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Catedral nueva de Vitoria-Gasteiz

La fotografia está tomada en La Bastida en la última KDD de Alavavision.

 

Hacía tiempo que no publicaba nada por falta de tiempo y también porque no, de material algo decente que poder subir. Tenía muchas ganas de probar el tema de las texturas aplicadas a imágenes, esta es la primera vez que las uso (pero no la última).

 

Como lo prometido es deuda esta imagen se la quiero dedicar a un gran referente para mi, dentro de esta comunidad de Flickr y no es otro que Jesuscm, él es un gran especialista en esto de las texturas y viendo su trabajo como el de otros grandes artistas aqui dentro, me pico la curiosidad y he intentado aplicar un poquito el arte que él tiene.

 

Muchas gracias por todos los comentarios que son los que animan a seguir y progresar.

Se trata una de las calles principales del pueblo alaves de Antoñana.

Un saludo,

Jorge

Fue construido en el siglo XIII, aunque se reconstruyó totalmente en el siglo XVIII. Perteneció originalmente al poderoso linaje alavés de los Hurtado de Mendoza, que dirigieron desde esta casa-torre sus señoríos del territorio. Fue utilizado también como cárcel. Actualmente es propiedad de la Diputación Foral de Álava, aunque se encuentra en un estado de abandono. Existen planes para una restauración del edificio.

   

Propuesta para el concurso del parque Mónaco, en nuestra ciudad de origen, Medellín. Creemos que contrario a lo que planteaban las bases del concurso el edificio, donde residió Pablo Escobar, no debería ser demolido. Seguir borrando la historia de la ciudad, por dolorosa que sea, es un error.

 

Colaboradores: Arquitectos Mauricio Carvajal, Lina Durango, Federico Fois, Manuela Lopera, Alejandra Montoya, Anderson Serna.

 

De las memorias

 

"Medellín ha estado constantemente en la búsqueda de lo nuevo, del futuro, y para ello históricamente ha renegado de su pasado, escondiéndolo y en muchos casos, destruyéndolo. Por esto es difícil encontrar las huellas de lo que ha definido la ciudad y sus modos de vivir; constantemente demolemos casas, teatros, fabricas, chimeneas, prácticamente nada queda de la ciudad colonial y poco de la ciudad de los primeros años de la independencia, al punto de no contar con un centro histórico, las huellas de la ciudad industrial cada día caen demolidas para reemplazarlas por “lo nuevo”. Este deseo por la novedad, distorsiona el pasado de la ciudad y sus habitantes, ocultando las raíces que deberían permitir entender los procesos de esta urbe y darle en parte solución a sus problemáticas. Dentro de esta misma lógica, de ocultamiento del pasado, se opera acerca de la durísima violencia producto en gran parte del narcotráfico, que asoló la ciudad durante las décadas de los ochenta, noventa y dos mil, y cuyos coletazos aún se sufren.

 

Son notorios los esfuerzos de la urbe para construir una nueva narrativa que la aleje de la etiqueta de “la ciudad más violenta del mundo” que en algún momento ostentó, sin embargo esto también ha implicado convertir prácticamente en tabú las historias del pasado reciente, e incluso del presente de la ciudad; tapando inconscientemente a las víctimas que son gran parte de los habitantes de Medellín, ya que de alguna manera hemos tenido bien sea un familiar, amigo o conocido relacionado con el narcotráfico o alguna de sus secuelas o consecuencias.

 

Ocultar esta historia, significa ignorar la suerte de más de ciento treinta mil personas afectadas, que entre 1980 y 2014 fueron víctimas directas del conflicto en la ciudad (seis de cada cien habitantes de Medellín) , esconder los motivos que llevaron a que la ciudad viviera sus horas más oscuras, y las razones por las cuales aún hoy las actividades relacionadas con el narcotráfico perviven en la ciudad. Ocultar esta historia significa eliminar el contenido de los lugares donde se dieron los hechos, borrar las voces de las víctimas, su resistencia y capacidad, no sólo de sobrevivir, si no de transformar su realidad.

 

Creemos que no se deben borrar las huellas de esa historia, por dolorosa que ésta sea, por el contrario, debemos desnudar sus símbolos y así lograr alejarlos de la visión morbosa y turística, visibilizando a las víctimas y sus historias, mostrando los daños causados por el conflicto, centrando la atención en conocer la verdad, facilitando su estudio, comprensión y asimilación, un proceso en que la historia sea una herramienta para mejorar el futuro.

 

Se parte de la premisa de que es necesario conservar el edificio por su contenido histórico, pero que este deber ser intervenido, eliminando lo superfluo, las fachadas, lo que aislaba a la ciudad de la edificación y ocultaba la realidad de lo que sucedía en el interior. La estructura se libera, en un proceso en el que se generan escombros que se reutilizan por medio de gaviones en muros, bancas, etc., un ciclo en que el parque se construye de la memoria.

Al conservar únicamente la estructura del edificio este adquiere una transparencia que permite que la ciudad fluya a través de él manteniendo a su vez la huella del hito histórico. Esto también permite que el parque-memorial adquiera tridimensionalidad, y que pase de ser un pequeño parque de escala barrial a un mirador que establece relaciones con toda la ciudad y con los hechos derivados de la violencia del narcotráfico marcaron innumerables puntos de Medellín.

