ponen nerviosos e inquietos y deben hacer algo con la boca o con las manos.

 

Los valores humanos están determinados por los valores económicos […] El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana -salvo matarlo-.

 

Concentrarse en la relación con otros significa fundamentalmente poder escuchar. La mayoría de la gente oye a los demás, y aun da consejos, sin escuchar realmente.

 

Estar concentrado significa vivir plenamente en el presente, en el aquí y el ahora, y no pensar en la tarea siguiente mientras estoy realizando otra.

 

Educación significa ayudar al niño a realizar sus potencialidades. Lo contrario de la educación es la manipulación, que se basa en la ausencia de fe, en el desarrollo de las potencialidades y en la convicción de que un niño será como corresponde sólo si los adultos le inculcan lo que es deseable y suprimen lo que parece indeseable.

 

La situación paradójica de multitud de individuos hoy en día es que están semidormidos durante el día y semidespiertos cuando duermen o cuando quieren dormir.

 

La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción, el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea.

  

Fragmentos de “El arte de amar” de Erich Fromm

  

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Jardines de Monforte

 

c/Monforte

 

Valencia

 

Los Jardines de Monforte se encuentran en la calle Monforte, muy cerca de La Alameda y de los Jardines del Real.

 

Sorprende este jardín por su tranquilidad y quietud, dado que está en uno de los puntos de circulación mas densos de Valencia. Este jardín es lugar de retiro para mucha gente que desea relajarse por sus jardines, leer un buen libro o estar a la sombra de sus árboles.

 

El artístico trazado de este jardín, de corte neoclásico; la abundancia de estatuas de mármol que lo adornan, en número de treinta y tres; la serie de estanques y surtidores, detalles arquitectónicos y el mismo pabellón de descanso justifican plenamente su condición oficial de "jardín artístico", declarado como tal por decreto de 30 de mayo de 1941.

 

Con motivo de la declaración oficial de jardín artístico, fue encomendada su restauración a Javier Winthuysen, llevada a cabo por el jardinero mayor municipal Ramón Peris, y a cargo del Ayuntamiento de Valencia.

 

Los jardines de Monforte se pueden estructurar en tres partes para su fácil comprensión, el pabellón de descanso o palacete, dos pequeños jardines de tipo privado o intimista que flanquean el edificio, uno a cada lado de sus fachadas interiores y la tercera parte los jardines propiamente dichos que ocupan la mayor extensión del terreno.

 

El origen de los jardines se remonta a un huerto situado extramuros de la ciudad propiedad de don José Vich, barón de Llaurí. El 3 de agosto de 1849 es vendido a don Juan Bautista Romero Almenar marqués de San Juan.

 

Este gran patricio valenciano invirtió sumas considerables en la plantación y ornato de este jardín, que competía en hermosura con el cercano "Hort de les freses" y el de Ripalda, ambos desaparecidos, y que tan grata hacían la llamada "Volta del Rossinyol". El marqués de San Juan sería quien a la postre construiría el pabellón de descanso y lo utilizaría como casa de recreo y esparcimiento.

 

El diseño del jardín fue encargado al arquitecto valenciano Sebastián Monleón Estellés (1815-1878), autor de la Plaza de Toros, y para 1859 las obras ya estaban acabadas.

 

A la muerte en 1872 de su propietario, sin sucesión que le sobreviviese, hereda la propiedad doña Josefa Sancho Conchés, sobrina de su esposa doña Mariana Conchés († 1877). Josefa Sancho Conchés estaba casada con Joaquín Monforte Parrés de quien toma su actual nombre los jardines. En 1971 el Ayuntamiento de Valencia adquiere la propiedad del mismo, aunque ya en 1941 había sido declarado Jardín Artístico Nacional. En la actualidad es gestionado por la Fundación Pública Municipal de Parques y Jardines Singulares.

 

El actual Jardín tiene dos entradas, la secundaria que se realiza por una puerta abierta en el muro que rodea todo el perímetro y que se encuentra en la Pl.de la Legión Española y la entrada que dispone el pabellón de recreo en la calle Monforte, que habitualmente solo se abre para ocasiones o eventos (principalmente bodas civiles). La entrada del público a los jardines se realiza por una entrada lateral abierta en la fachada principal del palacete de recreo sin que sea necesario pasar por el interior del mismo.

 

El pabellón de recreo es un sencillo edificio de finales del siglo XIX de estilo academicista francés de planta rectangular, dos pisos y terraza, con una pequeña linterna octogonal en el centro de la misma. La fachada principal que recae a uno de los pequeños jardines tiene una gran balconada. Como hemos dicho el palacete es obra de Sebastian Monleón.

 

En consonancia con el carácter señorial del jardín se conserva este pabellón de recreo, especie de palacete construido a iniciativa del propio Marqués de San Juan, y cuya puerta era paso obligado, y único, al jardín. A la izquierda del zaguán una escalinata cuyas paredes se decoran con nueve figuras femeninas pintadas al temple y otros tantos medallones con amorcillos, conduce al piso principal, con varias estancias en torno a una central, porticada en estilo neopalladiano, cubierta con bóveda octogonal sobre pechinas, en cuyos segmentos aparecen pintadas diversas alegorías. Desde los balcones de este piso o desde la terraza abalaustrada se contemplan interesantes panorámicas de tan suntuoso jardín.

 

El pabellón de recreo se utiliza actualmente para la celebración de las bodas civiles con la intención de dar mayor boato a este tipo de celebraciones. Así mismo sus jardines son aprovechados por los novios para el ritual de las fotos, dada la gran belleza de los jardines.

 

De los dos pequeños jardines intimistas que tiene alrededor el pabellón destacamos el primero, que enfrenta a la fachada principal y que se caracteriza por un espacio cerrado por un pequeño muro de escasa altura en cuyo centro encontramos una alberca rodeada por un pequeña verja de hierro con un surtidor en el centro. Una sencilla portada formada por un arco de medio punto, adornada con dos dragones o grifos y a la que se accede por una pequeña escalera que salva el desnivel del terreno, permite el paso a los jardines. A este lugar se le suele denominar Glorieta de los Arcos.

 

En este espacio destacamos dos conjuntos escultóricos, situados a ambos lados de la escalera, uno de ellos representa a un grupo de niños jugando con un delfín y el otro grupo, otros niños tocando una caracola.

 

En la parte superior del pequeño muro a la altura de la portada encontramos dos conjuntos escultóricos que representan a unos amorcillos jugando con una oveja o cabra y el otro a otros amorcillos jugando con un perro. Dos estatuas de bulto redondo completan el conjunto, una de ellas representa al Dios Baco-Dionisios, dios del Vino, por ello alza con su mano derecha una copa de vino, mientras que con la izquierda sujeta un racimo de uvas. La segunda figura representa al Dios Mercurio-Hermes. Este lleva el sombrero de ala ancha, llamado petaso con unas pequeñas alas que nos informan que se trata del mensajero de los dioses. Además lleva una bolsa en su mano derecha como deidad del comercio.

 

Nada mas traspasar esta portada nos encontramos una pequeña alberca en cuyo centro encontramos a un niño cabalgando sobre un cisne. Nos encontramos ya en los amplios jardines.

 

Es aquí donde la vegetación adquiere exuberancias y efectos de jardín paisajístico en torno a un montículo artificial rodeado de añosos pinos, y en donde las magnolias, el laurel y el exótico ginobiloba reflejan sus frondosidades sobre la tersura cristalina del agua remansada en el gran estanque o lago artificial, de mas de 20 metros de diámetro y cuyo brocal forma ocho agallones con surtidores en éstos y en el centro. Las grutas que encierra este montículo, los senderos y pasadizos rústicos confieren cierto carácter romántico a este bosquete.

 

El segundo de los jardines que llamamos intimistas y situado en otro de los lados de la casa es de forma semicircular y llama la atención por la existencia de una portada formada sencillamente por las dos jambas sin dintel rematadas por jarrones, y en cuyos lados encontramos dos esculturas de dos leones similares a los que dispone el Congreso de los Diputados de Madrid.

 

En el muro de la casa, flanqueando la puerta de acceso al jardín, dos hornacinas abiertas en el muro albergan dos esculturas femeninas realizadas en mármol. Una de ellas representa a Hebe, diosa de la juventud y copera de los dioses. Lleva en su mano derecha una jarra mientras que con la izquierda sujeta un cáliz. La segunda figura, representa a Caliope o tal vez a Clio, la primera musa de la ciencia y la segunda musa de la Historia. A ambas se les suele representar con un rollo de papiro, que es lo que lleva en su mano izquierda esta escultura.

 

Los leones de piedra blanca de Colmenar (Madrid), son obra de José Bellver Collazos (Ávila 1824-Madrid 1869) y fueron realizados hacia 1850 para la escalinata del Congreso de los Diputados en Madrid, donde no llegaron a colocarse nunca, sino otros de bronce de Ponciano Ponzano, ya que en su momento se consideró que estos eran pequeños para el citado edificio. En 1864 Juan Bautista Romero los adquirió en Madrid y se los trajo para su palacio valenciano donde quedan ubicados desde entonces.

 

Rodeando la zona encontramos un barandal de hierro donde descansan ocho bustos sobre pequeños pedestales que representan a distintos filósofos, escritores y poetas.

 

Traspasada esta portada accedemos a los amplios jardines de cuidada traza geométrica en cuyo centro encontramos una gran fuente rodeada por una verja en cuyo centro hay un pedestal con cuatro caños de donde brota el agua y encima de este un conjunto formado por las ninfas Dafnis y Cloe. Este conjunto suele ser el icono preferido para representar la imagen corporativa de los Jardines de Monforte.

 

Alrededor de esta fuente encontramos cuatro figuras femeninas sobre pedestal que representan a los cuatro continentes, América con el caiman, Asia con un camello, Europa con un caballo y África con el león. Estas cuatro figuras son replicas exactas de las que se encuentran en los Jardines de Parcent. En esta zona es donde encontramos la mayoría de las esculturas que posee el jardín y contrasta con la otra zona ajardinada, ya que en este lugar se concentra una vegetación arreglada según el gusto francés de jardines geométricos, en contraposición al resto del jardín en donde destacan los árboles y la vegetación un poco más salvaje.

 

En definitiva sus casi once mil metros cuadrados de vegetación, protegidos por un alto muro perimetral crean un reposado ambiente en su interior, que invita a prolongar la estancia. La enumeración de las distintas clases de árboles, arbustos y flores seria extensísima y no es aquí el sitio para ello, pero conste que estos jardines son unos de los mas bonitos y seguramente el más tranquilo y placentero que tiene la ciudad de Valencia.

  

www.jdiezarnal.com/valencialosjardinesdemonforte.html

 

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JARDÍN DE MONFORTE

 

Año Construcción: 1859

Situación: c/ Monforte, Plz. Legión Española - Valencia

 

Autor: Sebastián Monleón Estellés

 

La unidad formada por palacete y jardín de Monforte fueron construidos en 1859, según proyecto del arquitecto Sebastián Monleón, sobre una existente casa particular de recreo con su huerto (Hort de Romero) situado en la zona extramuros de Valencia. Declarado Jardín Artístico nacional en 1941, fué restaurado ese mismo año por Javier de Winthuyssen. Desde 1970 es propiedad municipal, fecha en la que se amplió el jardín añadiéndole una franja en su parte oeste. El palacete, perfectamente integrado con el jardín a través de la circulación en crucero por su planta baja, tiene una planta superior cuadrada, formando una cruz griega con cuatro habitaciones en los ángulos laterales. Una linterna ilumina la bóveda de la planta principal adornada por numerosas pinturas al fresco. La terraza superior ofrecía en su tiempo, una vista panorámica de Valencia y su entorno. Fué restaurado en 1985 y actualmente no es visitable, abriendo sólo para la celebración de bodas civiles. El jardín, de corte romántico con episodios neoclásicos, está considerado uno de los mejores ejemplos españoles. En apenas 12.000 m. desarrolla dos zonas principales: una geométrica o parterre viejo, con setos recortados y esculturas italianas de mármol, y otra naturalista mas informal (accesible por el singular patio- jardín secreto lateral de la casa) con gran estanque y montañita artificial plantada de pinos y sotobosque, que alberga una gruta en la parte inferior. El jardín triangular, que a modo de rótula une estas dos partes, recuerda a los jardines arábigo-valencianos: setos de mirto, naranjos de copa alta y fuente con cantinela de agua, enmarcada por arcos de ciprés. El túnel metálico cubierto de Bougainvillea y una rosaleda, completan la planta irregular de este jardín en el que uno de los logros de su excepcional trazado es la transición gradual, casi imperceptible, entre sus diferentes zonas. Los ejemplares de Cupressus, Pinus, Taxus, Ginkgo, Cocculus, Magnolia, etc han alcanzado gran envergadura y consiguen aislarnos del entorno, creando un ambiente de isla verde en medio de la ciudad a pesar de la presión de edificación en su perímetro. Sólo es posible acceder al jardín por la puerta de la ampliación de 1970. Inexplicablemente, no está abierto el acceso natural, a través de la casa, y el visitante debe tenerlo en cuenta porque esto dificulta la lectura y comprensión del espacio.

 

(Texto extraido de la "Guia de Arquitectura de Valencia" CTAV 2007. )

 

www.arquitectosdevalencia.es/arquitectura-de-valencia/xvi...

  

Por cambiar un poco de tercio hoy os pongo una foto de un lugar que me llamó la atención.

 

Se trata del Château d'Abbadia en Hendaye (Francia). Es un edificio construido por un señor que era antropólogo, explorador, lingüista y astrónomo que respondía al nombre de Antoine d'Abbadie d'Arrast.

 

A su muerte legó el castillo a la Academia de las Ciencias francesa, a la que pertenecía y hoy está administrado por la municipalidad de Hendaye, a tiro de piedra de la frontera española.

 

Su observatorio astronómico tiene la particularidad de que los círculos graduados tienen 400º en lugar de los 360º habituales y luego está dividida en decigrados. Esto le convierte en el único observatorio decimal del mundo.

 

Supongo que esta osadía es fruto de haber vivido en una época en la que se estaba trabajando en la estandarización de las unidades de medida e implantando el sistema métrico decimal... y al hecho de que el bueno de Antoine era miembro de la Oficina de Longitudes cuyo propósito era, entre otras cosas, resolver los problemas astronómicos ligados a la determinación de la longitud en el mar. Antes del GPS y otros métodos de posicionamiento era una labor de muchísima importancia.

 

Otro día os pongo una foto de uno de los bichos de su bestiario.

 

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Renfe, Adif, Metro de Madrid, Exceltic, SAP y CAF han participado esta mañana en la segunda edición del evento Smart Train – Ferrocarril 4.0, organizado por Executive Forum y Eurogestión. Durante el encuentro, celebrado en el hub madrileño de Sngular, estas organizaciones han presentado sus soluciones smart aplicadas a la movilidad y el transporte ferroviarios. Juan Manuel Martínez, director general de Eurogestión, ha inaugurado la jornada y ha moderado las dos mesas de debate en las que todos los ponentes han podido conversar con los asistentes y responder a las preguntas concretas que les planteaban.

 

Seguridad y escalabilidad

 

Laura Pereiro, directora de Alianzas de Exceltic, ha inaugurado el primer bloque de la mañana con su intervención. “Para llegar al ferrocarril inteligente y conectado tenemos que centrarnos en soluciones innovadoras basadas siempre en la seguridad” ha advertido. Estas deberían contar con un desarrollo rápido y con una posibilidad de escalabilidad muy alta, asegurando siempre un “fuerte” retorno de la inversión. Según Pereiro, “un tren seguro, la eficiencia operativa, la alta satisfacción del cliente y los servicios externos conectados” son las grandes líneas y los objetivos clave en los que se debería centrar la industria ferroviaria actual.

 

A continuación, David Ventero, gerente de Área de Ingeniería de Material y Señalización de la Dirección General de Desarrollo y Estrategia de Renfe, ha reconocido que “los trenes están sujetos a un proceso de mejora continua, debido a los cambios constantes que la sociedad demanda en el ámbito de la seguridad y las tecnologías de la información”. En este sentido, ha manifestado que “el abanico de posibilidades es inmenso”, por lo que Renfe ha tratado de definir cómo base cual ha de ser la arquitectura básica de las redes en los nuevos trenes”. El objetivo sería obtener el máximo rendimiento de tecnologías disruptivas (IoT, Big Data, IA, 5G…) y posibilitar esta evolución continua de los sistemas, garantizando la escalabilidad, estandarización y modularidad de estas redes.

  

Ernesto Rincón, Manager de Innovación para la región EMEA South de SAP, ha presentado la visión de la compañía sobre la transformación digital en la industria ferroviaria, así como varios casos de uso en los que aplica sus soluciones, siempre con el “objetivo de llegar al pasajero, que es el centro de este proceso”. En esta línea, ha destacado la importancia de garantizar siempre la seguridad y el servicio al cliente, ya que la demanda seguirá creciendo. Para definir estos nuevos modelos de servicio ferroviario y consolidar el concepto de “mobility as a service”, SAP acompaña a los diferentes partners y agentes del sector ferroviario a tomar como base del cambio estas nuevas tecnologías disruptivas.

 

En el segundo bloque de Smart Train, el director general de Negocio y Operaciones Comerciales de Adif, Pablo Hernández-Coronado, ha intervenido en primer lugar para explicar la visión del administrador con respecto a la digitalización de las estaciones. “Abordamos este proceso de transformación digital con cambios que van desde el esfuerzo tecnológico en el despliegue de plataformas y sistemas hasta el cambio en hábitos y procesos que derivarán en un cambio cultural”. De este modo, ha destacado el trabajo de Adif por la mejora constante de la experiencia del cliente mediante el desarrollo y la consolidación de la “estación personal y multidimensional”.

  

E-mobility

  

Por su parte, Javier de la Cruz, Services & Analytics Engineering Head Manager en CAF Rail Services, se ha referido al plan estratégico de la compañía, que contempla “no solo la fabricación de trenes” ya que ha diversificado su actividad. Como prueba de ello, ha hecho mención de la adquisición de Solaris y de Euromaint este último año, al tiempo que ha seguido apostando por la progresiva digitalización de todos los procesos. Estas acciones son una manifestación clara de la apuesta de CAF por la movilidad urbana sostenible ya que, concretamente, “con la compra del fabricante de autobuses Solaris ganamos capacidad para responder al mercado de la e-mobility, reforzando las soluciones integrales de transporte urbano sostenible y eléctrico”.

 

Finalmente, el responsable de la División de Ingeniería y Mantenimiento de Metro de Madrid, Isaac Centellas, ha propuesto varias reflexiones acerca de lo que significa abordar un proceso de transformación digital en un metro. En esta línea, ha explicado cómo Metro de Madrid considera fundamentales aspectos como el liderazgo, las personas o la innovación de cara a plantear un recorrido que permita el desarrollo del ferrocarril conectado. Asimismo, Centellas ha compartido las diferentes iniciativas que Metro está poniendo en marcha en la actualidad para hacer realidad esta visión de futuro.

  

Si los siete sabios de Roma aconsejaron a su Príncipe que estuviera callado durante siete días, lo hicieron porque el silencio es el mejor de los consejos, el dueño de la libertad. Si los dioses griegos eligieron el Monte Olimpo para desde allí mandar sobre el cielo, mar y tierra, lo hicieron porque en Tesalia nació la raza helénica y sus llanuras fueron de una gran fertilidad. Nada mejor que las historias y leyendas, tan llenas de sabiduría, para el mejor de los placeres, como es el de pasear por un pequeño paraíso en el centro de la ciudad, lleno de mitologías, de semblanzas, de fuentes y de rincones con la distinción del buen gusto.

 

Más de treinta esculturas emergen bajos los frondosos árboles, frutos de recuerdos románicos u homéricos que dan vida al jardín neoclásico construido en la propiedad de Juan Bautista Romero, Marqués de San Juan, a mediados del siglo XIX. El romanticismo de sus pérgolas se cobija en las buganvillas, y por sus calles, marcadas por una vegetación relajante, como auténticos senderos de paz, discurre el encuentro con personajes de mármol al frescor de los pequeños surtidores en torno al estanque: el que da forma a una flor de nenúfar bajo la sombra mágica de los magnolios.

 

Es el lugar ideal donde los recién casados dejan para la posteridad el mejor de los recuerdos, ambientado en los setos con recortes del mejor gusto francés y el exuberante romanticismo de sus árboles. Allí, donde la cola de la novia luce como una reina, ante el porte meloso del galán en el día que gozan de su enlace matrimonial.

 

El palacete, lugar de descanso del Marqués de San Juan, a su muerte, pasó a su esposa, quien transmitió la propiedad a su sobrina, casada con Joaquín Monforte Parrés, que da nombre al jardín. En la actualidad es propiedad municipal desde el año 1970, y de su gestión, se encarga la Fundación Pública Municipal de Parques y Jardines Singulares.

 

El Jardín de Monforte, cerrado y abierto al público en horas de visita, es uno de los más encantadores rincones de mi ciudad. El lugar ideal para perderse en el tiempo ante la presencia callada de tribunos y personajes mitológicos que ofrecieron a la humanidad lo mejor de si mismos. Y fue tan docta su enseñanza que nada mejor que un vergel para rubricarla.

 

Julio Cob

  

rinconesdemiciudad.blogspot.com.es/2007/04/el-jardn-de-mo...

  

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"...el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea".

  

El acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que existe entre dos seres humanos, excepto en forma momentánea.

 

Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, el patrón del grupo, estoy salvado: salvado de mi temible experiencia de la soledad.

 

La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos- y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría-.

 

“Quien salva una sola vida, es como si hubiera salvado a todo el mundo, quien destruye una sola vida, es como si hubiera destruido a todo el mundo”.

 

Todos obedecen las mismas órdenes, y no obstante, todos están convencidos de que siguen sus propios deseos. Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización del hombre, y esa estandarización es llamada “igualdad”.

 

El hombre se convierte en “ocho horas de trabajo” […] Tiene muy poca iniciativa, sus tareas están prescritas por la organización del trabajo […] Aún los sentimientos están prescritos.

 

Desde el nacimiento hasta la muerte, de lunes a lunes, de la mañana a la noche: todas las actividades están rutinizadas y prefabricadas. ¿Cómo puede un hombre preso en esa red de actividades rutinarias recordar que es un hombre, un individuo único, al que solo le ha sido otorgada una única oportunidad de vivir, con esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con el anhelo de amar y el miedo a la nada y a la separatidad?

 

El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque” […] dar, no recibir. ¿Qué es dar? El malentendido más común consiste en suponer que dar significa “renunciar” a algo, privarse de algo, sacrificarse.

 

¿Qué le da una persona a otra? […] da lo que está vivo en él […] No da con el fin de recibir, dar es de por si una dicha exquisita […] Dar implica hacer de la otra persona un dador, y ambas comparten la alegría de lo que han creado. […] el amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor.

 

Nos conocemos y, a pesar de todos los esfuerzos que podamos realizar, no nos conocemos. Conocemos a nuestros semejantes y, sin embargo, no los conocemos, porque no somos una cosa, y tampoco lo son nuestros semejantes. Cuanto más avanzamos hacia las profundidades de nuestro ser, o el ser de los otros, más nos elude la meta del conocimiento. Sin embargo, no podemos dejar de sentir el deseo de penetrar en el secreto del alma humana, en el núcleo más profundo que es “él”.

 

El amor es la penetración activa en la otra persona […] En el acto de fusión, te conozco, me conozco a mi mismo, conozco a todos – y no “conozco” nada-.

 

El amor infantil sigue el principio: “Amo porque me aman”. El amor maduro obedece al principio: “Me aman porque amo”. El amor inmaduro dice: “Te amo porque te necesito”. El amor maduro dice: “Te necesito porque te amo”.

 

El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo […] Si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo la vida.

 

Como lo expresó bellamente Simone Weil: “las mismas palabras [por ejemplo, un hombre dice a su mujer, “te amo”] pueden ser triviales o extraordinarias según la forma en que se digan. Y esa forma depende de la profundidad de la región en el ser de un hombre de donde procedan, sin que la voluntad pueda hacer nada. Y, por un maravilloso acuerdo, alcanzan la misma región en quien las escucha. De tal modo, el que escucha puede discernir, si tiene alguna capacidad de discernimiento, cuál es el valor de las palabras.

 

En el amor erótico dos seres que estaban separados se convierten en uno solo. En el amor materno, dos seres que estaban unidos se separan.

 

Se llega a conocer a la persona “amada” tan bien como a uno mismo. O, quizá, sería mejor decir tan poco.

 

Pero para la mayoría de la gente, su propia persona, tanto como las otras cosas, resulta rápidamente explorada y agotada. Para ellos, la intimidad se establece principalmente a través del contacto sexual […] Pero la intimidad de este tipo tiende a disminuir cada vez más a medida que transcurre el tiempo. El resultado es que se trata de encontrar amor en la relación con otra persona, con un nuevo desconocido. Este se transforma nuevamente en una persona “íntima”, la experiencia de enamorarse vuelve a ser estimulante e intensa, para tornarse otra vez menos y menos intensa, y concluye en el deseo de una nueva conquista, un nuevo amor- siempre con la ilusión de que el nuevo amor será distinto de los anteriores-.

 

La atracción sexual crea, por un momento, la ilusión de la unión, pero, sin amor, tal “unión” deja a los desconocidos tan desesperados como antes.

 

Un nombre siempre denota una cosa, o una persona, algo finito.

 

“Conocer y, no obstante [pensar] que no conocemos es el más alto [logro]; no conocer [y sin embargo pensar] que conocemos es una enfermedad”.

 

El problema humano del capitalismo moderno puede formularse de la siguiente manera: El capitalismo moderno necesita hombres que cooperen mansamente y en gran número; que quieran consumir cada vez más; y cuyos gustos estén estandarizados y puedan modificarse y anticiparse fácilmente. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, principio o conciencia moral – dispuestos, empero, a que los manejen, a hacer lo que se espera de ellos, a encajar sin dificultades en la maquinaria social-; a los que se pueda guiar sin recurrir a la fuera, conducir, sin líderes, impulsar sin finalidad alguna -excepto la de cumplir, apresurarse, funcionar, seguir adelante-. ¿Cuál es el resultado? El hombre moderno está enajenado de sí mismo, de sus semejantes y de la naturaleza. Se ha transformado en un artículo, experimenta las fuerzas vitales como una inversión que debe producirle el máximo de beneficios posible en las condiciones imperantes en el mercado. Las relaciones humanas son esencialmente las de autómatas enajenados en las que cada uno basa su seguridad en mantenerse cerca del rebaño y en no diferir en el pensamiento, el sentimiento o la acción. Al mismo tiempo que todos tratan de estar tan cerca de los demás como sea posible, todos permanecen tremendamente solos, invadidos por el profundo sentimiento de inseguridad, de angustia y de culpa que surge siempre que es imposible superar la separatidad humana. Nuestra sociedad ofrece muchos paliativos que ayudan a la gente a ignorar conscientemente esa soledad: en primer término, la estricta rutina del trabajo burocratizado y mecánico, que ayuda a la gente a no tomar conciencia de sus deseos humanos más fundamentales, del anhelo de trascendencia y unidad. En la medida en que la rutina sola no basta para lograr ese fin, el hombre se sobrepone a su desesperación inconsciente por medio de la rutina de la diversión, la consumición pasiva de sonidos y visiones que ofrece la industria del entretenimiento; y, además, por medio de la satisfacción de comprar siempre cosas nuevas y cambiarlas inmediatamente por otras. El hombre moderno está actualmente muy cerca de la imagen que Huxley describe en Un mundo feliz: bien alimentado, bien vestido, sexualmente satisfecho, y no obstante sin yo, sin contacto alguno, salvo el más superficial, con sus semejantes, guiado por los lemas que Huxley formula tan sucintamente, tales como: “Cuando el individuo siente, la comunidad tambalea”; o “Nunca dejes para mañana la diversión que puedes conseguir hoy”, o como la afirmación final: “Todo el mundo es feliz hoy en día” La felicidad del hombre moderno consiste en “divertirse”. Divertirse significa la satisfacción de consumir y asimilar artículos, espectáculos, comida, bebidas, cigarrillos, gente, conferencias, libros, películas; todo se consume, se traga. El mundo es un enorme objeto de nuestro apetito, una gran manzana, una gran botella, un enorme pecho; todos succionamos, los eternamente expectantes, los esperanzados -y los eternamente desilusionados-. Nuestro carácter está equipado para intercambiar y recibir, para traficar y consumir; todo, tanto los objetos materiales, como los espirituales, se convierten en objeto de intercambio y de consumo.

 

El amor como satisfacción sexual recíproca, y el amor como “trabajo en equipo” y como refugio de la soledad, constituyen las dos formas “normales” de la desintegración del amor en la sociedad occidental contemporánea, de la patología del amor socialmente determinado.

 

Cualquier estudio detallado demostraría, empero, que la atmósfera de tensión e infelicidad dentro de la “familia unida” es más nociva para los niños que una ruptura franca, que les enseña, por lo menos, que el hombre es capaz de poner fin a una situación intolerable por medio de una decisión valiente.

 

Otro error muy frecuente: la ilusión de que el amor significa necesariamente la ausencia de conflicto.

 

El amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos.

 

Nuestra cultura lleva a una forma de vida difusa y desconcentrada, que casi no registra paralelos. Se hacen muchas cosas a la vez: se lee, se escucha la radio, se habla, se fuma, se come, se bebe. Somos consumidores con la boca siempre abierta, ansiosos y dispuestos a tragarlo todo: películas, bebidas, conocimiento. Esa falta de concentración se manifiesta claramente en nuestra dificultad para estar a solas con nosotros mismos. Quedarse sentado, sin hablar, fumar, leer o beber, es imposible para la mayoría de la gente. Se ponen nerviosos e inquietos y deben hacer algo con la boca o con las manos.

 

Los valores humanos están determinados por los valores económicos […] El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana -salvo matarlo-.

 

Concentrarse en la relación con otros significa fundamentalmente poder escuchar. La mayoría de la gente oye a los demás, y aun da consejos, sin escuchar realmente.

 

Estar concentrado significa vivir plenamente en el presente, en el aquí y el ahora, y no pensar en la tarea siguiente mientras estoy realizando otra.

 

Educación significa ayudar al niño a realizar sus potencialidades. Lo contrario de la educación es la manipulación, que se basa en la ausencia de fe, en el desarrollo de las potencialidades y en la convicción de que un niño será como corresponde sólo si los adultos le inculcan lo que es deseable y suprimen lo que parece indeseable.

 

La situación paradójica de multitud de individuos hoy en día es que están semidormidos durante el día y semidespiertos cuando duermen o cuando quieren dormir.

 

La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción, el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea.

  

Fragmentos de “El arte de amar” de Erich Fromm

  

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Jardines de Monforte

 

c/Monforte

 

Valencia

 

Los Jardines de Monforte se encuentran en la calle Monforte, muy cerca de La Alameda y de los Jardines del Real.

 

Sorprende este jardín por su tranquilidad y quietud, dado que está en uno de los puntos de circulación mas densos de Valencia. Este jardín es lugar de retiro para mucha gente que desea relajarse por sus jardines, leer un buen libro o estar a la sombra de sus árboles.

 

El artístico trazado de este jardín, de corte neoclásico; la abundancia de estatuas de mármol que lo adornan, en número de treinta y tres; la serie de estanques y surtidores, detalles arquitectónicos y el mismo pabellón de descanso justifican plenamente su condición oficial de "jardín artístico", declarado como tal por decreto de 30 de mayo de 1941.

 

Con motivo de la declaración oficial de jardín artístico, fue encomendada su restauración a Javier Winthuysen, llevada a cabo por el jardinero mayor municipal Ramón Peris, y a cargo del Ayuntamiento de Valencia.

 

Los jardines de Monforte se pueden estructurar en tres partes para su fácil comprensión, el pabellón de descanso o palacete, dos pequeños jardines de tipo privado o intimista que flanquean el edificio, uno a cada lado de sus fachadas interiores y la tercera parte los jardines propiamente dichos que ocupan la mayor extensión del terreno.

