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Las luces de las sombras. | by Móniqqe
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Las luces de las sombras.

Se quedó un rato en la puerta, mirando como él se alejaba hasta que no diviso nada más que una tenue hilera de humo que ascendía por el cielo y le daba a entender que con sus palabras había herido profundamente a ese hombre que tanto tiempo había amado, Bruno solo fumaba cuándo estaba triste o cuándo iba a cazar alguna presa y eso, sobretodo lo último, pasaba a menudo.

Le conocía bien, era quién más le conocía, incluso más que él mismo, pero de sus ojos no salio ni una lágrima, el adiós se impregnaba en la calle y ella era incapaz de llorar.

No era alguien dispuesto a perder la cabeza por un hombre y mucho menos por un cazador de niñas, la última, una tal Cassandra que constaba solamente de dieciséis primaveras, se lo había contado Mery que trabajaba con la mejor amiga de esa joven esclava del sexo.

Incluso estaba segura de que sabía ser una leona más que ella misma.

 

Trago el aire y se hincho los pulmones aunque no pudo respirar, no le entraba ni una molécula de oxigeno, era como cuándo te caes en el mar y tratas de luchar contra el peso de tu cuerpo mientras sientes que el agua te exprime las fuerzas y te sacude para que caigas más abajo. Mar nunca supo nadar, interponiéndose a su nombre, era alguien que intentaba mover los brazos deprisa para salir a la superficie y que solo conseguía quedarse sin respiración más deprisa. Desde esa escena odio el mar en su profundidad y se limito a pasear por la costa los días en que no había mucha gente.

No le gustaba nada la playa y ahora volvía a sentir esa sensación de ahogo que le carcomía las entrañas.

Se aguantó, apoyada en la puerta con el vaso de licor entre las manos y la chaqueta de cuero en los hombros.

No le gustaban los vestidos, pero solía ir con prendas de cuero arrapadas que dejaban ver, normalmente, unos grandes senos paseándose sin sostén por el escote delirante de esas chupas oscuras.

Era una puta de barrio, pero no de las baratas y no era una mala chica, solamente alguien preso por el pánico de estar sola, a diferencia de Cassie tenía el orgullo en la garganta y por nada del mundo se hubiera arrodillado para clamar un polvo, tampoco era tanto de dar la iniciativa, ni siquiera cuándo tenía ganas de hacerlo, le gustaba dejarse llevar, sentir como le atravesaban por dentro y gritar al cielo que tenía el pecado en su vientre.

Tenía el pelo muy teñido de rubio y unos ojos de esos que te hacen estremecer, imponía y no era para nada miedica.

 

Se sentó en el bordillo y se quedó observando al suelo haciendo dibujos en él, se zampo las penas y sonrío perezosamente, no había perdido nada. O por lo menos era esa frase la que se repetía cada dos coma tres segundos, intentándola creer, le había amado si, pero llega un momento dónde ya no se puede más, dónde las cosas que van mal se terminan, supo desde siempre que le engañaba y lo consideró natural puesto que ella misma trabajaba en ese arte y se ganaba la vida subiendo a coches, normalmente a Mercedes y Ferraris de niños de casa rica de esos que dan asco y tienen una eyaculación más precoz que un simple parpadeo. Pero luego le hirió. Y la herida sangro tanto que tuvo que dejarle un día las maletas fuera, el día mismo en que Mery la llamó para contárselo.

 

Al cabo de un rato les vio pasar por la otra acera, medio de estranquis, la chica tenía las raíces del pelo muy pelirrojas y las puntas negras, le habían dicho que cambiaba mucho de pelo, que era como una chica camaleónica de cabellera. Lo cierto es que era enigmática, puede que no bella, pero si paraoicamente exótica,llevaba una gabardina y Mar de seguida supo que ni siquiera llevaba bragas debajo. Era tan solo una niña y se le notaba en la manera de andar, maquillando los verbos que utilizaba con vocablos que robaba de gente realmente inteligente,. Pero hay cosas que las mujeres, a diferencia de los hombres saben ver, intuyen o entienden, y Mar supo enseguida que Cassandra solo era una niña desesperada, se lo vio en la mirada de ansia, y pensó que cuando se hiciera mayor la llama se apagaría y esas ganas de ser salvaje se convertirían en pudor por haberlo sido en su día, hay chicas que están hechas para el sexo, hay otras que solo lo intentan y estas cosas o se lleva en las venas o se sienta una a descansar.

 

Le hizo rabia ver desde su misma casa como Bruno le acariciaba los pechos por el huequecito que dejaban los botones de la gabardina como hacía con ella, luego un chico paso por delante suyo y le tapo las vistas, y ya no quiso ver más, ni niñas jugando a ser mayores ni hombres sacados de la mismísima novela de Nabokov. Sonrío como una loca y miró al chico de su delante con ojos de fiera. Se levantó, él la observo y luego pregunto el precio, al saberlo hizo una mueca medio sonrisa medio sorpresa, pensó que el servició era caro, más caro que cualquiera que encontraba por la calle y pensándolo bien podría dejar a esa rubia teñida en la puerta de esa casa e ir a cazar niñas baratijas, que más le daba. Aunque al volver a escudriñar ese rostro tan de vieja tigresa se dejo llevar por el impulso animal que le domino por completo, sacó la cartera y le dio la cantidad que pedía.

Mar le cogió con firmeza del brazo, tiro de él y lo condujo dentro de esa casa que parecía menos suya que cuándo había salido para despedirse de Bruno. Lo arrimó contra la pared del recibidor sin apenas cerrar la puerta y empezó a desnudarlo con un émfasi que solo las grandes mujeres de calle como ella podían mostrar.

 

Bruno contemplaba a regañadientas la escena desde su posición letal mientras Cassandra dejaba caer la cabeza hacia atrás del placer que le otorgaban esas manos recorriendo su cuerpo desnudo bajo la gabardina.

Él si dejo escapar algunas lágrimas mientras la sonrisa pícara y segura de Mar se le quedaba muy pegada dentro de su ser.

Luego todo pareció demasiado irreal.

     

Este texto es la segunda parte de este otro: dicenquelanochesusurraverdades.blogspot.com/2010/05/despu...

   

De mi blog: dicenquelanochesusurraverdades.blogspot.com/

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Taken on August 2, 2010