 

Se propone además un programa complementario, en el que en la parte superior unos pequeños pabellones, estructuras livianas, casi inestables, enmarcan la mirada y permiten reconocer algunos de los hechos vinculados a las horas más oscuras de la ciudad. También en lo que anteriormente era el sótano del edificio, se diseña un centro documental que permita la investigación histórica, donde se articule pasado y presente.

 

Dentro del parque la vegetación y la luz se convierten en herramientas de construcción de memoria: las luces, un camino hecho de pequeñas puntos cuentan, en medio de la historia de toda una ciudad, las narraciones individuales de los miles de afectados por la violencia. Los Guayacanes rosados representan los ciclos, el trasegar del tiempo, el sobre revivir y la esperanza de un mejor futuro, mientras que hacia el borde del parque árboles de gran porte velan la presencia del edificio hacia el exterior del parque, convirtiéndolo en una presencia que todos saben que está ahí pero no quieren reconocer. Se conserva también la vegetación existente, ya que conservarla es mantener la presencia de otro tiempo, árboles que vivieron en cuerpo propio los hechos que se cuentan en el parque memorial."

Esta basilicoa siempre me ha gustado. Esta situada en Vitoria-Gasteiz. Un saludo, Jorge

Volumen emergente salas biblioteca

 

vestibulo en la plaza

  

DISEÑO

arq: Carlos puerta

arq: Diego lopez

arq: VerÒNica ortiz

AUXILIARES

Est.Arq. Pilar Arango

Est.Arq. Alejandro ospina

Arq. Daniel velez

 

Imagen desde el costado sur al fondo las montaÑAs de medellÌN

  

DISEÑO

arq: Carlos puerta

arq: Diego lopez

arq: VerÒNica ortiz

AUXILIARES

Est.Arq. Pilar Arango

Est.Arq. Alejandro ospina

Arq. Daniel velez

 

La estatua de la Virgen en el portico de la iglesia de San Miguel

Propuesta para el concurso del parque Mónaco, en nuestra ciudad de origen, Medellín. Creemos que contrario a lo que planteaban las bases del concurso el edificio, donde residió Pablo Escobar, no debería ser demolido. Seguir borrando la historia de la ciudad, por dolorosa que sea, es un error.

 

Colaboradores: Arquitectos Mauricio Carvajal, Lina Durango, Federico Fois, Manuela Lopera, Alejandra Montoya, Anderson Serna.

 

De las memorias

 

"Medellín ha estado constantemente en la búsqueda de lo nuevo, del futuro, y para ello históricamente ha renegado de su pasado, escondiéndolo y en muchos casos, destruyéndolo. Por esto es difícil encontrar las huellas de lo que ha definido la ciudad y sus modos de vivir; constantemente demolemos casas, teatros, fabricas, chimeneas, prácticamente nada queda de la ciudad colonial y poco de la ciudad de los primeros años de la independencia, al punto de no contar con un centro histórico, las huellas de la ciudad industrial cada día caen demolidas para reemplazarlas por “lo nuevo”. Este deseo por la novedad, distorsiona el pasado de la ciudad y sus habitantes, ocultando las raíces que deberían permitir entender los procesos de esta urbe y darle en parte solución a sus problemáticas. Dentro de esta misma lógica, de ocultamiento del pasado, se opera acerca de la durísima violencia producto en gran parte del narcotráfico, que asoló la ciudad durante las décadas de los ochenta, noventa y dos mil, y cuyos coletazos aún se sufren.

 

Son notorios los esfuerzos de la urbe para construir una nueva narrativa que la aleje de la etiqueta de “la ciudad más violenta del mundo” que en algún momento ostentó, sin embargo esto también ha implicado convertir prácticamente en tabú las historias del pasado reciente, e incluso del presente de la ciudad; tapando inconscientemente a las víctimas que son gran parte de los habitantes de Medellín, ya que de alguna manera hemos tenido bien sea un familiar, amigo o conocido relacionado con el narcotráfico o alguna de sus secuelas o consecuencias.

 

Ocultar esta historia, significa ignorar la suerte de más de ciento treinta mil personas afectadas, que entre 1980 y 2014 fueron víctimas directas del conflicto en la ciudad (seis de cada cien habitantes de Medellín) , esconder los motivos que llevaron a que la ciudad viviera sus horas más oscuras, y las razones por las cuales aún hoy las actividades relacionadas con el narcotráfico perviven en la ciudad. Ocultar esta historia significa eliminar el contenido de los lugares donde se dieron los hechos, borrar las voces de las víctimas, su resistencia y capacidad, no sólo de sobrevivir, si no de transformar su realidad.

 

Creemos que no se deben borrar las huellas de esa historia, por dolorosa que ésta sea, por el contrario, debemos desnudar sus símbolos y así lograr alejarlos de la visión morbosa y turística, visibilizando a las víctimas y sus historias, mostrando los daños causados por el conflicto, centrando la atención en conocer la verdad, facilitando su estudio, comprensión y asimilación, un proceso en que la historia sea una herramienta para mejorar el futuro.