 

El origen de los jardines se remonta a un huerto situado extramuros de la ciudad propiedad de don José Vich, barón de Llaurí. El 3 de agosto de 1849 es vendido a don Juan Bautista Romero Almenar marqués de San Juan.

 

Este gran patricio valenciano invirtió sumas considerables en la plantación y ornato de este jardín, que competía en hermosura con el cercano "Hort de les freses" y el de Ripalda, ambos desaparecidos, y que tan grata hacían la llamada "Volta del Rossinyol". El marqués de San Juan sería quien a la postre construiría el pabellón de descanso y lo utilizaría como casa de recreo y esparcimiento.

 

El diseño del jardín fue encargado al arquitecto valenciano Sebastián Monleón Estellés (1815-1878), autor de la Plaza de Toros, y para 1859 las obras ya estaban acabadas.

 

A la muerte en 1872 de su propietario, sin sucesión que le sobreviviese, hereda la propiedad doña Josefa Sancho Conchés, sobrina de su esposa doña Mariana Conchés († 1877). Josefa Sancho Conchés estaba casada con Joaquín Monforte Parrés de quien toma su actual nombre los jardines. En 1971 el Ayuntamiento de Valencia adquiere la propiedad del mismo, aunque ya en 1941 había sido declarado Jardín Artístico Nacional. En la actualidad es gestionado por la Fundación Pública Municipal de Parques y Jardines Singulares.

 

El actual Jardín tiene dos entradas, la secundaria que se realiza por una puerta abierta en el muro que rodea todo el perímetro y que se encuentra en la Pl.de la Legión Española y la entrada que dispone el pabellón de recreo en la calle Monforte, que habitualmente solo se abre para ocasiones o eventos (principalmente bodas civiles). La entrada del público a los jardines se realiza por una entrada lateral abierta en la fachada principal del palacete de recreo sin que sea necesario pasar por el interior del mismo.

 

El pabellón de recreo es un sencillo edificio de finales del siglo XIX de estilo academicista francés de planta rectangular, dos pisos y terraza, con una pequeña linterna octogonal en el centro de la misma. La fachada principal que recae a uno de los pequeños jardines tiene una gran balconada. Como hemos dicho el palacete es obra de Sebastian Monleón.

 

En consonancia con el carácter señorial del jardín se conserva este pabellón de recreo, especie de palacete construido a iniciativa del propio Marqués de San Juan, y cuya puerta era paso obligado, y único, al jardín. A la izquierda del zaguán una escalinata cuyas paredes se decoran con nueve figuras femeninas pintadas al temple y otros tantos medallones con amorcillos, conduce al piso principal, con varias estancias en torno a una central, porticada en estilo neopalladiano, cubierta con bóveda octogonal sobre pechinas, en cuyos segmentos aparecen pintadas diversas alegorías. Desde los balcones de este piso o desde la terraza abalaustrada se contemplan interesantes panorámicas de tan suntuoso jardín.

 

El pabellón de recreo se utiliza actualmente para la celebración de las bodas civiles con la intención de dar mayor boato a este tipo de celebraciones. Así mismo sus jardines son aprovechados por los novios para el ritual de las fotos, dada la gran belleza de los jardines.

 

De los dos pequeños jardines intimistas que tiene alrededor el pabellón destacamos el primero, que enfrenta a la fachada principal y que se caracteriza por un espacio cerrado por un pequeño muro de escasa altura en cuyo centro encontramos una alberca rodeada por un pequeña verja de hierro con un surtidor en el centro. Una sencilla portada formada por un arco de medio punto, adornada con dos dragones o grifos y a la que se accede por una pequeña escalera que salva el desnivel del terreno, permite el paso a los jardines. A este lugar se le suele denominar Glorieta de los Arcos.

 

En este espacio destacamos dos conjuntos escultóricos, situados a ambos lados de la escalera, uno de ellos representa a un grupo de niños jugando con un delfín y el otro grupo, otros niños tocando una caracola.

 

En la parte superior del pequeño muro a la altura de la portada encontramos dos conjuntos escultóricos que representan a unos amorcillos jugando con una oveja o cabra y el otro a otros amorcillos jugando con un perro. Dos estatuas de bulto redondo completan el conjunto, una de ellas representa al Dios Baco-Dionisios, dios del Vino, por ello alza con su mano derecha una copa de vino, mientras que con la izquierda sujeta un racimo de uvas. La segunda figura representa al Dios Mercurio-Hermes. Este lleva el sombrero de ala ancha, llamado petaso con unas pequeñas alas que nos informan que se trata del mensajero de los dioses. Además lleva una bolsa en su mano derecha como deidad del comercio.

 

Nada mas traspasar esta portada nos encontramos una pequeña alberca en cuyo centro encontramos a un niño cabalgando sobre un cisne. Nos encontramos ya en los amplios jardines.

 

Es aquí donde la vegetación adquiere exuberancias y efectos de jardín paisajístico en torno a un montículo artificial rodeado de añosos pinos, y en donde las magnolias, el laurel y el exótico ginobiloba reflejan sus frondosidades sobre la tersura cristalina del agua remansada en el gran estanque o lago artificial, de mas de 20 metros de diámetro y cuyo brocal forma ocho agallones con surtidores en éstos y en el centro. Las grutas que encierra este montículo, los senderos y pasadizos rústicos confieren cierto carácter romántico a este bosquete.

 

El segundo de los jardines que llamamos intimistas y situado en otro de los lados de la casa es de forma semicircular y llama la atención por la existencia de una portada formada sencillamente por las dos jambas sin dintel rematadas por jarrones, y en cuyos lados encontramos dos esculturas de dos leones similares a los que dispone el Congreso de los Diputados de Madrid.

 

En el muro de la casa, flanqueando la puerta de acceso al jardín, dos hornacinas abiertas en el muro albergan dos esculturas femeninas realizadas en mármol. Una de ellas representa a Hebe, diosa de la juventud y copera de los dioses. Lleva en su mano derecha una jarra mientras que con la izquierda sujeta un cáliz. La segunda figura, representa a Caliope o tal vez a Clio, la primera musa de la ciencia y la segunda musa de la Historia. A ambas se les suele representar con un rollo de papiro, que es lo que lleva en su mano izquierda esta escultura.

 

Los leones de piedra blanca de Colmenar (Madrid), son obra de José Bellver Collazos (Ávila 1824-Madrid 1869) y fueron realizados hacia 1850 para la escalinata del Congreso de los Diputados en Madrid, donde no llegaron a colocarse nunca, sino otros de bronce de Ponciano Ponzano, ya que en su momento se consideró que estos eran pequeños para el citado edificio. En 1864 Juan Bautista Romero los adquirió en Madrid y se los trajo para su palacio valenciano donde quedan ubicados desde entonces.

 

Rodeando la zona encontramos un barandal de hierro donde descansan ocho bustos sobre pequeños pedestales que representan a distintos filósofos, escritores y poetas.

 

Traspasada esta portada accedemos a los amplios jardines de cuidada traza geométrica en cuyo centro encontramos una gran fuente rodeada por una verja en cuyo centro hay un pedestal con cuatro caños de donde brota el agua y encima de este un conjunto formado por las ninfas Dafnis y Cloe. Este conjunto suele ser el icono preferido para representar la imagen corporativa de los Jardines de Monforte.

 

Alrededor de esta fuente encontramos cuatro figuras femeninas sobre pedestal que representan a los cuatro continentes, América con el caiman, Asia con un camello, Europa con un caballo y África con el león. Estas cuatro figuras son replicas exactas de las que se encuentran en los Jardines de Parcent. En esta zona es donde encontramos la mayoría de las esculturas que posee el jardín y contrasta con la otra zona ajardinada, ya que en este lugar se concentra una vegetación arreglada según el gusto francés de jardines geométricos, en contraposición al resto del jardín en donde destacan los árboles y la vegetación un poco más salvaje.

 

En definitiva sus casi once mil metros cuadrados de vegetación, protegidos por un alto muro perimetral crean un reposado ambiente en su interior, que invita a prolongar la estancia. La enumeración de las distintas clases de árboles, arbustos y flores seria extensísima y no es aquí el sitio para ello, pero conste que estos jardines son unos de los mas bonitos y seguramente el más tranquilo y placentero que tiene la ciudad de Valencia.

  

www.jdiezarnal.com/valencialosjardinesdemonforte.html

 

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JARDÍN DE MONFORTE

 

Año Construcción: 1859

Situación: c/ Monforte, Plz. Legión Española - Valencia

 

Autor: Sebastián Monleón Estellés

 

La unidad formada por palacete y jardín de Monforte fueron construidos en 1859, según proyecto del arquitecto Sebastián Monleón, sobre una existente casa particular de recreo con su huerto (Hort de Romero) situado en la zona extramuros de Valencia. Declarado Jardín Artístico nacional en 1941, fué restaurado ese mismo año por Javier de Winthuyssen. Desde 1970 es propiedad municipal, fecha en la que se amplió el jardín añadiéndole una franja en su parte oeste. El palacete, perfectamente integrado con el jardín a través de la circulación en crucero por su planta baja, tiene una planta superior cuadrada, formando una cruz griega con cuatro habitaciones en los ángulos laterales. Una linterna ilumina la bóveda de la planta principal adornada por numerosas pinturas al fresco. La terraza superior ofrecía en su tiempo, una vista panorámica de Valencia y su entorno. Fué restaurado en 1985 y actualmente no es visitable, abriendo sólo para la celebración de bodas civiles. El jardín, de corte romántico con episodios neoclásicos, está considerado uno de los mejores ejemplos españoles. En apenas 12.000 m. desarrolla dos zonas principales: una geométrica o parterre viejo, con setos recortados y esculturas italianas de mármol, y otra naturalista mas informal (accesible por el singular patio- jardín secreto lateral de la casa) con gran estanque y montañita artificial plantada de pinos y sotobosque, que alberga una gruta en la parte inferior. El jardín triangular, que a modo de rótula une estas dos partes, recuerda a los jardines arábigo-valencianos: setos de mirto, naranjos de copa alta y fuente con cantinela de agua, enmarcada por arcos de ciprés. El túnel metálico cubierto de Bougainvillea y una rosaleda, completan la planta irregular de este jardín en el que uno de los logros de su excepcional trazado es la transición gradual, casi imperceptible, entre sus diferentes zonas. Los ejemplares de Cupressus, Pinus, Taxus, Ginkgo, Cocculus, Magnolia, etc han alcanzado gran envergadura y consiguen aislarnos del entorno, creando un ambiente de isla verde en medio de la ciudad a pesar de la presión de edificación en su perímetro. Sólo es posible acceder al jardín por la puerta de la ampliación de 1970. Inexplicablemente, no está abierto el acceso natural, a través de la casa, y el visitante debe tenerlo en cuenta porque esto dificulta la lectura y comprensión del espacio.

 

(Texto extraido de la "Guia de Arquitectura de Valencia" CTAV 2007. )

 

www.arquitectosdevalencia.es/arquitectura-de-valencia/xvi...

 

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LA EXPULSIÓN DE LO DISTINTO

 

«Internet no se manifiesta hoy como un espacio de la acción común y comunicativa. Más bien se desintegra en espacios expositivos del yo»

  

El hiperconsumismo, la autoexplotación y el miedo al otro son algunos de los rasgos distintivos de la civilización moderna, de acuerdo con los postulados que el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, una de las voces más reputadas para diseccionar la sociedad del siglo XXI, expone en su último ensayo, ‘La expulsión de lo distinto’ (Herder Editorial).

 

La escucha tiene una dimensión política. Es una acción, una participación activa en la existencia de otros, y también en sus sufrimientos. Es lo único que enlaza e intermedia entre hombres para que ellos configuren una comunidad. Hoy oímos muchas cosas, pero perdemos cada vez más la capacidad de escuchar a otros y de atender a su lenguaje y a su sufrimiento. Hoy, de alguna manera, cada uno se queda a solas con sus sufrimientos y sus miedos. El sufrimiento se privatiza y se individualiza, pasando a ser así objeto de una terapia que trata de curar el yo y su psique. Todo el mundo se avergüenza, pero cada uno se culpa solo a sí mismo de su endeblez y de sus insuficiencias. No se establece ningún enlace entre mi sufrimiento y tu sufrimiento. Se pasa por alto la sociabilidad del sufrimiento.

 

La estrategia de dominio consiste hoy en privatizar el sufrimiento y el miedo, ocultando con ello su sociabilidad, es decir, impidiendo su socialización, su politización. La politización significa la transposición de lo privado a lo público. Lo que hoy sucede es más bien que lo público se disuelve en lo privado. La esfera pública se desintegra en esferas privadas.

 

La voluntad política de configurar un espacio público, una comunidad de la escucha, el conjunto político de oyentes, está menguando radicalmente. La interconexión digital favorece este proceso. Internet no se manifiesta hoy como un espacio de la acción común y comunicativa. Más bien se desintegra en espacios expositivos del yo, en los que uno hace publicidad sobre todo de sí mismo. Hoy, Internet no es otra cosa que una caja de resonancia del yo aislado. Ningún anuncio escucha.

 

La alborotadora sociedad del cansancio es sorda. A diferencia de ella, la sociedad venidera podría llamarse una sociedad de los oyentes y de los que atienden. Hoy es necesaria una revolución temporal que haga que comience un tiempo totalmente distinto. Se trata de redescubrir el tiempo del otro. La actual crisis temporal no es la aceleración, sino la totalización del tiempo del yo. El tiempo del otro no se somete a la lógica del incremento del rendimiento y la eficiencia, la cual genera una presión para acelerar. La política temporal neoliberal elimina el tiempo del otro, que por sí mismo sería un tiempo improductivo. La totalización del tiempo del yo viene acompañada de la totalización de la producción, que hoy abarca todos los ámbitos vitales y conduce a una explotación total del hombre. La política temporal neoliberal elimina también el tiempo de la fiesta, el sublime tiempo nupcial, que no se somete a la lógica de la producción. Conduce a la eliminación de la producción. A diferencia del tiempo del yo, que nos aísla y nos individualiza, el tiempo del otro crea una comunidad. Por eso es un tiempo bueno.

 

Byung-Chul Han es profesor de Filosofía y Estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín y autor de más de una decena de títulos, entre los que destacan ‘En el enjambre’, ‘Psicopolítica’ o ‘La sociedad del cansancio’.

  

ethic.es/2018/10/la-expulsion-de-lo-distinto-byung-chul-han/

  

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Byung-Chul Han y la expulsión de lo distinto

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El filósofo surcoreano, una de las voces autorizadas para diseccionar la sociedad del hiperconsumismo actual, dio a conocer un nuevo libro con la tesis de que los individuos hoy se autoexplotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, de esta manera, en "el desierto, o el infierno, de lo igual".

 

Byung-Chul Han (Seúl, 1959) asegura tener una fórmula propia de resistencia política que no convierte en categoría pero comparte encantado: no tiene smartphone, no hace turismo —”el turista viaja por el infierno del igual, circula como si fueran mercancías”—, en su hogar en Berlín solo escucha música analógica (“tengo un jukebox y dos pianos de 400 kilos”, confiesa), no trata a sus estudiantes de Filosofía de la Universidad de las Artes de Berlín como a clientes y ha dedicado tres años de su vida “a cultivar un jardín secreto”, cuya experiencia revelará en el libro Elogio de la tierra.

 

NARCISISMO

Según Han, “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.

 

AUTENTICIDAD

Para el autor surcoreano, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”.

 

BIG DATA

“Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual… Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas… Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos… ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE.UU. hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones… Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”.

 

AUTOEXPLOTACIÓN

Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.

 

COMUNICACIÓN

“Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.

 

OTROS

Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo… En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.

 

TIEMPO

Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo. “La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”.

 

JARDÍN

“Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones… Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está… Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números”.

 

MIGRANTES

Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal “no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.

  

culto.latercera.com/2018/02/07/byung-chul-han-la-expulsio...

 

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Yo, yo mismo y el eco: 'La expulsión de lo distinto', por Byung-Chul Han

  

En su último libro, el filósofo surcoreano residente en Alemania ahonda en las inquietantes consecuencias que se derivan de nuestra actual relación solo con lo que es igual y no con lo que nos confronta

 

Destácate. Aprende inglés. Millones de personas hablan ya inglés, no seas uno más, aprende otro idioma: aprende portugués. Por el mercado brasileño, porque es parecido al español. Pero si todavía no domino el inglés, piensas. Escuela Oficial de Idiomas, matrícula para portugués. Cientos de personas quieren aprender portugués, estás en lista de espera. No consigues matricularte en portugués. Sufres: todos te están adelantando. Da un salto en tu carrera: aprende chino. El chino es una meta a largo plazo, pero te ayudará a diferenciarte del resto de candidaturas a un puesto de trabajo. Las clases de chino también están colapsadas, pero tienes suerte: entras en chino. Quizás, dentro de cinco años puedas tener cierta soltura, aunque no te lo parece. No sin pasas una temporada en China. Conoces a gente que se está yendo a China. Ellos ya saben chino, qué suerte. ¿Cómo pueden ya saber chino?, piensas. Para cuando tú sepas algo de chino, todo el mundo sabrá chino. Suspiras. Te agobias un poco. Las clases de chino ya no te resultan tan útiles. Piensas en dejártelas. ¿Ruso? Es una posibilidad. No hay tanta gente que hable ruso. En realidad, todavía no domino el inglés, recuerdas. ¿Pasaría una entrevista en inglés? Seguir con el inglés da pereza. El inglés es lo de siempre, consideras. Aunque todavía no lo hables con fluidez.

 

¿Estás trabajando tu marca personal?, te pregunta un conocido. Le han dicho que es muy importante en unas jornadas sobre marketing digital. Tienes el LinkedIn bastante abandonado, aunque no sabes si eso se considera marca personal. Facebook lo usas, no demasiado. Sobre todo para leer y compartir. En Instagram sí que compartes bastantes stories, pero no dirías que eso es marca personal. ¿Lo es? ¿Existe tu marca personal? Te agobias un poco. No sabes si para las salidas que tienes en mente la marca personal influirá mucho. Claro que influye, te dice un conocido: la marca personal, ahora, lo es todo. Los recruiters -los de recursos humanos, te tiene que aclarar- se fijan mucho en eso. Siempre miran los perfiles en las redes de la gente que aspira a ser contratada. Deberías haber sabido qué es un recruiter. Suspiras. Tienes que mejorar tu inglés. Tienes que adquirir nociones de marketing. Para venderte mejor, que es que te vendes fatal. Para venderte, ¿a quién? ¿A cambio de qué? Te vendes fatal, ahora te das cuenta. Por eso no encuentras trabajo. Trabajo, trabajo, trabajo. No te lo quitas de la cabeza. Tu problema es que eres muy igual a los demás, tienes que diferenciarte. Tienes que destacar. Tu currículum es muy aburrido, no es creativo, como el de todos esos creativos y creativas que trabajan en agencias de creatividad.

 

Necesitas un descanso, pero necesitas dinero. La luz ha subido mucho. En cuanto puedas te escapas. Una escapada de unos días. Cuando pagues algunas facturas. A la sierra de Albarracín. O mejor, al pueblo ese que han dicho que es el más bonito de España. Dicen que es muy bonito. Tú todavía no has ido, y ya lleva unos meses siendo el pueblo más bonito de España. Por las fotos que han compartido tus conocidos parece bonito. Te han dicho, eso sí, que si quieres ir un par de días llames antes porque solo hay tres casas rurales y están siempre llenas. Es que claro, con eso de que es el pueblo más bonito de España, está yendo mucha gente. Menuda campaña de marketing, piensas, seguro que no es para tanto. Seguro que no es como Hondarribia, o como cualquiera de los pueblos de los Picos de Europa. Ya está ahí otra vez el marketing: notas como se te encoge un poco el corazón. ¿Para qué piensas en todo esto? En lo que tendrías que estar pensando es en lo que te dijeron de la marca personal. ¿Hace cuánto que no actualizas Twitter? ¿Mirarán tu Twitter? Tienes puesto un alias, ¿mejor con tu nombre o con un alias? Tienes que preguntárselo a esa amiga que trabaja en marketing, ella seguro que lo sabe. A ella le van muy bien las cosas. No como a ti. A ti ni siquiera sabes cómo te van. Mal, supones. Así nunca vas a poder tener hijos.

  

A decir verdad, la única manera de diferenciarse a día de hoy es consumiendo pensamiento como el que nos ofrece el filósofo surcoreano Byung-Chul Han en La expulsión de lo distinto (Herder, 2017), su último libro, una obra breve pero amplísima en verdades, que se encarga de poner palabras a todas esas intuiciones, sentimientos vagos pero funestos o impresiones contrastadas sobre el presente y el devenir inmediato de nuestra especie que todo ese ruido digital ha instalado en tu mente. Advierte el filósofo surcoreano de que estamos muy lejos del paraíso de las posibilidades infinitas para la originalidad que nos prometía internet, que al contrario, nuestra realidad está transformándose -la transformación, de hecho, está ya muy avanzada- en el infierno de lo igual. En este caso, Mefistófeles es el neoliberalismo, y su más aguerrido general, la propaganda que encubre sus fechorías y su ambicioso proceso de destrucción de la diferencia. Cómo, pero si ahora se puede personalizar cualquier cosa: si he personalizado mi perfil en distintas redes sociales, mi pantalla de inicio, unas zapatillas, mi fixie. Personalizar. Adecuar a mi persona. A mí. Yo, yo, yo. ¿No consistía en eso el ser distinto?

 

¿No es cierto que en nuestras ciudades se protege la diversidad? Ah, amigo, ahí está una de las trampas que desvela Byung-Chul Han: diversidad es un concepto diseñado para satisfacer nuestra necesidad de autenticidad, pero ambos, diversidad y autenticidad, son solo envoltorios con una etiqueta sugerente. Marketing: “La diversidad solo permite diferencias que estén en conformidad con el sistema. Representa una alteridad que se ha hecho consumible. Al mismo tiempo, hace que prosiga lo igual con más eficiencia que la uniformidad, pues, a causa de una pluralidad aparente y superficial, no se advierte la violencia sistemática de lo igual. La pluralidad y la elección fingen una alteridad que en realidad no existe”, asegura el filósofo. Por otra parte, “el imperativo de autenticidad desarrolla una obligación para consigo mismo, una coerción a cuestionarse permanentemente a sí mismo, a vigilarse a sí mismo, a estar al acecho de sí mismo, a asediarse a sí mismo. Con ello intensifica la referencia narcisista. El imperativo de autenticidad fuerza al yo a producirse a sí mismo”. Resulta difícil ponerle alguna pega.

 

El análisis de Byung-Chul Han es tan lúcido que da vértigo. ¿No es cierto, como afirma, que en nuestra carrera a ciegas hacia la autorrealización y a la autooptimización, en el transcurso de esa yincana en la que vamos obteniendo la habilidades que se supone que debemos obtener para ser productivos y que hemos reflejado en los primeros párrafos de este artículo, nos vamos agotando, quedamos extenuados y para colmo somos cada vez más iguales? ¿No es cierto que si todos queremos ser diferentes, somos iguales en querer ser diferentes? Decimos mucho, pero escuchamos poco. Las redes sociales, sin caer en lo apocalíptico, son cajas de eco. Una escucha real, la que propone Chul Han -porque en La expulsión de lo distinto, el filósofo propone-, tiene más que ver con vaciarse para acoger al otro que con participar y emitir juicios. Habrá que ir remediando todo esto, tendremos que ir recuperando la capacidad para relacionarnos con lo que nos es de verdad ajeno si no queremos, como se atreve a pronosticar el autor, que en un futuro, quizás, la carrera de moda, la que nos ayude a diferenciarnos o al menos a tener un empleo asegurado, sea la de oyente.

 

Eduardo Almiñana

  

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¿Dónde está el Otro?

 

Al neoliberalismo no lo guía la razón, dice Han, sino una vesania que provoca tensiones destructivas que se descargan en forma de terrorismo o nacionalismo

"A la globalización le es inherente una violencia que hace que todo resulte intercambiable, comparable y, por ende, igual", defiende en La expulsión de lo distinto

 

Frans van den Broek

 

losdiablosazules@infolibre.es @_infoLibre

  

La expulsión de lo distinto

Byung-Chul Han

Traducción de Alberto Ciria

Herder Editorial

Barcelona

2017

 

La expulsión de lo distinto, de Byung-Chul Han. Buena parte de la actividad intelectual del filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han se ha abocado a la tarea de analizar críticamente la sociedad moderna, desbrozando su estructura interna, en sentido ontológico y hasta metafísico, y diagnosticando sus enfermedades intrínsecas. Byung-Chul Han considera que el espíritu neoliberal imperante no solo afecta a las relaciones económicas y políticas, sino al conjunto de la sociedad en todos sus aspectos. En La expulsión de lo distinto se ocupa de analizar desde varias perspectivas la prevalencia de lo que llama el infierno de lo igual.

  

Según este filósofo la sociedad actual padece de la desaparición del Otro, esto último entendido no solo como la presencia de culturas o personas distintas al mundo occidental, sino como comprendiendo elementos culturales y espirituales que el sistema neoliberal ha hecho desvanecerse por su propia lógica. Dice al comienzo del libro: "El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo. Hoy, la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual". El neoliberalismo necesita uniformidad y estabilidad, que permita el libre flujo de capitales y personas, y el consumo masivo de productos que se asemejan en todas partes por la globalización. De esta premisa fundamental extrae Byung-Chul Han varias conclusiones, todas referidas a la desaparición del otro en varios ámbitos. Afirma que lo que aqueja a la sociedad actual no es la represión, sino la depresión, que viene de dentro, causada por el imperio de lo igual. Al ser le hace falta la negatividad para adquirir plenitud óntica. Pero esta negatividad es un obstáculo para la sociedad neoliberal, por lo que se desvanece.

 

Byung-Chul Han atribuye violencia a la globalización: "A la globalización le es inherente una violencia que hace que todo resulte intercambiable, comparable y, por ende, igual. La comparación igualatoria total conduce, en último término, a una pérdida de sentido". Habría incluso una relación entre la violencia del sistema neoliberal y el fenómeno del terrorismo, según este filósofo. "El terrorismo es el terror del singular enfrentándose al terror de lo global". Los atentados terroristas abren una brecha en el alisado horizonte vital del neoliberalismo y lo confrontan con la muerte, que es una de las formas del Otro que la sociedad prefiere reformular en términos de positividad igualitaria. El neoliberalismo engendraría una injusticia de tal orden global que no puede sino generar una respuesta, bien en la forma de terrorismo o subjetivamente como depresión. En el sistema neoliberal imperarían la libertad y la capacidad de elección, pero en el fondo relega a la invisibilidad a todo aquello que no se ajuste a sus necesidades. En palabras de Byung-Chul Han: "Construye un «apóptico», una construcción basada en una «óptica excluyente» que identifica como indeseadas y excluye por tales a las personas enemigas del sistema o no aptas para él". El universo digital en el que vivimos no ha hecho sino aumentar esta ilusión de libertad, a la vez que la reduce al nivel del "me gusta" de las redes sociales, alentada por la hipercomunicación y el hiperconsumo.

 

El neoliberalismo se presenta a menudo como el desarrollo lógico de la Ilustración, esto es, como el resultado feliz del uso de la razón, en contraste con la irracionalidad medieval o el barbarismo de sociedades no desarrolladas. Pero Byung-Chul Han piensa lo contrario. No lo guía la razón, nos dice, sino una vesania que provoca tensiones destructivas que terminan descargándose en forma de terrorismo o nacionalismo. Al nivel del individuo se exige cada vez más autenticidad, pero esta autenticidad está muy lejos del sí mismo que asume su existencia en codependencia con el otro en todas sus formas. Es una autenticidad que debe encajar en el engranaje del neoliberalismo y su necesidad de producción. El imperativo de la autenticidad, nos dice este filósofo, fuerza al yo a producirse a sí mismo y a configurarse una imagen superficial que elimine el otro de nuestra subjetividad. Incluso la costumbre tan extendida de hacerse selfies es cuestionada por este autor: "La adicción a los selfies no tiene mucho que ver con el sano amor a sí mismo: no es otra cosa que la marcha en vacío de un yo narcisista que se ha quedado solo. En vista del vacío interior uno trata en vano de producirse a sí mismo".

 

Hasta la muerte desaparece de nuestro horizonte vital. Inspirado en Heidegger, Byung-Chul Han considera a la muerte elemento imprescindible de la verdadera existencia auténtica, por cuanto la muerte inscribe en el ente la negatividad del misterio, de lo radicalmente distinto, del abismo insondable. "En los tiempos actuales, que aspiran a proscribir de la vida toda negatividad, también enmudece la muerte. La muerte ha dejado de hablar", escribe. Nos recuerda Han que la experiencia auténtica de la vida requiere de la experiencia del umbral hacia lo radicalmente otro, como en los ritos de iniciación o la experiencia del arte, de lo sublime. Pero ahora con el internet nos hemos vuelto turistas, pasajeros superficiales que solo rozan los contornos del umbral o lo pierden de vista. El ser humano ya no habita umbrales, algo que implica la experiencia del dolor y de la transformación. Los turistas en que nos hemos convertido no atraviesan umbrales de transformación. Más bien viajan por el infierno de lo igual, sumergidos en el universo de la hipercomunicación, en el que todo se mezcla con todo. Hasta las fronteras entre lo interno y lo externo se difuminan, hoy estamos convertidos en una "pura superficie de absorción y reabsorción en las redes de influencia".

 

Ahora que el marxismo se ha perdido como punto de referencia filosófico y político, y que el régimen neoliberal impera globalmente, la explotación ya no es solo apropiación de las fuerzas de trabajo, alienación y desrealización de sí mismo. La explotación se experimenta como libertad, autorrealización y autooptimización. Ya no existe el explotador de manera evidente, quien se apropia de nuestras fuerzas de trabajo para su propia ventaja, sino que el individuo se explota a sí mismo, en la creencia de que haciendo esto se realiza.

 

En el mundo digital hasta los objetos han perdido su gravedad, su pesadez óntica como contrapeso a la subjetividad. No replican con su presencia entitativa, han dejado de ser, como remarca este escritor, obicere: "De ellos no viene ninguna resistencia. La desaparición de lo contrario se produce hoy en todos los niveles. El «me gusta» se opone al obicere. Hoy todo reclama el «me gusta». La ausencia total de lo contrario no es un estado ideal, pues sin lo contrario uno sufre una dura caída golpeándose consigo mismo. Dicha ausencia conduce a una autoerosión". En el universo digital del neoliberalismo, que Han llama panóptico digital, no existe la perspectiva, pues la vigilancia se da desde todas las perspectivas, y se elimina el misterio y presencia de las otras subjetividades. La hipercomunicación no pone en contacto a personas, cuya presencia real supone negatividad constitutiva de la propia, sino a fantasmas iguales cuya interioridad ha perdido profundidad y misterio, y se ven iluminados desde todas partes, incluso desde dentro. El yo que requiere el neoliberalismo no está más cerca del otro, al contrario. La voz del otro se encuentra con la esfera impermeable del ego, que está cada vez más ensimismado. "La sobrecarga narcisista que caracteriza el centrarse en sí mismo nos vuelve sordos y ciegos para el otro. En el ruido digital de lo igual hemos dejado de percibir la voz del otro. Es decir, nos hemos vuelto resistentes a la voz y a la mirada".

 

Hasta el arte se ve afectado en una cultura del "me gusta", volviéndose complaciente. El arte, dice este autor, tiene su hogar en lo inhóspito, y debe abrir la percepción a lo otro, al prójimo, a lo distinto e inquietante. Pero el arte actual, inscrito en una línea uniforme de producción, se transforma en entretenimiento superficial. El misterio propio del arte, su focalización en el otro, se pierden, ya que el sistema neoliberal centra la atención en el ego y en lo igual, y pone el énfasis en la autoproducción. El ser sí mismo significa una carga ontológica y el neoliberalismo incrementa esta carga hasta lo desmesurado, con el objetivo de maximizar la productividad. De donde los fenómenos del burn out y la depresión también, pues el individuo, que se cree libre, está sobrecargado por la exigencia de producción y la hipercomunicación y el hiperconsumo.

