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En la sociedad contemporánea la competición desborda cualquier espacio social, su opuesto la cooperación es bastante mas discreta, casi invisible, puntual y extremadamente minoritaria .

Lo propios creadores,simpatizantes, aficionados a la expresión cultural parecen también haber caído en esa obsesión,esa trampa, pues la expresión es un valor sin precio ni premio definido. Es un patrimonio común de intercambio de nuestra común humanidad y quehacer, sendero del espíritu, territorio de lo indefinido ,sin limites,fronteras, prejuicios del momento y modas que nos toco vivir ....

 

La colaboración en términos de expresión y arte es parte de la importancia de desarrollar modos de cooperación donde justamente la expresión en sus resultados esta basada en el compartir el profundo sentido universal de lo humano sin primer lugar ni ultimo.

 

A partir de producciones, ideas, contribuciones diferenciadas de expresiones individuales se crea un trabajo único,unitario...

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In contemporary society, competition goes beyond any social space, its opposite is that cooperation is more discreet, almost invisible, punctual and extremely minority.

 

The creators themselves, sympathizers, fans of cultural expression also seem to have fallen into that obsession, that trap, because the expression is a value without price or defined reward. It is a common heritage of exchange of our common humanity and work, path of the spirit, territory of the indefinite, without limits, borders, prejudices of the moment and fashions that we have to live ....

The collaboration in terms of expression and art is part of the importance of developing ways of cooperation where precisely the expression in its results is based on sharing the profound universal sense of the human without first or last place.

From productions, ideas, differentiated contributions of individual expressions, a unique, unitary work is created...

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Por supuesto existen formas diferenciadas de colaboración pero en cuestiones de arte no conviene confundir o pensar que una colaboración es exclusivamente una de esas variantes, algunas de las cuales son formas practicas de poner proyectos puntuales en marcha . Estas existen y existieron independientemente del espíritu del compartir ideas o proyecto entre varias personas en su integridad para crear una obra de arte cuyo resultado será uno colectivo .

Por ejemplo el que una persona o creador sea asistente de otra a la producción de obra de esta ultima . Tampoco habrá que confundir la colaboración de arte con las colaboraciones puntuales de artistas por ejemplo en el desarrollo de una exposición incluso temática y distribuir el espacio de cada obra individual .

Distinguir entre variadas formas de cooperar y colaborar es importante en términos de definir en su practica los valores que atamos a la expresión cultural en la sociedad ...

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Of course there are differentiated forms of collaboration but in matters of art it is not convenient to confuse or think that a collaboration is exclusively one of those variants, some of which are practical ways of putting specific projects into action. These exist and existed independently of the spirit of sharing ideas or projects among several people in their entirety to create a work of art whose result will be a collective one.

For example the one that a person or creator is assistant of another to the production of work of the latter. Nor should we confuse the collaboration of art with the specific collaborations of artists for example in the development of an even thematic exhibition and distribute the space of each individual work.

Distinguishing between different ways of cooperating and collaborating is important in terms of defining in your practice the values that we attach to cultural expression in society ...

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...Confundir y fundir este valor social de la expresion a los aspectos rituales sociales como serian ; los precios ,etiquetas, ideas hechas,fidelidades individuales a filosofias estéticas e incluso y sobre todo enfatizando los aspectos de entretenimiento y competiciones. Al final todo esto es poner la creatividad artistica y cultural al servicio de la filosofía del casino y las loterías, las creencias al servio de las mercancia, la conformidad a nuestros propios prejuicios o experiencia negando toda expresion que no se conforme a ellos.Creer y actuar bajo el fundamento de que la creatividad es una simple función del espectáculo y la preponderancia de egos y estatutos individuales que compiten por que reluzca justamente el brillo del estatuto social...

 

Como artista y humanista me he decido por el pensamiento de que quizás existen en esta sociedad del hiperconsumo,las prisas de y en todo todo (esto incluye las imágenes ), las competiciones artificiales que divide lo social en ganadores y perdedores; todavía millones de seres humanos que buscan otros valores a los que ir dando fundamento; el cooperar y colaborar por ejemplo difundiendo los valores de expresión y creatividad,de cultura que avanza y progresa . Que quiere escapar a la ego idolatría, al mundo de las apariencias y manipulación…

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. Confuse and merge this social value of the expression to the social ritual aspects as they would be; prices, labels, ideas made, individual loyalties to aesthetic philosophies and even and above all, emphasizing aspects of entertainment and competitions. In the end all this is to put artistic and cultural creativity at the service of casino philosophy and lotteries, beliefs at the service of merchandise, conformity to our own prejudices or experience denying any expression that does not conform to them. act on the basis that creativity is a simple function of the show and the preponderance of individual egos and statutes that compete for just the shine of the social status shines ...

As an artist and humanist, I have decided for the thought that perhaps in this hyper-consumer society, the rush of and in everything (this includes images), the artificial competitions that divide the social into winners and losers; still millions of human beings who seek other values ​​to which they are giving foundation; cooperating and collaborating, for example, spreading the values ​​of expression and creativity, of culture that advances and progresses. Who wants to escape the ego idolatry, the world of appearances and manipulation ...not edited sorry

Générateur, Parc national naturel Tayrona, Magdalena, Colombie, janvier 2014. | Power unit, Tayrona National Natural Park, Colombia, January 2014. | Generador, Parque Nacional Natural Tayrona, Colombia, enero 2014.

Code : 4877_MKII

H-60L e AgustaWestland CH-149 (AW101) no EJERCICIO COOPERACIÓN III - SICOFAA (Peru).

SISTEMA DE COOPERACION DE LAS FUERZAS AEREAS AMERICANAS (SICOFAA)

PALACIO DE SANTA CRUZ

 

El Palacio de Santa Cruz, hoy sede del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España, se encuentra en la ciudad de Madrid, capital de España. Se sitúa muy cerca de la Plaza Mayor, en la plaza de la Provincia, presidida junto con el palacio por la reconstruida fuente de Orfeo. El edificio fue empleado como cárcel hasta el reinado de Felipe V, que lo convirtió en palacio. Se trata de una de las construcciones palaciegas más importantes de cuantas se conservan en la capital española.

El rey Felipe IV ordenó en 1629 la construcción para albergar las dependencias de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte y de la Cárcel de Corte. Las trazas del edificio parece que fueron obra de Juan Gómez de Mora, siendo aparejador Alonso Carbonel entre 1629 y 1636, junto con otros arquitectos que concluyeron las obras, como José de Villarreal, Bartolomé Hurtado García y José del Olmo. De planta rectangular, con torres angulares en las esquinas, se estructura interiormente en dos patios simétricos que organizan el espacio, permitiendo la ventilación y la entrada de la luz natural.

 

Es muy característica la combinación de ladrillo visto y granito, que se reserva para esquinazos, portadas, dinteles y alféizares, y los chapiteles que coronan las torres. Este modelo tendría mucho éxito en la arquitectura de la Corte, y sería imitado en otros edificios. En la fachada principal, un cuerpo a modo de retablo pétreo, muy severo y coronado por un frontón con "aletones", centra la atención. La estética del edificio recuerda intensamente la formación herreriana de Gómez de Mora y muestra la pervivencia del Renacimiento tardío en la arquitectura cortesana del siglo XVII.

 

En el año 1767 mudó su función para pasar a albergar solamente la Sala de Alcaldes de Casa y Corte, denominándose desde entonces Palacio de Santa Cruz, por su cercanía con la antigua parroquia de la Santa Cruz (derribada en 1869). La cárcel fue trasladada a un edificio contiguo. Un incendio en el año 1791 destruyó parte del palacio, salvo su fachada.

 

En 1930, fue renovado por el arquitecto Pedro Muguruza quien, tras los destrozos causados por la guerra civil, lo volverá a restaurar en 1941. Más adelante, en 1950, se inaugura una ampliación del edificio realizada por el mismo arquitecto.​

Está declarado Bien de Interés Cultural desde 1996.