 

Se parte de la premisa de que es necesario conservar el edificio por su contenido histórico, pero que este deber ser intervenido, eliminando lo superfluo, las fachadas, lo que aislaba a la ciudad de la edificación y ocultaba la realidad de lo que sucedía en el interior. La estructura se libera, en un proceso en el que se generan escombros que se reutilizan por medio de gaviones en muros, bancas, etc., un ciclo en que el parque se construye de la memoria.

Al conservar únicamente la estructura del edificio este adquiere una transparencia que permite que la ciudad fluya a través de él manteniendo a su vez la huella del hito histórico. Esto también permite que el parque-memorial adquiera tridimensionalidad, y que pase de ser un pequeño parque de escala barrial a un mirador que establece relaciones con toda la ciudad y con los hechos derivados de la violencia del narcotráfico marcaron innumerables puntos de Medellín.

 

Se propone además un programa complementario, en el que en la parte superior unos pequeños pabellones, estructuras livianas, casi inestables, enmarcan la mirada y permiten reconocer algunos de los hechos vinculados a las horas más oscuras de la ciudad. También en lo que anteriormente era el sótano del edificio, se diseña un centro documental que permita la investigación histórica, donde se articule pasado y presente.

 

Dentro del parque la vegetación y la luz se convierten en herramientas de construcción de memoria: las luces, un camino hecho de pequeñas puntos cuentan, en medio de la historia de toda una ciudad, las narraciones individuales de los miles de afectados por la violencia. Los Guayacanes rosados representan los ciclos, el trasegar del tiempo, el sobre revivir y la esperanza de un mejor futuro, mientras que hacia el borde del parque árboles de gran porte velan la presencia del edificio hacia el exterior del parque, convirtiéndolo en una presencia que todos saben que está ahí pero no quieren reconocer. Se conserva también la vegetación existente, ya que conservarla es mantener la presencia de otro tiempo, árboles que vivieron en cuerpo propio los hechos que se cuentan en el parque memorial."

Plaza del Machete, Vitoria, esta noche. Menos mal que decian que iba nevar poco ....

Propuesta para el concurso del parque Mónaco, en nuestra ciudad de origen, Medellín. Creemos que contrario a lo que planteaban las bases del concurso el edificio, donde residió Pablo Escobar, no debería ser demolido. Seguir borrando la historia de la ciudad, por dolorosa que sea, es un error.

 

Colaboradores: Arquitectos Mauricio Carvajal, Lina Durango, Federico Fois, Manuela Lopera, Alejandra Montoya, Anderson Serna.

 

De las memorias

 

"Medellín ha estado constantemente en la búsqueda de lo nuevo, del futuro, y para ello históricamente ha renegado de su pasado, escondiéndolo y en muchos casos, destruyéndolo. Por esto es difícil encontrar las huellas de lo que ha definido la ciudad y sus modos de vivir; constantemente demolemos casas, teatros, fabricas, chimeneas, prácticamente nada queda de la ciudad colonial y poco de la ciudad de los primeros años de la independencia, al punto de no contar con un centro histórico, las huellas de la ciudad industrial cada día caen demolidas para reemplazarlas por “lo nuevo”. Este deseo por la novedad, distorsiona el pasado de la ciudad y sus habitantes, ocultando las raíces que deberían permitir entender los procesos de esta urbe y darle en parte solución a sus problemáticas. Dentro de esta misma lógica, de ocultamiento del pasado, se opera acerca de la durísima violencia producto en gran parte del narcotráfico, que asoló la ciudad durante las décadas de los ochenta, noventa y dos mil, y cuyos coletazos aún se sufren.

 

Son notorios los esfuerzos de la urbe para construir una nueva narrativa que la aleje de la etiqueta de “la ciudad más violenta del mundo” que en algún momento ostentó, sin embargo esto también ha implicado convertir prácticamente en tabú las historias del pasado reciente, e incluso del presente de la ciudad; tapando inconscientemente a las víctimas que son gran parte de los habitantes de Medellín, ya que de alguna manera hemos tenido bien sea un familiar, amigo o conocido relacionado con el narcotráfico o alguna de sus secuelas o consecuencias.

 

Ocultar esta historia, significa ignorar la suerte de más de ciento treinta mil personas afectadas, que entre 1980 y 2014 fueron víctimas directas del conflicto en la ciudad (seis de cada cien habitantes de Medellín) , esconder los motivos que llevaron a que la ciudad viviera sus horas más oscuras, y las razones por las cuales aún hoy las actividades relacionadas con el narcotráfico perviven en la ciudad. Ocultar esta historia significa eliminar el contenido de los lugares donde se dieron los hechos, borrar las voces de las víctimas, su resistencia y capacidad, no sólo de sobrevivir, si no de transformar su realidad.

 

Creemos que no se deben borrar las huellas de esa historia, por dolorosa que ésta sea, por el contrario, debemos desnudar sus símbolos y así lograr alejarlos de la visión morbosa y turística, visibilizando a las víctimas y sus historias, mostrando los daños causados por el conflicto, centrando la atención en conocer la verdad, facilitando su estudio, comprensión y asimilación, un proceso en que la historia sea una herramienta para mejorar el futuro.