 

Byung-Chul Han no propone alternativas claras, en sentido político, al infierno de lo igual, pero recalca las virtudes del acto de escuchar. En un mundo centrado en el ego productivo y olvidado del otro, la escucha se plantea como un acto que quiebra el encierro subjetivo del individuo: "Escuchar no es un acto pasivo. Se caracteriza por una actividad peculiar. Primero tengo que dar la bienvenida al otro, es decir, tengo que afirmar al otro en su alteridad. Luego atiendo a lo que dice. Escuchar es un prestar, un dar, un don". Para poder experimentar la vida con plenitud no se puede evitar la conmoción, la vulnerabilidad existencial. Y escuchar, esto es, abrirse al otro, nos expone a la conmoción, nos hace vulnerables. Este filósofo parece querer decirnos que al sistema neoliberal solo se le puede hacer frente con la apertura y la escucha del ser en su totalidad, sin cortapisas o escamoteos. Abriéndose al misterio, al peligro, a la voz del prójimo que nos hace ser lo que somos.

 

*Frans van den Broek es escritor.

 

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La expulsión de lo distinto, de Byung-Chul Han

  

Dentro de una temática muy definida, caracterizada por la crítica al capitalismo en su fase más actual y el estudio de las dinámicas del poder, el pensamiento de Byung-Chul Han ha tomado cuerpo a lo largo de sus sucesivos ensayos, construyendo un conjunto de tesis en las que confluyen sus numerosos análisis sobre cultura, comunicación, arte y filosofía, donde encuentran cabida Heidegger, Hegel, Nietzsche y una aún discreta pero apreciable influencia del psicoanálisis. No se puede hablar en el caso de Han de una única propuesta a la problemática contemporánea, dada la amplitud del escrutinio al que somete a la sociedad, lo cual no significa que el coreano-alemán se conforme con un planteamiento meramente teórico: hay a lo largo de su obra una clara orientación pragmática, un discurso ético que en La expulsión de lo distinto se centra en la alteridad, la necesidad de lo negativo y la denuncia al exceso de positividad.

 

Han dedica las primeras páginas a recapitular su tesis sobre la saturación positiva, que en ensayos anteriores describió mediante una analogía inmunológica: si bien el cuerpo posee recursos para combatir la amenaza de lo diferente, no dispone de mecanismos con los que contrarrestar «la proliferación de lo igual». El cuerpo humano libera anticuerpos en caso de enfermedad vírica, pero carece de respuesta ante la obesidad. El capitalismo, como sistema por y para la producción, «expulsa todo lo distinto», anula toda negatividad en cuanto esta constituye un obstáculo. Libre de la delimitación que impone lo negativo —una delimitación necesaria, en cuanto «da forma y medida»— la producción deviene destrucción, la información deforma y la comunicación, en lugar de proporcionar conocimiento, resulta en un proceso meramente acumulativo.

 

En este apartado cabe señalar dos observaciones particularmente acertadas: cómo en el capitalismo el cuerpo pasa a ser «un objeto funcional que hay que optimizar» y cómo «el juego mismo se transforma en un modo de producción: el trabajo pasa a ser un game», en cuanto el régimen neoliberal genera —«aspira a generar», sería un interesante matiz— una situación post-marxista en la cual el trabajador no se enajena en su trabajo, sino que se auto-realiza, se define, se optimiza a través de él.

 

Detengámonos en estos dos aspectos un momento. En primer lugar, frente a la caduca visión platónico-ilustrada del cuerpo como mera materia guiada por el espíritu, toda una genealogía materialista —desde Spinoza hasta Marx, pasando por Tomás de Aquino y Nietzsche, a quien Eagleton atribuye un punto de vista descrito como «materialismo somático»— ha concedido entidad al cuerpo, en cuanto elemento indispensable de nuestra relación con el mundo y agente autónomo, espontáneo, «sujeto histórico» en palabras de Barthes. El capitalismo niega la autonomía materialista del cuerpo, imponiendo sobre este una visión cosificadora, mecanicista: como anticipaba Marx, hasta el trabajador se convierte en objeto, en mercancía. El cuerpo ya no es «eso que ya somos», sino un montón de materia que modificar y corregir con medicamentos y drogas —si estás cansado porque tu trabajo te agota, tómate esto; si el agotamiento emocional te hunde, toma esto otro—. Algo que someter, incluso, si hiciese falta. «Que nada te pare», ese eslogan publicitario tan frecuente en anuncios de bebidas energéticas, cremas antiojeras y suplementos vitamínicos parece querer decir «Que nada [ni siquiera tú mismo, en cuanto cuerpo] pare [tu capacidad productiva]». El cada vez más frecuente uso de la palabra «rendimiento» para referirse a lo somático también apunta en esta dirección.

 

Llevar al trabajo las dinámicas del juego es una forma de eliminar la separación de espacios, la negatividad: la frontera entre ocio y labor se diluye, buscando siempre la expansión de lo segundo a todos los ámbitos de la vida. El trabajo por objetivos —en el cual estos nunca dejan de llegar—, las bonificaciones salariales, los incentivos o, más allá del mundo laboral, la inclusión de programas de «ludificación» en el ámbito educativo buscan convertir la producción en un juego. El juego, defiende Gadamer, crea su propia temporalidad, absorbe al jugador, lo rebasa: «jugar es ser jugado», ¿por quién, en la situación descrita por Han? Por el capitalismo. Sin embargo, el trabajo como juego no se trata de un juego real, en cuanto sirve a un propósito que lo trasciende, no es un fin en sí mismo, carece de espontaneidad y está gobernado por un objetivo. No hay en él sino motivación acumulativa, primaria, condicionada, mecánica, orientada a la producción. El trabajador cuyo trabajo se «ludifica» está jugando tanto como el burro atado a la rueda de molino «juega» a perseguir la zanahoria que pende ante él, siempre fuera de su alcance.

 

Pero volvamos a Han. Los acontecimientos más recientes no pasan desapercibidos al filósofo, que dedica el segundo capítulo al auge de los nacionalismos y la crisis de refugiados, dos fenómenos caracterizados por un irracional miedo a lo ajeno. En Europa, la vergonzosa gestión de la crisis de refugiados por parte de las autoridades, más preocupadas por las impopulares consecuencias de acoger en sus países a quienes huyen de la guerra, dejaron escenas de alambre de espino con jirones de ropa enganchados en sus púas, refugiados muriendo de frío en campamentos abandonados y cadáveres boca abajo en la arena de playa. En Estados Unidos, los nacionalistas blancos actúan con violencia hacia el Otro mientras se materializa la soflama trumpiana y se recoge la macabra cosecha de normalizar el discurso de odio: ataques a cementerios judíos y asesinatos de ciudadanos de otras razas, con el alarido xenófobo «sal de mi país/vuelve a tu país» como aspecto en común. La saturación positiva y el rechazo a la alteridad que describe Han no se limita, por ejemplo, a la corrupción de la comunicación en redes sociales: cuesta vidas y allana el terreno al autoritarismo.

 

Centrando el análisis en el individuo, Han observa que el capitalismo carga a este no solo con una expectativa de rendimiento, sino con la necesidad de ser «auténtico». Esta dinámica, descrita en clave psicoanalítica, merece ser transcrita aquí:

 

El imperativo de la autenticidad engendra una coerción narcisista. […] El sujeto narcisista solo percibe el mundo en las matizaciones de sí mismo. La consecuencia fatal de ello es el que el otro desaparece. […] Hoy, las energías libidinales se invierten sobre todo en el yo. La acumulación narcisista de libido hacia el yo conduce a una eliminación de la libido dirigida al objeto, es decir, de la libido que contiene el objeto.

 

Acaba eliminándose lo otro, ya sea por excesiva atención a uno mismo o por frontal negación de lo distinto: así ocurre con la muerte, de lo que hablamos en una entrada anterior y el autor analiza a partir de la perspectiva de Martin Heidegger de la muerte como elemento dador de sentido. Aislado en sí mismo, el sujeto se convierte en blanco de las patologías engendradas por esta vaciedad: depresión, autolesiones, suicidio. «Cuando se niega la muerte en aras de la vida, la vida misma se trueca en algo destructivo. Se vuelve autodestructiva».

 

La eliminación de la distancia comunicativa, la desmitificación de lo misterioso y la manifestación de lo distinto como mirada son aspectos que Han aborda desde la tesis del panóptico digital, un concepto acuñado por él y presente a lo largo de su obra, resultado de la transparente comunicación de Internet y las redes sociales, mediante el cual plantea la superación del autoritario panóptico benthamiano. Este panóptico digital no restringe la libertad: la promueve y la explota. Es este un rasgo característico del poder, descrito en su anterior ensayo: el auténtico poder no se basa mayoritariamente en restringir la libertad con una respuesta violenta, sino que de tan hegemónico promueve dicha libertad —o «la libertad dentro de sus márgenes», si queremos ser precisos—, la cual lo refuerza y beneficia.

 

Un poder hegemónico, por lo tanto, no tiene miedo de esa libertad porque de ella no surge ningún contrapoder: la indignación colectiva en las redes sociales, los linchamientos digitales, «no configura ninguna esfera pública». En lo individual, el panóptico digital no nos hace sentir observados ni vigilados: nos sentimos libres, «y por ello nos desnudamos voluntariamente». ¿Una afirmación exagerada? Basta echar un vistazo a cualquier muro de Facebook, lleno de actualizaciones con fechas, horas, ubicaciones y estados de ánimo, para comprobar su veracidad. ¿Quién se beneficia de toda esta información? O dicho en las palabras del cantante punk Evaristo Páramos, «¿dónde está la araña en las redes sociales?». Responde Han: en las compañías que acumulan, manejan y venden el Big Data.

 

Frente a esta saturación positiva, a esta negación de la alteridad, a estos egos hipertrofiados, narcisistas, a este panóptico digital que transforma la comunicación real en pura conexión, La expulsión de lo distinto ofrece una alternativa: la escucha. Han, con Nietzsche, propone un cambio no en las condiciones externas sino en aspectos tan inmediatos, cotidianos y privados como la comunicación que establecem

UNIVERSIDAD INSURGENTES

June 23, 2012

 

VI Coloquio de la Amesve

23 de junio de 2012

Universidad Insurgentes, Plantel Tlalpan

México

 

Repetición y creatividad en la plástica de Roy Lichtenstein

 

Lydia Elizalde

Facultad de Artes / UAEM

Teorías y crítica del arte

semiotikavisual@gmail.com

 

Es digno hacer un reconocimiento, en este VI coloquio de la Amesve, al profesor Omar Calabrese, quien falleció el pasado 31 de marzo en Siena, Italia.

En esta presentación trataré la metodología de análisis desarrollada por el destacado semiólogo sobre la formación de una nueva mentalidad de gusto en la producción y en la recepción de los objetos artísticos contemporáneos, a partir de una serie de categorías que permiten deconstruir sus variables expresivas.

Calabrese expone en La era neobarroca (Cátedra, 1994 [1987]) las variables que inciden en los fenómenos culturales, en sus consecuencias estéticas y define varios conceptos que determinan la expresión de la forma y del contenido.

En la estética posmoderna, que Calabrese denomina neobarroca, hace una interpretación sobre las variaciones de estilo y remite al virtuosismo del Barroco que consiste en, cito: "la fuga total de una centralidad organizadora, para dirigirse, a través de una espesa red de reglas, hacia la gran combinación policéntrica y hacia el sistema de sus mutaciones" (Calabrese 1994:57).

En este sistema estético, presenta el concepto de la repetición, y homologo la metodología que propone el semiotista en la evidencia de que algunos artistas contemporáneos construyen sus obras a partir de la repetición, de la apropiación de elementos visuales propuestos por otros creadores. Reviso los criterios de pertinencia por los cuales se legitima este comportamiento y destaco como se suscita la creatividad del artista a partir de la repetición.

 

A continuación presento el siguiente ejercicio sobre el tema. Para profundizar sobre la apropiación que hace Roy Lichtenstein de las imágenes provenientes del cómic en la creación de su obra plástica, retomo la reflexión de Calabrese sobre la estética de la repetición. El semiólogo expone que las transformaciones tecnológicas y de comunicación de los medios han incidido en la producción y en la recepción estética de los objetos artísticos contemporáneos (Calabrese 1994:14).

Señala que estéticamente lo importante en la obra de arte no es la originalidad de la obra sino su fruición, coincide con la naturaleza de la información basada [en el intertexto] y en el hipertexto que busca sobre todo poner al lector a jugar y a participar, y que tiene su antecedente en la noción de la doble productividad, según la cual, el autor se empeña en diseñar artefactos y “modelos para armar” y no en mostrar una visión original y novedosa de las cosas -la cual, de otro lado, debe ser formada por el lector y no realizada de antemano por el autor- (Calabrese 177).

 

Calabrese detalla, cito:

“En los productos de ficción de las actuales comunicaciones de masa […] los replicantes –films de serie, telefilms, remakes, novelas de consumo, cómics, canciones, otros–, nacen como producto de una mecánica de repetición y optimización del trabajo, pero su perfeccionamiento produce más o menos, involuntariamente una estética. Exactamente una estética de la repetición” (Calabrese 44).

Umberto Eco apunta en el prólogo de La era neobarroca que, cito: “los objetos artísticos y los producidos en los mass media que estudia el semiólogo se relacionan con los procesos, los flujos y las derivaciones interpretativas (translator: interpretative drifts), que conciernen al conjunto de los mensajes que circulan en el territorio de la comunicación” y la problemática que trata su destacado discípulo concierne a algunas profundas mutaciones culturales que se desarrollaron a partir de las tres últimas décadas del siglo XX (Calabrese 14).

 

Estética de la repetición

La repetición articula varias modalidades que inciden en la expresión de la forma y del contenido (Calabrese 51) y retomo la variable de la estandarización en la repetición en la producción en serie, diferente del original pero semejante al mismo que compete al estudio que se presenta:

En la estandarización, la repetición se presenta como modo de producción de una serie a partir de un prototipo, con una matriz única, con la posibilidad de una reproducción de diferentes versiones o su continuidad en diferentes medios (Calabrese 46).

El semiólogo también enumera algunas las fórmulas de la repetición: el modo icónico, el modo temático y el modo narrativo que incluye las variaciones de la estructura en el guion tipo o en los motivos formales recurrentes (Calabrese 46).

Un ejemplo de estas variables –de la estandarización y la repetición de la estructura de un producto artístico- son las obras de Roy Lichtenstein sobre las cuales el artista conforma su idiolecto visual.

El estudio que ha desarrollado David Barsalou desde 1979, en el proyecto Deconstructing Roy Lichtenstein, le permitió identificar que la obra plástica del artista Pop se originó a partir de trabajos de jóvenes que publicaron sus dibujos en cómics durante la década de los años sesenta. Barsalou tenía la impresión de que Lichtenstein había utilizado cómics existentes como referencia para su trabajo, pero no tenía idea hasta qué medida se había replicado la fuente original.

Por otro lado, podría resultar desacertado señalar a Lichtenstein por apropiarse de los leguajes visuales y discursos narrativos de estas obras ya que esta práctica era parte de la propuesta del Pop Art, movimiento artístico que consistía en retomar los objetos de consumo visual de la sociedad de masas y darles otro sentido, en el caso Lichtenstein representa escenas de cómics y fragmentos de publicidad como obras plásticas autónomas, que el artista reprodujo con creatividad en series numeradas.

El director ejecutivo de la Fundación Lichtenstein, Jack Cowart reitera que Lichtenstein no era un copista: “El trabajo de Roy ha ampliado la formula gráfica y la codificación del sentimiento que fue trabajo por otros dibujantes. La tesis de Barsalou no es precisa, ya que Roy ha cambiado la escala, el color, el tratamiento gráfico y sus implicaciones. No es exactamente una copia” (Barsalou 2007).

 

Fig. 1. David Barsalou, Deconstructing Roy Lichtenstein, 2000, (Barsalou 2007).

 

En ocasiones estas apropiaciones hacen referencia directa al origen icónico de las soluciones copiadas o se presentan como homenajes a propuestas artísticas originales.

Actualmente hay algunos medios que permiten la libre distribución de copias y versiones modificadas de trabajos previos de otros artistas en diferentes medios, y que se conoce como copyleft.

 

El signo icónico

Las variables del idiolecto de Roy Lichtenstein (Nueva York 1923-1997), provenientes del cómic de la publicidad, las convierte en unidades distintivas con significados propios que representan su creación plástica.

El crítico Ignacio Martínez Buenaga detalla sobre la hechura plástica del artista, cito:

“El proceso de creación de Lichtenstein seguía los siguientes pasos: con un proyector de opacos [retroproyector] agrandaba la imagen original que iba a servirle de soporte; sobre la imagen proyectada, Lichtenstein la remodelaba, la retocaba y le daba su sello personal, reforzando habitualmente su fuerza expresiva y su impacto visual. Completaba la imagen acentuando los trazos, utilizando las tintas de la imprenta (la cuatricromía de amarillo, rojo, azul y negro sobre blanco del papel o lienzo) aplicando el color, siempre plano y finalmente imitaba la trama de puntos que asemejaba la obra a una viñeta de cómic, con la colaboración de un ayudante como lo hacían los clásicos. Un proceso cuyo resultado él ha explicado así: ‘Los signos y las tiras de cómic son interesantes como tema. Hay algunas cosas en el arte comercial que son útiles, pues están llenas de fuerza y vitalidad’ ” (Martínez Buenaga 2011).

De manera que su trabajo no consiste en una simple copia porque de la imagen original, del cómic o de la publicidad en periódicos y revistas, a la obra plástica que recrea, hay diferencias surgidas del dibujo preciso y nítido, de la elección del detalle y del colorido intenso, plano y reducido de la cuatricromía.

Los temas son banales y su tratamiento es sobrio y sencillo, variables que hacen de su idiolecto una indudable marca visual.

 

Fig. 2. Roy Lichtenstein. Yellow Brushstroke, 1965, serigrafía en papel, 58.5 x 98.8 cm.

Esto se afirma en la explicación que hace Eco de la función estética, pertinente en este artificio: los signos icónicos retomados de diferentes medios establecen relaciones semánticas entre el signo icónico y el significado perceptivo codificado (Eco 1968, 139), de manera que la solución plástica propuesta se resignifica en diversos medios expresivos.

Tal es el caso de las fotografías de la obra de Lichtenstein en su estudio. Laurie Lambrecht trabajó como fotógrafo, en tiempo parcial de 1990 a 1992, realizando un inventario de su obra para la retrospectiva que presentó en 1993 en el Museo Solomon R. Guggenheim en Manhattan (Fargher 1991); las fotografías son documentos visuales que reflejan la cuidada hechura de la obra artista norteamericano.

 

Fig. 3. Roy Lichtenstein en Yellow interior, 1991. Fotografía de Laurie Lambrecht

 

Conclusiones

De esta manera se pone en evidencia que en la estética de la repetición la originalidad no es más que la capacidad de variar, descentrar o deformar, fórmulas preestablecidas.

La minúscula variante es la que producirá el placer del discurso visual y es por eso que la capacidad para ejecutar variantes termina siendo sobrevalorada. Las competencias requeridas en la pragmática del emisor -cuyo trabajo consiste en la construcción de modelos para armar- en propuestas de estructuras flexibles para crear narrativas prefabricadas y promover el goce y el juego (Calabrese 169).

Así, las habilidades del autor contemporáneo residen en el rebuscamiento de efectos variados a partir de un modelo, lo que termina en muchos ocasiones empobreciendo algunos productos artísticos contemporáneos, en contraposición con las creaciones genuinas ligadas a la estética de la singularidad, en donde predomina la creación de obras únicas; sin embargo, de la repetición también pueden surgir propuestas artísticas genuinas.

 

Bibliografía

 

Omar Calabrese. La era neobarroca (1987), Cátedra, Madrid, 1999.

 

Eco, Umberto. (1968) La estructura ausente. Lumen, Barcelona, 1999.

 

De Internet

 

Barsalou, David. Deconstructing Roy Lichtenstein. En www.lifelounge.com.au/art-and-design/news/deconstructing-..., octubre 23, 2007. Consultado en septiembre 2011.

 

Fargher, Zoë y Jim Casper. Inside Roy Lichtenstein's Studio. Fotografías Laurie Lambrecht. www.laurielambrecht.com/#/Portfolios/Roy%20Lichtenstein/3/

y en www.lensculture.com/lambrecht. Consultados abril de 2012.

 

Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) Colectivo para la renovación de los estudios de arte.Reseña sobre Roy Lichtenstein en elMuseo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

www.artecreha.com/Miradas_CREHA/r-lichtenstein-qmujer-en-... Mayo 2011. Consultado en mayo de 2012.

 

www.librosyeditores.com/tiendalemoine/54-administracion-d...

 

En este libro se analizan los cuatro factores que inciden directamente en la eficiencia y rendimiento de las personas, pues al fin de cuentas son ellas las que más contribuyen a la productividad de las organizaciones. La esencia de la obra se fundamenta en la presentación y desarrollo de los factores de productividad propuestos por el autor, es decir, las consideraciones básicas que toda empresa debe tener en cuenta para un adecuado y óptimo funcionamiento y que guardan relación con: 1) el diseño funcional de los puestos de trabajo (qué hace en dónde), 2) los procesos y las actividades implícitas en ellos (cómo se tiene que hacer), 3) el desempeño que la empresa espera de las personas (para qué), es decir, la estandarización de los objetivos y 4) el cálculo de compensaciones equitativas que se ajusten a los tres primeros factores.

 

En el proceso de una compensación salarial justa, se presenta una nueva metodología que les permite a las empresas tener, con un alto grado de precisión, cuatro alternativas de curvas y estructuras salariales, de acuerdo con lo que más les convenga al empleado y al empleador. En esta edición, como novedad, se incluyen dos desarrollos matemáticos: uno de ellos permite hacer correcciones a las distorsiones y deformaciones que ocasionalmente se encuentran en el diseño de las curvas parabólicas y el otro permite que las organizaciones puedan calcular con precisión matemática los incrementos salariales anuales para llegar en un tiempo determinado a una curva ajustada. Con toda certeza se puede afirmar que el método tradicional de puntos para la evaluación y valoración de cargos, diseñado por Merril Lott en 1925, fue modificado y enriquecido sustancialmente por el autor mediante la investigación y el ejercicio académico desarrollado en más de quinientas empresas en el país.

 

Los estudiantes y profesionales relacionados con las áreas administrativas, financieras y especialmente de la gestión del talento humano, hallarán en este texto una valiosa fuente para afrontar el gran reto de la megatendencia del tercer milenio: la productividad.

 

Con el objetivo de fortalecer y actualizar conocimientos y en virtud de la vigencia de la nueva normativa en materia penal en el país , el Colegio de Abogados de Pichincha, organizó el Seminario teórico - práctico sobre el Código Orgánico Integral Penal (COIP), que se desarrolló desde el 8 de septiembre hasta el 3 de octubre del 2014.

A este importante evento académico, asistió el Fiscal General del Estado, Dr. Galo Chiriboga Zambrano, invitado por el Colegio de Abogados de Pichincha para dictar la conferencia: “Misión de la Fiscalía con el nuevo Código Orgánico Integral Penal”, ponencia que se desarrolló con gran expectativa, el pasado 24 de septiembre de 2014, en el Paraninfo "Che Guevara" de la Universidad Central del Ecuador. Los avances en la legislación penal con la aplicación del COIP, el rol y competencias de la Fiscalía, la prueba y la reparación integral, el sistema de protección y asistencia de víctimas, testigos, sujetos procesales, el sistema especializado integral de investigación, de medicina legal y ciencias forenses, fueron parte de los temas de la conferencia magistral del Fiscal General, ante un auditorio de 500 profesionales del Derecho.

Además, el Dr. Galo Chiriboga, informó que la Fiscalía se encuentra ejecutando la estandarización y optimización de procesos de investigación científica del delito, en conjunto con la Policía Nacional. “Ecuador ya cuenta con nuevas unidades especializadas en criminalística, denominados Centros de Investigación de Ciencias Forenses, que cuentan con equipamiento, infraestructura y herramientas con tecnología de punta, los más modernos de América Latina”.

 

Reconocimiento:

 

Al finalizar su ponencia, el Fiscal General del Estado, Dr. Galo Chiriboga Zambrano, recibió un justo reconocimiento, de parte del Directorio del Colegio de Abogados de Pichincha, por su intachable trayectoria profesional, su gran aporte académico para los profesionales del Derecho y por la reciente condecoración de la Logos International University, que le otorgó el Doctorado Honoris Causa en Derecho Internacional Humanitario.

Con el objetivo de fortalecer y actualizar conocimientos y en virtud de la vigencia de la nueva normativa en materia penal en el país , el Colegio de Abogados de Pichincha, organizó el Seminario teórico - práctico sobre el Código Orgánico Integral Penal (COIP), que se desarrolló desde el 8 de septiembre hasta el 3 de octubre del 2014.

A este importante evento académico, asistió el Fiscal General del Estado, Dr. Galo Chiriboga Zambrano, invitado por el Colegio de Abogados de Pichincha para dictar la conferencia: “Misión de la Fiscalía con el nuevo Código Orgánico Integral Penal”, ponencia que se desarrolló con gran expectativa, el pasado 24 de septiembre de 2014, en el Paraninfo "Che Guevara" de la Universidad Central del Ecuador. Los avances en la legislación penal con la aplicación del COIP, el rol y competencias de la Fiscalía, la prueba y la reparación integral, el sistema de protección y asistencia de víctimas, testigos, sujetos procesales, el sistema especializado integral de investigación, de medicina legal y ciencias forenses, fueron parte de los temas de la conferencia magistral del Fiscal General, ante un auditorio de 500 profesionales del Derecho.

Además, el Dr. Galo Chiriboga, informó que la Fiscalía se encuentra ejecutando la estandarización y optimización de procesos de investigación científica del delito, en conjunto con la Policía Nacional. “Ecuador ya cuenta con nuevas unidades especializadas en criminalística, denominados Centros de Investigación de Ciencias Forenses, que cuentan con equipamiento, infraestructura y herramientas con tecnología de punta, los más modernos de América Latina”.

 

Reconocimiento:

 

Al finalizar su ponencia, el Fiscal General del Estado, Dr. Galo Chiriboga Zambrano, recibió un justo reconocimiento, de parte del Directorio del Colegio de Abogados de Pichincha, por su intachable trayectoria profesional, su gran aporte académico para los profesionales del Derecho y por la reciente condecoración de la Logos International University, que le otorgó el Doctorado Honoris Causa en Derecho Internacional Humanitario.

 

Si los siete sabios de Roma aconsejaron a su Príncipe que estuviera callado durante siete días, lo hicieron porque el silencio es el mejor de los consejos, el dueño de la libertad. Si los dioses griegos eligieron el Monte Olimpo para desde allí mandar sobre el cielo, mar y tierra, lo hicieron porque en Tesalia nació la raza helénica y sus llanuras fueron de una gran fertilidad. Nada mejor que las historias y leyendas, tan llenas de sabiduría, para el mejor de los placeres, como es el de pasear por un pequeño paraíso en el centro de la ciudad, lleno de mitologías, de semblanzas, de fuentes y de rincones con la distinción del buen gusto.

 

Más de treinta esculturas emergen bajos los frondosos árboles, frutos de recuerdos románicos u homéricos que dan vida al jardín neoclásico construido en la propiedad de Juan Bautista Romero, Marqués de San Juan, a mediados del siglo XIX. El romanticismo de sus pérgolas se cobija en las buganvillas, y por sus calles, marcadas por una vegetación relajante, como auténticos senderos de paz, discurre el encuentro con personajes de mármol al frescor de los pequeños surtidores en torno al estanque: el que da forma a una flor de nenúfar bajo la sombra mágica de los magnolios.

 

Es el lugar ideal donde los recién casados dejan para la posteridad el mejor de los recuerdos, ambientado en los setos con recortes del mejor gusto francés y el exuberante romanticismo de sus árboles. Allí, donde la cola de la novia luce como una reina, ante el porte meloso del galán en el día que gozan de su enlace matrimonial.

 

El palacete, lugar de descanso del Marqués de San Juan, a su muerte, pasó a su esposa, quien transmitió la propiedad a su sobrina, casada con Joaquín Monforte Parrés, que da nombre al jardín. En la actualidad es propiedad municipal desde el año 1970, y de su gestión, se encarga la Fundación Pública Municipal de Parques y Jardines Singulares.

 

El Jardín de Monforte, cerrado y abierto al público en horas de visita, es uno de los más encantadores rincones de mi ciudad. El lugar ideal para perderse en el tiempo ante la presencia callada de tribunos y personajes mitológicos que ofrecieron a la humanidad lo mejor de si mismos. Y fue tan docta su enseñanza que nada mejor que un vergel para rubricarla.

 

Julio Cob

  

rinconesdemiciudad.blogspot.com.es/2007/04/el-jardn-de-mo...

  

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"...el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea".

  

El acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que existe entre dos seres humanos, excepto en forma momentánea.

 

Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, el patrón del grupo, estoy salvado: salvado de mi temible experiencia de la soledad.

 

La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos- y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría-.

 

“Quien salva una sola vida, es como si hubiera salvado a todo el mundo, quien destruye una sola vida, es como si hubiera destruido a todo el mundo”.

 

Todos obedecen las mismas órdenes, y no obstante, todos están convencidos de que siguen sus propios deseos. Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización del hombre, y esa estandarización es llamada “igualdad”.

 

El hombre se convierte en “ocho horas de trabajo” […] Tiene muy poca iniciativa, sus tareas están prescritas por la organización del trabajo […] Aún los sentimientos están prescritos.

 

Desde el nacimiento hasta la muerte, de lunes a lunes, de la mañana a la noche: todas las actividades están rutinizadas y prefabricadas. ¿Cómo puede un hombre preso en esa red de actividades rutinarias recordar que es un hombre, un individuo único, al que solo le ha sido otorgada una única oportunidad de vivir, con esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con el anhelo de amar y el miedo a la nada y a la separatidad?

 

El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque” […] dar, no recibir. ¿Qué es dar? El malentendido más común consiste en suponer que dar significa “renunciar” a algo, privarse de algo, sacrificarse.

 

¿Qué le da una persona a otra? […] da lo que está vivo en él […] No da con el fin de recibir, dar es de por si una dicha exquisita […] Dar implica hacer de la otra persona un dador, y ambas comparten la alegría de lo que han creado. […] el amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor.

 

Nos conocemos y, a pesar de todos los esfuerzos que podamos realizar, no nos conocemos. Conocemos a nuestros semejantes y, sin embargo, no los conocemos, porque no somos una cosa, y tampoco lo son nuestros semejantes. Cuanto más avanzamos hacia las profundidades de nuestro ser, o el ser de los otros, más nos elude la meta del conocimiento. Sin embargo, no podemos dejar de sentir el deseo de penetrar en el secreto del alma humana, en el núcleo más profundo que es “él”.

 

El amor es la penetración activa en la otra persona […] En el acto de fusión, te conozco, me conozco a mi mismo, conozco a todos – y no “conozco” nada-.

 

El amor infantil sigue el principio: “Amo porque me aman”. El amor maduro obedece al principio: “Me aman porque amo”. El amor inmaduro dice: “Te amo porque te necesito”. El amor maduro dice: “Te necesito porque te amo”.

 

El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo […] Si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo la vida.

 

Como lo expresó bellamente Simone Weil: “las mismas palabras [por ejemplo, un hombre dice a su mujer, “te amo”] pueden ser triviales o extraordinarias según la forma en que se digan. Y esa forma depende de la profundidad de la región en el ser de un hombre de donde procedan, sin que la voluntad pueda hacer nada. Y, por un maravilloso acuerdo, alcanzan la misma región en quien las escucha. De tal modo, el que escucha puede discernir, si tiene alguna capacidad de discernimiento, cuál es el valor de las palabras.