Entre los castizos madrileños había una expresión, dormir bajo el ángel, como sinónimo de ir a la cárcel; ésta se debe al antiguo uso de este edificio, en alusión a la estatua del arcángel Miguel que corona su fachada

  

MADRID DE LOS AUSTRIAS

 

Por Madrid de los Austrias, también llamado barrio de los Austrias, se conoce una amplia zona de la capital española, sin entidad administrativa, correspondiente al primitivo trazado medieval de la ciudad y a la expansión urbanística iniciada por los monarcas de la Casa de Austria, a partir de los reinados de Carlos I y, especialmente, de Felipe II, que, en el año 1561, estableció la Corte en Madrid. A efectos turísticos, el nombre se emplea para promocionar los conjuntos monumentales de una gran parte de los barrios administrativos de Sol y Palacio, que representa aproximadamente una cuarta parte de la citada zona. Además de su acepción geográfica, el término Madrid de los Austrias también tiene una acepción histórica. Según esta perspectiva, la expresión se emplea para designar la evolución, preferentemente urbanística, de la ciudad entre los reinados de Carlos I (r. 1516–1556), el primero de los Austrias, y Carlos II (r. 1665–1700), con el que se extinguió la rama española de esta dinastía.

Los límites del Madrid de los Austrias difieren significativamente según el punto de vista adoptado, ya sea histórico o turístico.

 

Límites históricos

  

Durante el reinado de Carlos I, Madrid estaba integrado por dos núcleos principales: el recinto comprendido dentro de la muralla cristiana, de origen medieval, y los arrabales. El casco urbano se extendía, de oeste a este, desde el Palacio Real hasta la Puerta del Sol; y, de norte a sur, desde la plaza de Santo Domingo hasta la plaza de la Cebada.

 

A partir de 1561, con la capitalidad, la ciudad creció de forma vertiginosa, expandiéndose principalmente hacia el este. El plano de Madrid realizado por Pedro Teixeira en el año 1656, casi un siglo después del establecimiento de la Corte, da una idea precisa de las dimensiones del casco urbano, en tiempos de Felipe IV (r. 1621–1665).​

 

La villa estaba rodeada por una cerca, mandada construir por el citado monarca en el año 1625, levantada, hacia el norte, sobre las actuales calles de Génova, Sagasta, Carranza y Alberto Aguilera (conocidas popularmente como los bulevares); hacia el sur, sobre las rondas de Toledo, Valencia y Embajadores; hacia el este, sobre los paseos del Prado y Recoletos; y hacia el oeste, sobre los terraplenes del valle del río Manzanares.

 

Extramuros,​ se situaban los jardines, parajes agrestes y recintos palaciegos del Buen Retiro, en la parte oriental de la ciudad; de la Casa de Campo, en la occidental; y del El Pardo, en la noroccidental.

 

La cerca de Felipe IV sustituyó a una anterior, promovida por Felipe II (r. 1556–1598) y que enseguida quedó obsoleta. Fue erigida para detener el crecimiento desordenado que estaba experimentando la ciudad y actuó como una auténtica barrera urbanística, que limitó la expansión de la urbe hasta el siglo XIX. Fue derribada en 1868.

 

A grandes rasgos, el espacio comprendido dentro de la cerca de Felipe IV se corresponde en la actualidad con el distrito Centro. Su superficie es de 523,73 hectáreas y comprende los barrios administrativos de Cortes, Embajadores, Justicia, Palacio, Sol y Universidad.

 

Límites turísticos

 

A diferencia de los límites históricos, perfectamente establecidos a través de la cerca de Felipe IV, la zona promocionada turísticamente como Madrid de los Austrias carece de una delimitación precisa. Se circunscribe a un ámbito sensiblemente menor, que comprende parcialmente los barrios administrativos de Sol y Palacio, pertenecientes al distrito Centro de la capital.

 

Se estaría hablando de las áreas de influencia de las calles Mayor, Arenal, Segovia, carrera de San Francisco, Bailén y Toledo y de las plazas de la Cebada, de la Paja, Mayor, Puerta del Sol y de Oriente, donde se hallan barrios y áreas sin entidad administrativa, como La Latina, Ópera o Las Vistillas.

 

Aquí se encuentran conjuntos monumentales construidos tanto en los siglos XVI y XVII, cuando reinó en España la dinastía Habsburgo, como en épocas anteriores y posteriores. Por lo general, todos ellos quedan incluidos en los itinerarios turísticos que utilizan la expresión Madrid de los Austrias. Es el caso de las iglesias medievales de san Nicolás de los Servitas y san Pedro el Viejo, de los siglos XII y XIV, respectivamente, y del Palacio Real, erigido en el siglo XVIII.

 

En orden inverso, existen monumentos promovidos por los Austrias no integrados en las citadas rutas, al situarse fuera de los barrios de Sol y Palacio. Algunos ejemplos son el Salón de Reinos y el Casón del Buen Retiro, que formaron parte del desaparecido Palacio del Buen Retiro, y los jardines homónimos.

 

También quedan excluidas de esta clasificación turística zonas de menor valor monumental, pero con un gran significado histórico en la época de los Austrias. Es el caso del barrio de las Letras, articulado alrededor de la calle de las Huertas, donde coincidieron algunos de los literatos más destacados del Siglo de Oro español, tales como Félix Lope de Vega, Miguel de Cervantes o Francisco de Quevedo; o de la Casa de Campo, concebida por Felipe II como una finca de recreo y reserva de caza. En la primera mitad del siglo XVI, antes de su designación como capital, Madrid era una villa de tamaño medio entre las urbes castellanas, con cierta relevancia social e influencia política. Tenía entre 10 000 y 20 000 habitantes y formaba parte del grupo de dieciocho ciudades que disfrutaban del privilegio de tener voz y voto en las Cortes de Castilla.​

 

Había acogido en numerosas ocasiones las Cortes del Reino y, desde la época de los Trastámara, era frecuentada por la monarquía, atraída por su riqueza cinegética. Además, uno de sus templos religiosos, San Jerónimo el Real, fue elegido por la monarquía como escenario oficial del acto de jura de los príncipes de Asturias como herederos de la Corona.​ El primero en hacerlo fue Felipe II (18 de abril de 1528), que 33 años después fijaría la Corte en Madrid, y la última Isabel II (20 de junio de 1883).

Carlos I (r. 1516–1556), el primer monarca de la Casa de Austria, mostró un interés especial por la villa, tal vez con la intención de establecer de forma definitiva la Corte en Madrid. Así sostiene el cronista Luis Cabrera de Córdoba (1559–1623), en un escrito referido a Felipe II

El emperador impulsó diferentes obras arquitectónicas y urbanísticas en Madrid. A él se debe la conversión del primitivo castillo de El Pardo en palacio, situado en las afueras del casco urbano. Las obras, dirigidas por el arquitecto Luis de Vega, se iniciaron en 1547 y concluyeron en 1558, durante el reinado de Felipe II. De este proyecto sólo se conservan algunos elementos que, como el Patio de los Austrias, quedaron integrados en la estructura definitiva del Palacio Real de El Pardo, fruto de la reconstrucción llevada a cabo en el siglo XVIII, tras el incendio de 1604.

 

Otro de los edificios que el monarca ordenó reformar fue el Real Alcázar de Madrid, un castillo de origen medieval, que fue pasto de las llamas en 1734 y en cuyo solar se levanta en la actualidad el Palacio Real. Duplicó su superficie con diferentes añadidos, entre los que destacan el Patio y las Salas de la Reina y la llamada Torre de Carlos I, a partir de un diseño de Luis de Vega y Alonso de Covarrubias.

 

Entre los proyectos urbanísticos promovidos por Carlos I, figura la demolición de la Puerta de Guadalaxara, el acceso principal de la antigua muralla cristiana de Madrid, y su sustitución por una más monumental, con tres arcos. Fue levantada hacia 1535 a la altura del número 49 de la actual calle Mayor y el 2 de septiembre de 1582 desapareció en un incendio.​

 

Durante su reinado, se inauguraron algunos templos religiosos, entre ellos el santuario de Nuestra Señora de Atocha, que data de 1523. Fue derribado en 1888, ante su mal estado, y reconstruido como basílica en el siglo XX.

 

En 1541, se dispuso la ampliación de la Iglesia de San Ginés, situada en la calle del Arenal, mediante un anejo parroquial en la calle de la Montera, que recibió el nombre de San Luis Obispo. Abrió sus puertas en 1689, en tiempos de Carlos II, y fue incendiado en 1935. Sólo se conserva su fachada principal, que fue trasladada e integrada en la estructura de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en la calle del Carmen.

 

El Convento de San Felipe el Real, de 1547, fue uno de los puntos de encuentro más importantes del Madrid de los Austrias. Su lonja recibió el sobrenombre de mentidero de la villa, por los rumores que allí se fraguaban.​ El edificio, destruido en 1838, poseía un relevante claustro renacentista, compuesto por 28 arcos en cada una de sus dos galerías.