 

Se parte de la premisa de que es necesario conservar el edificio por su contenido histórico, pero que este deber ser intervenido, eliminando lo superfluo, las fachadas, lo que aislaba a la ciudad de la edificación y ocultaba la realidad de lo que sucedía en el interior. La estructura se libera, en un proceso en el que se generan escombros que se reutilizan por medio de gaviones en muros, bancas, etc., un ciclo en que el parque se construye de la memoria.

Al conservar únicamente la estructura del edificio este adquiere una transparencia que permite que la ciudad fluya a través de él manteniendo a su vez la huella del hito histórico. Esto también permite que el parque-memorial adquiera tridimensionalidad, y que pase de ser un pequeño parque de escala barrial a un mirador que establece relaciones con toda la ciudad y con los hechos derivados de la violencia del narcotráfico marcaron innumerables puntos de Medellín.

 

Se propone además un programa complementario, en el que en la parte superior unos pequeños pabellones, estructuras livianas, casi inestables, enmarcan la mirada y permiten reconocer algunos de los hechos vinculados a las horas más oscuras de la ciudad. También en lo que anteriormente era el sótano del edificio, se diseña un centro documental que permita la investigación histórica, donde se articule pasado y presente.

 

Dentro del parque la vegetación y la luz se convierten en herramientas de construcción de memoria: las luces, un camino hecho de pequeñas puntos cuentan, en medio de la historia de toda una ciudad, las narraciones individuales de los miles de afectados por la violencia. Los Guayacanes rosados representan los ciclos, el trasegar del tiempo, el sobre revivir y la esperanza de un mejor futuro, mientras que hacia el borde del parque árboles de gran porte velan la presencia del edificio hacia el exterior del parque, convirtiéndolo en una presencia que todos saben que está ahí pero no quieren reconocer. Se conserva también la vegetación existente, ya que conservarla es mantener la presencia de otro tiempo, árboles que vivieron en cuerpo propio los hechos que se cuentan en el parque memorial."

Propuesta para el concurso del parque Mónaco, en nuestra ciudad de origen, Medellín. Creemos que contrario a lo que planteaban las bases del concurso el edificio, donde residió Pablo Escobar, no debería ser demolido. Seguir borrando la historia de la ciudad, por dolorosa que sea, es un error.

 

Colaboradores: Arquitectos Mauricio Carvajal, Lina Durango, Federico Fois, Manuela Lopera, Alejandra Montoya, Anderson Serna.

 

De las memorias

 

"Medellín ha estado constantemente en la búsqueda de lo nuevo, del futuro, y para ello históricamente ha renegado de su pasado, escondiéndolo y en muchos casos, destruyéndolo. Por esto es difícil encontrar las huellas de lo que ha definido la ciudad y sus modos de vivir; constantemente demolemos casas, teatros, fabricas, chimeneas, prácticamente nada queda de la ciudad colonial y poco de la ciudad de los primeros años de la independencia, al punto de no contar con un centro histórico, las huellas de la ciudad industrial cada día caen demolidas para reemplazarlas por “lo nuevo”. Este deseo por la novedad, distorsiona el pasado de la ciudad y sus habitantes, ocultando las raíces que deberían permitir entender los procesos de esta urbe y darle en parte solución a sus problemáticas. Dentro de esta misma lógica, de ocultamiento del pasado, se opera acerca de la durísima violencia producto en gran parte del narcotráfico, que asoló la ciudad durante las décadas de los ochenta, noventa y dos mil, y cuyos coletazos aún se sufren.

 

Son notorios los esfuerzos de la urbe para construir una nueva narrativa que la aleje de la etiqueta de “la ciudad más violenta del mundo” que en algún momento ostentó, sin embargo esto también ha implicado convertir prácticamente en tabú las historias del pasado reciente, e incluso del presente de la ciudad; tapando inconscientemente a las víctimas que son gran parte de los habitantes de Medellín, ya que de alguna manera hemos tenido bien sea un familiar, amigo o conocido relacionado con el narcotráfico o alguna de sus secuelas o consecuencias.

 

Ocultar esta historia, significa ignorar la suerte de más de ciento treinta mil personas afectadas, que entre 1980 y 2014 fueron víctimas directas del conflicto en la ciudad (seis de cada cien habitantes de Medellín) , esconder los motivos que llevaron a que la ciudad viviera sus horas más oscuras, y las razones por las cuales aún hoy las actividades relacionadas con el narcotráfico perviven en la ciudad. Ocultar esta historia significa eliminar el contenido de los lugares donde se dieron los hechos, borrar las voces de las víctimas, su resistencia y capacidad, no sólo de sobrevivir, si no de transformar su realidad.

 

Creemos que no se deben borrar las huellas de esa historia, por dolorosa que ésta sea, por el contrario, debemos desnudar sus símbolos y así lograr alejarlos de la visión morbosa y turística, visibilizando a las víctimas y sus historias, mostrando los daños causados por el conflicto, centrando la atención en conocer la verdad, facilitando su estudio, comprensión y asimilación, un proceso en que la historia sea una herramienta para mejorar el futuro.

 

Se parte de la premisa de que es necesario conservar el edificio por su contenido histórico, pero que este deber ser intervenido, eliminando lo superfluo, las fachadas, lo que aislaba a la ciudad de la edificación y ocultaba la realidad de lo que sucedía en el interior. La estructura se libera, en un proceso en el que se generan escombros que se reutilizan por medio de gaviones en muros, bancas, etc., un ciclo en que el parque se construye de la memoria.