 

En el amor erótico dos seres que estaban separados se convierten en uno solo. En el amor materno, dos seres que estaban unidos se separan.

 

Se llega a conocer a la persona “amada” tan bien como a uno mismo. O, quizá, sería mejor decir tan poco.

 

Pero para la mayoría de la gente, su propia persona, tanto como las otras cosas, resulta rápidamente explorada y agotada. Para ellos, la intimidad se establece principalmente a través del contacto sexual […] Pero la intimidad de este tipo tiende a disminuir cada vez más a medida que transcurre el tiempo. El resultado es que se trata de encontrar amor en la relación con otra persona, con un nuevo desconocido. Este se transforma nuevamente en una persona “íntima”, la experiencia de enamorarse vuelve a ser estimulante e intensa, para tornarse otra vez menos y menos intensa, y concluye en el deseo de una nueva conquista, un nuevo amor- siempre con la ilusión de que el nuevo amor será distinto de los anteriores-.

 

La atracción sexual crea, por un momento, la ilusión de la unión, pero, sin amor, tal “unión” deja a los desconocidos tan desesperados como antes.

 

Un nombre siempre denota una cosa, o una persona, algo finito.

 

“Conocer y, no obstante [pensar] que no conocemos es el más alto [logro]; no conocer [y sin embargo pensar] que conocemos es una enfermedad”.

 

El problema humano del capitalismo moderno puede formularse de la siguiente manera: El capitalismo moderno necesita hombres que cooperen mansamente y en gran número; que quieran consumir cada vez más; y cuyos gustos estén estandarizados y puedan modificarse y anticiparse fácilmente. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, principio o conciencia moral – dispuestos, empero, a que los manejen, a hacer lo que se espera de ellos, a encajar sin dificultades en la maquinaria social-; a los que se pueda guiar sin recurrir a la fuera, conducir, sin líderes, impulsar sin finalidad alguna -excepto la de cumplir, apresurarse, funcionar, seguir adelante-. ¿Cuál es el resultado? El hombre moderno está enajenado de sí mismo, de sus semejantes y de la naturaleza. Se ha transformado en un artículo, experimenta las fuerzas vitales como una inversión que debe producirle el máximo de beneficios posible en las condiciones imperantes en el mercado. Las relaciones humanas son esencialmente las de autómatas enajenados en las que cada uno basa su seguridad en mantenerse cerca del rebaño y en no diferir en el pensamiento, el sentimiento o la acción. Al mismo tiempo que todos tratan de estar tan cerca de los demás como sea posible, todos permanecen tremendamente solos, invadidos por el profundo sentimiento de inseguridad, de angustia y de culpa que surge siempre que es imposible superar la separatidad humana. Nuestra sociedad ofrece muchos paliativos que ayudan a la gente a ignorar conscientemente esa soledad: en primer término, la estricta rutina del trabajo burocratizado y mecánico, que ayuda a la gente a no tomar conciencia de sus deseos humanos más fundamentales, del anhelo de trascendencia y unidad. En la medida en que la rutina sola no basta para lograr ese fin, el hombre se sobrepone a su desesperación inconsciente por medio de la rutina de la diversión, la consumición pasiva de sonidos y visiones que ofrece la industria del entretenimiento; y, además, por medio de la satisfacción de comprar siempre cosas nuevas y cambiarlas inmediatamente por otras. El hombre moderno está actualmente muy cerca de la imagen que Huxley describe en Un mundo feliz: bien alimentado, bien vestido, sexualmente satisfecho, y no obstante sin yo, sin contacto alguno, salvo el más superficial, con sus semejantes, guiado por los lemas que Huxley formula tan sucintamente, tales como: “Cuando el individuo siente, la comunidad tambalea”; o “Nunca dejes para mañana la diversión que puedes conseguir hoy”, o como la afirmación final: “Todo el mundo es feliz hoy en día” La felicidad del hombre moderno consiste en “divertirse”. Divertirse significa la satisfacción de consumir y asimilar artículos, espectáculos, comida, bebidas, cigarrillos, gente, conferencias, libros, películas; todo se consume, se traga. El mundo es un enorme objeto de nuestro apetito, una gran manzana, una gran botella, un enorme pecho; todos succionamos, los eternamente expectantes, los esperanzados -y los eternamente desilusionados-. Nuestro carácter está equipado para intercambiar y recibir, para traficar y consumir; todo, tanto los objetos materiales, como los espirituales, se convierten en objeto de intercambio y de consumo.

 

El amor como satisfacción sexual recíproca, y el amor como “trabajo en equipo” y como refugio de la soledad, constituyen las dos formas “normales” de la desintegración del amor en la sociedad occidental contemporánea, de la patología del amor socialmente determinado.

 

Cualquier estudio detallado demostraría, empero, que la atmósfera de tensión e infelicidad dentro de la “familia unida” es más nociva para los niños que una ruptura franca, que les enseña, por lo menos, que el hombre es capaz de poner fin a una situación intolerable por medio de una decisión valiente.

 

Otro error muy frecuente: la ilusión de que el amor significa necesariamente la ausencia de conflicto.

 

El amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos.

 

Nuestra cultura lleva a una forma de vida difusa y desconcentrada, que casi no registra paralelos. Se hacen muchas cosas a la vez: se lee, se escucha la radio, se habla, se fuma, se come, se bebe. Somos consumidores con la boca siempre abierta, ansiosos y dispuestos a tragarlo todo: películas, bebidas, conocimiento. Esa falta de concentración se manifiesta claramente en nuestra dificultad para estar a solas con nosotros mismos. Quedarse sentado, sin hablar, fumar, leer o beber, es imposible para la mayoría de la gente. Se ponen nerviosos e inquietos y deben hacer algo con la boca o con las manos.

 

Los valores humanos están determinados por los valores económicos […] El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana -salvo matarlo-.

 

Concentrarse en la relación con otros significa fundamentalmente poder escuchar. La mayoría de la gente oye a los demás, y aun da consejos, sin escuchar realmente.

 

Estar concentrado significa vivir plenamente en el presente, en el aquí y el ahora, y no pensar en la tarea siguiente mientras estoy realizando otra.

 

Educación significa ayudar al niño a realizar sus potencialidades. Lo contrario de la educación es la manipulación, que se basa en la ausencia de fe, en el desarrollo de las potencialidades y en la convicción de que un niño será como corresponde sólo si los adultos le inculcan lo que es deseable y suprimen lo que parece indeseable.

 

La situación paradójica de multitud de individuos hoy en día es que están semidormidos durante el día y semidespiertos cuando duermen o cuando quieren dormir.

 

La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción, el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea.

  

Fragmentos de “El arte de amar” de Erich Fromm

  

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Jardines de Monforte

 

c/Monforte

 

Valencia

 

Los Jardines de Monforte se encuentran en la calle Monforte, muy cerca de La Alameda y de los Jardines del Real.

 

Sorprende este jardín por su tranquilidad y quietud, dado que está en uno de los puntos de circulación mas densos de Valencia. Este jardín es lugar de retiro para mucha gente que desea relajarse por sus jardines, leer un buen libro o estar a la sombra de sus árboles.

 

El artístico trazado de este jardín, de corte neoclásico; la abundancia de estatuas de mármol que lo adornan, en número de treinta y tres; la serie de estanques y surtidores, detalles arquitectónicos y el mismo pabellón de descanso justifican plenamente su condición oficial de "jardín artístico", declarado como tal por decreto de 30 de mayo de 1941.

 

Con motivo de la declaración oficial de jardín artístico, fue encomendada su restauración a Javier Winthuysen, llevada a cabo por el jardinero mayor municipal Ramón Peris, y a cargo del Ayuntamiento de Valencia.

 

Los jardines de Monforte se pueden estructurar en tres partes para su fácil comprensión, el pabellón de descanso o palacete, dos pequeños jardines de tipo privado o intimista que flanquean el edificio, uno a cada lado de sus fachadas interiores y la tercera parte los jardines propiamente dichos que ocupan la mayor extensión del terreno.

 

El origen de los jardines se remonta a un huerto situado extramuros de la ciudad propiedad de don José Vich, barón de Llaurí. El 3 de agosto de 1849 es vendido a don Juan Bautista Romero Almenar marqués de San Juan.

 

Este gran patricio valenciano invirtió sumas considerables en la plantación y ornato de este jardín, que competía en hermosura con el cercano "Hort de les freses" y el de Ripalda, ambos desaparecidos, y que tan grata hacían la llamada "Volta del Rossinyol". El marqués de San Juan sería quien a la postre construiría el pabellón de descanso y lo utilizaría como casa de recreo y esparcimiento.

 

El diseño del jardín fue encargado al arquitecto valenciano Sebastián Monleón Estellés (1815-1878), autor de la Plaza de Toros, y para 1859 las obras ya estaban acabadas.

 

A la muerte en 1872 de su propietario, sin sucesión que le sobreviviese, hereda la propiedad doña Josefa Sancho Conchés, sobrina de su esposa doña Mariana Conchés († 1877). Josefa Sancho Conchés estaba casada con Joaquín Monforte Parrés de quien toma su actual nombre los jardines. En 1971 el Ayuntamiento de Valencia adquiere la propiedad del mismo, aunque ya en 1941 había sido declarado Jardín Artístico Nacional. En la actualidad es gestionado por la Fundación Pública Municipal de Parques y Jardines Singulares.

 

El actual Jardín tiene dos entradas, la secundaria que se realiza por una puerta abierta en el muro que rodea todo el perímetro y que se encuentra en la Pl.de la Legión Española y la entrada que dispone el pabellón de recreo en la calle Monforte, que habitualmente solo se abre para ocasiones o eventos (principalmente bodas civiles). La entrada del público a los jardines se realiza por una entrada lateral abierta en la fachada principal del palacete de recreo sin que sea necesario pasar por el interior del mismo.

 

El pabellón de recreo es un sencillo edificio de finales del siglo XIX de estilo academicista francés de planta rectangular, dos pisos y terraza, con una pequeña linterna octogonal en el centro de la misma. La fachada principal que recae a uno de los pequeños jardines tiene una gran balconada. Como hemos dicho el palacete es obra de Sebastian Monleón.

 

En consonancia con el carácter señorial del jardín se conserva este pabellón de recreo, especie de palacete construido a iniciativa del propio Marqués de San Juan, y cuya puerta era paso obligado, y único, al jardín. A la izquierda del zaguán una escalinata cuyas paredes se decoran con nueve figuras femeninas pintadas al temple y otros tantos medallones con amorcillos, conduce al piso principal, con varias estancias en torno a una central, porticada en estilo neopalladiano, cubierta con bóveda octogonal sobre pechinas, en cuyos segmentos aparecen pintadas diversas alegorías. Desde los balcones de este piso o desde la terraza abalaustrada se contemplan interesantes panorámicas de tan suntuoso jardín.

 

El pabellón de recreo se utiliza actualmente para la celebración de las bodas civiles con la intención de dar mayor boato a este tipo de celebraciones. Así mismo sus jardines son aprovechados por los novios para el ritual de las fotos, dada la gran belleza de los jardines.

 

De los dos pequeños jardines intimistas que tiene alrededor el pabellón destacamos el primero, que enfrenta a la fachada principal y que se caracteriza por un espacio cerrado por un pequeño muro de escasa altura en cuyo centro encontramos una alberca rodeada por un pequeña verja de hierro con un surtidor en el centro. Una sencilla portada formada por un arco de medio punto, adornada con dos dragones o grifos y a la que se accede por una pequeña escalera que salva el desnivel del terreno, permite el paso a los jardines. A este lugar se le suele denominar Glorieta de los Arcos.

 

En este espacio destacamos dos conjuntos escultóricos, situados a ambos lados de la escalera, uno de ellos representa a un grupo de niños jugando con un delfín y el otro grupo, otros niños tocando una caracola.

 

En la parte superior del pequeño muro a la altura de la portada encontramos dos conjuntos escultóricos que representan a unos amorcillos jugando con una oveja o cabra y el otro a otros amorcillos jugando con un perro. Dos estatuas de bulto redondo completan el conjunto, una de ellas representa al Dios Baco-Dionisios, dios del Vino, por ello alza con su mano derecha una copa de vino, mientras que con la izquierda sujeta un racimo de uvas. La segunda figura representa al Dios Mercurio-Hermes. Este lleva el sombrero de ala ancha, llamado petaso con unas pequeñas alas que nos informan que se trata del mensajero de los dioses. Además lleva una bolsa en su mano derecha como deidad del comercio.

 

Nada mas traspasar esta portada nos encontramos una pequeña alberca en cuyo centro encontramos a un niño cabalgando sobre un cisne. Nos encontramos ya en los amplios jardines.

 

Es aquí donde la vegetación adquiere exuberancias y efectos de jardín paisajístico en torno a un montículo artificial rodeado de añosos pinos, y en donde las magnolias, el laurel y el exótico ginobiloba reflejan sus frondosidades sobre la tersura cristalina del agua remansada en el gran estanque o lago artificial, de mas de 20 metros de diámetro y cuyo brocal forma ocho agallones con surtidores en éstos y en el centro. Las grutas que encierra este montículo, los senderos y pasadizos rústicos confieren cierto carácter romántico a este bosquete.

 

El segundo de los jardines que llamamos intimistas y situado en otro de los lados de la casa es de forma semicircular y llama la atención por la existencia de una portada formada sencillamente por las dos jambas sin dintel rematadas por jarrones, y en cuyos lados encontramos dos esculturas de dos leones similares a los que dispone el Congreso de los Diputados de Madrid.

 

En el muro de la casa, flanqueando la puerta de acceso al jardín, dos hornacinas abiertas en el muro albergan dos esculturas femeninas realizadas en mármol. Una de ellas representa a Hebe, diosa de la juventud y copera de los dioses. Lleva en su mano derecha una jarra mientras que con la izquierda sujeta un cáliz. La segunda figura, representa a Caliope o tal vez a Clio, la primera musa de la ciencia y la segunda musa de la Historia. A ambas se les suele representar con un rollo de papiro, que es lo que lleva en su mano izquierda esta escultura.

 

Los leones de piedra blanca de Colmenar (Madrid), son obra de José Bellver Collazos (Ávila 1824-Madrid 1869) y fueron realizados hacia 1850 para la escalinata del Congreso de los Diputados en Madrid, donde no llegaron a colocarse nunca, sino otros de bronce de Ponciano Ponzano, ya que en su momento se consideró que estos eran pequeños para el citado edificio. En 1864 Juan Bautista Romero los adquirió en Madrid y se los trajo para su palacio valenciano donde quedan ubicados desde entonces.

 

Rodeando la zona encontramos un barandal de hierro donde descansan ocho bustos sobre pequeños pedestales que representan a distintos filósofos, escritores y poetas.

 

Traspasada esta portada accedemos a los amplios jardines de cuidada traza geométrica en cuyo centro encontramos una gran fuente rodeada por una verja en cuyo centro hay un pedestal con cuatro caños de donde brota el agua y encima de este un conjunto formado por las ninfas Dafnis y Cloe. Este conjunto suele ser el icono preferido para representar la imagen corporativa de los Jardines de Monforte.

 

Alrededor de esta fuente encontramos cuatro figuras femeninas sobre pedestal que representan a los cuatro continentes, América con el caiman, Asia con un camello, Europa con un caballo y África con el león. Estas cuatro figuras son replicas exactas de las que se encuentran en los Jardines de Parcent. En esta zona es donde encontramos la mayoría de las esculturas que posee el jardín y contrasta con la otra zona ajardinada, ya que en este lugar se concentra una vegetación arreglada según el gusto francés de jardines geométricos, en contraposición al resto del jardín en donde destacan los árboles y la vegetación un poco más salvaje.

 

En definitiva sus casi once mil metros cuadrados de vegetación, protegidos por un alto muro perimetral crean un reposado ambiente en su interior, que invita a prolongar la estancia. La enumeración de las distintas clases de árboles, arbustos y flores seria extensísima y no es aquí el sitio para ello, pero conste que estos jardines son unos de los mas bonitos y seguramente el más tranquilo y placentero que tiene la ciudad de Valencia.

  

www.jdiezarnal.com/valencialosjardinesdemonforte.html

 

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JARDÍN DE MONFORTE

 

Año Construcción: 1859

Situación: c/ Monforte, Plz. Legión Española - Valencia

 

Autor: Sebastián Monleón Estellés

 

La unidad formada por palacete y jardín de Monforte fueron construidos en 1859, según proyecto del arquitecto Sebastián Monleón, sobre una existente casa particular de recreo con su huerto (Hort de Romero) situado en la zona extramuros de Valencia. Declarado Jardín Artístico nacional en 1941, fué restaurado ese mismo año por Javier de Winthuyssen. Desde 1970 es propiedad municipal, fecha en la que se amplió el jardín añadiéndole una franja en su parte oeste. El palacete, perfectamente integrado con el jardín a través de la circulación en crucero por su planta baja, tiene una planta superior cuadrada, formando una cruz griega con cuatro habitaciones en los ángulos laterales. Una linterna ilumina la bóveda de la planta principal adornada por numerosas pinturas al fresco. La terraza superior ofrecía en su tiempo, una vista panorámica de Valencia y su entorno. Fué restaurado en 1985 y actualmente no es visitable, abriendo sólo para la celebración de bodas civiles. El jardín, de corte romántico con episodios neoclásicos, está considerado uno de los mejores ejemplos españoles. En apenas 12.000 m. desarrolla dos zonas principales: una geométrica o parterre viejo, con setos recortados y esculturas italianas de mármol, y otra naturalista mas informal (accesible por el singular patio- jardín secreto lateral de la casa) con gran estanque y montañita artificial plantada de pinos y sotobosque, que alberga una gruta en la parte inferior. El jardín triangular, que a modo de rótula une estas dos partes, recuerda a los jardines arábigo-valencianos: setos de mirto, naranjos de copa alta y fuente con cantinela de agua, enmarcada por arcos de ciprés. El túnel metálico cubierto de Bougainvillea y una rosaleda, completan la planta irregular de este jardín en el que uno de los logros de su excepcional trazado es la transición gradual, casi imperceptible, entre sus diferentes zonas. Los ejemplares de Cupressus, Pinus, Taxus, Ginkgo, Cocculus, Magnolia, etc han alcanzado gran envergadura y consiguen aislarnos del entorno, creando un ambiente de isla verde en medio de la ciudad a pesar de la presión de edificación en su perímetro. Sólo es posible acceder al jardín por la puerta de la ampliación de 1970. Inexplicablemente, no está abierto el acceso natural, a través de la casa, y el visitante debe tenerlo en cuenta porque esto dificulta la lectura y comprensión del espacio.

 

(Texto extraido de la "Guia de Arquitectura de Valencia" CTAV 2007. )

 

www.arquitectosdevalencia.es/arquitectura-de-valencia/xvi...

 

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LA EXPULSIÓN DE LO DISTINTO

 

«Internet no se manifiesta hoy como un espacio de la acción común y comunicativa. Más bien se desintegra en espacios expositivos del yo»

  

El hiperconsumismo, la autoexplotación y el miedo al otro son algunos de los rasgos distintivos de la civilización moderna, de acuerdo con los postulados que el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, una de las voces más reputadas para diseccionar la sociedad del siglo XXI, expone en su último ensayo, ‘La expulsión de lo distinto’ (Herder Editorial).

 

La escucha tiene una dimensión política. Es una acción, una participación activa en la existencia de otros, y también en sus sufrimientos. Es lo único que enlaza e intermedia entre hombres para que ellos configuren una comunidad. Hoy oímos muchas cosas, pero perdemos cada vez más la capacidad de escuchar a otros y de atender a su lenguaje y a su sufrimiento. Hoy, de alguna manera, cada uno se queda a solas con sus sufrimientos y sus miedos. El sufrimiento se privatiza y se individualiza, pasando a ser así objeto de una terapia que trata de curar el yo y su psique. Todo el mundo se avergüenza, pero cada uno se culpa solo a sí mismo de su endeblez y de sus insuficiencias. No se establece ningún enlace entre mi sufrimiento y tu sufrimiento. Se pasa por alto la sociabilidad del sufrimiento.

 

La estrategia de dominio consiste hoy en privatizar el sufrimiento y el miedo, ocultando con ello su sociabilidad, es decir, impidiendo su socialización, su politización. La politización significa la transposición de lo privado a lo público. Lo que hoy sucede es más bien que lo público se disuelve en lo privado. La esfera pública se desintegra en esferas privadas.

 

La voluntad política de configurar un espacio público, una comunidad de la escucha, el conjunto político de oyentes, está menguando radicalmente. La interconexión digital favorece este proceso. Internet no se manifiesta hoy como un espacio de la acción común y comunicativa. Más bien se desintegra en espacios expositivos del yo, en los que uno hace publicidad sobre todo de sí mismo. Hoy, Internet no es otra cosa que una caja de resonancia del yo aislado. Ningún anuncio escucha.

 

La alborotadora sociedad del cansancio es sorda. A diferencia de ella, la sociedad venidera podría llamarse una sociedad de los oyentes y de los que atienden. Hoy es necesaria una revolución temporal que haga que comience un tiempo totalmente distinto. Se trata de redescubrir el tiempo del otro. La actual crisis temporal no es la aceleración, sino la totalización del tiempo del yo. El tiempo del otro no se somete a la lógica del incremento del rendimiento y la eficiencia, la cual genera una presión para acelerar. La política temporal neoliberal elimina el tiempo del otro, que por sí mismo sería un tiempo improductivo. La totalización del tiempo del yo viene acompañada de la totalización de la producción, que hoy abarca todos los ámbitos vitales y conduce a una explotación total del hombre. La política temporal neoliberal elimina también el tiempo de la fiesta, el sublime tiempo nupcial, que no se somete a la lógica de la producción. Conduce a la eliminación de la producción. A diferencia del tiempo del yo, que nos aísla y nos individualiza, el tiempo del otro crea una comunidad. Por eso es un tiempo bueno.

 

Byung-Chul Han es profesor de Filosofía y Estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín y autor de más de una decena de títulos, entre los que destacan ‘En el enjambre’, ‘Psicopolítica’ o ‘La sociedad del cansancio’.

  

ethic.es/2018/10/la-expulsion-de-lo-distinto-byung-chul-han/

  

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Byung-Chul Han y la expulsión de lo distinto

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El filósofo surcoreano, una de las voces autorizadas para diseccionar la sociedad del hiperconsumismo actual, dio a conocer un nuevo libro con la tesis de que los individuos hoy se autoexplotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, de esta manera, en "el desierto, o el infierno, de lo igual".

 

Byung-Chul Han (Seúl, 1959) asegura tener una fórmula propia de resistencia política que no convierte en categoría pero comparte encantado: no tiene smartphone, no hace turismo —”el turista viaja por el infierno del igual, circula como si fueran mercancías”—, en su hogar en Berlín solo escucha música analógica (“tengo un jukebox y dos pianos de 400 kilos”, confiesa), no trata a sus estudiantes de Filosofía de la Universidad de las Artes de Berlín como a clientes y ha dedicado tres años de su vida “a cultivar un jardín secreto”, cuya experiencia revelará en el libro Elogio de la tierra.

 

NARCISISMO

Según Han, “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.

 

AUTENTICIDAD

Para el autor surcoreano, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”.

 

BIG DATA

“Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual… Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas… Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos… ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE.UU. hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones… Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”.

 

AUTOEXPLOTACIÓN

Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.

 

COMUNICACIÓN

“Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.

 

OTROS

Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo… En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.

 

TIEMPO

Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo. “La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”.

 

JARDÍN

“Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones… Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está… Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números”.

 

MIGRANTES

Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal “no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.

  

culto.latercera.com/2018/02/07/byung-chul-han-la-expulsio...

 

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Yo, yo mismo y el eco: 'La expulsión de lo distinto', por Byung-Chul Han

  

En su último libro, el filósofo surcoreano residente en Alemania ahonda en las inquietantes consecuencias que se derivan de nuestra actual relación solo con lo que es igual y no con lo que nos confronta

 

Destácate. Aprende inglés. Millones de personas hablan ya inglés, no seas uno más, aprende otro idioma: aprende portugués. Por el mercado brasileño, porque es parecido al español. Pero si todavía no domino el inglés, piensas. Escuela Oficial de Idiomas, matrícula para portugués. Cientos de personas quieren aprender portugués, estás en lista de espera. No consigues matricularte en portugués. Sufres: todos te están adelantando. Da un salto en tu carrera: aprende chino. El chino es una meta a largo plazo, pero te ayudará a diferenciarte del resto de candidaturas a un puesto de trabajo. Las clases de chino también están colapsadas, pero tienes suerte: entras en chino. Quizás, dentro de cinco años puedas tener cierta soltura, aunque no te lo parece. No sin pasas una temporada en China. Conoces a gente que se está yendo a China. Ellos ya saben chino, qué suerte. ¿Cómo pueden ya saber chino?, piensas. Para cuando tú sepas algo de chino, todo el mundo sabrá chino. Suspiras. Te agobias un poco. Las clases de chino ya no te resultan tan útiles. Piensas en dejártelas. ¿Ruso? Es una posibilidad. No hay tanta gente que hable ruso. En realidad, todavía no domino el inglés, recuerdas. ¿Pasaría una entrevista en inglés? Seguir con el inglés da pereza. El inglés es lo de siempre, consideras. Aunque todavía no lo hables con fluidez.

 

¿Estás trabajando tu marca personal?, te pregunta un conocido. Le han dicho que es muy importante en unas jornadas sobre marketing digital. Tienes el LinkedIn bastante abandonado, aunque no sabes si eso se considera marca personal. Facebook lo usas, no demasiado. Sobre todo para leer y compartir. En Instagram sí que compartes bastantes stories, pero no dirías que eso es marca personal. ¿Lo es? ¿Existe tu marca personal? Te agobias un poco. No sabes si para las salidas que tienes en mente la marca personal influirá mucho. Claro que influye, te dice un conocido: la marca personal, ahora, lo es todo. Los recruiters -los de recursos humanos, te tiene que aclarar- se fijan mucho en eso. Siempre miran los perfiles en las redes de la gente que aspira a ser contratada. Deberías haber sabido qué es un recruiter. Suspiras. Tienes que mejorar tu inglés. Tienes que adquirir nociones de marketing. Para venderte mejor, que es que te vendes fatal. Para venderte, ¿a quién? ¿A cambio de qué? Te vendes fatal, ahora te das cuenta. Por eso no encuentras trabajo. Trabajo, trabajo, trabajo. No te lo quitas de la cabeza. Tu problema es que eres muy igual a los demás, tienes que diferenciarte. Tienes que destacar. Tu currículum es muy aburrido, no es creativo, como el de todos esos creativos y creativas que trabajan en agencias de creatividad.

 

Necesitas un descanso, pero necesitas dinero. La luz ha subido mucho. En cuanto puedas te escapas. Una escapada de unos días. Cuando pagues algunas facturas. A la sierra de Albarracín. O mejor, al pueblo ese que han dicho que es el más bonito de España. Dicen que es muy bonito. Tú todavía no has ido, y ya lleva unos meses siendo el pueblo más bonito de España. Por las fotos que han compartido tus conocidos parece bonito. Te han dicho, eso sí, que si quieres ir un par de días llames antes porque solo hay tres casas rurales y están siempre llenas. Es que claro, con eso de que es el pueblo más bonito de España, está yendo mucha gente. Menuda campaña de marketing, piensas, seguro que no es para tanto. Seguro que no es como Hondarribia, o como cualquiera de los pueblos de los Picos de Europa. Ya está ahí otra vez el marketing: notas como se te encoge un poco el corazón. ¿Para qué piensas en todo esto? En lo que tendrías que estar pensando es en lo que te dijeron de la marca personal. ¿Hace cuánto que no actualizas Twitter? ¿Mirarán tu Twitter? Tienes puesto un alias, ¿mejor con tu nombre o con un alias? Tienes que preguntárselo a esa amiga que trabaja en marketing, ella seguro que lo sabe. A ella le van muy bien las cosas. No como a ti. A ti ni siquiera sabes cómo te van. Mal, supones. Así nunca vas a poder tener hijos.

  

A decir verdad, la única manera de diferenciarse a día de hoy es consumiendo pensamiento como el que nos ofrece el filósofo surcoreano Byung-Chul Han en La expulsión de lo distinto (Herder, 2017), su último libro, una obra breve pero amplísima en verdades, que se encarga de poner palabras a todas esas intuiciones, sentimientos vagos pero funestos o impresiones contrastadas sobre el presente y el devenir inmediato de nuestra especie que todo ese ruido digital ha instalado en tu mente. Advierte el filósofo surcoreano de que estamos muy lejos del paraíso de las posibilidades infinitas para la originalidad que nos prometía internet, que al contrario, nuestra realidad está transformándose -la transformación, de hecho, está ya muy avanzada- en el infierno de lo igual. En este caso, Mefistófeles es el neoliberalismo, y su más aguerrido general, la propaganda que encubre sus fechorías y su ambicioso proceso de destrucción de la diferencia. Cómo, pero si ahora se puede personalizar cualquier cosa: si he personalizado mi perfil en distintas redes sociales, mi pantalla de inicio, unas zapatillas, mi fixie. Personalizar. Adecuar a mi persona. A mí. Yo, yo, yo. ¿No consistía en eso el ser distinto?

 

¿No es cierto que en nuestras ciudades se protege la diversidad? Ah, amigo, ahí está una de las trampas que desvela Byung-Chul Han: diversidad es un concepto diseñado para satisfacer nuestra necesidad de autenticidad, pero ambos, diversidad y autenticidad, son solo envoltorios con una etiqueta sugerente. Marketing: “La diversidad solo permite diferencias que estén en conformidad con el sistema. Representa una alteridad que se ha hecho consumible. Al mismo tiempo, hace que prosiga lo igual con más eficiencia que la uniformidad, pues, a causa de una pluralidad aparente y superficial, no se advierte la violencia sistemática de lo igual. La pluralidad y la elección fingen una alteridad que en realidad no existe”, asegura el filósofo. Por otra parte, “el imperativo de autenticidad desarrolla una obligación para consigo mismo, una coerción a cuestionarse permanentemente a sí mismo, a vigilarse a sí mismo, a estar al acecho de sí mismo, a asediarse a sí mismo. Con ello intensifica la referencia narcisista. El imperativo de autenticidad fuerza al yo a producirse a sí mismo”. Resulta difícil ponerle alguna pega.

 

El análisis de Byung-Chul Han es tan lúcido que da vértigo. ¿No es cierto, como afirma, que en nuestra carrera a ciegas hacia la autorrealización y a la autooptimización, en el transcurso de esa yincana en la que vamos obteniendo la habilidades que se supone que debemos obtener para ser productivos y que hemos reflejado en los primeros párrafos de este artículo, nos vamos agotando, quedamos extenuados y para colmo somos cada vez más iguales? ¿No es cierto que si todos queremos ser diferentes, somos iguales en querer ser diferentes? Decimos mucho, pero escuchamos poco. Las redes sociales, sin caer en lo apocalíptico, son cajas de eco. Una escucha real, la que propone Chul Han -porque en La expulsión de lo distinto, el filósofo propone-, tiene más que ver con vaciarse para acoger al otro que con participar y emitir juicios. Habrá que ir remediando todo esto, tendremos que ir recuperando la capacidad para relacionarnos con lo que nos es de verdad ajeno si no queremos, como se atreve a pronosticar el autor, que en un futuro, quizás, la carrera de moda, la que nos ayude a diferenciarnos o al menos a tener un empleo asegurado, sea la de oyente.

 

Eduardo Almiñana

  

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¿Dónde está el Otro?