 

Otro templo de la época es la Iglesia de San Sebastián (1554–1575), que tuvo que ser reconstruida tras ser alcanzada por una bomba durante la Guerra Civil.

 

La Capilla del Obispo es, sin duda, la construcción religiosa de mayor interés arquitectónico llevada a cabo en Madrid, en tiempos de Carlos I.​ Fue levantada entre 1520 y 1535, como un anejo de la iglesia medieval de San Andrés. Responde a una iniciativa de la familia de los Vargas, una de las más poderosas del Madrid medieval y renacentista. Debe su nombre a Gutierre de Vargas y Carvajal, obispo de Plasencia, su principal impulsor.

 

En el terreno social, el religioso Antón Martín creó en 1552 el Hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios, que estuvo en la calle de Atocha, cerca de la plaza que lleva el nombre de su fundador.

 

En 1529, Carlos I ordenó que el Real Hospital de la Corte, de carácter itinerante ya que acompañaba a la Corte en sus desplazamientos, quedara establecido de forma fija en Madrid. Su edificio, conocido como Hospital del Buen Suceso, estaba integrado por un recinto hospitalario y una iglesia, que fueron concluidos en 1607. A mediados del siglo XIX, se procedió a su derribo dentro de las obras de ampliación de la Puerta del Sol, donde se encontraba.

 

En cuanto a las residencias palaciegas, cabe mencionar la de Alonso Gutiérrez de Madrid, tesorero del emperador, cuya estructura fue aprovechada, durante el reinado de Felipe II, para la fundación del Monasterio de las Descalzas Reales. Recientes intervenciones en este edificio han puesto al descubierto elementos originales del patio principal del citado palacio.​

 

El Palacio de los condes de Paredes de Nava o Casa de San Isidro, donde tiene sus instalaciones el Museo de los Orígenes, se encuentra en la plaza de San Andrés. Fue construido en el solar de un antiguo edificio donde, según la tradición, vivió Iván de Vargas, quien, en el siglo XI, dio alojamiento y trabajo a san Isidro. Data de la primera mitad del siglo XVI.

 

Por su parte, la Casa de Cisneros data del año 1537 y está construida en estilo plateresco. Situada entre la calle del Sacramento y la plaza de la Villa, su primer propietario fue Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del cardenal Cisneros (1436–1517), de quien toma su nombre.

 

Reinado de Felipe II

 

En 1561, Felipe II (r. 1556–1598) estableció la Corte en Madrid. Tal designación provocó un aumento de la población vertiginoso: de los 10 000 - 20 000 habitantes que podía haber en la villa antes de la capitalidad se pasó a 35 000 - 45 000 en el año 1575 y a más de 100 000 a finales del siglo XVI.

 

Para hacer frente a este crecimiento demográfico, el Concejo de Madrid, respaldado por la Corona, elaboró un proyecto de ordenación urbanística, consistente en la alineación y ensanchamiento de calles, el derribo de la antigua muralla medieval, la adecuación de la plaza del Arrabal (antecedente de la actual Plaza Mayor) y la construcción de edificios públicos como hospitales, hospicios, orfanatos, instalaciones de abastos y templos religiosos.

 

Felipe II puso al frente de este plan al arquitecto Juan Bautista de Toledo. Sin embargo, la falta de medios y lentitud burocrática del consistorio y el desinterés mostrado por la Corona en la aportación de recursos ralentizaron su desarrollo. La consecuencia fue un crecimiento urbano rápido y desordenado, que se realizó preferentemente hacia el este del centro histórico, dada la accidentada orografía de la parte occidental, orientada a los barrancos y terraplenes del valle del río Manzanares.

 

Los nuevos edificios se construyeron siguiendo la dirección de los caminos que partían de la villa y, a su alrededor, surgió un entramado de calles estrechas, aunque dispuestas hipodámicamente. El que conducía hasta Alcalá de Henares (hoy calle de Alcalá) vertebró el crecimiento urbano hacia el este, al igual que el camino que llevaba a San Jerónimo el Real, sobre el que se originó la carrera de San Jerónimo. Por el sudeste, la expansión tomó como eje principal el camino del santuario de Nuestra Señora de Atocha (actual calle de Atocha).

 

Hacia el sur, las nuevas casas se alinearon alrededor del camino de Toledo (calle de Toledo) y, por el norte, la referencia urbanística estuvo marcada por los caminos de Hortaleza y de Fuencarral (con sus respectivas calles homónimas), si bien hay que tener en cuenta que, en estos dos lados de la ciudad, el crecimiento fue más moderado.

 

Antes de la capitalidad, en 1535, la superficie de Madrid era de 72 hectáreas, cifra que aumentó hasta 134 en 1565, sólo cuatro años después de establecerse la Corte en la villa. A finales del reinado de Felipe II, el casco urbano ocupaba 282 hectáreas y tenía unos 7590 inmuebles, tres veces más que en 1563 (2250), al poco tiempo de la designación de Madrid como capital.

 

La intensa actividad inmobiliaria de este periodo no fue suficiente para satisfacer la demanda de viviendas, por parte de cortesanos y sirvientes de la Corona. Tal situación llevó al monarca a promulgar el edicto conocido como Regalía de Aposento, mediante el cual los propietarios de inmuebles de más de una planta estaban obligados a ceder una de ellas a una familia cortesana.

 

Este decreto favoreció el desarrollo de las llamadas casas a la malicia, un tipo de vivienda con el que sus propietarios intentaban evitar el cumplimiento de la norma, mediante diferentes soluciones (una única planta, compartimentación excesiva de los interiores, ocultación a la vía pública del piso superior...).

 

En 1590, la Corona y el Concejo crearon la Junta de Policía y Ornato, organismo presidido por el arquitecto Francisco de Mora, con el que se intentó poner fin a los desarreglos urbanísticos provocados por la rápida expansión de la ciudad. La correcta alineación de las calles, mediante la supresión de los recovecos existentes entre los inmuebles, fue uno de sus objetivos.

 

Felipe II promovió la realización de diferentes infraestructuras urbanas, caso del Puente de Segovia, la calle Real Nueva (actual calle de Segovia) y la Plaza Mayor. Los proyectos inicialmente previstos para estas tres obras no pudieron llevarse a cabo plenamente, adoptándose soluciones menos ambiciosas, ante las limitaciones presupuestarias.

 

Las dos primeras se enmarcaban dentro del mismo plan, consistente en la creación de una gran avenida, de aire monumental, que, salvando el río Manzanares por el oeste, conectase el antiguo camino de Segovia con el Real Alcázar. Finalmente, sólo pudo ejecutarse el puente (1582–1584), atribuido a Juan de Herrera, mientras que la avenida quedó reducida a unas nivelaciones del terreno sobre el barranco del arroyo de San Pedro y al derribo de varios edificios, que dieron origen a la calle de Segovia, terminada en 1577.

 

Con respecto a la Plaza Mayor, levantada sobre la antigua plaza del Arrabal, el centro comercial de la villa en aquel entonces, el monarca encargó su diseño a Juan de Herrera en el año 1580. Durante su reinado, se demolieron los edificios primitivos y dieron comienzo las obras de la Casa de la Panadería (1590), proyectada por Diego Sillero. Fue su sucesor, Felipe III, quien dio el impulso definitivo al recinto.

 

Felipe II continuó con las reformas y ampliaciones del Real Alcázar, iniciadas por su padre, con la edificación de la Torre Dorada, obra de Juan Bautista de Toledo, y la decoración de las distintas dependencias. También ordenó la construcción, en las inmediaciones del palacio, de la Casa del Tesoro, las Caballerizas Reales y la Armería Real. Todos estos conjuntos han desaparecido.

 

Pero tal vez su proyecto más personal fuese la Casa de Campo, paraje que convirtió en un recinto palaciego y ajardinado para su recreo. Se debe a un diseño de Juan Bautista de Toledo, que siguió el modelo de naturaleza urbanizada, acorde con el gusto renacentista de la época, a modo de conexión con el Monte de El Pardo.​ De este proyecto sólo se conservan partes del trazado de los jardines y algunos restos del palacete.

 

Asimismo, fueron levantados distintos edificios religiosos y civiles. El Monasterio de las Descalzas Reales fue fundado en 1559 por Juana de Austria, hermana del monarca, y en 1561 comenzaron las obras del Convento de la Victoria, que, como aquel, también estuvo muy vinculado con la Corona.