Al conservar únicamente la estructura del edificio este adquiere una transparencia que permite que la ciudad fluya a través de él manteniendo a su vez la huella del hito histórico. Esto también permite que el parque-memorial adquiera tridimensionalidad, y que pase de ser un pequeño parque de escala barrial a un mirador que establece relaciones con toda la ciudad y con los hechos derivados de la violencia del narcotráfico marcaron innumerables puntos de Medellín.

 

Se propone además un programa complementario, en el que en la parte superior unos pequeños pabellones, estructuras livianas, casi inestables, enmarcan la mirada y permiten reconocer algunos de los hechos vinculados a las horas más oscuras de la ciudad. También en lo que anteriormente era el sótano del edificio, se diseña un centro documental que permita la investigación histórica, donde se articule pasado y presente.

 

Dentro del parque la vegetación y la luz se convierten en herramientas de construcción de memoria: las luces, un camino hecho de pequeñas puntos cuentan, en medio de la historia de toda una ciudad, las narraciones individuales de los miles de afectados por la violencia. Los Guayacanes rosados representan los ciclos, el trasegar del tiempo, el sobre revivir y la esperanza de un mejor futuro, mientras que hacia el borde del parque árboles de gran porte velan la presencia del edificio hacia el exterior del parque, convirtiéndolo en una presencia que todos saben que está ahí pero no quieren reconocer. Se conserva también la vegetación existente, ya que conservarla es mantener la presencia de otro tiempo, árboles que vivieron en cuerpo propio los hechos que se cuentan en el parque memorial."

Imagen interior salas de la biblioteca

  

DISEÑO

arq: Carlos puerta

arq: Diego lopez

arq: VerÒNica ortiz

AUXILIARES

Est.Arq. Pilar Arango

Est.Arq. Alejandro ospina

Arq. Daniel velez

 

el último concurso que hemos hecho, donde se nos ha ido la castaña....un puente- museo de cristal sobre venecia :P

Imagen ÀErea de la propuesta urbana en la centralidad del barrio doce de octubre

 

parque biblioteca - plaza inclinada

  

DISEÑO

arq: Carlos puerta

arq: Diego lopez

arq: VerÒNica ortiz

AUXILIARES

Est.Arq. Pilar Arango

Est.Arq. Alejandro ospina

Arq. Daniel velez

 

Diseño: Lugares Colectivos Arquitectos + HJPM Arquitectura + Ricardo de los Rios

www.alavavision.es

Dolmen de Sorginetxe en Arrizabalaga/Arrízala.

Propuesta centralidad barrio doce de octubre

 

parque biblioteca doce de octubre

  

DISEÑO

arq: Carlos puerta

arq: Diego lopez

arq: VerÒNica ortiz

AUXILIARES

Est.Arq. Pilar Arango

Est.Arq. Alejandro ospina

Arq. Daniel velez

 

Catedral nueva de Vitoria-Gasteiz

Diseño: Lugares Colectivos Arquitectos + HJPM Arquitectura + Ricardo de los Rios

Diseño: Lugares Colectivos Arquitectos + HJPM Arquitectura + Ricardo de los Rios

Diseño: Lugares Colectivos Arquitectos + HJPM Arquitectura + Ricardo de los Rios

Propuesta para el concurso del parque Mónaco, en nuestra ciudad de origen, Medellín. Creemos que contrario a lo que planteaban las bases del concurso el edificio, donde residió Pablo Escobar, no debería ser demolido. Seguir borrando la historia de la ciudad, por dolorosa que sea, es un error.

 

Colaboradores: Arquitectos Mauricio Carvajal, Lina Durango, Federico Fois, Manuela Lopera, Alejandra Montoya, Anderson Serna.

 

De las memorias

 

"Medellín ha estado constantemente en la búsqueda de lo nuevo, del futuro, y para ello históricamente ha renegado de su pasado, escondiéndolo y en muchos casos, destruyéndolo. Por esto es difícil encontrar las huellas de lo que ha definido la ciudad y sus modos de vivir; constantemente demolemos casas, teatros, fabricas, chimeneas, prácticamente nada queda de la ciudad colonial y poco de la ciudad de los primeros años de la independencia, al punto de no contar con un centro histórico, las huellas de la ciudad industrial cada día caen demolidas para reemplazarlas por “lo nuevo”. Este deseo por la novedad, distorsiona el pasado de la ciudad y sus habitantes, ocultando las raíces que deberían permitir entender los procesos de esta urbe y darle en parte solución a sus problemáticas. Dentro de esta misma lógica, de ocultamiento del pasado, se opera acerca de la durísima violencia producto en gran parte del narcotráfico, que asoló la ciudad durante las décadas de los ochenta, noventa y dos mil, y cuyos coletazos aún se sufren.

 

Son notorios los esfuerzos de la urbe para construir una nueva narrativa que la aleje de la etiqueta de “la ciudad más violenta del mundo” que en algún momento ostentó, sin embargo esto también ha implicado convertir prácticamente en tabú las historias del pasado reciente, e incluso del presente de la ciudad; tapando inconscientemente a las víctimas que son gran parte de los habitantes de Medellín, ya que de alguna manera hemos tenido bien sea un familiar, amigo o conocido relacionado con el narcotráfico o alguna de sus secuelas o consecuencias.