 

Al neoliberalismo no lo guía la razón, dice Han, sino una vesania que provoca tensiones destructivas que se descargan en forma de terrorismo o nacionalismo

"A la globalización le es inherente una violencia que hace que todo resulte intercambiable, comparable y, por ende, igual", defiende en La expulsión de lo distinto

 

Frans van den Broek

 

losdiablosazules@infolibre.es @_infoLibre

  

La expulsión de lo distinto

Byung-Chul Han

Traducción de Alberto Ciria

Herder Editorial

Barcelona

2017

 

La expulsión de lo distinto, de Byung-Chul Han. Buena parte de la actividad intelectual del filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han se ha abocado a la tarea de analizar críticamente la sociedad moderna, desbrozando su estructura interna, en sentido ontológico y hasta metafísico, y diagnosticando sus enfermedades intrínsecas. Byung-Chul Han considera que el espíritu neoliberal imperante no solo afecta a las relaciones económicas y políticas, sino al conjunto de la sociedad en todos sus aspectos. En La expulsión de lo distinto se ocupa de analizar desde varias perspectivas la prevalencia de lo que llama el infierno de lo igual.

  

Según este filósofo la sociedad actual padece de la desaparición del Otro, esto último entendido no solo como la presencia de culturas o personas distintas al mundo occidental, sino como comprendiendo elementos culturales y espirituales que el sistema neoliberal ha hecho desvanecerse por su propia lógica. Dice al comienzo del libro: "El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo. Hoy, la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual". El neoliberalismo necesita uniformidad y estabilidad, que permita el libre flujo de capitales y personas, y el consumo masivo de productos que se asemejan en todas partes por la globalización. De esta premisa fundamental extrae Byung-Chul Han varias conclusiones, todas referidas a la desaparición del otro en varios ámbitos. Afirma que lo que aqueja a la sociedad actual no es la represión, sino la depresión, que viene de dentro, causada por el imperio de lo igual. Al ser le hace falta la negatividad para adquirir plenitud óntica. Pero esta negatividad es un obstáculo para la sociedad neoliberal, por lo que se desvanece.

 

Byung-Chul Han atribuye violencia a la globalización: "A la globalización le es inherente una violencia que hace que todo resulte intercambiable, comparable y, por ende, igual. La comparación igualatoria total conduce, en último término, a una pérdida de sentido". Habría incluso una relación entre la violencia del sistema neoliberal y el fenómeno del terrorismo, según este filósofo. "El terrorismo es el terror del singular enfrentándose al terror de lo global". Los atentados terroristas abren una brecha en el alisado horizonte vital del neoliberalismo y lo confrontan con la muerte, que es una de las formas del Otro que la sociedad prefiere reformular en términos de positividad igualitaria. El neoliberalismo engendraría una injusticia de tal orden global que no puede sino generar una respuesta, bien en la forma de terrorismo o subjetivamente como depresión. En el sistema neoliberal imperarían la libertad y la capacidad de elección, pero en el fondo relega a la invisibilidad a todo aquello que no se ajuste a sus necesidades. En palabras de Byung-Chul Han: "Construye un «apóptico», una construcción basada en una «óptica excluyente» que identifica como indeseadas y excluye por tales a las personas enemigas del sistema o no aptas para él". El universo digital en el que vivimos no ha hecho sino aumentar esta ilusión de libertad, a la vez que la reduce al nivel del "me gusta" de las redes sociales, alentada por la hipercomunicación y el hiperconsumo.

 

El neoliberalismo se presenta a menudo como el desarrollo lógico de la Ilustración, esto es, como el resultado feliz del uso de la razón, en contraste con la irracionalidad medieval o el barbarismo de sociedades no desarrolladas. Pero Byung-Chul Han piensa lo contrario. No lo guía la razón, nos dice, sino una vesania que provoca tensiones destructivas que terminan descargándose en forma de terrorismo o nacionalismo. Al nivel del individuo se exige cada vez más autenticidad, pero esta autenticidad está muy lejos del sí mismo que asume su existencia en codependencia con el otro en todas sus formas. Es una autenticidad que debe encajar en el engranaje del neoliberalismo y su necesidad de producción. El imperativo de la autenticidad, nos dice este filósofo, fuerza al yo a producirse a sí mismo y a configurarse una imagen superficial que elimine el otro de nuestra subjetividad. Incluso la costumbre tan extendida de hacerse selfies es cuestionada por este autor: "La adicción a los selfies no tiene mucho que ver con el sano amor a sí mismo: no es otra cosa que la marcha en vacío de un yo narcisista que se ha quedado solo. En vista del vacío interior uno trata en vano de producirse a sí mismo".

 

Hasta la muerte desaparece de nuestro horizonte vital. Inspirado en Heidegger, Byung-Chul Han considera a la muerte elemento imprescindible de la verdadera existencia auténtica, por cuanto la muerte inscribe en el ente la negatividad del misterio, de lo radicalmente distinto, del abismo insondable. "En los tiempos actuales, que aspiran a proscribir de la vida toda negatividad, también enmudece la muerte. La muerte ha dejado de hablar", escribe. Nos recuerda Han que la experiencia auténtica de la vida requiere de la experiencia del umbral hacia lo radicalmente otro, como en los ritos de iniciación o la experiencia del arte, de lo sublime. Pero ahora con el internet nos hemos vuelto turistas, pasajeros superficiales que solo rozan los contornos del umbral o lo pierden de vista. El ser humano ya no habita umbrales, algo que implica la experiencia del dolor y de la transformación. Los turistas en que nos hemos convertido no atraviesan umbrales de transformación. Más bien viajan por el infierno de lo igual, sumergidos en el universo de la hipercomunicación, en el que todo se mezcla con todo. Hasta las fronteras entre lo interno y lo externo se difuminan, hoy estamos convertidos en una "pura superficie de absorción y reabsorción en las redes de influencia".

 

Ahora que el marxismo se ha perdido como punto de referencia filosófico y político, y que el régimen neoliberal impera globalmente, la explotación ya no es solo apropiación de las fuerzas de trabajo, alienación y desrealización de sí mismo. La explotación se experimenta como libertad, autorrealización y autooptimización. Ya no existe el explotador de manera evidente, quien se apropia de nuestras fuerzas de trabajo para su propia ventaja, sino que el individuo se explota a sí mismo, en la creencia de que haciendo esto se realiza.

 

En el mundo digital hasta los objetos han perdido su gravedad, su pesadez óntica como contrapeso a la subjetividad. No replican con su presencia entitativa, han dejado de ser, como remarca este escritor, obicere: "De ellos no viene ninguna resistencia. La desaparición de lo contrario se produce hoy en todos los niveles. El «me gusta» se opone al obicere. Hoy todo reclama el «me gusta». La ausencia total de lo contrario no es un estado ideal, pues sin lo contrario uno sufre una dura caída golpeándose consigo mismo. Dicha ausencia conduce a una autoerosión". En el universo digital del neoliberalismo, que Han llama panóptico digital, no existe la perspectiva, pues la vigilancia se da desde todas las perspectivas, y se elimina el misterio y presencia de las otras subjetividades. La hipercomunicación no pone en contacto a personas, cuya presencia real supone negatividad constitutiva de la propia, sino a fantasmas iguales cuya interioridad ha perdido profundidad y misterio, y se ven iluminados desde todas partes, incluso desde dentro. El yo que requiere el neoliberalismo no está más cerca del otro, al contrario. La voz del otro se encuentra con la esfera impermeable del ego, que está cada vez más ensimismado. "La sobrecarga narcisista que caracteriza el centrarse en sí mismo nos vuelve sordos y ciegos para el otro. En el ruido digital de lo igual hemos dejado de percibir la voz del otro. Es decir, nos hemos vuelto resistentes a la voz y a la mirada".

 

Hasta el arte se ve afectado en una cultura del "me gusta", volviéndose complaciente. El arte, dice este autor, tiene su hogar en lo inhóspito, y debe abrir la percepción a lo otro, al prójimo, a lo distinto e inquietante. Pero el arte actual, inscrito en una línea uniforme de producción, se transforma en entretenimiento superficial. El misterio propio del arte, su focalización en el otro, se pierden, ya que el sistema neoliberal centra la atención en el ego y en lo igual, y pone el énfasis en la autoproducción. El ser sí mismo significa una carga ontológica y el neoliberalismo incrementa esta carga hasta lo desmesurado, con el objetivo de maximizar la productividad. De donde los fenómenos del burn out y la depresión también, pues el individuo, que se cree libre, está sobrecargado por la exigencia de producción y la hipercomunicación y el hiperconsumo.

 

Byung-Chul Han no propone alternativas claras, en sentido político, al infierno de lo igual, pero recalca las virtudes del acto de escuchar. En un mundo centrado en el ego productivo y olvidado del otro, la escucha se plantea como un acto que quiebra el encierro subjetivo del individuo: "Escuchar no es un acto pasivo. Se caracteriza por una actividad peculiar. Primero tengo que dar la bienvenida al otro, es decir, tengo que afirmar al otro en su alteridad. Luego atiendo a lo que dice. Escuchar es un prestar, un dar, un don". Para poder experimentar la vida con plenitud no se puede evitar la conmoción, la vulnerabilidad existencial. Y escuchar, esto es, abrirse al otro, nos expone a la conmoción, nos hace vulnerables. Este filósofo parece querer decirnos que al sistema neoliberal solo se le puede hacer frente con la apertura y la escucha del ser en su totalidad, sin cortapisas o escamoteos. Abriéndose al misterio, al peligro, a la voz del prójimo que nos hace ser lo que somos.

 

*Frans van den Broek es escritor.

 

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La expulsión de lo distinto, de Byung-Chul Han

  

Dentro de una temática muy definida, caracterizada por la crítica al capitalismo en su fase más actual y el estudio de las dinámicas del poder, el pensamiento de Byung-Chul Han ha tomado cuerpo a lo largo de sus sucesivos ensayos, construyendo un conjunto de tesis en las que confluyen sus numerosos análisis sobre cultura, comunicación, arte y filosofía, donde encuentran cabida Heidegger, Hegel, Nietzsche y una aún discreta pero apreciable influencia del psicoanálisis. No se puede hablar en el caso de Han de una única propuesta a la problemática contemporánea, dada la amplitud del escrutinio al que somete a la sociedad, lo cual no significa que el coreano-alemán se conforme con un planteamiento meramente teórico: hay a lo largo de su obra una clara orientación pragmática, un discurso ético que en La expulsión de lo distinto se centra en la alteridad, la necesidad de lo negativo y la denuncia al exceso de positividad.

 

Han dedica las primeras páginas a recapitular su tesis sobre la saturación positiva, que en ensayos anteriores describió mediante una analogía inmunológica: si bien el cuerpo posee recursos para combatir la amenaza de lo diferente, no dispone de mecanismos con los que contrarrestar «la proliferación de lo igual». El cuerpo humano libera anticuerpos en caso de enfermedad vírica, pero carece de respuesta ante la obesidad. El capitalismo, como sistema por y para la producción, «expulsa todo lo distinto», anula toda negatividad en cuanto esta constituye un obstáculo. Libre de la delimitación que impone lo negativo —una delimitación necesaria, en cuanto «da forma y medida»— la producción deviene destrucción, la información deforma y la comunicación, en lugar de proporcionar conocimiento, resulta en un proceso meramente acumulativo.

 

En este apartado cabe señalar dos observaciones particularmente acertadas: cómo en el capitalismo el cuerpo pasa a ser «un objeto funcional que hay que optimizar» y cómo «el juego mismo se transforma en un modo de producción: el trabajo pasa a ser un game», en cuanto el régimen neoliberal genera —«aspira a generar», sería un interesante matiz— una situación post-marxista en la cual el trabajador no se enajena en su trabajo, sino que se auto-realiza, se define, se optimiza a través de él.

 

Detengámonos en estos dos aspectos un momento. En primer lugar, frente a la caduca visión platónico-ilustrada del cuerpo como mera materia guiada por el espíritu, toda una genealogía materialista —desde Spinoza hasta Marx, pasando por Tomás de Aquino y Nietzsche, a quien Eagleton atribuye un punto de vista descrito como «materialismo somático»— ha concedido entidad al cuerpo, en cuanto elemento indispensable de nuestra relación con el mundo y agente autónomo, espontáneo, «sujeto histórico» en palabras de Barthes. El capitalismo niega la autonomía materialista del cuerpo, imponiendo sobre este una visión cosificadora, mecanicista: como anticipaba Marx, hasta el trabajador se convierte en objeto, en mercancía. El cuerpo ya no es «eso que ya somos», sino un montón de materia que modificar y corregir con medicamentos y drogas —si estás cansado porque tu trabajo te agota, tómate esto; si el agotamiento emocional te hunde, toma esto otro—. Algo que someter, incluso, si hiciese falta. «Que nada te pare», ese eslogan publicitario tan frecuente en anuncios de bebidas energéticas, cremas antiojeras y suplementos vitamínicos parece querer decir «Que nada [ni siquiera tú mismo, en cuanto cuerpo] pare [tu capacidad productiva]». El cada vez más frecuente uso de la palabra «rendimiento» para referirse a lo somático también apunta en esta dirección.

 

Llevar al trabajo las dinámicas del juego es una forma de eliminar la separación de espacios, la negatividad: la frontera entre ocio y labor se diluye, buscando siempre la expansión de lo segundo a todos los ámbitos de la vida. El trabajo por objetivos —en el cual estos nunca dejan de llegar—, las bonificaciones salariales, los incentivos o, más allá del mundo laboral, la inclusión de programas de «ludificación» en el ámbito educativo buscan convertir la producción en un juego. El juego, defiende Gadamer, crea su propia temporalidad, absorbe al jugador, lo rebasa: «jugar es ser jugado», ¿por quién, en la situación descrita por Han? Por el capitalismo. Sin embargo, el trabajo como juego no se trata de un juego real, en cuanto sirve a un propósito que lo trasciende, no es un fin en sí mismo, carece de espontaneidad y está gobernado por un objetivo. No hay en él sino motivación acumulativa, primaria, condicionada, mecánica, orientada a la producción. El trabajador cuyo trabajo se «ludifica» está jugando tanto como el burro atado a la rueda de molino «juega» a perseguir la zanahoria que pende ante él, siempre fuera de su alcance.

 

Pero volvamos a Han. Los acontecimientos más recientes no pasan desapercibidos al filósofo, que dedica el segundo capítulo al auge de los nacionalismos y la crisis de refugiados, dos fenómenos caracterizados por un irracional miedo a lo ajeno. En Europa, la vergonzosa gestión de la crisis de refugiados por parte de las autoridades, más preocupadas por las impopulares consecuencias de acoger en sus países a quienes huyen de la guerra, dejaron escenas de alambre de espino con jirones de ropa enganchados en sus púas, refugiados muriendo de frío en campamentos abandonados y cadáveres boca abajo en la arena de playa. En Estados Unidos, los nacionalistas blancos actúan con violencia hacia el Otro mientras se materializa la soflama trumpiana y se recoge la macabra cosecha de normalizar el discurso de odio: ataques a cementerios judíos y asesinatos de ciudadanos de otras razas, con el alarido xenófobo «sal de mi país/vuelve a tu país» como aspecto en común. La saturación positiva y el rechazo a la alteridad que describe Han no se limita, por ejemplo, a la corrupción de la comunicación en redes sociales: cuesta vidas y allana el terreno al autoritarismo.

 

Centrando el análisis en el individuo, Han observa que el capitalismo carga a este no solo con una expectativa de rendimiento, sino con la necesidad de ser «auténtico». Esta dinámica, descrita en clave psicoanalítica, merece ser transcrita aquí:

 

El imperativo de la autenticidad engendra una coerción narcisista. […] El sujeto narcisista solo percibe el mundo en las matizaciones de sí mismo. La consecuencia fatal de ello es el que el otro desaparece. […] Hoy, las energías libidinales se invierten sobre todo en el yo. La acumulación narcisista de libido hacia el yo conduce a una eliminación de la libido dirigida al objeto, es decir, de la libido que contiene el objeto.

 

Acaba eliminándose lo otro, ya sea por excesiva atención a uno mismo o por frontal negación de lo distinto: así ocurre con la muerte, de lo que hablamos en una entrada anterior y el autor analiza a partir de la perspectiva de Martin Heidegger de la muerte como elemento dador de sentido. Aislado en sí mismo, el sujeto se convierte en blanco de las patologías engendradas por esta vaciedad: depresión, autolesiones, suicidio. «Cuando se niega la muerte en aras de la vida, la vida misma se trueca en algo destructivo. Se vuelve autodestructiva».

 

La eliminación de la distancia comunicativa, la desmitificación de lo misterioso y la manifestación de lo distinto como mirada son aspectos que Han aborda desde la tesis del panóptico digital, un concepto acuñado por él y presente a lo largo de su obra, resultado de la transparente comunicación de Internet y las redes sociales, mediante el cual plantea la superación del autoritario panóptico benthamiano. Este panóptico digital no restringe la libertad: la promueve y la explota. Es este un rasgo característico del poder, descrito en su anterior ensayo: el auténtico poder no se basa mayoritariamente en restringir la libertad con una respuesta violenta, sino que de tan hegemónico promueve dicha libertad —o «la libertad dentro de sus márgenes», si queremos ser precisos—, la cual lo refuerza y beneficia.

 

Un poder hegemónico, por lo tanto, no tiene miedo de esa libertad porque de ella no surge ningún contrapoder: la indignación colectiva en las redes sociales, los linchamientos digitales, «no configura ninguna esfera pública». En lo individual, el panóptico digital no nos hace sentir observados ni vigilados: nos sentimos libres, «y por ello nos desnudamos voluntariamente». ¿Una afirmación exagerada? Basta echar un vistazo a cualquier muro de Facebook, lleno de actualizaciones con fechas, horas, ubicaciones y estados de ánimo, para comprobar su veracidad. ¿Quién se beneficia de toda esta información? O dicho en las palabras del cantante punk Evaristo Páramos, «¿dónde está la araña en las redes sociales?». Responde Han: en las compañías que acumulan, manejan y venden el Big Data.

 

Frente a esta saturación positiva, a esta negación de la alteridad, a estos egos hipertrofiados, narcisistas, a este panóptico digital que transforma la comunicación real en pura conexión, La expulsión de lo distinto ofrece una alternativa: la escucha. Han, con Nietzsche, propone un cambio no en las condiciones externas sino en aspectos tan inmediatos, cotidianos y privados como la comunicación que establecem

Si los siete sabios de Roma aconsejaron a su Príncipe que estuviera callado durante siete días, lo hicieron porque el silencio es el mejor de los consejos, el dueño de la libertad. Si los dioses griegos eligieron el Monte Olimpo para desde allí mandar sobre el cielo, mar y tierra, lo hicieron porque en Tesalia nació la raza helénica y sus llanuras fueron de una gran fertilidad. Nada mejor que las historias y leyendas, tan llenas de sabiduría, para el mejor de los placeres, como es el de pasear por un pequeño paraíso en el centro de la ciudad, lleno de mitologías, de semblanzas, de fuentes y de rincones con la distinción del buen gusto.

 

Más de treinta esculturas emergen bajos los frondosos árboles, frutos de recuerdos románicos u homéricos que dan vida al jardín neoclásico construido en la propiedad de Juan Bautista Romero, Marqués de San Juan, a mediados del siglo XIX. El romanticismo de sus pérgolas se cobija en las buganvillas, y por sus calles, marcadas por una vegetación relajante, como auténticos senderos de paz, discurre el encuentro con personajes de mármol al frescor de los pequeños surtidores en torno al estanque: el que da forma a una flor de nenúfar bajo la sombra mágica de los magnolios.

 

Es el lugar ideal donde los recién casados dejan para la posteridad el mejor de los recuerdos, ambientado en los setos con recortes del mejor gusto francés y el exuberante romanticismo de sus árboles. Allí, donde la cola de la novia luce como una reina, ante el porte meloso del galán en el día que gozan de su enlace matrimonial.

 

El palacete, lugar de descanso del Marqués de San Juan, a su muerte, pasó a su esposa, quien transmitió la propiedad a su sobrina, casada con Joaquín Monforte Parrés, que da nombre al jardín. En la actualidad es propiedad municipal desde el año 1970, y de su gestión, se encarga la Fundación Pública Municipal de Parques y Jardines Singulares.

 

El Jardín de Monforte, cerrado y abierto al público en horas de visita, es uno de los más encantadores rincones de mi ciudad. El lugar ideal para perderse en el tiempo ante la presencia callada de tribunos y personajes mitológicos que ofrecieron a la humanidad lo mejor de si mismos. Y fue tan docta su enseñanza que nada mejor que un vergel para rubricarla.

 

Julio Cob

  

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"...el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea".

  

El acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que existe entre dos seres humanos, excepto en forma momentánea.

 

Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, el patrón del grupo, estoy salvado: salvado de mi temible experiencia de la soledad.

 

La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos- y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría-.

 

“Quien salva una sola vida, es como si hubiera salvado a todo el mundo, quien destruye una sola vida, es como si hubiera destruido a todo el mundo”.

 

Todos obedecen las mismas órdenes, y no obstante, todos están convencidos de que siguen sus propios deseos. Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización del hombre, y esa estandarización es llamada “igualdad”.

 

El hombre se convierte en “ocho horas de trabajo” […] Tiene muy poca iniciativa, sus tareas están prescritas por la organización del trabajo […] Aún los sentimientos están prescritos.

 

Desde el nacimiento hasta la muerte, de lunes a lunes, de la mañana a la noche: todas las actividades están rutinizadas y prefabricadas. ¿Cómo puede un hombre preso en esa red de actividades rutinarias recordar que es un hombre, un individuo único, al que solo le ha sido otorgada una única oportunidad de vivir, con esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con el anhelo de amar y el miedo a la nada y a la separatidad?

 

El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque” […] dar, no recibir. ¿Qué es dar? El malentendido más común consiste en suponer que dar significa “renunciar” a algo, privarse de algo, sacrificarse.

 

¿Qué le da una persona a otra? […] da lo que está vivo en él […] No da con el fin de recibir, dar es de por si una dicha exquisita […] Dar implica hacer de la otra persona un dador, y ambas comparten la alegría de lo que han creado. […] el amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor.

 

Nos conocemos y, a pesar de todos los esfuerzos que podamos realizar, no nos conocemos. Conocemos a nuestros semejantes y, sin embargo, no los conocemos, porque no somos una cosa, y tampoco lo son nuestros semejantes. Cuanto más avanzamos hacia las profundidades de nuestro ser, o el ser de los otros, más nos elude la meta del conocimiento. Sin embargo, no podemos dejar de sentir el deseo de penetrar en el secreto del alma humana, en el núcleo más profundo que es “él”.

 

El amor es la penetración activa en la otra persona […] En el acto de fusión, te conozco, me conozco a mi mismo, conozco a todos – y no “conozco” nada-.

 

El amor infantil sigue el principio: “Amo porque me aman”. El amor maduro obedece al principio: “Me aman porque amo”. El amor inmaduro dice: “Te amo porque te necesito”. El amor maduro dice: “Te necesito porque te amo”.

 

El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo […] Si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo la vida.

 

Como lo expresó bellamente Simone Weil: “las mismas palabras [por ejemplo, un hombre dice a su mujer, “te amo”] pueden ser triviales o extraordinarias según la forma en que se digan. Y esa forma depende de la profundidad de la región en el ser de un hombre de donde procedan, sin que la voluntad pueda hacer nada. Y, por un maravilloso acuerdo, alcanzan la misma región en quien las escucha. De tal modo, el que escucha puede discernir, si tiene alguna capacidad de discernimiento, cuál es el valor de las palabras.

 

En el amor erótico dos seres que estaban separados se convierten en uno solo. En el amor materno, dos seres que estaban unidos se separan.

 

Se llega a conocer a la persona “amada” tan bien como a uno mismo. O, quizá, sería mejor decir tan poco.

 

Pero para la mayoría de la gente, su propia persona, tanto como las otras cosas, resulta rápidamente explorada y agotada. Para ellos, la intimidad se establece principalmente a través del contacto sexual […] Pero la intimidad de este tipo tiende a disminuir cada vez más a medida que transcurre el tiempo. El resultado es que se trata de encontrar amor en la relación con otra persona, con un nuevo desconocido. Este se transforma nuevamente en una persona “íntima”, la experiencia de enamorarse vuelve a ser estimulante e intensa, para tornarse otra vez menos y menos intensa, y concluye en el deseo de una nueva conquista, un nuevo amor- siempre con la ilusión de que el nuevo amor será distinto de los anteriores-.

 

La atracción sexual crea, por un momento, la ilusión de la unión, pero, sin amor, tal “unión” deja a los desconocidos tan desesperados como antes.

 

Un nombre siempre denota una cosa, o una persona, algo finito.

 

“Conocer y, no obstante [pensar] que no conocemos es el más alto [logro]; no conocer [y sin embargo pensar] que conocemos es una enfermedad”.

 

El problema humano del capitalismo moderno puede formularse de la siguiente manera: El capitalismo moderno necesita hombres que cooperen mansamente y en gran número; que quieran consumir cada vez más; y cuyos gustos estén estandarizados y puedan modificarse y anticiparse fácilmente. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, principio o conciencia moral – dispuestos, empero, a que los manejen, a hacer lo que se espera de ellos, a encajar sin dificultades en la maquinaria social-; a los que se pueda guiar sin recurrir a la fuera, conducir, sin líderes, impulsar sin finalidad alguna -excepto la de cumplir, apresurarse, funcionar, seguir adelante-. ¿Cuál es el resultado? El hombre moderno está enajenado de sí mismo, de sus semejantes y de la naturaleza. Se ha transformado en un artículo, experimenta las fuerzas vitales como una inversión que debe producirle el máximo de beneficios posible en las condiciones imperantes en el mercado. Las relaciones humanas son esencialmente las de autómatas enajenados en las que cada uno basa su seguridad en mantenerse cerca del rebaño y en no diferir en el pensamiento, el sentimiento o la acción. Al mismo tiempo que todos tratan de estar tan cerca de los demás como sea posible, todos permanecen tremendamente solos, invadidos por el profundo sentimiento de inseguridad, de angustia y de culpa que surge siempre que es imposible superar la separatidad humana. Nuestra sociedad ofrece muchos paliativos que ayudan a la gente a ignorar conscientemente esa soledad: en primer término, la estricta rutina del trabajo burocratizado y mecánico, que ayuda a la gente a no tomar conciencia de sus deseos humanos más fundamentales, del anhelo de trascendencia y unidad. En la medida en que la rutina sola no basta para lograr ese fin, el hombre se sobrepone a su desesperación inconsciente por medio de la rutina de la diversión, la consumición pasiva de sonidos y visiones que ofrece la industria del entretenimiento; y, además, por medio de la satisfacción de comprar siempre cosas nuevas y cambiarlas inmediatamente por otras. El hombre moderno está actualmente muy cerca de la imagen que Huxley describe en Un mundo feliz: bien alimentado, bien vestido, sexualmente satisfecho, y no obstante sin yo, sin contacto alguno, salvo el más superficial, con sus semejantes, guiado por los lemas que Huxley formula tan sucintamente, tales como: “Cuando el individuo siente, la comunidad tambalea”; o “Nunca dejes para mañana la diversión que puedes conseguir hoy”, o como la afirmación final: “Todo el mundo es feliz hoy en día” La felicidad del hombre moderno consiste en “divertirse”. Divertirse significa la satisfacción de consumir y asimilar artículos, espectáculos, comida, bebidas, cigarrillos, gente, conferencias, libros, películas; todo se consume, se traga. El mundo es un enorme objeto de nuestro apetito, una gran manzana, una gran botella, un enorme pecho; todos succionamos, los eternamente expectantes, los esperanzados -y los eternamente desilusionados-. Nuestro carácter está equipado para intercambiar y recibir, para traficar y consumir; todo, tanto los objetos materiales, como los espirituales, se convierten en objeto de intercambio y de consumo.

 

El amor como satisfacción sexual recíproca, y el amor como “trabajo en equipo” y como refugio de la soledad, constituyen las dos formas “normales” de la desintegración del amor en la sociedad occidental contemporánea, de la patología del amor socialmente determinado.

 

Cualquier estudio detallado demostraría, empero, que la atmósfera de tensión e infelicidad dentro de la “familia unida” es más nociva para los niños que una ruptura franca, que les enseña, por lo menos, que el hombre es capaz de poner fin a una situación intolerable por medio de una decisión valiente.

 

Otro error muy frecuente: la ilusión de que el amor significa necesariamente la ausencia de conflicto.

 

El amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos.

 

Nuestra cultura lleva a una forma de vida difusa y desconcentrada, que casi no registra paralelos. Se hacen muchas cosas a la vez: se lee, se escucha la radio, se habla, se fuma, se come, se bebe. Somos consumidores con la boca siempre abierta, ansiosos y dispuestos a tragarlo todo: películas, bebidas, conocimiento. Esa falta de concentración se manifiesta claramente en nuestra dificultad para estar a solas con nosotros mismos. Quedarse sentado, sin hablar, fumar, leer o beber, es imposible para la mayoría de la gente. Se ponen nerviosos e inquietos y deben hacer algo con la boca o con las manos.

 

Los valores humanos están determinados por los valores económicos […] El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana -salvo matarlo-.

 

Concentrarse en la relación con otros significa fundamentalmente poder escuchar. La mayoría de la gente oye a los demás, y aun da consejos, sin escuchar realmente.

 

Estar concentrado significa vivir plenamente en el presente, en el aquí y el ahora, y no pensar en la tarea siguiente mientras estoy realizando otra.

 

Educación significa ayudar al niño a realizar sus potencialidades. Lo contrario de la educación es la manipulación, que se basa en la ausencia de fe, en el desarrollo de las potencialidades y en la convicción de que un niño será como corresponde sólo si los adultos le inculcan lo que es deseable y suprimen lo que parece indeseable.

 

La situación paradójica de multitud de individuos hoy en día es que están semidormidos durante el día y semidespiertos cuando duermen o cuando quieren dormir.

 

La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción, el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea.

  

Fragmentos de “El arte de amar” de Erich Fromm

  

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Jardines de Monforte

 

c/Monforte

 

Valencia

 

Los Jardines de Monforte se encuentran en la calle Monforte, muy cerca de La Alameda y de los Jardines del Real.

 

Sorprende este jardín por su tranquilidad y quietud, dado que está en uno de los puntos de circulación mas densos de Valencia. Este jardín es lugar de retiro para mucha gente que desea relajarse por sus jardines, leer un buen libro o estar a la sombra de sus árboles.

 

El artístico trazado de este jardín, de corte neoclásico; la abundancia de estatuas de mármol que lo adornan, en número de treinta y tres; la serie de estanques y surtidores, detalles arquitectónicos y el mismo pabellón de descanso justifican plenamente su condición oficial de "jardín artístico", declarado como tal por decreto de 30 de mayo de 1941.

 

Con motivo de la declaración oficial de jardín artístico, fue encomendada su restauración a Javier Winthuysen, llevada a cabo por el jardinero mayor municipal Ramón Peris, y a cargo del Ayuntamiento de Valencia.

 

Los jardines de Monforte se pueden estructurar en tres partes para su fácil comprensión, el pabellón de descanso o palacete, dos pequeños jardines de tipo privado o intimista que flanquean el edificio, uno a cada lado de sus fachadas interiores y la tercera parte los jardines propiamente dichos que ocupan la mayor extensión del terreno.

 

El origen de los jardines se remonta a un huerto situado extramuros de la ciudad propiedad de don José Vich, barón de Llaurí. El 3 de agosto de 1849 es vendido a don Juan Bautista Romero Almenar marqués de San Juan.

 

Este gran patricio valenciano invirtió sumas considerables en la plantación y ornato de este jardín, que competía en hermosura con el cercano "Hort de les freses" y el de Ripalda, ambos desaparecidos, y que tan grata hacían la llamada "Volta del Rossinyol". El marqués de San Juan sería quien a la postre construiría el pabellón de descanso y lo utilizaría como casa de recreo y esparcimiento.

 

El diseño del jardín fue encargado al arquitecto valenciano Sebastián Monleón Estellés (1815-1878), autor de la Plaza de Toros, y para 1859 las obras ya estaban acabadas.

 

A la muerte en 1872 de su propietario, sin sucesión que le sobreviviese, hereda la propiedad doña Josefa Sancho Conchés, sobrina de su esposa doña Mariana Conchés († 1877). Josefa Sancho Conchés estaba casada con Joaquín Monforte Parrés de quien toma su actual nombre los jardines. En 1971 el Ayuntamiento de Valencia adquiere la propiedad del mismo, aunque ya en 1941 había sido declarado Jardín Artístico Nacional. En la actualidad es gestionado por la Fundación Pública Municipal de Parques y Jardines Singulares.