 

En 1583 abrió su puertas el corral de comedias del Teatro del Príncipe (en cuyo solar se levanta ahora el Teatro Español), institución clave en el Siglo de Oro español.15​ En 1590, fue inaugurado el Colegio de María de Córdoba y Aragón (actual Palacio del Senado), que toma su nombre de una dama de la reina Ana de Austria, principal impulsora del proyecto.

 

Entre los palacios nobiliarios, hay que destacar la Casa de las Siete Chimeneas (1574–1577), actual sede del Ministerio de Cultura, situada en la plaza del Rey. Su primer propietario fue Pedro de Ledesma, secretario de Antonio Pérez.

 

En la calle de Atocha se encontraban las casas de Antonio Pérez y en la plaza de la Paja se halla el Palacio de los Vargas, cuya fachada fue transformada en el siglo XX, adoptándose una solución historicista, a modo de continuación de la contigua Capilla del Obispo.

Reinado de Felipe III

En 1601, pocos años después de subir al trono Felipe III (r. 1598–1621), Madrid perdió la capitalidad a favor de Valladolid. Consiguió recuperarla cinco años después, tras el pago a la Corona de 250 000 ducados y el compromiso por parte del Concejo de abastecer de agua potable al Real Alcázar, entre otras infraestructuras.

 

Con tal fin, el consistorio realizó los denominados viajes de agua (conducciones desde manantiales cercanos a la villa), entre los cuales cabe destacar el de Amaniel (1614–1616). De ellos también se beneficiaron algunos conventos y palacios, además de los propios vecinos, a través de las fuentes públicas.​ En 1617 fue creada la llamada Junta de Fuentes, organismo encargado de su mantenimiento y conservación.

 

Bajo el reinado de Felipe III, se proyectaron numerosos edificios religiosos y civiles, algunos de los cuales fueron inaugurados en la época de Felipe IV. Es el caso de la Colegiata de San Isidro; de la nueva fachada del Real Alcázar (1610–1636), obra de Juan Gómez de Mora, que perduró hasta el incendio del palacio en 1734;​ y del Convento de los Padres Capuchinos, en El Pardo, fundado por el rey en 1612, cuyo edificio definitivo no pudo comenzarse hasta 1638.

 

Las nuevas edificaciones se construyeron con mayor calidad arquitectónica que en los periodos anteriores, al tiempo que se impuso un estilo propio, típicamente madrileño, de aire clasicista y de clara influencia herreriana,​ aunque también se observan rasgos prebarrocos.

 

Además, se establecieron arquetipos arquitectónicos, que, en relación con las casas palaciegas, quedaron definidos en un trazado de planta rectangular, dos o más alturas de órdenes, portadas manieristas, cubiertas abuhardilladas de pizarra y torres cuadrangulares, por lo general dos, con chapiteles rematados en punta, en la línea escurialense.

 

Este esquema, uno de los que mejor definen la arquitectura madrileña de los Austrias y de periodos posteriores, empezó a gestarse en tiempos de Felipe III, con ejemplos tan notables como las Casas de la Panadería y de la Carnicería, en la Plaza Mayor; el Palacio del marqués de Camarasa, ubicado en la calle Mayor y sede actual de diferentes dependencias municipales; el proyecto de reconstrucción del Palacio Real de El Pardo, incendiado el 13 de marzo de 1604; y la ya citada fachada del Real Alcázar. No obstante, fue con Felipe IV cuando alcanzó su máxima expresión.

 

Por su parte, el Palacio de los Consejos (también llamado del duque de Uceda) puede ser considerado un precedente en lo que respecta a la organización del espacio y fachadas, si bien carece de las torres de inspiración herreriana. Fue diseñado por Francisco de Mora, quien contó con la colaboración de Alonso de Trujillo, al frente las obras entre 1608 y 1613.

 

En cuanto a los templos religiosos, la mayoría de las construcciones utilizó como referencia el modelo jesuítico, de planta de cruz latina, que tiene su origen en la Iglesia del Gesú (Roma, Italia). La Colegiata de San Isidro, que, como se ha referido, fue diseñada en tiempos de Felipe III y terminada con Felipe IV, responde a esta pauta.

 

Mención especial merece el Real Monasterio de la Encarnación (1611–1616), fundado por Margarita de Austria, esposa del rey. Su fachada, obra de Juan Gómez de Mora (aunque posiblemente proyectada por su tío, Francisco de Mora), fue una de las más imitadas en la arquitectura castellana del siglo XVII y buena parte del XVIII.​

 

Un ejemplo es el Monasterio de la Inmaculada Concepción, en Loeches (Madrid), que, como aquel, presenta fachada rectangular con pórtico, pilastras a ambos lados y frontón en la parte superior.

 

La lista de edificios religiosos levantados durante el reinado de Felipe III es amplia. El Convento de San Ildefonso de las Trinitarias Descalzas (o, sencillamente, de las Trinitarias), del año 1609, se encuentra en el Barrio de las Letras y en él fue enterrado Miguel de Cervantes. Del Convento del Santísimo Sacramento, fundado en 1615 por Cristóbal Gómez de Sandoval y de la Cerda, valido del rey, sólo se conserva su iglesia (actual Catedral Arzobispal Castrense), levantada en tiempos de Carlos II.

 

El Monasterio del Corpus Christi o de las Carboneras y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen fueron empezados en 1607 y 1611, respectivamente, y ambos se deben a Miguel de Soria. La Iglesia de San Antonio de los Alemanes, de 1606, es una de las más singulares del primer tercio del siglo XVII, por su planta oval.21​ Su interior está decorado al fresco por Lucas Jordán, Juan Carreño de Miranda y Francisco Rizi.

 

Las iglesias de San Ildefonso (1619) y de Santos Justo y Pastor (hacia 1620) se encuentran entre las últimas fundaciones religiosas llevadas a cabo antes de la muerte del monarca en 1621. La primera, destruida completamente durante la Guerra Civil Española, fue reconstruida en la década de 1950.

 

Pero, sin duda, el proyecto urbanístico más importante llevado a cabo por el monarca fue la Plaza Mayor. En 1619, Felipe III finalizó las obras, que había iniciado su antecesor, con un nuevo diseño, firmado y desarrollado por Juan Gómez de Mora. Este arquitecto fue también responsable de la Casa de la Panadería, que preside el conjunto, si bien su aspecto actual corresponde a la reconstrucción realizada por Tomás Román, tras el incendio acaecido en 1672.

 

Además de este recinto, se procedió a adecuar otras plazas, como la de la Cebada y la desaparecida de Valnadú, esta última resultado de la demolición en el año 1567 de la puerta homónima, en la época de Felipe II. Otro de sus logros urbanísticos fue la reorganización del territorio en las riberas del río Manzanares y en el Real Camino de Valladolid, mediante la eliminación de las compartimentaciones internas y la estructuración de los plantíos.​

 

En el terreno de la escultura, destaca la estatua ecuestre del propio rey, traída desde Italia como obsequio del Gran Duque de Florencia. Realizada en bronce, fue comenzada por Juan de Bolonia y terminada por su discípulo, Pietro Tacca, en 1616.

 

Estuvo emplazada en la Casa de Campo, recinto que fue objeto de una especial atención por parte del monarca con la construcción de nuevas salas en el palacete (del Mosaico y de las Burlas) y la instalación de diferentes fuentes y adornos en los jardines. En 1848, la escultura fue trasladada al centro de la Plaza Mayor, donde actualmente se exhibe, por orden de Isabel II.

 

Reinado de Felipe IV

Felipe IV (r. 1621–1665) accedió al trono a la edad de dieciséis años, tras la inesperada muerte de su padre. Tradicionalmente ha sido considerado como un mecenas de las letras y de las artes, principalmente de la pintura.​ Durante su reinado, Madrid se convirtió en uno de los principales focos culturales de Europa y en el escenario donde se fraguaron muchas de las grandes creaciones del Siglo de Oro español. Además, la ciudad albergó la mayor parte de la colección pictórica del monarca, una de las más importantes de la historia del coleccionismo español

 

En el ámbito de la arquitectura, se levantaron numerosos edificios civiles y religiosos, al tiempo que se construyó una nueva residencia regia en el entorno del Prado de los Jerónimos, en el lado oriental del casco urbano. El Palacio del Buen Retiro desplazó hacia el este buena parte de la actividad política, social y cultural de la villa, que hasta entonces gravitaba únicamente sobre el Real Alcázar, situado en el extremo occidental.