 

Ocultar esta historia, significa ignorar la suerte de más de ciento treinta mil personas afectadas, que entre 1980 y 2014 fueron víctimas directas del conflicto en la ciudad (seis de cada cien habitantes de Medellín) , esconder los motivos que llevaron a que la ciudad viviera sus horas más oscuras, y las razones por las cuales aún hoy las actividades relacionadas con el narcotráfico perviven en la ciudad. Ocultar esta historia significa eliminar el contenido de los lugares donde se dieron los hechos, borrar las voces de las víctimas, su resistencia y capacidad, no sólo de sobrevivir, si no de transformar su realidad.

 

Creemos que no se deben borrar las huellas de esa historia, por dolorosa que ésta sea, por el contrario, debemos desnudar sus símbolos y así lograr alejarlos de la visión morbosa y turística, visibilizando a las víctimas y sus historias, mostrando los daños causados por el conflicto, centrando la atención en conocer la verdad, facilitando su estudio, comprensión y asimilación, un proceso en que la historia sea una herramienta para mejorar el futuro.

 

Se parte de la premisa de que es necesario conservar el edificio por su contenido histórico, pero que este deber ser intervenido, eliminando lo superfluo, las fachadas, lo que aislaba a la ciudad de la edificación y ocultaba la realidad de lo que sucedía en el interior. La estructura se libera, en un proceso en el que se generan escombros que se reutilizan por medio de gaviones en muros, bancas, etc., un ciclo en que el parque se construye de la memoria.

Al conservar únicamente la estructura del edificio este adquiere una transparencia que permite que la ciudad fluya a través de él manteniendo a su vez la huella del hito histórico. Esto también permite que el parque-memorial adquiera tridimensionalidad, y que pase de ser un pequeño parque de escala barrial a un mirador que establece relaciones con toda la ciudad y con los hechos derivados de la violencia del narcotráfico marcaron innumerables puntos de Medellín.

 

Se propone además un programa complementario, en el que en la parte superior unos pequeños pabellones, estructuras livianas, casi inestables, enmarcan la mirada y permiten reconocer algunos de los hechos vinculados a las horas más oscuras de la ciudad. También en lo que anteriormente era el sótano del edificio, se diseña un centro documental que permita la investigación histórica, donde se articule pasado y presente.

 

Dentro del parque la vegetación y la luz se convierten en herramientas de construcción de memoria: las luces, un camino hecho de pequeñas puntos cuentan, en medio de la historia de toda una ciudad, las narraciones individuales de los miles de afectados por la violencia. Los Guayacanes rosados representan los ciclos, el trasegar del tiempo, el sobre revivir y la esperanza de un mejor futuro, mientras que hacia el borde del parque árboles de gran porte velan la presencia del edificio hacia el exterior del parque, convirtiéndolo en una presencia que todos saben que está ahí pero no quieren reconocer. Se conserva también la vegetación existente, ya que conservarla es mantener la presencia de otro tiempo, árboles que vivieron en cuerpo propio los hechos que se cuentan en el parque memorial."

Anfiteatro Alava Vitoria.

Propuesta para el concurso del parque Mónaco, en nuestra ciudad de origen, Medellín. Creemos que contrario a lo que planteaban las bases del concurso el edificio, donde residió Pablo Escobar, no debería ser demolido. Seguir borrando la historia de la ciudad, por dolorosa que sea, es un error.

 

Colaboradores: Arquitectos Mauricio Carvajal, Lina Durango, Federico Fois, Manuela Lopera, Alejandra Montoya, Anderson Serna.

 

De las memorias

 

"Medellín ha estado constantemente en la búsqueda de lo nuevo, del futuro, y para ello históricamente ha renegado de su pasado, escondiéndolo y en muchos casos, destruyéndolo. Por esto es difícil encontrar las huellas de lo que ha definido la ciudad y sus modos de vivir; constantemente demolemos casas, teatros, fabricas, chimeneas, prácticamente nada queda de la ciudad colonial y poco de la ciudad de los primeros años de la independencia, al punto de no contar con un centro histórico, las huellas de la ciudad industrial cada día caen demolidas para reemplazarlas por “lo nuevo”. Este deseo por la novedad, distorsiona el pasado de la ciudad y sus habitantes, ocultando las raíces que deberían permitir entender los procesos de esta urbe y darle en parte solución a sus problemáticas. Dentro de esta misma lógica, de ocultamiento del pasado, se opera acerca de la durísima violencia producto en gran parte del narcotráfico, que asoló la ciudad durante las décadas de los ochenta, noventa y dos mil, y cuyos coletazos aún se sufren.

 

Son notorios los esfuerzos de la urbe para construir una nueva narrativa que la aleje de la etiqueta de “la ciudad más violenta del mundo” que en algún momento ostentó, sin embargo esto también ha implicado convertir prácticamente en tabú las historias del pasado reciente, e incluso del presente de la ciudad; tapando inconscientemente a las víctimas que son gran parte de los habitantes de Medellín, ya que de alguna manera hemos tenido bien sea un familiar, amigo o conocido relacionado con el narcotráfico o alguna de sus secuelas o consecuencias.