 

El actual Jardín tiene dos entradas, la secundaria que se realiza por una puerta abierta en el muro que rodea todo el perímetro y que se encuentra en la Pl.de la Legión Española y la entrada que dispone el pabellón de recreo en la calle Monforte, que habitualmente solo se abre para ocasiones o eventos (principalmente bodas civiles). La entrada del público a los jardines se realiza por una entrada lateral abierta en la fachada principal del palacete de recreo sin que sea necesario pasar por el interior del mismo.

 

El pabellón de recreo es un sencillo edificio de finales del siglo XIX de estilo academicista francés de planta rectangular, dos pisos y terraza, con una pequeña linterna octogonal en el centro de la misma. La fachada principal que recae a uno de los pequeños jardines tiene una gran balconada. Como hemos dicho el palacete es obra de Sebastian Monleón.

 

En consonancia con el carácter señorial del jardín se conserva este pabellón de recreo, especie de palacete construido a iniciativa del propio Marqués de San Juan, y cuya puerta era paso obligado, y único, al jardín. A la izquierda del zaguán una escalinata cuyas paredes se decoran con nueve figuras femeninas pintadas al temple y otros tantos medallones con amorcillos, conduce al piso principal, con varias estancias en torno a una central, porticada en estilo neopalladiano, cubierta con bóveda octogonal sobre pechinas, en cuyos segmentos aparecen pintadas diversas alegorías. Desde los balcones de este piso o desde la terraza abalaustrada se contemplan interesantes panorámicas de tan suntuoso jardín.

 

El pabellón de recreo se utiliza actualmente para la celebración de las bodas civiles con la intención de dar mayor boato a este tipo de celebraciones. Así mismo sus jardines son aprovechados por los novios para el ritual de las fotos, dada la gran belleza de los jardines.

 

De los dos pequeños jardines intimistas que tiene alrededor el pabellón destacamos el primero, que enfrenta a la fachada principal y que se caracteriza por un espacio cerrado por un pequeño muro de escasa altura en cuyo centro encontramos una alberca rodeada por un pequeña verja de hierro con un surtidor en el centro. Una sencilla portada formada por un arco de medio punto, adornada con dos dragones o grifos y a la que se accede por una pequeña escalera que salva el desnivel del terreno, permite el paso a los jardines. A este lugar se le suele denominar Glorieta de los Arcos.

 

En este espacio destacamos dos conjuntos escultóricos, situados a ambos lados de la escalera, uno de ellos representa a un grupo de niños jugando con un delfín y el otro grupo, otros niños tocando una caracola.

 

En la parte superior del pequeño muro a la altura de la portada encontramos dos conjuntos escultóricos que representan a unos amorcillos jugando con una oveja o cabra y el otro a otros amorcillos jugando con un perro. Dos estatuas de bulto redondo completan el conjunto, una de ellas representa al Dios Baco-Dionisios, dios del Vino, por ello alza con su mano derecha una copa de vino, mientras que con la izquierda sujeta un racimo de uvas. La segunda figura representa al Dios Mercurio-Hermes. Este lleva el sombrero de ala ancha, llamado petaso con unas pequeñas alas que nos informan que se trata del mensajero de los dioses. Además lleva una bolsa en su mano derecha como deidad del comercio.

 

Nada mas traspasar esta portada nos encontramos una pequeña alberca en cuyo centro encontramos a un niño cabalgando sobre un cisne. Nos encontramos ya en los amplios jardines.

 

Es aquí donde la vegetación adquiere exuberancias y efectos de jardín paisajístico en torno a un montículo artificial rodeado de añosos pinos, y en donde las magnolias, el laurel y el exótico ginobiloba reflejan sus frondosidades sobre la tersura cristalina del agua remansada en el gran estanque o lago artificial, de mas de 20 metros de diámetro y cuyo brocal forma ocho agallones con surtidores en éstos y en el centro. Las grutas que encierra este montículo, los senderos y pasadizos rústicos confieren cierto carácter romántico a este bosquete.

 

El segundo de los jardines que llamamos intimistas y situado en otro de los lados de la casa es de forma semicircular y llama la atención por la existencia de una portada formada sencillamente por las dos jambas sin dintel rematadas por jarrones, y en cuyos lados encontramos dos esculturas de dos leones similares a los que dispone el Congreso de los Diputados de Madrid.

 

En el muro de la casa, flanqueando la puerta de acceso al jardín, dos hornacinas abiertas en el muro albergan dos esculturas femeninas realizadas en mármol. Una de ellas representa a Hebe, diosa de la juventud y copera de los dioses. Lleva en su mano derecha una jarra mientras que con la izquierda sujeta un cáliz. La segunda figura, representa a Caliope o tal vez a Clio, la primera musa de la ciencia y la segunda musa de la Historia. A ambas se les suele representar con un rollo de papiro, que es lo que lleva en su mano izquierda esta escultura.

 

Los leones de piedra blanca de Colmenar (Madrid), son obra de José Bellver Collazos (Ávila 1824-Madrid 1869) y fueron realizados hacia 1850 para la escalinata del Congreso de los Diputados en Madrid, donde no llegaron a colocarse nunca, sino otros de bronce de Ponciano Ponzano, ya que en su momento se consideró que estos eran pequeños para el citado edificio. En 1864 Juan Bautista Romero los adquirió en Madrid y se los trajo para su palacio valenciano donde quedan ubicados desde entonces.

 

Rodeando la zona encontramos un barandal de hierro donde descansan ocho bustos sobre pequeños pedestales que representan a distintos filósofos, escritores y poetas.

 

Traspasada esta portada accedemos a los amplios jardines de cuidada traza geométrica en cuyo centro encontramos una gran fuente rodeada por una verja en cuyo centro hay un pedestal con cuatro caños de donde brota el agua y encima de este un conjunto formado por las ninfas Dafnis y Cloe. Este conjunto suele ser el icono preferido para representar la imagen corporativa de los Jardines de Monforte.

 

Alrededor de esta fuente encontramos cuatro figuras femeninas sobre pedestal que representan a los cuatro continentes, América con el caiman, Asia con un camello, Europa con un caballo y África con el león. Estas cuatro figuras son replicas exactas de las que se encuentran en los Jardines de Parcent. En esta zona es donde encontramos la mayoría de las esculturas que posee el jardín y contrasta con la otra zona ajardinada, ya que en este lugar se concentra una vegetación arreglada según el gusto francés de jardines geométricos, en contraposición al resto del jardín en donde destacan los árboles y la vegetación un poco más salvaje.

 

En definitiva sus casi once mil metros cuadrados de vegetación, protegidos por un alto muro perimetral crean un reposado ambiente en su interior, que invita a prolongar la estancia. La enumeración de las distintas clases de árboles, arbustos y flores seria extensísima y no es aquí el sitio para ello, pero conste que estos jardines son unos de los mas bonitos y seguramente el más tranquilo y placentero que tiene la ciudad de Valencia.

  

www.jdiezarnal.com/valencialosjardinesdemonforte.html

 

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JARDÍN DE MONFORTE

 

Año Construcción: 1859

Situación: c/ Monforte, Plz. Legión Española - Valencia

 

Autor: Sebastián Monleón Estellés

 

La unidad formada por palacete y jardín de Monforte fueron construidos en 1859, según proyecto del arquitecto Sebastián Monleón, sobre una existente casa particular de recreo con su huerto (Hort de Romero) situado en la zona extramuros de Valencia. Declarado Jardín Artístico nacional en 1941, fué restaurado ese mismo año por Javier de Winthuyssen. Desde 1970 es propiedad municipal, fecha en la que se amplió el jardín añadiéndole una franja en su parte oeste. El palacete, perfectamente integrado con el jardín a través de la circulación en crucero por su planta baja, tiene una planta superior cuadrada, formando una cruz griega con cuatro habitaciones en los ángulos laterales. Una linterna ilumina la bóveda de la planta principal adornada por numerosas pinturas al fresco. La terraza superior ofrecía en su tiempo, una vista panorámica de Valencia y su entorno. Fué restaurado en 1985 y actualmente no es visitable, abriendo sólo para la celebración de bodas civiles. El jardín, de corte romántico con episodios neoclásicos, está considerado uno de los mejores ejemplos españoles. En apenas 12.000 m. desarrolla dos zonas principales: una geométrica o parterre viejo, con setos recortados y esculturas italianas de mármol, y otra naturalista mas informal (accesible por el singular patio- jardín secreto lateral de la casa) con gran estanque y montañita artificial plantada de pinos y sotobosque, que alberga una gruta en la parte inferior. El jardín triangular, que a modo de rótula une estas dos partes, recuerda a los jardines arábigo-valencianos: setos de mirto, naranjos de copa alta y fuente con cantinela de agua, enmarcada por arcos de ciprés. El túnel metálico cubierto de Bougainvillea y una rosaleda, completan la planta irregular de este jardín en el que uno de los logros de su excepcional trazado es la transición gradual, casi imperceptible, entre sus diferentes zonas. Los ejemplares de Cupressus, Pinus, Taxus, Ginkgo, Cocculus, Magnolia, etc han alcanzado gran envergadura y consiguen aislarnos del entorno, creando un ambiente de isla verde en medio de la ciudad a pesar de la presión de edificación en su perímetro. Sólo es posible acceder al jardín por la puerta de la ampliación de 1970. Inexplicablemente, no está abierto el acceso natural, a través de la casa, y el visitante debe tenerlo en cuenta porque esto dificulta la lectura y comprensión del espacio.

 

(Texto extraido de la "Guia de Arquitectura de Valencia" CTAV 2007. )

 

www.arquitectosdevalencia.es/arquitectura-de-valencia/xvi...

 

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LA EXPULSIÓN DE LO DISTINTO

 

«Internet no se manifiesta hoy como un espacio de la acción común y comunicativa. Más bien se desintegra en espacios expositivos del yo»

  

El hiperconsumismo, la autoexplotación y el miedo al otro son algunos de los rasgos distintivos de la civilización moderna, de acuerdo con los postulados que el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, una de las voces más reputadas para diseccionar la sociedad del siglo XXI, expone en su último ensayo, ‘La expulsión de lo distinto’ (Herder Editorial).

 

La escucha tiene una dimensión política. Es una acción, una participación activa en la existencia de otros, y también en sus sufrimientos. Es lo único que enlaza e intermedia entre hombres para que ellos configuren una comunidad. Hoy oímos muchas cosas, pero perdemos cada vez más la capacidad de escuchar a otros y de atender a su lenguaje y a su sufrimiento. Hoy, de alguna manera, cada uno se queda a solas con sus sufrimientos y sus miedos. El sufrimiento se privatiza y se individualiza, pasando a ser así objeto de una terapia que trata de curar el yo y su psique. Todo el mundo se avergüenza, pero cada uno se culpa solo a sí mismo de su endeblez y de sus insuficiencias. No se establece ningún enlace entre mi sufrimiento y tu sufrimiento. Se pasa por alto la sociabilidad del sufrimiento.

 

La estrategia de dominio consiste hoy en privatizar el sufrimiento y el miedo, ocultando con ello su sociabilidad, es decir, impidiendo su socialización, su politización. La politización significa la transposición de lo privado a lo público. Lo que hoy sucede es más bien que lo público se disuelve en lo privado. La esfera pública se desintegra en esferas privadas.

 

La voluntad política de configurar un espacio público, una comunidad de la escucha, el conjunto político de oyentes, está menguando radicalmente. La interconexión digital favorece este proceso. Internet no se manifiesta hoy como un espacio de la acción común y comunicativa. Más bien se desintegra en espacios expositivos del yo, en los que uno hace publicidad sobre todo de sí mismo. Hoy, Internet no es otra cosa que una caja de resonancia del yo aislado. Ningún anuncio escucha.

 

La alborotadora sociedad del cansancio es sorda. A diferencia de ella, la sociedad venidera podría llamarse una sociedad de los oyentes y de los que atienden. Hoy es necesaria una revolución temporal que haga que comience un tiempo totalmente distinto. Se trata de redescubrir el tiempo del otro. La actual crisis temporal no es la aceleración, sino la totalización del tiempo del yo. El tiempo del otro no se somete a la lógica del incremento del rendimiento y la eficiencia, la cual genera una presión para acelerar. La política temporal neoliberal elimina el tiempo del otro, que por sí mismo sería un tiempo improductivo. La totalización del tiempo del yo viene acompañada de la totalización de la producción, que hoy abarca todos los ámbitos vitales y conduce a una explotación total del hombre. La política temporal neoliberal elimina también el tiempo de la fiesta, el sublime tiempo nupcial, que no se somete a la lógica de la producción. Conduce a la eliminación de la producción. A diferencia del tiempo del yo, que nos aísla y nos individualiza, el tiempo del otro crea una comunidad. Por eso es un tiempo bueno.

 

Byung-Chul Han es profesor de Filosofía y Estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín y autor de más de una decena de títulos, entre los que destacan ‘En el enjambre’, ‘Psicopolítica’ o ‘La sociedad del cansancio’.

  

ethic.es/2018/10/la-expulsion-de-lo-distinto-byung-chul-han/

  

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Byung-Chul Han y la expulsión de lo distinto

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El filósofo surcoreano, una de las voces autorizadas para diseccionar la sociedad del hiperconsumismo actual, dio a conocer un nuevo libro con la tesis de que los individuos hoy se autoexplotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, de esta manera, en "el desierto, o el infierno, de lo igual".

 

Byung-Chul Han (Seúl, 1959) asegura tener una fórmula propia de resistencia política que no convierte en categoría pero comparte encantado: no tiene smartphone, no hace turismo —”el turista viaja por el infierno del igual, circula como si fueran mercancías”—, en su hogar en Berlín solo escucha música analógica (“tengo un jukebox y dos pianos de 400 kilos”, confiesa), no trata a sus estudiantes de Filosofía de la Universidad de las Artes de Berlín como a clientes y ha dedicado tres años de su vida “a cultivar un jardín secreto”, cuya experiencia revelará en el libro Elogio de la tierra.

 

NARCISISMO

Según Han, “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.

 

AUTENTICIDAD

Para el autor surcoreano, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”.

 

BIG DATA

“Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual… Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas… Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos… ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE.UU. hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones… Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”.

 

AUTOEXPLOTACIÓN

Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.

 

COMUNICACIÓN

“Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.

 

OTROS

Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo… En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.

 

TIEMPO

Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo. “La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”.

 

JARDÍN

“Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones… Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está… Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números”.

 

MIGRANTES

Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal “no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.

  

culto.latercera.com/2018/02/07/byung-chul-han-la-expulsio...

 

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Yo, yo mismo y el eco: 'La expulsión de lo distinto', por Byung-Chul Han

  

En su último libro, el filósofo surcoreano residente en Alemania ahonda en las inquietantes consecuencias que se derivan de nuestra actual relación solo con lo que es igual y no con lo que nos confronta

 

Destácate. Aprende inglés. Millones de personas hablan ya inglés, no seas uno más, aprende otro idioma: aprende portugués. Por el mercado brasileño, porque es parecido al español. Pero si todavía no domino el inglés, piensas. Escuela Oficial de Idiomas, matrícula para portugués. Cientos de personas quieren aprender portugués, estás en lista de espera. No consigues matricularte en portugués. Sufres: todos te están adelantando. Da un salto en tu carrera: aprende chino. El chino es una meta a largo plazo, pero te ayudará a diferenciarte del resto de candidaturas a un puesto de trabajo. Las clases de chino también están colapsadas, pero tienes suerte: entras en chino. Quizás, dentro de cinco años puedas tener cierta soltura, aunque no te lo parece. No sin pasas una temporada en China. Conoces a gente que se está yendo a China. Ellos ya saben chino, qué suerte. ¿Cómo pueden ya saber chino?, piensas. Para cuando tú sepas algo de chino, todo el mundo sabrá chino. Suspiras. Te agobias un poco. Las clases de chino ya no te resultan tan útiles. Piensas en dejártelas. ¿Ruso? Es una posibilidad. No hay tanta gente que hable ruso. En realidad, todavía no domino el inglés, recuerdas. ¿Pasaría una entrevista en inglés? Seguir con el inglés da pereza. El inglés es lo de siempre, consideras. Aunque todavía no lo hables con fluidez.

 

¿Estás trabajando tu marca personal?, te pregunta un conocido. Le han dicho que es muy importante en unas jornadas sobre marketing digital. Tienes el LinkedIn bastante abandonado, aunque no sabes si eso se considera marca personal. Facebook lo usas, no demasiado. Sobre todo para leer y compartir. En Instagram sí que compartes bastantes stories, pero no dirías que eso es marca personal. ¿Lo es? ¿Existe tu marca personal? Te agobias un poco. No sabes si para las salidas que tienes en mente la marca personal influirá mucho. Claro que influye, te dice un conocido: la marca personal, ahora, lo es todo. Los recruiters -los de recursos humanos, te tiene que aclarar- se fijan mucho en eso. Siempre miran los perfiles en las redes de la gente que aspira a ser contratada. Deberías haber sabido qué es un recruiter. Suspiras. Tienes que mejorar tu inglés. Tienes que adquirir nociones de marketing. Para venderte mejor, que es que te vendes fatal. Para venderte, ¿a quién? ¿A cambio de qué? Te vendes fatal, ahora te das cuenta. Por eso no encuentras trabajo. Trabajo, trabajo, trabajo. No te lo quitas de la cabeza. Tu problema es que eres muy igual a los demás, tienes que diferenciarte. Tienes que destacar. Tu currículum es muy aburrido, no es creativo, como el de todos esos creativos y creativas que trabajan en agencias de creatividad.

 

Necesitas un descanso, pero necesitas dinero. La luz ha subido mucho. En cuanto puedas te escapas. Una escapada de unos días. Cuando pagues algunas facturas. A la sierra de Albarracín. O mejor, al pueblo ese que han dicho que es el más bonito de España. Dicen que es muy bonito. Tú todavía no has ido, y ya lleva unos meses siendo el pueblo más bonito de España. Por las fotos que han compartido tus conocidos parece bonito. Te han dicho, eso sí, que si quieres ir un par de días llames antes porque solo hay tres casas rurales y están siempre llenas. Es que claro, con eso de que es el pueblo más bonito de España, está yendo mucha gente. Menuda campaña de marketing, piensas, seguro que no es para tanto. Seguro que no es como Hondarribia, o como cualquiera de los pueblos de los Picos de Europa. Ya está ahí otra vez el marketing: notas como se te encoge un poco el corazón. ¿Para qué piensas en todo esto? En lo que tendrías que estar pensando es en lo que te dijeron de la marca personal. ¿Hace cuánto que no actualizas Twitter? ¿Mirarán tu Twitter? Tienes puesto un alias, ¿mejor con tu nombre o con un alias? Tienes que preguntárselo a esa amiga que trabaja en marketing, ella seguro que lo sabe. A ella le van muy bien las cosas. No como a ti. A ti ni siquiera sabes cómo te van. Mal, supones. Así nunca vas a poder tener hijos.

  

A decir verdad, la única manera de diferenciarse a día de hoy es consumiendo pensamiento como el que nos ofrece el filósofo surcoreano Byung-Chul Han en La expulsión de lo distinto (Herder, 2017), su último libro, una obra breve pero amplísima en verdades, que se encarga de poner palabras a todas esas intuiciones, sentimientos vagos pero funestos o impresiones contrastadas sobre el presente y el devenir inmediato de nuestra especie que todo ese ruido digital ha instalado en tu mente. Advierte el filósofo surcoreano de que estamos muy lejos del paraíso de las posibilidades infinitas para la originalidad que nos prometía internet, que al contrario, nuestra realidad está transformándose -la transformación, de hecho, está ya muy avanzada- en el infierno de lo igual. En este caso, Mefistófeles es el neoliberalismo, y su más aguerrido general, la propaganda que encubre sus fechorías y su ambicioso proceso de destrucción de la diferencia. Cómo, pero si ahora se puede personalizar cualquier cosa: si he personalizado mi perfil en distintas redes sociales, mi pantalla de inicio, unas zapatillas, mi fixie. Personalizar. Adecuar a mi persona. A mí. Yo, yo, yo. ¿No consistía en eso el ser distinto?

 

¿No es cierto que en nuestras ciudades se protege la diversidad? Ah, amigo, ahí está una de las trampas que desvela Byung-Chul Han: diversidad es un concepto diseñado para satisfacer nuestra necesidad de autenticidad, pero ambos, diversidad y autenticidad, son solo envoltorios con una etiqueta sugerente. Marketing: “La diversidad solo permite diferencias que estén en conformidad con el sistema. Representa una alteridad que se ha hecho consumible. Al mismo tiempo, hace que prosiga lo igual con más eficiencia que la uniformidad, pues, a causa de una pluralidad aparente y superficial, no se advierte la violencia sistemática de lo igual. La pluralidad y la elección fingen una alteridad que en realidad no existe”, asegura el filósofo. Por otra parte, “el imperativo de autenticidad desarrolla una obligación para consigo mismo, una coerción a cuestionarse permanentemente a sí mismo, a vigilarse a sí mismo, a estar al acecho de sí mismo, a asediarse a sí mismo. Con ello intensifica la referencia narcisista. El imperativo de autenticidad fuerza al yo a producirse a sí mismo”. Resulta difícil ponerle alguna pega.

 

El análisis de Byung-Chul Han es tan lúcido que da vértigo. ¿No es cierto, como afirma, que en nuestra carrera a ciegas hacia la autorrealización y a la autooptimización, en el transcurso de esa yincana en la que vamos obteniendo la habilidades que se supone que debemos obtener para ser productivos y que hemos reflejado en los primeros párrafos de este artículo, nos vamos agotando, quedamos extenuados y para colmo somos cada vez más iguales? ¿No es cierto que si todos queremos ser diferentes, somos iguales en querer ser diferentes? Decimos mucho, pero escuchamos poco. Las redes sociales, sin caer en lo apocalíptico, son cajas de eco. Una escucha real, la que propone Chul Han -porque en La expulsión de lo distinto, el filósofo propone-, tiene más que ver con vaciarse para acoger al otro que con participar y emitir juicios. Habrá que ir remediando todo esto, tendremos que ir recuperando la capacidad para relacionarnos con lo que nos es de verdad ajeno si no queremos, como se atreve a pronosticar el autor, que en un futuro, quizás, la carrera de moda, la que nos ayude a diferenciarnos o al menos a tener un empleo asegurado, sea la de oyente.

 

Eduardo Almiñana

  

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¿Dónde está el Otro?

 

Al neoliberalismo no lo guía la razón, dice Han, sino una vesania que provoca tensiones destructivas que se descargan en forma de terrorismo o nacionalismo

"A la globalización le es inherente una violencia que hace que todo resulte intercambiable, comparable y, por ende, igual", defiende en La expulsión de lo distinto

 

Frans van den Broek

 

losdiablosazules@infolibre.es @_infoLibre

  

La expulsión de lo distinto

Byung-Chul Han

Traducción de Alberto Ciria

Herder Editorial

Barcelona

2017

 

La expulsión de lo distinto, de Byung-Chul Han. Buena parte de la actividad intelectual del filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han se ha abocado a la tarea de analizar críticamente la sociedad moderna, desbrozando su estructura interna, en sentido ontológico y hasta metafísico, y diagnosticando sus enfermedades intrínsecas. Byung-Chul Han considera que el espíritu neoliberal imperante no solo afecta a las relaciones económicas y políticas, sino al conjunto de la sociedad en todos sus aspectos. En La expulsión de lo distinto se ocupa de analizar desde varias perspectivas la prevalencia de lo que llama el infierno de lo igual.

  

Según este filósofo la sociedad actual padece de la desaparición del Otro, esto último entendido no solo como la presencia de culturas o personas distintas al mundo occidental, sino como comprendiendo elementos culturales y espirituales que el sistema neoliberal ha hecho desvanecerse por su propia lógica. Dice al comienzo del libro: "El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo. Hoy, la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual". El neoliberalismo necesita uniformidad y estabilidad, que permita el libre flujo de capitales y personas, y el consumo masivo de productos que se asemejan en todas partes por la globalización. De esta premisa fundamental extrae Byung-Chul Han varias conclusiones, todas referidas a la desaparición del otro en varios ámbitos. Afirma que lo que aqueja a la sociedad actual no es la represión, sino la depresión, que viene de dentro, causada por el imperio de lo igual. Al ser le hace falta la negatividad para adquirir plenitud óntica. Pero esta negatividad es un obstáculo para la sociedad neoliberal, por lo que se desvanece.

 

Byung-Chul Han atribuye violencia a la globalización: "A la globalización le es inherente una violencia que hace que todo resulte intercambiable, comparable y, por ende, igual. La comparación igualatoria total conduce, en último término, a una pérdida de sentido". Habría incluso una relación entre la violencia del sistema neoliberal y el fenómeno del terrorismo, según este filósofo. "El terrorismo es el terror del singular enfrentándose al terror de lo global". Los atentados terroristas abren una brecha en el alisado horizonte vital del neoliberalismo y lo confrontan con la muerte, que es una de las formas del Otro que la sociedad prefiere reformular en términos de positividad igualitaria. El neoliberalismo engendraría una injusticia de tal orden global que no puede sino generar una respuesta, bien en la forma de terrorismo o subjetivamente como depresión. En el sistema neoliberal imperarían la libertad y la capacidad de elección, pero en el fondo relega a la invisibilidad a todo aquello que no se ajuste a sus necesidades. En palabras de Byung-Chul Han: "Construye un «apóptico», una construcción basada en una «óptica excluyente» que identifica como indeseadas y excluye por tales a las personas enemigas del sistema o no aptas para él". El universo digital en el que vivimos no ha hecho sino aumentar esta ilusión de libertad, a la vez que la reduce al nivel del "me gusta" de las redes sociales, alentada por la hipercomunicación y el hiperconsumo.

 

El neoliberalismo se presenta a menudo como el desarrollo lógico de la Ilustración, esto es, como el resultado feliz del uso de la razón, en contraste con la irracionalidad medieval o el barbarismo de sociedades no desarrolladas. Pero Byung-Chul Han piensa lo contrario. No lo guía la razón, nos dice, sino una vesania que provoca tensiones destructivas que terminan descargándose en forma de terrorismo o nacionalismo. Al nivel del individuo se exige cada vez más autenticidad, pero esta autenticidad está muy lejos del sí mismo que asume su existencia en codependencia con el otro en todas sus formas. Es una autenticidad que debe encajar en el engranaje del neoliberalismo y su necesidad de producción. El imperativo de la autenticidad, nos dice este filósofo, fuerza al yo a producirse a sí mismo y a configurarse una imagen superficial que elimine el otro de nuestra subjetividad. Incluso la costumbre tan extendida de hacerse selfies es cuestionada por este autor: "La adicción a los selfies no tiene mucho que ver con el sano amor a sí mismo: no es otra cosa que la marcha en vacío de un yo narcisista que se ha quedado solo. En vista del vacío interior uno trata en vano de producirse a sí mismo".

 

Hasta la muerte desaparece de nuestro horizonte vital. Inspirado en Heidegger, Byung-Chul Han considera a la muerte elemento imprescindible de la verdadera existencia auténtica, por cuanto la muerte inscribe en el ente la negatividad del misterio, de lo radicalmente distinto, del abismo insondable. "En los tiempos actuales, que aspiran a proscribir de la vida toda negatividad, también enmudece la muerte. La muerte ha dejado de hablar", escribe. Nos recuerda Han que la experiencia auténtica de la vida requiere de la experiencia del umbral hacia lo radicalmente otro, como en los ritos de iniciación o la experiencia del arte, de lo sublime. Pero ahora con el internet nos hemos vuelto turistas, pasajeros superficiales que solo rozan los contornos del umbral o lo pierden de vista. El ser humano ya no habita umbrales, algo que implica la experiencia del dolor y de la transformación. Los turistas en que nos hemos convertido no atraviesan umbrales de transformación. Más bien viajan por el infierno de lo igual, sumergidos en el universo de la hipercomunicación, en el que todo se mezcla con todo. Hasta las fronteras entre lo interno y lo externo se difuminan, hoy estamos convertidos en una "pura superficie de absorción y reabsorción en las redes de influencia".

 

Ahora que el marxismo se ha perdido como punto de referencia filosófico y político, y que el régimen neoliberal impera globalmente, la explotación ya no es solo apropiación de las fuerzas de trabajo, alienación y desrealización de sí mismo. La explotación se experimenta como libertad, autorrealización y autooptimización. Ya no existe el explotador de manera evidente, quien se apropia de nuestras fuerzas de trabajo para su propia ventaja, sino que el individuo se explota a sí mismo, en la creencia de que haciendo esto se realiza.

 

En el mundo digital hasta los objetos han perdido su gravedad, su pesadez óntica como contrapeso a la subjetividad. No replican con su presencia entitativa, han dejado de ser, como remarca este escritor, obicere: "De ellos no viene ninguna resistencia. La desaparición de lo contrario se produce hoy en todos los niveles. El «me gusta» se opone al obicere. Hoy todo reclama el «me gusta». La ausencia total de lo contrario no es un estado ideal, pues sin lo contrario uno sufre una dura caída golpeándose consigo mismo. Dicha ausencia conduce a una autoerosión". En el universo digital del neoliberalismo, que Han llama panóptico digital, no existe la perspectiva, pues la vigilancia se da desde todas las perspectivas, y se elimina el misterio y presencia de las otras subjetividades. La hipercomunicación no pone en contacto a personas, cuya presencia real supone negatividad constitutiva de la propia, sino a fantasmas iguales cuya interioridad ha perdido profundidad y misterio, y se ven iluminados desde todas partes, incluso desde dentro. El yo que requiere el neoliberalismo no está más cerca del otro, al contrario. La voz del otro se encuentra con la esfera impermeable del ego, que está cada vez más ensimismado. "La sobrecarga narcisista que caracteriza el centrarse en sí mismo nos vuelve sordos y ciegos para el otro. En el ruido digital de lo igual hemos dejado de percibir la voz del otro. Es decir, nos hemos vuelto resistentes a la voz y a la mirada".

 

Hasta el arte se ve afectado en una cultura del "me gusta", volviéndose complaciente. El arte, dice este autor, tiene su hogar en lo inhóspito, y debe abrir la percepción a lo otro, al prójimo, a lo distinto e inquietante. Pero el arte actual, inscrito en una línea uniforme de producción, se transforma en entretenimiento superficial. El misterio propio del arte, su focalización en el otro, se pierden, ya que el sistema neoliberal centra la atención en el ego y en lo igual, y pone el énfasis en la autoproducción. El ser sí mismo significa una carga ontológica y el neoliberalismo incrementa esta carga hasta lo desmesurado, con el objetivo de maximizar la productividad. De donde los fenómenos del burn out y la depresión también, pues el individuo, que se cree libre, está sobrecargado por la exigencia de producción y la hipercomunicación y el hiperconsumo.

 

Byung-Chul Han no propone alternativas claras, en sentido político, al infierno de lo igual, pero recalca las virtudes del acto de escuchar. En un mundo centrado en el ego productivo y olvidado del otro, la escucha se plantea como un acto que quiebra el encierro subjetivo del individuo: "Escuchar no es un acto pasivo. Se caracteriza por una actividad peculiar. Primero tengo que dar la bienvenida al otro, es decir, tengo que afirmar al otro en su alteridad. Luego atiendo a lo que dice. Escuchar es un prestar, un dar, un don". Para poder experimentar la vida con plenitud no se puede evitar la conmoción, la vulnerabilidad existencial. Y escuchar, esto es, abrirse al otro, nos expone a la conmoción, nos hace vulnerables. Este filósofo parece querer decirnos que al sistema neoliberal solo se le puede hacer frente con la apertura y la escucha del ser en su totalidad, sin cortapisas o escamoteos. Abriéndose al misterio, al peligro, a la voz del prójimo que nos hace ser lo que somos.