En líneas generales, la arquitectura palaciega del reinado de Felipe IV siguió el modelo post-escurialense, de rasgos barrocos contenidos, que comenzó a forjarse con Felipe III. Este estándar aparecía en estado puro en el desaparecido Palacio del Buen Retiro, cuyo origen fue el llamado Cuarto Real, un anexo del Monasterio de los Jerónimos, que, desde tiempos de los Reyes Católicos, era frecuentado por la realeza para su descanso y retiro.

 

Siguiendo una iniciativa del Conde-Duque de Olivares,29​ en 1632 Felipe IV ordenó al arquitecto Alonso Carbonel la ampliación del recinto y su conversión en residencia veraniega. El palacio fue concebido como un lugar de recreo, función que quedó remarcada mediante una configuración articulada alrededor de dos grandes patios, diseñados a modo de plazas urbanas.30​ La Plaza Principal estaba reservada a la Familia Real, mientras que la Plaza Grande, de mayores dimensiones, era utilizada para la celebración de fiestas, actos lúdico-culturales y eventos taurinos.

 

La primera fase, correspondiente al núcleo central (Plaza Principal), se concluyó en 1633, sólo un año después de realizarse el encargo. Por su parte, las obras de la Plaza Grande, el Picadero, el Salón de Baile, el Coliseo y los jardines se prolongaron, a lo largo de diferentes etapas, hasta 1640.

 

El recinto palaciego sufrió graves desperfectos durante la Guerra de la Independencia y, finalmente, fue demolido en la época de Isabel II, ante la imposibilidad de recuperación. Sólo se conservan el Salón de Reinos y el Salón de Baile (o Casón del Buen Retiro), si bien con importantes transformaciones en relación con el diseño original.

 

En lo que respecta a los jardines, el Parque de El Retiro es heredero del trazado llevado a cabo en la época de Felipe IV, aunque su fisonomía actual responde a múltiples remodelaciones ejecutadas en periodos posteriores, principalmente en los siglos XVIII y XIX. Entre los elementos primitivos que aún se mantienen, cabe citar algunos complejos hidráulicos, como el Estanque Grande y la Ría Chica.

 

Además del Buen Retiro, el monarca mostró una especial predilección por el Real Sitio de El Pardo, donde mandó construir el Palacio de la Zarzuela, actual residencia de la Familia Real, y ampliar la Torre de la Parada, a partir de un diseño de Juan Gómez de Mora. Este último edificio fue erigido como pabellón de caza por Felipe II y resultó completamente destruido en el siglo XVIII.

 

La arquitectura civil tiene en el Palacio de Santa Cruz y en la Casa de la Villa, ambos proyectados por Juan Gómez de Mora en el año 1629, dos notables exponentes.

 

El primero albergó la Sala de Alcaldes de Casa y Corte y la Cárcel de Corte y, en la actualidad, acoge al Ministerio de Asuntos Exteriores. Se estructura alrededor de dos patios cuadrangulares simétricos, unidos mediante un eje central que sirve de distribuidor y acceso al edificio. La horizontalidad de su fachada principal, que da a la Plaza de la Provincia, queda rota por los torreones laterales de inspiración herreriana y la portada con dos niveles de triple vano. Fue terminado en 1636 y ha sido objeto de numerosas reformas en siglos posteriores.

 

Por su parte, la Casa de la Villa fue diseñada como sede del gobierno municipal y Cárcel de Villa. Sus obras comenzaron en 1644, quince años después de realizarse el proyecto, y finalizaron en 1696. Junto a Gómez de Mora, colaboraron José de Villarreal, a quien se debe el patio central, Teodoro Ardemans y José del Olmo.

 

Entre las residencias nobiliarias, figuran el Palacio del duque de Abrantes, construido por Juan Maza entre 1653 y 1655 y transformado sustancialmente en el siglo XIX, y el Palacio de la Moncloa. Este último fue erigido en el año 1642, a iniciativa de Melchor Antonio Portocarrero y Lasso de la Vega, conde de Monclova y virrey del Perú, su primer propietario. La estructura actual corresponde a la reconstrucción y ampliación llevadas a cabo en el siglo XX, tras los daños sufridos durante la Guerra Civil.

La arquitectura religiosa del reinado de Felipe IV presenta dos fases, coincidentes con los procesos evolutivos que se dieron en el arte barroco español a lo largo del siglo XVII.

 

En la primera mitad, se mantuvo la austeridad geométrica y espacial, arrastrada del estilo herreriano, con escasos y calculados motivos ornamentales, salvo en los interiores, que, en clara contraposición, aparecían profusamente decorados. En la segunda mitad del siglo, el gusto por las formas favoreció un progresivo alejamiento del clasicismo y la incorporación de motivos naturalistas en las fachadas.

 

Dentro de la primera corriente, que puede ser denominada como barroco clasicista, se encuentran la Colegiata de San Isidro, la Ermita de San Antonio de los Portugueses y el Convento de San Plácido.

 

La Colegiata de San Isidro (1622–1664) fue fundada como iglesia del antiguo Colegio Imperial,​ situado dentro del mismo complejo. El templo se debe a un proyecto del hermano jesuita Pedro Sánchez de hacia 1620, iniciándose su construcción en 1622. A su muerte, en 1633, se hará cargo de la obra el hermano Francisco Bautista junto con Melchor de Bueras. Es de planta de cruz latina y destaca por su fachada monumental, realizada en piedra de granito y flanqueada por dos torres en los lados. Fue la catedral provisional de Madrid desde 1885 hasta 1993.

 

La Ermita de San Antonio de los Portugueses estuvo ubicada en una isla artificial, en medio de un estanque lobulado, dentro de los Jardines del Buen Retiro. Fue edificada entre 1635 y 1637 por Alonso Carbonel y derribada en 1761, para levantar, sobre su solar, la Real Fábrica de Porcelana de la China, igualmente desaparecida. Su torre cuadrangular, rematada con chapitel herreriano, y su suntuosa portada, configurada por cuatro grandes columnas de mármol blanco y capiteles de mármol negro, eran sus elementos más notables.

 

El edificio actual del Convento de San Plácido, obra de Lorenzo de San Nicolás, data de 1641. La decoración interior es la parte más sobresaliente y en él se conserva un Cristo yacente de Gregorio Fernández.

 

Conforme fue avanzando el siglo XVII, los exteriores sobrios fueron perdiendo vigencia y se impuso un estilo plenamente barroco, sin apenas concesiones al clasicismo. Esta evolución puede apreciarse en la ya citada Casa de la Villa, que, dado su prolongado proceso de construcción (el diseño se hizo en 1629 y el edificio se terminó en 1696), fue incorporando diferentes elementos ornamentales en su fachada clasicista, acordes con las nuevas tendencias.

 

La Capilla de San Isidro ejemplifica el apogeo del barroco. Fue construida como un anejo de la iglesia de origen medieval de San Andrés para albergar los restos mortales de san Isidro. La primera piedra se puso en 1642, a partir de un proyecto de Pedro de la Torre. En 1657, José de Villarreal realizó un segundo proyecto, cuyas obras fueron inauguradas por Felipe IV y su esposa Mariana de Austria en un acto institucional. Fue terminada en 1699.

 

Junto a la basílica neoclásica de San Francisco el Grande (siglo XVIII), se halla la Capilla del santo Cristo de los Dolores para la Venerable Orden Tercera de San Francisco (1662–1668), realizada por el arquitecto Francisco Bautista. En su interior sobresale la decoración barroca, con especial mención al baldaquino, hecho en maderas, jaspes y mármoles, donde se guarda la talla del Cristo de los Dolores.

 

El Convento de Nuestra Señora de la Concepción o de las Góngoras es otro ejemplo del barroco madrileño. Debe su nombre a Juan Jiménez de Góngora, ministro del Consejo de Castilla, quien procedió a su creación, por encargo directo del rey, como ofrenda por el nacimiento de su hijo Carlos (a la postre Carlos II). Fue inaugurado en 1665 y ampliado en 1669, según un proyecto de Manuel del Olmo.

 

Dentro del capítulo de arquitectura religiosa, también hay que destacar la reconstrucción de la iglesia medieval de San Ginés, llevada a cabo, a partir de 1645, por el arquitecto Juan Ruiz. Es de planta de cruz latina, de tres naves, con crucero y cúpula.