 

Ocultar esta historia, significa ignorar la suerte de más de ciento treinta mil personas afectadas, que entre 1980 y 2014 fueron víctimas directas del conflicto en la ciudad (seis de cada cien habitantes de Medellín) , esconder los motivos que llevaron a que la ciudad viviera sus horas más oscuras, y las razones por las cuales aún hoy las actividades relacionadas con el narcotráfico perviven en la ciudad. Ocultar esta historia significa eliminar el contenido de los lugares donde se dieron los hechos, borrar las voces de las víctimas, su resistencia y capacidad, no sólo de sobrevivir, si no de transformar su realidad.

 

Creemos que no se deben borrar las huellas de esa historia, por dolorosa que ésta sea, por el contrario, debemos desnudar sus símbolos y así lograr alejarlos de la visión morbosa y turística, visibilizando a las víctimas y sus historias, mostrando los daños causados por el conflicto, centrando la atención en conocer la verdad, facilitando su estudio, comprensión y asimilación, un proceso en que la historia sea una herramienta para mejorar el futuro.

 

Se parte de la premisa de que es necesario conservar el edificio por su contenido histórico, pero que este deber ser intervenido, eliminando lo superfluo, las fachadas, lo que aislaba a la ciudad de la edificación y ocultaba la realidad de lo que sucedía en el interior. La estructura se libera, en un proceso en el que se generan escombros que se reutilizan por medio de gaviones en muros, bancas, etc., un ciclo en que el parque se construye de la memoria.

Al conservar únicamente la estructura del edificio este adquiere una transparencia que permite que la ciudad fluya a través de él manteniendo a su vez la huella del hito histórico. Esto también permite que el parque-memorial adquiera tridimensionalidad, y que pase de ser un pequeño parque de escala barrial a un mirador que establece relaciones con toda la ciudad y con los hechos derivados de la violencia del narcotráfico marcaron innumerables puntos de Medellín.

 

Se propone además un programa complementario, en el que en la parte superior unos pequeños pabellones, estructuras livianas, casi inestables, enmarcan la mirada y permiten reconocer algunos de los hechos vinculados a las horas más oscuras de la ciudad. También en lo que anteriormente era el sótano del edificio, se diseña un centro documental que permita la investigación histórica, donde se articule pasado y presente.

 

Dentro del parque la vegetación y la luz se convierten en herramientas de construcción de memoria: las luces, un camino hecho de pequeñas puntos cuentan, en medio de la historia de toda una ciudad, las narraciones individuales de los miles de afectados por la violencia. Los Guayacanes rosados representan los ciclos, el trasegar del tiempo, el sobre revivir y la esperanza de un mejor futuro, mientras que hacia el borde del parque árboles de gran porte velan la presencia del edificio hacia el exterior del parque, convirtiéndolo en una presencia que todos saben que está ahí pero no quieren reconocer. Se conserva también la vegetación existente, ya que conservarla es mantener la presencia de otro tiempo, árboles que vivieron en cuerpo propio los hechos que se cuentan en el parque memorial."

Vitoria's Cathedral, Spain.

 

Ken Follet was inspired to write his novel: "A world without end" in the cathedral of the Spanish town of Vitoria-Gasteiz, which is why Vitoria has honoured him with a sculpture in his likeness.

Propuesta para el concurso del parque Mónaco, en nuestra ciudad de origen, Medellín. Creemos que contrario a lo que planteaban las bases del concurso el edificio, donde residió Pablo Escobar, no debería ser demolido. Seguir borrando la historia de la ciudad, por dolorosa que sea, es un error.

 

Colaboradores: Arquitectos Mauricio Carvajal, Lina Durango, Federico Fois, Manuela Lopera, Alejandra Montoya, Anderson Serna.

 

De las memorias

 

"Medellín ha estado constantemente en la búsqueda de lo nuevo, del futuro, y para ello históricamente ha renegado de su pasado, escondiéndolo y en muchos casos, destruyéndolo. Por esto es difícil encontrar las huellas de lo que ha definido la ciudad y sus modos de vivir; constantemente demolemos casas, teatros, fabricas, chimeneas, prácticamente nada queda de la ciudad colonial y poco de la ciudad de los primeros años de la independencia, al punto de no contar con un centro histórico, las huellas de la ciudad industrial cada día caen demolidas para reemplazarlas por “lo nuevo”. Este deseo por la novedad, distorsiona el pasado de la ciudad y sus habitantes, ocultando las raíces que deberían permitir entender los procesos de esta urbe y darle en parte solución a sus problemáticas. Dentro de esta misma lógica, de ocultamiento del pasado, se opera acerca de la durísima violencia producto en gran parte del narcotráfico, que asoló la ciudad durante las décadas de los ochenta, noventa y dos mil, y cuyos coletazos aún se sufren.

 

Son notorios los esfuerzos de la urbe para construir una nueva narrativa que la aleje de la etiqueta de “la ciudad más violenta del mundo” que en algún momento ostentó, sin embargo esto también ha implicado convertir prácticamente en tabú las historias del pasado reciente, e incluso del presente de la ciudad; tapando inconscientemente a las víctimas que son gran parte de los habitantes de Medellín, ya que de alguna manera hemos tenido bien sea un familiar, amigo o conocido relacionado con el narcotráfico o alguna de sus secuelas o consecuencias.