 

*Frans van den Broek es escritor.

 

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La expulsión de lo distinto, de Byung-Chul Han

  

Dentro de una temática muy definida, caracterizada por la crítica al capitalismo en su fase más actual y el estudio de las dinámicas del poder, el pensamiento de Byung-Chul Han ha tomado cuerpo a lo largo de sus sucesivos ensayos, construyendo un conjunto de tesis en las que confluyen sus numerosos análisis sobre cultura, comunicación, arte y filosofía, donde encuentran cabida Heidegger, Hegel, Nietzsche y una aún discreta pero apreciable influencia del psicoanálisis. No se puede hablar en el caso de Han de una única propuesta a la problemática contemporánea, dada la amplitud del escrutinio al que somete a la sociedad, lo cual no significa que el coreano-alemán se conforme con un planteamiento meramente teórico: hay a lo largo de su obra una clara orientación pragmática, un discurso ético que en La expulsión de lo distinto se centra en la alteridad, la necesidad de lo negativo y la denuncia al exceso de positividad.

 

Han dedica las primeras páginas a recapitular su tesis sobre la saturación positiva, que en ensayos anteriores describió mediante una analogía inmunológica: si bien el cuerpo posee recursos para combatir la amenaza de lo diferente, no dispone de mecanismos con los que contrarrestar «la proliferación de lo igual». El cuerpo humano libera anticuerpos en caso de enfermedad vírica, pero carece de respuesta ante la obesidad. El capitalismo, como sistema por y para la producción, «expulsa todo lo distinto», anula toda negatividad en cuanto esta constituye un obstáculo. Libre de la delimitación que impone lo negativo —una delimitación necesaria, en cuanto «da forma y medida»— la producción deviene destrucción, la información deforma y la comunicación, en lugar de proporcionar conocimiento, resulta en un proceso meramente acumulativo.

 

En este apartado cabe señalar dos observaciones particularmente acertadas: cómo en el capitalismo el cuerpo pasa a ser «un objeto funcional que hay que optimizar» y cómo «el juego mismo se transforma en un modo de producción: el trabajo pasa a ser un game», en cuanto el régimen neoliberal genera —«aspira a generar», sería un interesante matiz— una situación post-marxista en la cual el trabajador no se enajena en su trabajo, sino que se auto-realiza, se define, se optimiza a través de él.

 

Detengámonos en estos dos aspectos un momento. En primer lugar, frente a la caduca visión platónico-ilustrada del cuerpo como mera materia guiada por el espíritu, toda una genealogía materialista —desde Spinoza hasta Marx, pasando por Tomás de Aquino y Nietzsche, a quien Eagleton atribuye un punto de vista descrito como «materialismo somático»— ha concedido entidad al cuerpo, en cuanto elemento indispensable de nuestra relación con el mundo y agente autónomo, espontáneo, «sujeto histórico» en palabras de Barthes. El capitalismo niega la autonomía materialista del cuerpo, imponiendo sobre este una visión cosificadora, mecanicista: como anticipaba Marx, hasta el trabajador se convierte en objeto, en mercancía. El cuerpo ya no es «eso que ya somos», sino un montón de materia que modificar y corregir con medicamentos y drogas —si estás cansado porque tu trabajo te agota, tómate esto; si el agotamiento emocional te hunde, toma esto otro—. Algo que someter, incluso, si hiciese falta. «Que nada te pare», ese eslogan publicitario tan frecuente en anuncios de bebidas energéticas, cremas antiojeras y suplementos vitamínicos parece querer decir «Que nada [ni siquiera tú mismo, en cuanto cuerpo] pare [tu capacidad productiva]». El cada vez más frecuente uso de la palabra «rendimiento» para referirse a lo somático también apunta en esta dirección.

 

Llevar al trabajo las dinámicas del juego es una forma de eliminar la separación de espacios, la negatividad: la frontera entre ocio y labor se diluye, buscando siempre la expansión de lo segundo a todos los ámbitos de la vida. El trabajo por objetivos —en el cual estos nunca dejan de llegar—, las bonificaciones salariales, los incentivos o, más allá del mundo laboral, la inclusión de programas de «ludificación» en el ámbito educativo buscan convertir la producción en un juego. El juego, defiende Gadamer, crea su propia temporalidad, absorbe al jugador, lo rebasa: «jugar es ser jugado», ¿por quién, en la situación descrita por Han? Por el capitalismo. Sin embargo, el trabajo como juego no se trata de un juego real, en cuanto sirve a un propósito que lo trasciende, no es un fin en sí mismo, carece de espontaneidad y está gobernado por un objetivo. No hay en él sino motivación acumulativa, primaria, condicionada, mecánica, orientada a la producción. El trabajador cuyo trabajo se «ludifica» está jugando tanto como el burro atado a la rueda de molino «juega» a perseguir la zanahoria que pende ante él, siempre fuera de su alcance.

 

Pero volvamos a Han. Los acontecimientos más recientes no pasan desapercibidos al filósofo, que dedica el segundo capítulo al auge de los nacionalismos y la crisis de refugiados, dos fenómenos caracterizados por un irracional miedo a lo ajeno. En Europa, la vergonzosa gestión de la crisis de refugiados por parte de las autoridades, más preocupadas por las impopulares consecuencias de acoger en sus países a quienes huyen de la guerra, dejaron escenas de alambre de espino con jirones de ropa enganchados en sus púas, refugiados muriendo de frío en campamentos abandonados y cadáveres boca abajo en la arena de playa. En Estados Unidos, los nacionalistas blancos actúan con violencia hacia el Otro mientras se materializa la soflama trumpiana y se recoge la macabra cosecha de normalizar el discurso de odio: ataques a cementerios judíos y asesinatos de ciudadanos de otras razas, con el alarido xenófobo «sal de mi país/vuelve a tu país» como aspecto en común. La saturación positiva y el rechazo a la alteridad que describe Han no se limita, por ejemplo, a la corrupción de la comunicación en redes sociales: cuesta vidas y allana el terreno al autoritarismo.

 

Centrando el análisis en el individuo, Han observa que el capitalismo carga a este no solo con una expectativa de rendimiento, sino con la necesidad de ser «auténtico». Esta dinámica, descrita en clave psicoanalítica, merece ser transcrita aquí:

 

El imperativo de la autenticidad engendra una coerción narcisista. […] El sujeto narcisista solo percibe el mundo en las matizaciones de sí mismo. La consecuencia fatal de ello es el que el otro desaparece. […] Hoy, las energías libidinales se invierten sobre todo en el yo. La acumulación narcisista de libido hacia el yo conduce a una eliminación de la libido dirigida al objeto, es decir, de la libido que contiene el objeto.

 

Acaba eliminándose lo otro, ya sea por excesiva atención a uno mismo o por frontal negación de lo distinto: así ocurre con la muerte, de lo que hablamos en una entrada anterior y el autor analiza a partir de la perspectiva de Martin Heidegger de la muerte como elemento dador de sentido. Aislado en sí mismo, el sujeto se convierte en blanco de las patologías engendradas por esta vaciedad: depresión, autolesiones, suicidio. «Cuando se niega la muerte en aras de la vida, la vida misma se trueca en algo destructivo. Se vuelve autodestructiva».

 

La eliminación de la distancia comunicativa, la desmitificación de lo misterioso y la manifestación de lo distinto como mirada son aspectos que Han aborda desde la tesis del panóptico digital, un concepto acuñado por él y presente a lo largo de su obra, resultado de la transparente comunicación de Internet y las redes sociales, mediante el cual plantea la superación del autoritario panóptico benthamiano. Este panóptico digital no restringe la libertad: la promueve y la explota. Es este un rasgo característico del poder, descrito en su anterior ensayo: el auténtico poder no se basa mayoritariamente en restringir la libertad con una respuesta violenta, sino que de tan hegemónico promueve dicha libertad —o «la libertad dentro de sus márgenes», si queremos ser precisos—, la cual lo refuerza y beneficia.

 

Un poder hegemónico, por lo tanto, no tiene miedo de esa libertad porque de ella no surge ningún contrapoder: la indignación colectiva en las redes sociales, los linchamientos digitales, «no configura ninguna esfera pública». En lo individual, el panóptico digital no nos hace sentir observados ni vigilados: nos sentimos libres, «y por ello nos desnudamos voluntariamente». ¿Una afirmación exagerada? Basta echar un vistazo a cualquier muro de Facebook, lleno de actualizaciones con fechas, horas, ubicaciones y estados de ánimo, para comprobar su veracidad. ¿Quién se beneficia de toda esta información? O dicho en las palabras del cantante punk Evaristo Páramos, «¿dónde está la araña en las redes sociales?». Responde Han: en las compañías que acumulan, manejan y venden el Big Data.

 

Frente a esta saturación positiva, a esta negación de la alteridad, a estos egos hipertrofiados, narcisistas, a este panóptico digital que transforma la comunicación real en pura conexión, La expulsión de lo distinto ofrece una alternativa: la escucha. Han, con Nietzsche, propone un cambio no en las condiciones externas sino en aspectos tan inmediatos, cotidianos y privados como la comunicación que establecem

Si los siete sabios de Roma aconsejaron a su Príncipe que estuviera callado durante siete días, lo hicieron porque el silencio es el mejor de los consejos, el dueño de la libertad. Si los dioses griegos eligieron el Monte Olimpo para desde allí mandar sobre el cielo, mar y tierra, lo hicieron porque en Tesalia nació la raza helénica y sus llanuras fueron de una gran fertilidad. Nada mejor que las historias y leyendas, tan llenas de sabiduría, para el mejor de los placeres, como es el de pasear por un pequeño paraíso en el centro de la ciudad, lleno de mitologías, de semblanzas, de fuentes y de rincones con la distinción del buen gusto.

 

Más de treinta esculturas emergen bajos los frondosos árboles, frutos de recuerdos románicos u homéricos que dan vida al jardín neoclásico construido en la propiedad de Juan Bautista Romero, Marqués de San Juan, a mediados del siglo XIX. El romanticismo de sus pérgolas se cobija en las buganvillas, y por sus calles, marcadas por una vegetación relajante, como auténticos senderos de paz, discurre el encuentro con personajes de mármol al frescor de los pequeños surtidores en torno al estanque: el que da forma a una flor de nenúfar bajo la sombra mágica de los magnolios.

 

Es el lugar ideal donde los recién casados dejan para la posteridad el mejor de los recuerdos, ambientado en los setos con recortes del mejor gusto francés y el exuberante romanticismo de sus árboles. Allí, donde la cola de la novia luce como una reina, ante el porte meloso del galán en el día que gozan de su enlace matrimonial.

 

El palacete, lugar de descanso del Marqués de San Juan, a su muerte, pasó a su esposa, quien transmitió la propiedad a su sobrina, casada con Joaquín Monforte Parrés, que da nombre al jardín. En la actualidad es propiedad municipal desde el año 1970, y de su gestión, se encarga la Fundación Pública Municipal de Parques y Jardines Singulares.

 

El Jardín de Monforte, cerrado y abierto al público en horas de visita, es uno de los más encantadores rincones de mi ciudad. El lugar ideal para perderse en el tiempo ante la presencia callada de tribunos y personajes mitológicos que ofrecieron a la humanidad lo mejor de si mismos. Y fue tan docta su enseñanza que nada mejor que un vergel para rubricarla.

 

Julio Cob

  

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"...el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea".

  

El acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que existe entre dos seres humanos, excepto en forma momentánea.

 

Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, el patrón del grupo, estoy salvado: salvado de mi temible experiencia de la soledad.

 

La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos- y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría-.

 

“Quien salva una sola vida, es como si hubiera salvado a todo el mundo, quien destruye una sola vida, es como si hubiera destruido a todo el mundo”.

 

Todos obedecen las mismas órdenes, y no obstante, todos están convencidos de que siguen sus propios deseos. Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización del hombre, y esa estandarización es llamada “igualdad”.

 

El hombre se convierte en “ocho horas de trabajo” […] Tiene muy poca iniciativa, sus tareas están prescritas por la organización del trabajo […] Aún los sentimientos están prescritos.

 

Desde el nacimiento hasta la muerte, de lunes a lunes, de la mañana a la noche: todas las actividades están rutinizadas y prefabricadas. ¿Cómo puede un hombre preso en esa red de actividades rutinarias recordar que es un hombre, un individuo único, al que solo le ha sido otorgada una única oportunidad de vivir, con esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con el anhelo de amar y el miedo a la nada y a la separatidad?

 

El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque” […] dar, no recibir. ¿Qué es dar? El malentendido más común consiste en suponer que dar significa “renunciar” a algo, privarse de algo, sacrificarse.

 

¿Qué le da una persona a otra? […] da lo que está vivo en él […] No da con el fin de recibir, dar es de por si una dicha exquisita […] Dar implica hacer de la otra persona un dador, y ambas comparten la alegría de lo que han creado. […] el amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor.

 

Nos conocemos y, a pesar de todos los esfuerzos que podamos realizar, no nos conocemos. Conocemos a nuestros semejantes y, sin embargo, no los conocemos, porque no somos una cosa, y tampoco lo son nuestros semejantes. Cuanto más avanzamos hacia las profundidades de nuestro ser, o el ser de los otros, más nos elude la meta del conocimiento. Sin embargo, no podemos dejar de sentir el deseo de penetrar en el secreto del alma humana, en el núcleo más profundo que es “él”.

 

El amor es la penetración activa en la otra persona […] En el acto de fusión, te conozco, me conozco a mi mismo, conozco a todos – y no “conozco” nada-.

 

El amor infantil sigue el principio: “Amo porque me aman”. El amor maduro obedece al principio: “Me aman porque amo”. El amor inmaduro dice: “Te amo porque te necesito”. El amor maduro dice: “Te necesito porque te amo”.

 

El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo […] Si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo la vida.

 

Como lo expresó bellamente Simone Weil: “las mismas palabras [por ejemplo, un hombre dice a su mujer, “te amo”] pueden ser triviales o extraordinarias según la forma en que se digan. Y esa forma depende de la profundidad de la región en el ser de un hombre de donde procedan, sin que la voluntad pueda hacer nada. Y, por un maravilloso acuerdo, alcanzan la misma región en quien las escucha. De tal modo, el que escucha puede discernir, si tiene alguna capacidad de discernimiento, cuál es el valor de las palabras.

 

En el amor erótico dos seres que estaban separados se convierten en uno solo. En el amor materno, dos seres que estaban unidos se separan.

 

Se llega a conocer a la persona “amada” tan bien como a uno mismo. O, quizá, sería mejor decir tan poco.

 

Pero para la mayoría de la gente, su propia persona, tanto como las otras cosas, resulta rápidamente explorada y agotada. Para ellos, la intimidad se establece principalmente a través del contacto sexual […] Pero la intimidad de este tipo tiende a disminuir cada vez más a medida que transcurre el tiempo. El resultado es que se trata de encontrar amor en la relación con otra persona, con un nuevo desconocido. Este se transforma nuevamente en una persona “íntima”, la experiencia de enamorarse vuelve a ser estimulante e intensa, para tornarse otra vez menos y menos intensa, y concluye en el deseo de una nueva conquista, un nuevo amor- siempre con la ilusión de que el nuevo amor será distinto de los anteriores-.

 

La atracción sexual crea, por un momento, la ilusión de la unión, pero, sin amor, tal “unión” deja a los desconocidos tan desesperados como antes.

 

Un nombre siempre denota una cosa, o una persona, algo finito.

 

“Conocer y, no obstante [pensar] que no conocemos es el más alto [logro]; no conocer [y sin embargo pensar] que conocemos es una enfermedad”.

 

El problema humano del capitalismo moderno puede formularse de la siguiente manera: El capitalismo moderno necesita hombres que cooperen mansamente y en gran número; que quieran consumir cada vez más; y cuyos gustos estén estandarizados y puedan modificarse y anticiparse fácilmente. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, principio o conciencia moral – dispuestos, empero, a que los manejen, a hacer lo que se espera de ellos, a encajar sin dificultades en la maquinaria social-; a los que se pueda guiar sin recurrir a la fuera, conducir, sin líderes, impulsar sin finalidad alguna -excepto la de cumplir, apresurarse, funcionar, seguir adelante-. ¿Cuál es el resultado? El hombre moderno está enajenado de sí mismo, de sus semejantes y de la naturaleza. Se ha transformado en un artículo, experimenta las fuerzas vitales como una inversión que debe producirle el máximo de beneficios posible en las condiciones imperantes en el mercado. Las relaciones humanas son esencialmente las de autómatas enajenados en las que cada uno basa su seguridad en mantenerse cerca del rebaño y en no diferir en el pensamiento, el sentimiento o la acción. Al mismo tiempo que todos tratan de estar tan cerca de los demás como sea posible, todos permanecen tremendamente solos, invadidos por el profundo sentimiento de inseguridad, de angustia y de culpa que surge siempre que es imposible superar la separatidad humana. Nuestra sociedad ofrece muchos paliativos que ayudan a la gente a ignorar conscientemente esa soledad: en primer término, la estricta rutina del trabajo burocratizado y mecánico, que ayuda a la gente a no tomar conciencia de sus deseos humanos más fundamentales, del anhelo de trascendencia y unidad. En la medida en que la rutina sola no basta para lograr ese fin, el hombre se sobrepone a su desesperación inconsciente por medio de la rutina de la diversión, la consumición pasiva de sonidos y visiones que ofrece la industria del entretenimiento; y, además, por medio de la satisfacción de comprar siempre cosas nuevas y cambiarlas inmediatamente por otras. El hombre moderno está actualmente muy cerca de la imagen que Huxley describe en Un mundo feliz: bien alimentado, bien vestido, sexualmente satisfecho, y no obstante sin yo, sin contacto alguno, salvo el más superficial, con sus semejantes, guiado por los lemas que Huxley formula tan sucintamente, tales como: “Cuando el individuo siente, la comunidad tambalea”; o “Nunca dejes para mañana la diversión que puedes conseguir hoy”, o como la afirmación final: “Todo el mundo es feliz hoy en día” La felicidad del hombre moderno consiste en “divertirse”. Divertirse significa la satisfacción de consumir y asimilar artículos, espectáculos, comida, bebidas, cigarrillos, gente, conferencias, libros, películas; todo se consume, se traga. El mundo es un enorme objeto de nuestro apetito, una gran manzana, una gran botella, un enorme pecho; todos succionamos, los eternamente expectantes, los esperanzados -y los eternamente desilusionados-. Nuestro carácter está equipado para intercambiar y recibir, para traficar y consumir; todo, tanto los objetos materiales, como los espirituales, se convierten en objeto de intercambio y de consumo.

 

El amor como satisfacción sexual recíproca, y el amor como “trabajo en equipo” y como refugio de la soledad, constituyen las dos formas “normales” de la desintegración del amor en la sociedad occidental contemporánea, de la patología del amor socialmente determinado.

 

Cualquier estudio detallado demostraría, empero, que la atmósfera de tensión e infelicidad dentro de la “familia unida” es más nociva para los niños que una ruptura franca, que les enseña, por lo menos, que el hombre es capaz de poner fin a una situación intolerable por medio de una decisión valiente.

 

Otro error muy frecuente: la ilusión de que el amor significa necesariamente la ausencia de conflicto.

 

El amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos.

 

Nuestra cultura lleva a una forma de vida difusa y desconcentrada, que casi no registra paralelos. Se hacen muchas cosas a la vez: se lee, se escucha la radio, se habla, se fuma, se come, se bebe. Somos consumidores con la boca siempre abierta, ansiosos y dispuestos a tragarlo todo: películas, bebidas, conocimiento. Esa falta de concentración se manifiesta claramente en nuestra dificultad para estar a solas con nosotros mismos. Quedarse sentado, sin hablar, fumar, leer o beber, es imposible para la mayoría de la gente. Se ponen nerviosos e inquietos y deben hacer algo con la boca o con las manos.

 

Los valores humanos están determinados por los valores económicos […] El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana -salvo matarlo-.

 

Concentrarse en la relación con otros significa fundamentalmente poder escuchar. La mayoría de la gente oye a los demás, y aun da consejos, sin escuchar realmente.

 

Estar concentrado significa vivir plenamente en el presente, en el aquí y el ahora, y no pensar en la tarea siguiente mientras estoy realizando otra.

 

Educación significa ayudar al niño a realizar sus potencialidades. Lo contrario de la educación es la manipulación, que se basa en la ausencia de fe, en el desarrollo de las potencialidades y en la convicción de que un niño será como corresponde sólo si los adultos le inculcan lo que es deseable y suprimen lo que parece indeseable.

 

La situación paradójica de multitud de individuos hoy en día es que están semidormidos durante el día y semidespiertos cuando duermen o cuando quieren dormir.

 

La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción, el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea.

  

Fragmentos de “El arte de amar” de Erich Fromm

  

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Jardines de Monforte

 

c/Monforte

 

Valencia

 

Los Jardines de Monforte se encuentran en la calle Monforte, muy cerca de La Alameda y de los Jardines del Real.

 

Sorprende este jardín por su tranquilidad y quietud, dado que está en uno de los puntos de circulación mas densos de Valencia. Este jardín es lugar de retiro para mucha gente que desea relajarse por sus jardines, leer un buen libro o estar a la sombra de sus árboles.

 

El artístico trazado de este jardín, de corte neoclásico; la abundancia de estatuas de mármol que lo adornan, en número de treinta y tres; la serie de estanques y surtidores, detalles arquitectónicos y el mismo pabellón de descanso justifican plenamente su condición oficial de "jardín artístico", declarado como tal por decreto de 30 de mayo de 1941.

 

Con motivo de la declaración oficial de jardín artístico, fue encomendada su restauración a Javier Winthuysen, llevada a cabo por el jardinero mayor municipal Ramón Peris, y a cargo del Ayuntamiento de Valencia.

 

Los jardines de Monforte se pueden estructurar en tres partes para su fácil comprensión, el pabellón de descanso o palacete, dos pequeños jardines de tipo privado o intimista que flanquean el edificio, uno a cada lado de sus fachadas interiores y la tercera parte los jardines propiamente dichos que ocupan la mayor extensión del terreno.

 

El origen de los jardines se remonta a un huerto situado extramuros de la ciudad propiedad de don José Vich, barón de Llaurí. El 3 de agosto de 1849 es vendido a don Juan Bautista Romero Almenar marqués de San Juan.

 

Este gran patricio valenciano invirtió sumas considerables en la plantación y ornato de este jardín, que competía en hermosura con el cercano "Hort de les freses" y el de Ripalda, ambos desaparecidos, y que tan grata hacían la llamada "Volta del Rossinyol". El marqués de San Juan sería quien a la postre construiría el pabellón de descanso y lo utilizaría como casa de recreo y esparcimiento.

 

El diseño del jardín fue encargado al arquitecto valenciano Sebastián Monleón Estellés (1815-1878), autor de la Plaza de Toros, y para 1859 las obras ya estaban acabadas.

 

A la muerte en 1872 de su propietario, sin sucesión que le sobreviviese, hereda la propiedad doña Josefa Sancho Conchés, sobrina de su esposa doña Mariana Conchés († 1877). Josefa Sancho Conchés estaba casada con Joaquín Monforte Parrés de quien toma su actual nombre los jardines. En 1971 el Ayuntamiento de Valencia adquiere la propiedad del mismo, aunque ya en 1941 había sido declarado Jardín Artístico Nacional. En la actualidad es gestionado por la Fundación Pública Municipal de Parques y Jardines Singulares.

 

El actual Jardín tiene dos entradas, la secundaria que se realiza por una puerta abierta en el muro que rodea todo el perímetro y que se encuentra en la Pl.de la Legión Española y la entrada que dispone el pabellón de recreo en la calle Monforte, que habitualmente solo se abre para ocasiones o eventos (principalmente bodas civiles). La entrada del público a los jardines se realiza por una entrada lateral abierta en la fachada principal del palacete de recreo sin que sea necesario pasar por el interior del mismo.

 

El pabellón de recreo es un sencillo edificio de finales del siglo XIX de estilo academicista francés de planta rectangular, dos pisos y terraza, con una pequeña linterna octogonal en el centro de la misma. La fachada principal que recae a uno de los pequeños jardines tiene una gran balconada. Como hemos dicho el palacete es obra de Sebastian Monleón.

 

En consonancia con el carácter señorial del jardín se conserva este pabellón de recreo, especie de palacete construido a iniciativa del propio Marqués de San Juan, y cuya puerta era paso obligado, y único, al jardín. A la izquierda del zaguán una escalinata cuyas paredes se decoran con nueve figuras femeninas pintadas al temple y otros tantos medallones con amorcillos, conduce al piso principal, con varias estancias en torno a una central, porticada en estilo neopalladiano, cubierta con bóveda octogonal sobre pechinas, en cuyos segmentos aparecen pintadas diversas alegorías. Desde los balcones de este piso o desde la terraza abalaustrada se contemplan interesantes panorámicas de tan suntuoso jardín.

 

El pabellón de recreo se utiliza actualmente para la celebración de las bodas civiles con la intención de dar mayor boato a este tipo de celebraciones. Así mismo sus jardines son aprovechados por los novios para el ritual de las fotos, dada la gran belleza de los jardines.

 

De los dos pequeños jardines intimistas que tiene alrededor el pabellón destacamos el primero, que enfrenta a la fachada principal y que se caracteriza por un espacio cerrado por un pequeño muro de escasa altura en cuyo centro encontramos una alberca rodeada por un pequeña verja de hierro con un surtidor en el centro. Una sencilla portada formada por un arco de medio punto, adornada con dos dragones o grifos y a la que se accede por una pequeña escalera que salva el desnivel del terreno, permite el paso a los jardines. A este lugar se le suele denominar Glorieta de los Arcos.

 

En este espacio destacamos dos conjuntos escultóricos, situados a ambos lados de la escalera, uno de ellos representa a un grupo de niños jugando con un delfín y el otro grupo, otros niños tocando una caracola.

 

En la parte superior del pequeño muro a la altura de la portada encontramos dos conjuntos escultóricos que representan a unos amorcillos jugando con una oveja o cabra y el otro a otros amorcillos jugando con un perro. Dos estatuas de bulto redondo completan el conjunto, una de ellas representa al Dios Baco-Dionisios, dios del Vino, por ello alza con su mano derecha una copa de vino, mientras que con la izquierda sujeta un racimo de uvas. La segunda figura representa al Dios Mercurio-Hermes. Este lleva el sombrero de ala ancha, llamado petaso con unas pequeñas alas que nos informan que se trata del mensajero de los dioses. Además lleva una bolsa en su mano derecha como deidad del comercio.

 

Nada mas traspasar esta portada nos encontramos una pequeña alberca en cuyo centro encontramos a un niño cabalgando sobre un cisne. Nos encontramos ya en los amplios jardines.

 

Es aquí donde la vegetación adquiere exuberancias y efectos de jardín paisajístico en torno a un montículo artificial rodeado de añosos pinos, y en donde las magnolias, el laurel y el exótico ginobiloba reflejan sus frondosidades sobre la tersura cristalina del agua remansada en el gran estanque o lago artificial, de mas de 20 metros de diámetro y cuyo brocal forma ocho agallones con surtidores en éstos y en el centro. Las grutas que encierra este montículo, los senderos y pasadizos rústicos confieren cierto carácter romántico a este bosquete.

 

El segundo de los jardines que llamamos intimistas y situado en otro de los lados de la casa es de forma semicircular y llama la atención por la existencia de una portada formada sencillamente por las dos jambas sin dintel rematadas por jarrones, y en cuyos lados encontramos dos esculturas de dos leones similares a los que dispone el Congreso de los Diputados de Madrid.

 

En el muro de la casa, flanqueando la puerta de acceso al jardín, dos hornacinas abiertas en el muro albergan dos esculturas femeninas realizadas en mármol. Una de ellas representa a Hebe, diosa de la juventud y copera de los dioses. Lleva en su mano derecha una jarra mientras que con la izquierda sujeta un cáliz. La segunda figura, representa a Caliope o tal vez a Clio, la primera musa de la ciencia y la segunda musa de la Historia. A ambas se les suele representar con un rollo de papiro, que es lo que lleva en su mano izquierda esta escultura.

 

Los leones de piedra blanca de Colmenar (Madrid), son obra de José Bellver Collazos (Ávila 1824-Madrid 1869) y fueron realizados hacia 1850 para la escalinata del Congreso de los Diputados en Madrid, donde no llegaron a colocarse nunca, sino otros de bronce de Ponciano Ponzano, ya que en su momento se consideró que estos eran pequeños para el citado edificio. En 1864 Juan Bautista Romero los adquirió en Madrid y se los trajo para su palacio valenciano donde quedan ubicados desde entonces.

 

Rodeando la zona encontramos un barandal de hierro donde descansan ocho bustos sobre pequeños pedestales que representan a distintos filósofos, escritores y poetas.

 

Traspasada esta portada accedemos a los amplios jardines de cuidada traza geométrica en cuyo centro encontramos una gran fuente rodeada por una verja en cuyo centro hay un pedestal con cuatro caños de donde brota el agua y encima de este un conjunto formado por las ninfas Dafnis y Cloe. Este conjunto suele ser el icono preferido para representar la imagen corporativa de los Jardines de Monforte.

 

Alrededor de esta fuente encontramos cuatro figuras femeninas sobre pedestal que representan a los cuatro continentes, América con el caiman, Asia con un camello, Europa con un caballo y África con el león. Estas cuatro figuras son replicas exactas de las que se encuentran en los Jardines de Parcent. En esta zona es donde encontramos la mayoría de las esculturas que posee el jardín y contrasta con la otra zona ajardinada, ya que en este lugar se concentra una vegetación arreglada según el gusto francés de jardines geométricos, en contraposición al resto del jardín en donde destacan los árboles y la vegetación un poco más salvaje.

 

En definitiva sus casi once mil metros cuadrados de vegetación, protegidos por un alto muro perimetral crean un reposado ambiente en su interior, que invita a prolongar la estancia. La enumeración de las distintas clases de árboles, arbustos y flores seria extensísima y no es aquí el sitio para ello, pero conste que estos jardines son unos de los mas bonitos y seguramente el más tranquilo y placentero que tiene la ciudad de Valencia.

  

www.jdiezarnal.com/valencialosjardinesdemonforte.html

 

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JARDÍN DE MONFORTE

 

Año Construcción: 1859

Situación: c/ Monforte, Plz. Legión Española - Valencia

 

Autor: Sebastián Monleón Estellés

 

La unidad formada por palacete y jardín de Monforte fueron construidos en 1859, según proyecto del arquitecto Sebastián Monleón, sobre una existente casa particular de recreo con su huerto (Hort de Romero) situado en la zona extramuros de Valencia. Declarado Jardín Artístico nacional en 1941, fué restaurado ese mismo año por Javier de Winthuyssen. Desde 1970 es propiedad municipal, fecha en la que se amplió el jardín añadiéndole una franja en su parte oeste. El palacete, perfectamente integrado con el jardín a través de la circulación en crucero por su planta baja, tiene una planta superior cuadrada, formando una cruz griega con cuatro habitaciones en los ángulos laterales. Una linterna ilumina la bóveda de la planta principal adornada por numerosas pinturas al fresco. La terraza superior ofrecía en su tiempo, una vista panorámica de Valencia y su entorno. Fué restaurado en 1985 y actualmente no es visitable, abriendo sólo para la celebración de bodas civiles. El jardín, de corte romántico con episodios neoclásicos, está considerado uno de los mejores ejemplos españoles. En apenas 12.000 m. desarrolla dos zonas principales: una geométrica o parterre viejo, con setos recortados y esculturas italianas de mármol, y otra naturalista mas informal (accesible por el singular patio- jardín secreto lateral de la casa) con gran estanque y montañita artificial plantada de pinos y sotobosque, que alberga una gruta en la parte inferior. El jardín triangular, que a modo de rótula une estas dos partes, recuerda a los jardines arábigo-valencianos: setos de mirto, naranjos de copa alta y fuente con cantinela de agua, enmarcada por arcos de ciprés. El túnel metálico cubierto de Bougainvillea y una rosaleda, completan la planta irregular de este jardín en el que uno de los logros de su excepcional trazado es la transición gradual, casi imperceptible, entre sus diferentes zonas. Los ejemplares de Cupressus, Pinus, Taxus, Ginkgo, Cocculus, Magnolia, etc han alcanzado gran envergadura y consiguen aislarnos del entorno, creando un ambiente de isla verde en medio de la ciudad a pesar de la presión de edificación en su perímetro. Sólo es posible acceder al jardín por la puerta de la ampliación de 1970. Inexplicablemente, no está abierto el acceso natural, a través de la casa, y el visitante debe tenerlo en cuenta porque esto dificulta la lectura y comprensión del espacio.