 

Escultura

Las numerosas fundaciones religiosas llevadas a cabo con Felipe IV generaron una importante actividad escultórica, destinada a la realización de tallas y retablos. Hacia 1646 se estableció en la Corte Manuel Pereira, a quien se debe el retablo de la Iglesia de San Andrés, desaparecido durante la Guerra Civil, y la estatua de San Bruno, considerada una de sus obras maestras, que se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

 

Fuera del ámbito religioso, la producción escultórica se desarrolló a través de dos vías: la ornamentación de calles y plazas, mediante la construcción de fuentes artísticas (es el caso de la Fuente de Orfeo, diseñada por Juan Gómez de Mora y terminada en 1629), y los encargos reales, entre los que sobresale la estatua ecuestre de Felipe IV (1634–1640).

 

Se trata de las primera escultura a caballo del mundo en la que éste se sostiene únicamente sobre sus patas traseras.34​ Es obra de Pietro Tacca, quien trabajó sobre unos bocetos hechos por Velázquez y, según la tradición, contó con el asesoramiento científico de Galileo Galilei. Conocida como el caballo de bronce, estuvo inialmente en el Palacio del Buen Retiro y, en tiempos de Isabel II, fue trasladada a la Plaza de Oriente, su actual ubicación.

En el terreno urbanístico, Felipe IV ordenó la construcción de una cerca alrededor del casco urbano, mediante la cual quedaron establecidos los nuevos límites de la villa, tras los procesos expansivos de los periodos anteriores. Desde la fundación de Madrid en el siglo IX, había sido costumbre cercar el caserío, bien con una finalidad defensiva (murallas musulmana y cristiana), bien para el control fiscal de los abastos e inmigración (cerca medieval de los arrabales y Cerca de Felipe II).

 

La Cerca de Felipe IV provocó varios efectos en el desarrollo urbano: por un lado, impidió la expansión horizontal de Madrid hasta bien entrado el siglo XIX, cuando fue demolida y pudieron acometerse los primeros ensanches; y, por otro, favoreció un cierto crecimiento vertical, dando lugar a las corralas, viviendas dispuestas en varias alturas y organizadas en corredera, alrededor de un gran patio común.

 

De la citada cerca, realizada en ladrillo y mampostería, aún se mantienen en pie algunos restos, como los situados en la Ronda de Segovia, en los alrededores de la Puerta de Toledo.

 

El Puente de Toledo es otro de los proyectos urbanísticos impulsados por el rey. Su función era enlazar directamente el casco urbano con el camino de Toledo, salvando el río Manzanares por la parte suroccidental de la ciudad. Fue construido por José de Villarreal entre 1649 y 1660, a partir de un proyecto de Juan Gómez de Mora.

 

El puente quedó destruido en una riada y en 1671, durante el reinado de Carlos II, se levantó uno nuevo, que también desapareció por los mismos motivos. La estructura definitiva que ha llegado a la actualidad corresponde al primer tercio del siglo XVIII y es obra de Pedro de Ribera.

Reinado de Carlos II

Con la llegada al trono de Carlos II (r. 1665–1700), se frenó el ritmo constructor del reinado anterior, sobre todo en lo que respecta a las edificaciones civiles. Entre éstas, tan sólo cabe mencionar la Puerta de Felipe IV (1680), que, pese a su nombre, fue erigida en honor de María Luisa de Orleáns, primera esposa de Carlos II. Trazada por Melchor Bueras, estuvo inicialmente emplazada en la Carrera de San Jerónimo, hasta su traslado, a mediados del siglo XIX, a la calle de Alfonso XII, donde sirve de acceso al Parque de El Retiro.

 

En cuanto a las fundaciones religiosas, se levantaron algunos templos de interés artístico, que abandonaron definitivamente el aspecto austero de la primera mitad del siglo XVII e incorporaron plenamente las tendencias barrocas.

 

Es el caso de la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, que forma parte del convento homónimo.​ Fue trazada en el año 1668 por el arquitecto Sebastián Herrera Barnuevo, si bien su proyecto fue transformado por Gaspar de la Peña, Juan de Torija, Pedro de la Torre, Francisco Aspur y Pedro de Ribera, que intervinieron, en diferentes fases, hasta la conclusión del conjunto en 1720. El edificio destaca por su exterior profusamente ornamentado, en especial la torre que flanquea uno de sus lados, con abundantes motivos naturalistas en su parte superior y alrededor de los vanos.

 

El gusto por las formas también está presente en la Iglesia de las Calatravas (1670–1678), situada en la calle de Alcalá. Se debe a un diseño de fray Lorenzo de San Nicolás, terminado por Isidro Martínez y Gregorio Garrote. Presenta planta de cruz latina y, en su crucero, se alza una cúpula con tambor de ocho vanos, cuatro abiertos y cuatro cegados. La capilla mayor está adornada con un retablo de José Benito de Churriguera, realizado en tiempos de Felipe V.

 

Del Monasterio del santísimo Sacramento, fundado por Cristóbal Gómez de Sandoval en la época de Felipe IV, sólo se conserva su iglesia, actual Catedral Arzobispal Castrense. El templo se construyó con Carlos II, entre 1671 y 1744, a partir de un proyecto firmado por Francisco Bautista, Manuel del Olmo y Bartolomé Hurtado García.

 

Su fachada, labrada en sillares de granito, se estructura en tres niveles horizontales y está rematada por un frontón circular. La decoración exterior consiste en diferentes molduras que recorren los vanos, con motivos naturales, y en un relieve dedicado a san Benito y san Bernardo, instalado en el nivel intermedio.

 

Pese a las corrientes barrocas del momento, el Convento de las Comendadoras de Santiago se aproxima más al arquetipo arquitectónico de la primera mitad del reinado de Felipe IV, caracterizado por su sobriedad. El edificio, que empezó a construirse en 1667, destaca por su iglesia, de planta de cruz griega, fachada inspirada en el modelo del Real Monasterio de la Encarnación y torres con chapiteles herrerianos en los lados.

   

A Royal Canadian Air Force (RCAF) CH-149 Cormorant search and rescue helicopter flies for the first time over the city of Lima, Peru, during a flight to test the helicopter’s functions. The Cormorant was transported, partially disassembled, by a CC-177 Globemaster aircraft and reassembled over the course of three days by a team of IMP aerospace technicians. The helicopter, along with a CC-130J Hercules transport plane and approximately 60 members of the RCAF, are in Peru to take part in Exercise COOPERACIÓN III, a humanitarian relief exercise, on April 22nd,2014.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

Un hélicoptère de recherche et sauvetage CH149 Cormorant de l'Aviation royale canadienne (ARC) survole la ville de Lima (Pérou) pour la première fois, dans le cadre d’un vol d’essai visant à vérifier le bon fonctionnement de l’appareil, le 22 avril 2014. Le Cormorant a été transporté, partiellement démonté, à bord d’un avion CC177 Globemaster, puis réassemblé en trois jours par une équipe de techniciens en aéronautique de chez IMP. L’hélicoptère, un avion de transport CC130J Hercules et environ 60 membres de l’ARC se trouvent présentement au Pérou pour prendre part à l’exercice d’aide humanitaire Cooperación III.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

CX2014-0664

Military and civilian technicians of 14 Wing Greenwood, guide a CH-149 Cormorant with an Air Transportation Kit into at CC-177 Globemaster III, April 17th, 2014 as part of EX COOPERACIÓN III.

 

Photo: Cpl Stephen Keegan, 14 Wing Imaging

 

Des techniciens civils et militaires de la 14e Escadre Greenwood orientent un CH149 Cormorant muni d’une trousse pour transport aérien à bord d’un CC177 Globemaster, le 17 avril 2014, dans le cadre de l’Ex Cooperación III.

 

Photo : Cpl Stephen Keegan, Imagerie de la 14e Escadre

GD2014-0229-04

Cooperación Cívico Militar. Gran Vía, Barcelona. Desde muchos sectores se cuestiona el ejército participe en la gestión de la pandemia.

