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Te espero aquí, en el sitio de siempre.

Quizá sea la magia de estas fechas, las luces de colores, o los villancicos lo que haga que todo empiece a cobrar sentido. O tal vez que los días de lluvia han hecho las maletas y hoy me despierto con un sol gigante ahí arriba. O puede que también el viaje a almería haya ayudado algo. No sé cuáles son exactamente los motivos que me hacen estar un poco más arriba. Puede que me haya terminado de acostumbrar a todo lo que tengo delante de mí, o que haya aprendido a que lo mejor es ser paciente y esperar, porque si sabes esperar entonces de seguro el viento cambiará su dirección en algún momento. Y mientras espero, disfruto todo lo que puedo de estos días de frío. Me pierdo de tu mano dando un paseo bajo las cientos de luces de navidad que iluminan las calles, grandes o pequeñas, da igual mientras no me sueltes. Me voy a ballet, pensando que después vendrás a llenarlo todo de abrazos mágicos, de esos que curan el frío y algo más. Que me dejarás en la puerta de casa con ganas de no querer entrar por ella. Que sólo nos hace falta una manta y un par de tazas de café para hacer un picnic extraterrestre a medianoche. Mientras imaginamos que recorremos el mundo y que me esperarás en todas las cafeterías que existan al otro lado del mar, “sólo para invitarme a un café”. Que volaremos en aviones hasta tocar las nubes con los ojos o que nos perderemos entre cientos de olas azules para llegar a cualquier destino. Que tal vez nos sorprenda la nieve por el camino. Que todavía nos quedan muchas cosas pendientes y que el invierno puede ser tan largo como alcancen nuestros suspiros. Que no me gustan las promesas a largo plazo y que cuando llegue la primavera quizá lo haya derretido todo con mis manos (soy así). Pero lo que sí te digo es que ahora todo esto, sea lo que sea, es imparable.

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Taken on December 29, 2010