 

(Texto extraido de la "Guia de Arquitectura de Valencia" CTAV 2007. )

 

www.arquitectosdevalencia.es/arquitectura-de-valencia/xvi...

 

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LA EXPULSIÓN DE LO DISTINTO

 

«Internet no se manifiesta hoy como un espacio de la acción común y comunicativa. Más bien se desintegra en espacios expositivos del yo»

  

El hiperconsumismo, la autoexplotación y el miedo al otro son algunos de los rasgos distintivos de la civilización moderna, de acuerdo con los postulados que el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, una de las voces más reputadas para diseccionar la sociedad del siglo XXI, expone en su último ensayo, ‘La expulsión de lo distinto’ (Herder Editorial).

 

La escucha tiene una dimensión política. Es una acción, una participación activa en la existencia de otros, y también en sus sufrimientos. Es lo único que enlaza e intermedia entre hombres para que ellos configuren una comunidad. Hoy oímos muchas cosas, pero perdemos cada vez más la capacidad de escuchar a otros y de atender a su lenguaje y a su sufrimiento. Hoy, de alguna manera, cada uno se queda a solas con sus sufrimientos y sus miedos. El sufrimiento se privatiza y se individualiza, pasando a ser así objeto de una terapia que trata de curar el yo y su psique. Todo el mundo se avergüenza, pero cada uno se culpa solo a sí mismo de su endeblez y de sus insuficiencias. No se establece ningún enlace entre mi sufrimiento y tu sufrimiento. Se pasa por alto la sociabilidad del sufrimiento.

 

La estrategia de dominio consiste hoy en privatizar el sufrimiento y el miedo, ocultando con ello su sociabilidad, es decir, impidiendo su socialización, su politización. La politización significa la transposición de lo privado a lo público. Lo que hoy sucede es más bien que lo público se disuelve en lo privado. La esfera pública se desintegra en esferas privadas.

 

La voluntad política de configurar un espacio público, una comunidad de la escucha, el conjunto político de oyentes, está menguando radicalmente. La interconexión digital favorece este proceso. Internet no se manifiesta hoy como un espacio de la acción común y comunicativa. Más bien se desintegra en espacios expositivos del yo, en los que uno hace publicidad sobre todo de sí mismo. Hoy, Internet no es otra cosa que una caja de resonancia del yo aislado. Ningún anuncio escucha.

 

La alborotadora sociedad del cansancio es sorda. A diferencia de ella, la sociedad venidera podría llamarse una sociedad de los oyentes y de los que atienden. Hoy es necesaria una revolución temporal que haga que comience un tiempo totalmente distinto. Se trata de redescubrir el tiempo del otro. La actual crisis temporal no es la aceleración, sino la totalización del tiempo del yo. El tiempo del otro no se somete a la lógica del incremento del rendimiento y la eficiencia, la cual genera una presión para acelerar. La política temporal neoliberal elimina el tiempo del otro, que por sí mismo sería un tiempo improductivo. La totalización del tiempo del yo viene acompañada de la totalización de la producción, que hoy abarca todos los ámbitos vitales y conduce a una explotación total del hombre. La política temporal neoliberal elimina también el tiempo de la fiesta, el sublime tiempo nupcial, que no se somete a la lógica de la producción. Conduce a la eliminación de la producción. A diferencia del tiempo del yo, que nos aísla y nos individualiza, el tiempo del otro crea una comunidad. Por eso es un tiempo bueno.

 

Byung-Chul Han es profesor de Filosofía y Estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín y autor de más de una decena de títulos, entre los que destacan ‘En el enjambre’, ‘Psicopolítica’ o ‘La sociedad del cansancio’.

  

ethic.es/2018/10/la-expulsion-de-lo-distinto-byung-chul-han/

  

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Byung-Chul Han y la expulsión de lo distinto

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El filósofo surcoreano, una de las voces autorizadas para diseccionar la sociedad del hiperconsumismo actual, dio a conocer un nuevo libro con la tesis de que los individuos hoy se autoexplotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, de esta manera, en "el desierto, o el infierno, de lo igual".

 

Byung-Chul Han (Seúl, 1959) asegura tener una fórmula propia de resistencia política que no convierte en categoría pero comparte encantado: no tiene smartphone, no hace turismo —”el turista viaja por el infierno del igual, circula como si fueran mercancías”—, en su hogar en Berlín solo escucha música analógica (“tengo un jukebox y dos pianos de 400 kilos”, confiesa), no trata a sus estudiantes de Filosofía de la Universidad de las Artes de Berlín como a clientes y ha dedicado tres años de su vida “a cultivar un jardín secreto”, cuya experiencia revelará en el libro Elogio de la tierra.

 

NARCISISMO

Según Han, “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.

 

AUTENTICIDAD

Para el autor surcoreano, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”.

 

BIG DATA

“Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual… Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas… Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos… ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE.UU. hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones… Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”.

 

AUTOEXPLOTACIÓN

Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.

 

COMUNICACIÓN

“Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.

 

OTROS

Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo… En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.

 

TIEMPO

Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo. “La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”.

 

JARDÍN

“Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones… Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está… Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números”.

 

MIGRANTES

Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal “no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.

  

culto.latercera.com/2018/02/07/byung-chul-han-la-expulsio...

 

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Yo, yo mismo y el eco: 'La expulsión de lo distinto', por Byung-Chul Han

  

En su último libro, el filósofo surcoreano residente en Alemania ahonda en las inquietantes consecuencias que se derivan de nuestra actual relación solo con lo que es igual y no con lo que nos confronta

 

Destácate. Aprende inglés. Millones de personas hablan ya inglés, no seas uno más, aprende otro idioma: aprende portugués. Por el mercado brasileño, porque es parecido al español. Pero si todavía no domino el inglés, piensas. Escuela Oficial de Idiomas, matrícula para portugués. Cientos de personas quieren aprender portugués, estás en lista de espera. No consigues matricularte en portugués. Sufres: todos te están adelantando. Da un salto en tu carrera: aprende chino. El chino es una meta a largo plazo, pero te ayudará a diferenciarte del resto de candidaturas a un puesto de trabajo. Las clases de chino también están colapsadas, pero tienes suerte: entras en chino. Quizás, dentro de cinco años puedas tener cierta soltura, aunque no te lo parece. No sin pasas una temporada en China. Conoces a gente que se está yendo a China. Ellos ya saben chino, qué suerte. ¿Cómo pueden ya saber chino?, piensas. Para cuando tú sepas algo de chino, todo el mundo sabrá chino. Suspiras. Te agobias un poco. Las clases de chino ya no te resultan tan útiles. Piensas en dejártelas. ¿Ruso? Es una posibilidad. No hay tanta gente que hable ruso. En realidad, todavía no domino el inglés, recuerdas. ¿Pasaría una entrevista en inglés? Seguir con el inglés da pereza. El inglés es lo de siempre, consideras. Aunque todavía no lo hables con fluidez.

 

¿Estás trabajando tu marca personal?, te pregunta un conocido. Le han dicho que es muy importante en unas jornadas sobre marketing digital. Tienes el LinkedIn bastante abandonado, aunque no sabes si eso se considera marca personal. Facebook lo usas, no demasiado. Sobre todo para leer y compartir. En Instagram sí que compartes bastantes stories, pero no dirías que eso es marca personal. ¿Lo es? ¿Existe tu marca personal? Te agobias un poco. No sabes si para las salidas que tienes en mente la marca personal influirá mucho. Claro que influye, te dice un conocido: la marca personal, ahora, lo es todo. Los recruiters -los de recursos humanos, te tiene que aclarar- se fijan mucho en eso. Siempre miran los perfiles en las redes de la gente que aspira a ser contratada. Deberías haber sabido qué es un recruiter. Suspiras. Tienes que mejorar tu inglés. Tienes que adquirir nociones de marketing. Para venderte mejor, que es que te vendes fatal. Para venderte, ¿a quién? ¿A cambio de qué? Te vendes fatal, ahora te das cuenta. Por eso no encuentras trabajo. Trabajo, trabajo, trabajo. No te lo quitas de la cabeza. Tu problema es que eres muy igual a los demás, tienes que diferenciarte. Tienes que destacar. Tu currículum es muy aburrido, no es creativo, como el de todos esos creativos y creativas que trabajan en agencias de creatividad.

 

Necesitas un descanso, pero necesitas dinero. La luz ha subido mucho. En cuanto puedas te escapas. Una escapada de unos días. Cuando pagues algunas facturas. A la sierra de Albarracín. O mejor, al pueblo ese que han dicho que es el más bonito de España. Dicen que es muy bonito. Tú todavía no has ido, y ya lleva unos meses siendo el pueblo más bonito de España. Por las fotos que han compartido tus conocidos parece bonito. Te han dicho, eso sí, que si quieres ir un par de días llames antes porque solo hay tres casas rurales y están siempre llenas. Es que claro, con eso de que es el pueblo más bonito de España, está yendo mucha gente. Menuda campaña de marketing, piensas, seguro que no es para tanto. Seguro que no es como Hondarribia, o como cualquiera de los pueblos de los Picos de Europa. Ya está ahí otra vez el marketing: notas como se te encoge un poco el corazón. ¿Para qué piensas en todo esto? En lo que tendrías que estar pensando es en lo que te dijeron de la marca personal. ¿Hace cuánto que no actualizas Twitter? ¿Mirarán tu Twitter? Tienes puesto un alias, ¿mejor con tu nombre o con un alias? Tienes que preguntárselo a esa amiga que trabaja en marketing, ella seguro que lo sabe. A ella le van muy bien las cosas. No como a ti. A ti ni siquiera sabes cómo te van. Mal, supones. Así nunca vas a poder tener hijos.

  

A decir verdad, la única manera de diferenciarse a día de hoy es consumiendo pensamiento como el que nos ofrece el filósofo surcoreano Byung-Chul Han en La expulsión de lo distinto (Herder, 2017), su último libro, una obra breve pero amplísima en verdades, que se encarga de poner palabras a todas esas intuiciones, sentimientos vagos pero funestos o impresiones contrastadas sobre el presente y el devenir inmediato de nuestra especie que todo ese ruido digital ha instalado en tu mente. Advierte el filósofo surcoreano de que estamos muy lejos del paraíso de las posibilidades infinitas para la originalidad que nos prometía internet, que al contrario, nuestra realidad está transformándose -la transformación, de hecho, está ya muy avanzada- en el infierno de lo igual. En este caso, Mefistófeles es el neoliberalismo, y su más aguerrido general, la propaganda que encubre sus fechorías y su ambicioso proceso de destrucción de la diferencia. Cómo, pero si ahora se puede personalizar cualquier cosa: si he personalizado mi perfil en distintas redes sociales, mi pantalla de inicio, unas zapatillas, mi fixie. Personalizar. Adecuar a mi persona. A mí. Yo, yo, yo. ¿No consistía en eso el ser distinto?

 

¿No es cierto que en nuestras ciudades se protege la diversidad? Ah, amigo, ahí está una de las trampas que desvela Byung-Chul Han: diversidad es un concepto diseñado para satisfacer nuestra necesidad de autenticidad, pero ambos, diversidad y autenticidad, son solo envoltorios con una etiqueta sugerente. Marketing: “La diversidad solo permite diferencias que estén en conformidad con el sistema. Representa una alteridad que se ha hecho consumible. Al mismo tiempo, hace que prosiga lo igual con más eficiencia que la uniformidad, pues, a causa de una pluralidad aparente y superficial, no se advierte la violencia sistemática de lo igual. La pluralidad y la elección fingen una alteridad que en realidad no existe”, asegura el filósofo. Por otra parte, “el imperativo de autenticidad desarrolla una obligación para consigo mismo, una coerción a cuestionarse permanentemente a sí mismo, a vigilarse a sí mismo, a estar al acecho de sí mismo, a asediarse a sí mismo. Con ello intensifica la referencia narcisista. El imperativo de autenticidad fuerza al yo a producirse a sí mismo”. Resulta difícil ponerle alguna pega.

 

El análisis de Byung-Chul Han es tan lúcido que da vértigo. ¿No es cierto, como afirma, que en nuestra carrera a ciegas hacia la autorrealización y a la autooptimización, en el transcurso de esa yincana en la que vamos obteniendo la habilidades que se supone que debemos obtener para ser productivos y que hemos reflejado en los primeros párrafos de este artículo, nos vamos agotando, quedamos extenuados y para colmo somos cada vez más iguales? ¿No es cierto que si todos queremos ser diferentes, somos iguales en querer ser diferentes? Decimos mucho, pero escuchamos poco. Las redes sociales, sin caer en lo apocalíptico, son cajas de eco. Una escucha real, la que propone Chul Han -porque en La expulsión de lo distinto, el filósofo propone-, tiene más que ver con vaciarse para acoger al otro que con participar y emitir juicios. Habrá que ir remediando todo esto, tendremos que ir recuperando la capacidad para relacionarnos con lo que nos es de verdad ajeno si no queremos, como se atreve a pronosticar el autor, que en un futuro, quizás, la carrera de moda, la que nos ayude a diferenciarnos o al menos a tener un empleo asegurado, sea la de oyente.

 

Eduardo Almiñana

  

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¿Dónde está el Otro?

 

Al neoliberalismo no lo guía la razón, dice Han, sino una vesania que provoca tensiones destructivas que se descargan en forma de terrorismo o nacionalismo

"A la globalización le es inherente una violencia que hace que todo resulte intercambiable, comparable y, por ende, igual", defiende en La expulsión de lo distinto

 

Frans van den Broek

 

losdiablosazules@infolibre.es @_infoLibre

  

La expulsión de lo distinto

Byung-Chul Han

Traducción de Alberto Ciria

Herder Editorial

Barcelona

2017

 

La expulsión de lo distinto, de Byung-Chul Han. Buena parte de la actividad intelectual del filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han se ha abocado a la tarea de analizar críticamente la sociedad moderna, desbrozando su estructura interna, en sentido ontológico y hasta metafísico, y diagnosticando sus enfermedades intrínsecas. Byung-Chul Han considera que el espíritu neoliberal imperante no solo afecta a las relaciones económicas y políticas, sino al conjunto de la sociedad en todos sus aspectos. En La expulsión de lo distinto se ocupa de analizar desde varias perspectivas la prevalencia de lo que llama el infierno de lo igual.

  

Según este filósofo la sociedad actual padece de la desaparición del Otro, esto último entendido no solo como la presencia de culturas o personas distintas al mundo occidental, sino como comprendiendo elementos culturales y espirituales que el sistema neoliberal ha hecho desvanecerse por su propia lógica. Dice al comienzo del libro: "El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo. Hoy, la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual". El neoliberalismo necesita uniformidad y estabilidad, que permita el libre flujo de capitales y personas, y el consumo masivo de productos que se asemejan en todas partes por la globalización. De esta premisa fundamental extrae Byung-Chul Han varias conclusiones, todas referidas a la desaparición del otro en varios ámbitos. Afirma que lo que aqueja a la sociedad actual no es la represión, sino la depresión, que viene de dentro, causada por el imperio de lo igual. Al ser le hace falta la negatividad para adquirir plenitud óntica. Pero esta negatividad es un obstáculo para la sociedad neoliberal, por lo que se desvanece.

 

Byung-Chul Han atribuye violencia a la globalización: "A la globalización le es inherente una violencia que hace que todo resulte intercambiable, comparable y, por ende, igual. La comparación igualatoria total conduce, en último término, a una pérdida de sentido". Habría incluso una relación entre la violencia del sistema neoliberal y el fenómeno del terrorismo, según este filósofo. "El terrorismo es el terror del singular enfrentándose al terror de lo global". Los atentados terroristas abren una brecha en el alisado horizonte vital del neoliberalismo y lo confrontan con la muerte, que es una de las formas del Otro que la sociedad prefiere reformular en términos de positividad igualitaria. El neoliberalismo engendraría una injusticia de tal orden global que no puede sino generar una respuesta, bien en la forma de terrorismo o subjetivamente como depresión. En el sistema neoliberal imperarían la libertad y la capacidad de elección, pero en el fondo relega a la invisibilidad a todo aquello que no se ajuste a sus necesidades. En palabras de Byung-Chul Han: "Construye un «apóptico», una construcción basada en una «óptica excluyente» que identifica como indeseadas y excluye por tales a las personas enemigas del sistema o no aptas para él". El universo digital en el que vivimos no ha hecho sino aumentar esta ilusión de libertad, a la vez que la reduce al nivel del "me gusta" de las redes sociales, alentada por la hipercomunicación y el hiperconsumo.

 

El neoliberalismo se presenta a menudo como el desarrollo lógico de la Ilustración, esto es, como el resultado feliz del uso de la razón, en contraste con la irracionalidad medieval o el barbarismo de sociedades no desarrolladas. Pero Byung-Chul Han piensa lo contrario. No lo guía la razón, nos dice, sino una vesania que provoca tensiones destructivas que terminan descargándose en forma de terrorismo o nacionalismo. Al nivel del individuo se exige cada vez más autenticidad, pero esta autenticidad está muy lejos del sí mismo que asume su existencia en codependencia con el otro en todas sus formas. Es una autenticidad que debe encajar en el engranaje del neoliberalismo y su necesidad de producción. El imperativo de la autenticidad, nos dice este filósofo, fuerza al yo a producirse a sí mismo y a configurarse una imagen superficial que elimine el otro de nuestra subjetividad. Incluso la costumbre tan extendida de hacerse selfies es cuestionada por este autor: "La adicción a los selfies no tiene mucho que ver con el sano amor a sí mismo: no es otra cosa que la marcha en vacío de un yo narcisista que se ha quedado solo. En vista del vacío interior uno trata en vano de producirse a sí mismo".

 

Hasta la muerte desaparece de nuestro horizonte vital. Inspirado en Heidegger, Byung-Chul Han considera a la muerte elemento imprescindible de la verdadera existencia auténtica, por cuanto la muerte inscribe en el ente la negatividad del misterio, de lo radicalmente distinto, del abismo insondable. "En los tiempos actuales, que aspiran a proscribir de la vida toda negatividad, también enmudece la muerte. La muerte ha dejado de hablar", escribe. Nos recuerda Han que la experiencia auténtica de la vida requiere de la experiencia del umbral hacia lo radicalmente otro, como en los ritos de iniciación o la experiencia del arte, de lo sublime. Pero ahora con el internet nos hemos vuelto turistas, pasajeros superficiales que solo rozan los contornos del umbral o lo pierden de vista. El ser humano ya no habita umbrales, algo que implica la experiencia del dolor y de la transformación. Los turistas en que nos hemos convertido no atraviesan umbrales de transformación. Más bien viajan por el infierno de lo igual, sumergidos en el universo de la hipercomunicación, en el que todo se mezcla con todo. Hasta las fronteras entre lo interno y lo externo se difuminan, hoy estamos convertidos en una "pura superficie de absorción y reabsorción en las redes de influencia".

 

Ahora que el marxismo se ha perdido como punto de referencia filosófico y político, y que el régimen neoliberal impera globalmente, la explotación ya no es solo apropiación de las fuerzas de trabajo, alienación y desrealización de sí mismo. La explotación se experimenta como libertad, autorrealización y autooptimización. Ya no existe el explotador de manera evidente, quien se apropia de nuestras fuerzas de trabajo para su propia ventaja, sino que el individuo se explota a sí mismo, en la creencia de que haciendo esto se realiza.

 

En el mundo digital hasta los objetos han perdido su gravedad, su pesadez óntica como contrapeso a la subjetividad. No replican con su presencia entitativa, han dejado de ser, como remarca este escritor, obicere: "De ellos no viene ninguna resistencia. La desaparición de lo contrario se produce hoy en todos los niveles. El «me gusta» se opone al obicere. Hoy todo reclama el «me gusta». La ausencia total de lo contrario no es un estado ideal, pues sin lo contrario uno sufre una dura caída golpeándose consigo mismo. Dicha ausencia conduce a una autoerosión". En el universo digital del neoliberalismo, que Han llama panóptico digital, no existe la perspectiva, pues la vigilancia se da desde todas las perspectivas, y se elimina el misterio y presencia de las otras subjetividades. La hipercomunicación no pone en contacto a personas, cuya presencia real supone negatividad constitutiva de la propia, sino a fantasmas iguales cuya interioridad ha perdido profundidad y misterio, y se ven iluminados desde todas partes, incluso desde dentro. El yo que requiere el neoliberalismo no está más cerca del otro, al contrario. La voz del otro se encuentra con la esfera impermeable del ego, que está cada vez más ensimismado. "La sobrecarga narcisista que caracteriza el centrarse en sí mismo nos vuelve sordos y ciegos para el otro. En el ruido digital de lo igual hemos dejado de percibir la voz del otro. Es decir, nos hemos vuelto resistentes a la voz y a la mirada".

 

Hasta el arte se ve afectado en una cultura del "me gusta", volviéndose complaciente. El arte, dice este autor, tiene su hogar en lo inhóspito, y debe abrir la percepción a lo otro, al prójimo, a lo distinto e inquietante. Pero el arte actual, inscrito en una línea uniforme de producción, se transforma en entretenimiento superficial. El misterio propio del arte, su focalización en el otro, se pierden, ya que el sistema neoliberal centra la atención en el ego y en lo igual, y pone el énfasis en la autoproducción. El ser sí mismo significa una carga ontológica y el neoliberalismo incrementa esta carga hasta lo desmesurado, con el objetivo de maximizar la productividad. De donde los fenómenos del burn out y la depresión también, pues el individuo, que se cree libre, está sobrecargado por la exigencia de producción y la hipercomunicación y el hiperconsumo.

 

Byung-Chul Han no propone alternativas claras, en sentido político, al infierno de lo igual, pero recalca las virtudes del acto de escuchar. En un mundo centrado en el ego productivo y olvidado del otro, la escucha se plantea como un acto que quiebra el encierro subjetivo del individuo: "Escuchar no es un acto pasivo. Se caracteriza por una actividad peculiar. Primero tengo que dar la bienvenida al otro, es decir, tengo que afirmar al otro en su alteridad. Luego atiendo a lo que dice. Escuchar es un prestar, un dar, un don". Para poder experimentar la vida con plenitud no se puede evitar la conmoción, la vulnerabilidad existencial. Y escuchar, esto es, abrirse al otro, nos expone a la conmoción, nos hace vulnerables. Este filósofo parece querer decirnos que al sistema neoliberal solo se le puede hacer frente con la apertura y la escucha del ser en su totalidad, sin cortapisas o escamoteos. Abriéndose al misterio, al peligro, a la voz del prójimo que nos hace ser lo que somos.

 

*Frans van den Broek es escritor.

 

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La expulsión de lo distinto, de Byung-Chul Han

  

Dentro de una temática muy definida, caracterizada por la crítica al capitalismo en su fase más actual y el estudio de las dinámicas del poder, el pensamiento de Byung-Chul Han ha tomado cuerpo a lo largo de sus sucesivos ensayos, construyendo un conjunto de tesis en las que confluyen sus numerosos análisis sobre cultura, comunicación, arte y filosofía, donde encuentran cabida Heidegger, Hegel, Nietzsche y una aún discreta pero apreciable influencia del psicoanálisis. No se puede hablar en el caso de Han de una única propuesta a la problemática contemporánea, dada la amplitud del escrutinio al que somete a la sociedad, lo cual no significa que el coreano-alemán se conforme con un planteamiento meramente teórico: hay a lo largo de su obra una clara orientación pragmática, un discurso ético que en La expulsión de lo distinto se centra en la alteridad, la necesidad de lo negativo y la denuncia al exceso de positividad.

 

Han dedica las primeras páginas a recapitular su tesis sobre la saturación positiva, que en ensayos anteriores describió mediante una analogía inmunológica: si bien el cuerpo posee recursos para combatir la amenaza de lo diferente, no dispone de mecanismos con los que contrarrestar «la proliferación de lo igual». El cuerpo humano libera anticuerpos en caso de enfermedad vírica, pero carece de respuesta ante la obesidad. El capitalismo, como sistema por y para la producción, «expulsa todo lo distinto», anula toda negatividad en cuanto esta constituye un obstáculo. Libre de la delimitación que impone lo negativo —una delimitación necesaria, en cuanto «da forma y medida»— la producción deviene destrucción, la información deforma y la comunicación, en lugar de proporcionar conocimiento, resulta en un proceso meramente acumulativo.

 

En este apartado cabe señalar dos observaciones particularmente acertadas: cómo en el capitalismo el cuerpo pasa a ser «un objeto funcional que hay que optimizar» y cómo «el juego mismo se transforma en un modo de producción: el trabajo pasa a ser un game», en cuanto el régimen neoliberal genera —«aspira a generar», sería un interesante matiz— una situación post-marxista en la cual el trabajador no se enajena en su trabajo, sino que se auto-realiza, se define, se optimiza a través de él.

 

Detengámonos en estos dos aspectos un momento. En primer lugar, frente a la caduca visión platónico-ilustrada del cuerpo como mera materia guiada por el espíritu, toda una genealogía materialista —desde Spinoza hasta Marx, pasando por Tomás de Aquino y Nietzsche, a quien Eagleton atribuye un punto de vista descrito como «materialismo somático»— ha concedido entidad al cuerpo, en cuanto elemento indispensable de nuestra relación con el mundo y agente autónomo, espontáneo, «sujeto histórico» en palabras de Barthes. El capitalismo niega la autonomía materialista del cuerpo, imponiendo sobre este una visión cosificadora, mecanicista: como anticipaba Marx, hasta el trabajador se convierte en objeto, en mercancía. El cuerpo ya no es «eso que ya somos», sino un montón de materia que modificar y corregir con medicamentos y drogas —si estás cansado porque tu trabajo te agota, tómate esto; si el agotamiento emocional te hunde, toma esto otro—. Algo que someter, incluso, si hiciese falta. «Que nada te pare», ese eslogan publicitario tan frecuente en anuncios de bebidas energéticas, cremas antiojeras y suplementos vitamínicos parece querer decir «Que nada [ni siquiera tú mismo, en cuanto cuerpo] pare [tu capacidad productiva]». El cada vez más frecuente uso de la palabra «rendimiento» para referirse a lo somático también apunta en esta dirección.

 

Llevar al trabajo las dinámicas del juego es una forma de eliminar la separación de espacios, la negatividad: la frontera entre ocio y labor se diluye, buscando siempre la expansión de lo segundo a todos los ámbitos de la vida. El trabajo por objetivos —en el cual estos nunca dejan de llegar—, las bonificaciones salariales, los incentivos o, más allá del mundo laboral, la inclusión de programas de «ludificación» en el ámbito educativo buscan convertir la producción en un juego. El juego, defiende Gadamer, crea su propia temporalidad, absorbe al jugador, lo rebasa: «jugar es ser jugado», ¿por quién, en la situación descrita por Han? Por el capitalismo. Sin embargo, el trabajo como juego no se trata de un juego real, en cuanto sirve a un propósito que lo trasciende, no es un fin en sí mismo, carece de espontaneidad y está gobernado por un objetivo. No hay en él sino motivación acumulativa, primaria, condicionada, mecánica, orientada a la producción. El trabajador cuyo trabajo se «ludifica» está jugando tanto como el burro atado a la rueda de molino «juega» a perseguir la zanahoria que pende ante él, siempre fuera de su alcance.

 

Pero volvamos a Han. Los acontecimientos más recientes no pasan desapercibidos al filósofo, que dedica el segundo capítulo al auge de los nacionalismos y la crisis de refugiados, dos fenómenos caracterizados por un irracional miedo a lo ajeno. En Europa, la vergonzosa gestión de la crisis de refugiados por parte de las autoridades, más preocupadas por las impopulares consecuencias de acoger en sus países a quienes huyen de la guerra, dejaron escenas de alambre de espino con jirones de ropa enganchados en sus púas, refugiados muriendo de frío en campamentos abandonados y cadáveres boca abajo en la arena de playa. En Estados Unidos, los nacionalistas blancos actúan con violencia hacia el Otro mientras se materializa la soflama trumpiana y se recoge la macabra cosecha de normalizar el discurso de odio: ataques a cementerios judíos y asesinatos de ciudadanos de otras razas, con el alarido xenófobo «sal de mi país/vuelve a tu país» como aspecto en común. La saturación positiva y el rechazo a la alteridad que describe Han no se limita, por ejemplo, a la corrupción de la comunicación en redes sociales: cuesta vidas y allana el terreno al autoritarismo.

 

Centrando el análisis en el individuo, Han observa que el capitalismo carga a este no solo con una expectativa de rendimiento, sino con la necesidad de ser «auténtico». Esta dinámica, descrita en clave psicoanalítica, merece ser transcrita aquí:

 

El imperativo de la autenticidad engendra una coerción narcisista. […] El sujeto narcisista solo percibe el mundo en las matizaciones de sí mismo. La consecuencia fatal de ello es el que el otro desaparece. […] Hoy, las energías libidinales se invierten sobre todo en el yo. La acumulación narcisista de libido hacia el yo conduce a una eliminación de la libido dirigida al objeto, es decir, de la libido que contiene el objeto.

 

Acaba eliminándose lo otro, ya sea por excesiva atención a uno mismo o por frontal negación de lo distinto: así ocurre con la muerte, de lo que hablamos en una entrada anterior y el autor analiza a partir de la perspectiva de Martin Heidegger de la muerte como elemento dador de sentido. Aislado en sí mismo, el sujeto se convierte en blanco de las patologías engendradas por esta vaciedad: depresión, autolesiones, suicidio. «Cuando se niega la muerte en aras de la vida, la vida misma se trueca en algo destructivo. Se vuelve autodestructiva».

 

La eliminación de la distancia comunicativa, la desmitificación de lo misterioso y la manifestación de lo distinto como mirada son aspectos que Han aborda desde la tesis del panóptico digital, un concepto acuñado por él y presente a lo largo de su obra, resultado de la transparente comunicación de Internet y las redes sociales, mediante el cual plantea la superación del autoritario panóptico benthamiano. Este panóptico digital no restringe la libertad: la promueve y la explota. Es este un rasgo característico del poder, descrito en su anterior ensayo: el auténtico poder no se basa mayoritariamente en restringir la libertad con una respuesta violenta, sino que de tan hegemónico promueve dicha libertad —o «la libertad dentro de sus márgenes», si queremos ser precisos—, la cual lo refuerza y beneficia.

 

Un poder hegemónico, por lo tanto, no tiene miedo de esa libertad porque de ella no surge ningún contrapoder: la indignación colectiva en las redes sociales, los linchamientos digitales, «no configura ninguna esfera pública». En lo individual, el panóptico digital no nos hace sentir observados ni vigilados: nos sentimos libres, «y por ello nos desnudamos voluntariamente». ¿Una afirmación exagerada? Basta echar un vistazo a cualquier muro de Facebook, lleno de actualizaciones con fechas, horas, ubicaciones y estados de ánimo, para comprobar su veracidad. ¿Quién se beneficia de toda esta información? O dicho en las palabras del cantante punk Evaristo Páramos, «¿dónde está la araña en las redes sociales?». Responde Han: en las compañías que acumulan, manejan y venden el Big Data.

 

Frente a esta saturación positiva, a esta negación de la alteridad, a estos egos hipertrofiados, narcisistas, a este panóptico digital que transforma la comunicación real en pura conexión, La expulsión de lo distinto ofrece una alternativa: la escucha. Han, con Nietzsche, propone un cambio no en las condiciones externas sino en aspectos tan inmediatos, cotidianos y privados como la comunicación que establecem