IMP Aerospace technician Mike Crook, takes up position in the tail of a CH-149 Cormorant helicopter to assist with the reassembling of the helicopter. In order to be transported onboard a CC-177 Globemaster aircraft to Peru, to take part in Exercise Cooperación III, the tail assembly had to be removed.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

Mike Crook, technicien en aéronautique de chez IMP, prend place dans la queue de l’hélicoptère CH149 Cormorant, d’où il participe au réassemblage de l’appareil. L’empennage de queue du Cormorant avait été retiré, pour que l’appareil puisse être transporté jusqu’à Lima (Pérou) à bord d’un avion CC177 Globemaster, en vue de l’exercice Cooperación III.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

CX2014-0361

A Royal Canadian Air Force (RCAF) CH-149 Cormorant search and rescue helicopter takes to the air for the first time in South America on the main runway at the Lima, Peru airport during a test flight. The Cormorant was transported, partially disassembled, by a CC-177 Globemaster aircraft and reassembled over the course of three days by a team of IMP aerospace technicians. The helicopter, along with a CC-130J Hercules transport plane and approximately 60 members of the RCAF, are in Peru to take part in Exercise COOPERACIÓN III, a humanitarian relief exercise, on April 22nd,2014.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

Un hélicoptère de recherche et sauvetage CH149 Cormorant de l'Aviation royale canadienne (ARC) s’envole pour la première fois en sol sud-américain, dans le cadre d’un vol d’essai effectué sur la piste principale de l’aéroport de Lima (Pérou), le 22 avril 2014. Le Cormorant a été transporté, partiellement démonté, à bord d’un avion CC177 Globemaster, puis réassemblé en trois jours par une équipe de techniciens en aéronautique de chez IMP. L’hélicoptère, un avion de transport CC130J Hercules et environ 60 membres de l’ARC se trouvent présentement au Pérou pour prendre part à l’exercice d’aide humanitaire Cooperación III.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

CX2014-0617

CH-149 Cormorant helicopter Flight Engineer, Master Corporal Clint Lewis (right) of 413 Transport and Rescue Squadron helps Major Alpaca (left) of the Peruvian Air Force, out the rescue door before being hoisted to a soccer field near Pisco, Peru, which is serving as an emergency relief centre during Exercise COOPERACIÓN III near Pisco, Peru on April 26, 2014.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

Le caporal-chef Clint Lewis (à droite), mécanicien de bord de l’hélicoptère CH149 Cormorant et membre du 413e Escadron de transport et de sauvetage, aide le major Alpaca (à gauche), de la Force aérienne du Pérou, à passer la porte de sauvetage pour être descendu sur un terrain de soccer utilisé comme centre de secours d’urgence, le 26 avril 2014, près de Pisco (Pérou), dans le cadre de l’exercice Cooperación III.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

CX2014-1632

A CC-130J Hercules aircraft taxis off the runway behind a CH-149 Cormorant helicopter at the Pisco air force base, in Peru during Exercise COOPERACIÓN III on April 25, 2014.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

Un avion CC130J Hercules (derrière l’hélicoptère CH149 Cormorant) roule sur la piste de la base aérienne de Pisco (Pérou), le 25 avril 2014, pendant l’exercice Cooperación III.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

CX2014-1539

Ángel J.Torres 2011 © Todos los derechos reservados. © All rights reserved

 

- Sube y pon otra pinza que se nos caen. Yo aguanto.

- Cómo quieres que suba si sólo soy un dibujo.

- Pero eres capaz de hablar.

- Te he dicho que soy un dibujo, no que sea un idiota.

 

Ejercício Cooperacion III - Peru (SICOFAA)

Cooperación para acariciar el cielo

Paper mache escultura , espejo.en lienzo.(2005).

aller de Arte / Atelier /Studio ff mendoza

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Para un proyecto sobre cooperación internacional en el que estoy trabajando

A Royal Canadian Air Force (RCAF) CH-149 Cormorant search and rescue helicopter flies for the first time over the city of Lima, Peru, during a flight to test the helicopter’s functions. The Cormorant was transported, partially disassembled, by a CC-177 Globemaster aircraft and reassembled over the course of three days by a team of IMP aerospace technicians. The helicopter, along with a CC-130J Hercules transport plane and approximately 60 members of the RCAF, are in Peru to take part in Exercise COOPERACIÓN III, a humanitarian relief exercise, on April 22nd,2014.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

Un hélicoptère de recherche et sauvetage CH149 Cormorant de l'Aviation royale canadienne (ARC) survole la ville de Lima (Pérou) pour la première fois, dans le cadre d’un vol d’essai visant à vérifier le bon fonctionnement de l’appareil, le 22 avril 2014. Le Cormorant a été transporté, partiellement démonté, à bord d’un avion CC177 Globemaster, puis réassemblé en trois jours par une équipe de techniciens en aéronautique de chez IMP. L’hélicoptère, un avion de transport CC130J Hercules et environ 60 membres de l’ARC se trouvent présentement au Pérou pour prendre part à l’exercice d’aide humanitaire Cooperación III.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

CX2014-0664

Competencia cultural.

Hacia el sello de calidad en cooperación al desarrollo

  

Un mono estaba en un árbol observando cómo un riachuelo se había desbordado. En un pequeño charco de agua formado por el rebosamiento, un pobre pez nadaba con dificultad y, a duras penas, lograba mantenerse vivo. El mono, afectado por sus penalidades, decidió ayudarle. Ni corto, ni perezoso, le sacó del agua para que respirara mejor. El pez murió… Para ayudar a los demás no basta con las buenas intenciones, un diagnóstico intercultural nos permitiría tomar conciencia de las necesidades del otro. Juzgar la cultura ajena desde el punto de vista propio se denomina “etnocentrismo”, en el caso que nos ocupa… mono-centrismo.

 

En el altiplano boliviano, los médicos implicados en algunos de los programas de salud materno –infantil tras atender a la mujer en el parto, eliminan la placenta tirándola a la basura, ya que ésta pertenece a la categoría de lo sucio en la medicina occidental. Para la cosmología andina la unidad del individuo requiere recoger la placenta y enterrarla como un ofrecimiento a la pachamama (la Madre Tierra) para el buen desarrollo integral de la persona. Esto produce que cuando una mujer tiene que dar a luz huya como alma que lleva el diablo del programa de atención sanitaria amparado por la ONG de turno y opte por ser atendida por su marido, la partera o el yatiri (sabio y especialista ritual andino) de la comunidad.

 

Ante la situación de hambruna en un país africano, una ONGD decidió recaudar fondos y enviar leche como alimento para paliar la situación de escasez sufrida. Cada vez que el camión con el logotipo de la ONGD en cuestión llegaba al lugar con la remasa de leche, era apedreado por los habitantes locales para sorpresa de los benefactores. Los habitantes de una cultura con intolerancia a la lactosa padecen unas diarreas terribles al consumir productos lácteos no fermentados, en especial la leche. Los aborígenes lo último que querían, tras la hambruna, era tener más problemas intestinales. La competencia cultural de la ONG era nula y la ayuda humanitaria estaba mal planificada e identificada. Con una formación adecuada en interculturalidad, se podría haber evitado este problema.

 

Con estos ejemplos, más bien “excepciones extremas”, quiero poner de manifiesto que podemos entrar a formar parte del cártel de las buenas intenciones con facilidad si no consideramos previamente al otro y si no reflexionamos sobre la importancia de un buen diagnóstico cultural, así como su papel crucial en los proyectos de cooperación al desarrollo. Caer en el asistencialismo y el paternalismo es bastante sencillo. Obviamente, la calidad del trabajo de la ONG es excelente y los procesos de identificación cuentan, cada vez más, con el apoyo de antropólogos o de personas con un amplio conocimiento del contexto local. Pero aún queda un importante camino por recorrer, ya que las pequeñas excepciones en la mala identificación de los proyectos es lo que salta a la opinión pública. Ésta, irremediablemente, amplifica y pervierte la visión del tercer sector (entidades sin ánimo de lucro) convirtiendo la excepción en regla en la imaginación popular o conciencia colectiva.

 

Quizás la apuesta pase por formalizar un mecanismo que conduzca al diálogo real, y dando un salto de calidad, a la exigencia de que todo agente de la cooperación aquí y allá y por extensión a todo aquel que vaya a trabajar directamente en desarrollo, relaciones con los pueblos indígenas, educación, programas de alimentación, salud, etc., reciba una formación intercultural que le habilite en “anthropological abilities” o competencia cultural. En el fondo, esta competencia, como explica la antropóloga Luisa Abad persigue tres objetivos sencillos: 1).- abordar el conocimiento y la sensibilidad cultural mutuos (nunca unidireccionalmente), 2).- discutir de todas las fases de un proyecto dentro de un proceso participativo (no sólo con interlocutores cómodos) y 3).- evitar reducir la problemática del desarrollo local/rural/indígena exclusivamente al canal financiero.

