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Frío II | by Móniqqe
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Frío II

Querido Ben:

 

Supongo que ya va siendo hora de contestarte a tus múltiples cartas, después de tanto tiempo pensaba que había perdido la capacidad de comunicarme con mi pasado, ya sabes, son cosas que pasan, es más; tus escritos me resultaban exhaustos de leer, incoherentes, como si no fueran reales.

Me preguntaba: ¿A quién está describiendo? ¿Quién es esa que lleva mi nombre? ¿De que circo se trata?.

Llegué a pensar que me había vuelto loca, hasta el punto que, cuándo llegaba el cartero con su trajecito azul ni siquiera le abría la puerta y me tapaba con las mantas hasta la nariz; el muy astuto hacía pasar el sobre por debajo la puerta, que la pobre esta muy vieja y tiene muchas rallitas donde se filtra la luz.

Nadie envía cartas después de treinta y siente años, nadie sigue enamorado después de tanto tiempo, eso no pasa ni en las películas, con cincuenta y tantos años entiendes que el amor es algo efímero, o más bien una simple quimera.

Y no solo en nuestro caso querido, eso le pasa a todo el mundo, llega un día que cuestionas la existencia de esa palabra, que resumes la vida y te enteras de que nada es lo que pensabas que era. Luego todo sabe a amargo.

Sigo pintándome las uñas de rojo y estoy sola, mucho más sola que tu, mucho más sola de lo que pueda estar nadie.

También me hubiera gustado tener hijos, aunque no contigo, lo nuestro nunca hubiera funcionado por una simple razón fácil de entender; había demasiado amor y la vida se nos hubiera quedado corta.

No estoy bien Ben, nada bien.

Tampoco puedo decirte donde me encuentro aunque si quieres puedo hacer algunas fotos y enviartelas como tu has echo con la de la nevada, que en realidad me hace mucha gracia, y que digas que la nieve es bonita y que te recuerda a nuestros diecipocos. Aquí es todo hielo, aunque el frío me recuerda cada mañana a un domador de fieras.

Por otro lado claro que echo de menos a mi casita amarilla y me costó acostumbrarme a no estar en ese comedor lleno de colores, dónde me encuentro todo es blanco, hasta la luz tienen un toque blanquecino y descolorido. Me duele en la vista y en los ojos.

Aunque el paisaje es muy bello me impide ir con vestidos cortos en verano, y me gustaban tanto... digo los vestidos y las faldas, y las camisas abrochadas en el pecho enseñando el ombligo, siempre decías que me hiciera un dibujillo justo allí.

Te lo prometí, "cuándo cumpliera los dieciocho y fuera libre". Promesas rotas y de libre nada.

Me fugué con el señor Payaso ¿Sabes?. Y no le quería ni por asomo, solo que sus expectativas eran tan volcánicas y explosivas que decidí ayudarle, pero salió mal, a mi me salió mal, ya lo creo.

El señor Payaso era un criminal, nadie nunca se lo hubiera imaginado de él, con lo bien que se llevaba con los niños y con la sonrisa tan de verdad que se le pintaba en la cara en cada actuación. Escape de él después de dar la vuelta al mundo, y nunca entendí del todo lo que llevaba entre manos pero cuando pasó algún tiempo me di cuenta de que era algo malo, algo muy gordo y extremadamente malísimo.

Me costó setecientos días darme cuenta de eso y cuándo tuve la certeza que tenía que irme todo se volvió una pesadilla y él era el sarcasmo de ese horrible sueño.

Pero bueno, eso es otra historia que ni siquiera quiero recordar.

Llegué en este lugar, que ahora habito y me resigne a la vida, estaba hambrienta y enferma por dentro, todo me daba igual.

Cuándo el frío y la soledad se te meten dentro y te calan los huesos te encierras y te vuelves alguien extraño para el exterior, el mundo te señala de bruja y ni siquiera tienes una escoba. Pamplinas.

Al principió me arrepentí de haberme ido en un acto de rebelía, pero luego entendí que estaba echa para vivir junto mis pensamientos.

He echo muchos descubrimientos estos últimos años, no te pienses que he estado aburrida y encerrada dentro de una casa de mentira.

Empecé a husmear el mundo y descubrí una gran verdad: nos mienten.

Si explicara todo lo que he descubierto me matarían, Ben, y hay veces que el miedo me apretuja por dentro, el miedo de que alguien sepa que yo sé todo lo que ellos saben y me maten, así descuartizada a pedazos.

Pase de ser la trapecista a ser la bruja que ve en su bola de cristal lo que la sociedad esconde.

Estar con el Payaso me sirvió de base para luego entender a las tecnologías y saber de donde sacar información sin llamar demasiado la atención.

Ahora, querido, tengo que ir a hacer tostadas; y para recordarte un rato me vestiré con el vestido de circo, ese verde que te gustaba a tí, aunque haga frío y sea abril.

Espero no estar loca y recibir respuesta rápido.

No se cómo se lo a echo el cartero para hacerme llegar todos tus relatos si en la dirección pone solamente mi nombre de pila y el color de mi camisón.

  

Te quiero Ben, aunque sea solo un poquito.

   

(mi blog: losapuntesdelalibretaroja.blogspot.com)

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Taken on May 23, 2010