 

Ocultar esta historia, significa ignorar la suerte de más de ciento treinta mil personas afectadas, que entre 1980 y 2014 fueron víctimas directas del conflicto en la ciudad (seis de cada cien habitantes de Medellín) , esconder los motivos que llevaron a que la ciudad viviera sus horas más oscuras, y las razones por las cuales aún hoy las actividades relacionadas con el narcotráfico perviven en la ciudad. Ocultar esta historia significa eliminar el contenido de los lugares donde se dieron los hechos, borrar las voces de las víctimas, su resistencia y capacidad, no sólo de sobrevivir, si no de transformar su realidad.

 

Creemos que no se deben borrar las huellas de esa historia, por dolorosa que ésta sea, por el contrario, debemos desnudar sus símbolos y así lograr alejarlos de la visión morbosa y turística, visibilizando a las víctimas y sus historias, mostrando los daños causados por el conflicto, centrando la atención en conocer la verdad, facilitando su estudio, comprensión y asimilación, un proceso en que la historia sea una herramienta para mejorar el futuro.

 

Se parte de la premisa de que es necesario conservar el edificio por su contenido histórico, pero que este deber ser intervenido, eliminando lo superfluo, las fachadas, lo que aislaba a la ciudad de la edificación y ocultaba la realidad de lo que sucedía en el interior. La estructura se libera, en un proceso en el que se generan escombros que se reutilizan por medio de gaviones en muros, bancas, etc., un ciclo en que el parque se construye de la memoria.

Al conservar únicamente la estructura del edificio este adquiere una transparencia que permite que la ciudad fluya a través de él manteniendo a su vez la huella del hito histórico. Esto también permite que el parque-memorial adquiera tridimensionalidad, y que pase de ser un pequeño parque de escala barrial a un mirador que establece relaciones con toda la ciudad y con los hechos derivados de la violencia del narcotráfico marcaron innumerables puntos de Medellín.

 

Se propone además un programa complementario, en el que en la parte superior unos pequeños pabellones, estructuras livianas, casi inestables, enmarcan la mirada y permiten reconocer algunos de los hechos vinculados a las horas más oscuras de la ciudad. También en lo que anteriormente era el sótano del edificio, se diseña un centro documental que permita la investigación histórica, donde se articule pasado y presente.

 

Dentro del parque la vegetación y la luz se convierten en herramientas de construcción de memoria: las luces, un camino hecho de pequeñas puntos cuentan, en medio de la historia de toda una ciudad, las narraciones individuales de los miles de afectados por la violencia. Los Guayacanes rosados representan los ciclos, el trasegar del tiempo, el sobre revivir y la esperanza de un mejor futuro, mientras que hacia el borde del parque árboles de gran porte velan la presencia del edificio hacia el exterior del parque, convirtiéndolo en una presencia que todos saben que está ahí pero no quieren reconocer. Se conserva también la vegetación existente, ya que conservarla es mantener la presencia de otro tiempo, árboles que vivieron en cuerpo propio los hechos que se cuentan en el parque memorial."

Sexta ganadora del V Concurso/Exposición de Arquitectura AlavaVisión

 

Fotografía de Iñigo Ochoa y edición de Sergio Celada

 

Disparada con una SONY ALPHA 350

Velocidad: 1/125

ISO: 200

Diafragma: 8

Distancia focal: 17mm (Tamron 17-50 2.8)

Diseño: Lugares Colectivos Arquitectos + HJPM Arquitectura + Ricardo de los Rios

Una de las entradas al pueblo alaves de Contrasta.

Un saludo,

Jorge

Publicacion especial de la Revista Escala sobre el Concurso de Vivienda Economica en La Mojana. Mencion de Honor para nuestro Modulo de servicios. 2009

Cuesta San Francisco, Vitoria.

Paseo nocturno por las calles de vitoria se me quedaron los dedos que no podía ni quitar la tapa del objetivo.

Modelado: Rhino4

Render: 3DStudio Max 2009 + VRay

Postproducción: Photoshop CS5

Panorámica:Photomerge

 

Michel Gómez Cepero

Juan Luis Higuera Trujillo

Desde el interior de la fábrica de Araya. De la Qdd de AlavaVisión a Zalduondo y Araya.

Modelado: Rhino4

Render: 3DStudio Max 2009 + VRay

Postproducción: Photoshop CS5

Panorámica:Photomerge

 

Michel Gómez Cepero

Juan Luis Higuera Trujillo

Puente peatonal que une la calle Paraguay con el parque de San Juan de Arriaga en la ciudad de Vitoria.

Con esta foto quiero mostrar como se mezclan la antigua y la nueva arquitectura.

Tomada en el barrio de Zalbalgana de Vitoria-Gasteiz.

Han cambiado las luces. Sera por el carnaval ...

 

Vista fachada oriental del volumen emergente al fondo cerro el picacho

  

DISEÑO

arq: Carlos puerta

arq: Diego lopez

arq: VerÒNica ortiz

AUXILIARES

Est.Arq. Pilar Arango

Est.Arq. Alejandro ospina

Arq. Daniel velez

 

Plaza de la Virgen Blanca, Vitoria-Gasteiz (Alava)

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