 

Si el sistema exige otros mecanismos para otros terrenos de la vida social, CAP para el profesorado, titulación para ejercer determinadas profesiones, declaración de utilidad pública, sello de calidad, etc., ¿por qué no exigir la competencia cultural para el campo de la cooperación para el desarrollo? Probablemente la incorporación de este nuevo elemento serviría para asentar los cimientos de la transformación social necesaria e ir dando los pasos para conseguir que el diálogo intercultural sea fructífero.

  

Pedro Salvador

 

Search and Rescue Technicians, Sergeant Stephen Bates (far left) and Master Corporal Dennis Van Sickle (front left) evacuate a simulated casualty at the Pisco air force base, in Peru alongside Major Alpaca (far right) and Lieutenant Romero (front right) of the Peruvian Air Force on April 26, 2014 during Exercise COOPERACIÓN III.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

Avec l’aide du major Alpaca (derrière, à droite) et du lieutenant Romero (devant, à droite), membres de la Force aérienne du Pérou, le sergent Stephen Bates (derrière, à gauche) et le caporal-chef Dennis Van Sickle (devant, à gauche) évacuent une pseudo-victime à la base aérienne de Pisco (Pérou), le 26 avril 2014, dans le cadre de l’exercice Cooperación III.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

CX2014-1735

A Royal Canadian Air Force (RCAF) CH-149 Cormorant search and rescue helicopter flies for the first time over the city of Lima, Peru, during a flight to test the helicopter’s functions. The Cormorant was transported, partially disassembled, by a CC-177 Globemaster aircraft and reassembled over the course of three days by a team of IMP aerospace technicians. The helicopter, along with a CC-130J Hercules transport plane and approximately 60 members of the RCAF, are in Peru to take part in Exercise COOPERACIÓN III, a humanitarian relief exercise, on April 22nd,2014.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

Un hélicoptère de recherche et sauvetage CH149 Cormorant de l'Aviation royale canadienne (ARC) survole la ville de Lima (Pérou) pour la première fois, dans le cadre d’un vol d’essai visant à vérifier le bon fonctionnement de l’appareil, le 22 avril 2014. Le Cormorant a été transporté, partiellement démonté, à bord d’un avion CC177 Globemaster, puis réassemblé en trois jours par une équipe de techniciens en aéronautique de chez IMP. L’hélicoptère, un avion de transport CC130J Hercules et environ 60 membres de l’ARC se trouvent présentement au Pérou pour prendre part à l’exercice d’aide humanitaire Cooperación III.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

CX2014-0664

A Royal Canadian Air Force (RCAF) CH-149 Cormorant search and rescue helicopter takes to the air for the first time in South America on the main runway at the Lima, Peru airport during a test flight. The Cormorant was transported, partially disassembled, by a CC-177 Globemaster aircraft and reassembled over the course of three days by a team of IMP aerospace technicians. The helicopter, along with a CC-130J Hercules transport plane and approximately 60 members of the RCAF, are in Peru to take part in Exercise COOPERACIÓN III, a humanitarian relief exercise, on April 22nd,2014.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

Un hélicoptère de recherche et sauvetage CH149 Cormorant de l'Aviation royale canadienne (ARC) s’envole pour la première fois en sol sud-américain, dans le cadre d’un vol d’essai effectué sur la piste principale de l’aéroport de Lima (Pérou), le 22 avril 2014. Le Cormorant a été transporté, partiellement démonté, à bord d’un avion CC177 Globemaster, puis réassemblé en trois jours par une équipe de techniciens en aéronautique de chez IMP. L’hélicoptère, un avion de transport CC130J Hercules et environ 60 membres de l’ARC se trouvent présentement au Pérou pour prendre part à l’exercice d’aide humanitaire Cooperación III.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

CX2014-0617

Solo tiene unos 4mm. de largo.

Just about 4mm. in length.

 

Os invito a visitar mis expos

I invite you to visit my expos

www.flickr.com/photos/tonialon/galleries/

Search and Rescue Technician, Sergeant Stephen Bates looks out on the desert landscape east of Pisco, Peru, as he flies on board a CH-149 Cormorant search and rescue helicopter to a simulated disaster relief mission as part of Exercise COOPERACIÓN III on April 26, 2014.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

Le sergent Stephen Bates, technicien en recherche et sauvetage, contemple le désert, à l’est de Pisco (Pérou), tandis qu’il est transporté à bord d’un hélicoptère de recherche et sauvetage CH149 Cormorant en vue de participer à une mission de secours aux sinistrés, le 26 avril 2014, dans le cadre de l’exercice Cooperación III.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

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Search and Rescue Technician, Sergeant Stephen Bates and a simulated casualty of an earthquake are hoisted into a Cormorant helicopter during Exercise COOPERACIÓN III on April 26, 2014 near Pisco, Peru.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

Le sergent Stephen Bates, technicien en recherche et sauvetage, et une pseudo-victime de tremblement de terre sont hélitreuillés à bord d’un hélicoptère Cormorant, le 26 avril 2014, près de Pisco (Pérou), dans le cadre de l’exercice Cooperación III.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

CX2014-1688

Canadian Armed Forces Military Police members Sergeant Ricardo Carr-Ribeiro (left) and Captain Charles Gaudette speak to a member of the Peruvian military performing security duties for visiting aircraft at the Lima airport, Peru on April, 23, 2014 during Exercise COOPERACIÓN III. Approximately 60 members of the Royal Canadian Air Force take part in the two-week long humanitarian aid exercise, involving 12 other partner nations in the Sistema de Cooperación entre las Fuerzas Aeras Americanas (SICOFAA). Canada provided a CH-149 Cormorant search and rescue helicopter and a CC-130J Hercules transport plane to support this key Latin American exercise.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

Le Sergent Ricardo Carr-Ribeiro (à gauche) et le capitaine Charles Gaudette, membres de la Police militaire des Forces armées canadiennes, demandent à un militaire péruvien remplissant ses fonctions de sécurité s’ils peuvent visiter l’avion, à l’aéroport de Lima (Pérou), le 23 avril 2014, pendant l’exercice Cooperación III. Une soixantaine de membres de l’Aviation royale canadienne prend part à cet exercice d’aide humanitaire d’une durée de deux semaines, auquel participent également 12 autres pays du Sistema de Cooperación entre las Fuerzas Aeras Americanas (SICOFAA). Le Canada a fourni un hélicoptère de recherche et sauvetage CH149 Cormorant ainsi qu’un avion de transport CC130J Hercules pour appuyer cet exercice latino-américain majeur.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

CX2014-0928

A CH-149 Cormorant helicopter is unloaded from a CC-177 Globemaster aircraft by IMP Aerospace technicians at the Lima airport, Peru on April 20, 2014 using the Cormorant “Air Transport Kit”, which is a hydraulic and power assembly mounted to the helicopter itself that enables its quick and expedient loading and unloading. The helicopter was flown to Peru to take part in the humanitarian relief exercise Cooperación III.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

Des techniciens en aéronautique de chez IMP déchargent un hélicoptère CH149 Cormorant d’un avion CC177 Globemaster, à l’aéroport de Lima (Pérou), à l’aide de la trousse pour transport aérien installée sur l’hélicoptère, laquelle consiste en un ensemble hydraulique et mécanique permettant le chargement et le déchargement rapides de l’appareil, au moment voulu. Le Cormorant a été transporté au Pérou en vue de l’exercice d’aide humanitaire Cooperación III.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

CX2014-0260

 

(Left to right) Search and Rescue Technicians, Sergeants Kent Gulliford and Francois Duchesneau, along with Major Miguel Medina and Major Armil Alpaca of the Peruvian Air Force in Lima, Peru evacuate a simulated casualty on April 25, 2014 during Exercise COOPERACIÓN III.

 

Photo: Capt Trevor Reid, 19 Wing Public Affairs

 

(De gauche à droite) Avec l’aide des majors Miguel Medina et Armil Alpaca, de la Force aérienne du Pérou, les sergents Kent Gulliford et Francois Duchesneau, techniciens en recherche et sauvetage, évacuent une pseudo-victime, à Lima (Pérou), le 25 avril 2014, dans le cadre de l’exercice Cooperación III.

 

Photo : Capt Trevor Reid, Affaires publiques de la 19e Escadre

CX2014-1292

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