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Lolas - Corpus Christi - Puebla - México

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En la zona de El Parián, lo mismo convivieron “mulas” que “lolas”; las primeras para conmemorar el día de Corpus Christi en el que rancheros y pueblerinos venían a la Catedral para ofrecer sus primeras cosechas, y las otras para rememorar la ocasión en que la cirquera Catalina de Urgel visitó la ciudad de Puebla y tras conquistar al público con sus malabares, provocó que un artesano comenzara a fabricar esa muñeca regordeta, de cabello corto, negro y de maquillaje recargado.

 

La antigua calle del Mesón, hoy 6 Norte esquina con 6 Oriente, se llenó este jueves de las mulitas, los panzones, dulces tradicionales y juguetes, además del amplio corredor gastronómico del que sobresalieron las chalupas.

 

Pese a que entre las piezas tradicionales se cuelan objetos importados, todavía es posible ver a una veintena de puestos que ofrecieron las mulas de diversos materiales –de palma, cartón y yeso–, que se mezclaban con las “Lolas” y los panzones, éstos últimos como una burla de los hacendados.

 

El jueves de Corpus, como comúnmente se le llama, llegó a América como una de las principales formas de evangelización, pues fue la integración de los indígenas al catolicismo sin que se dieran cuenta, ya que lo realizan a través del lenguaje artístico.

 

Así, más que en una fiesta litúrgica se convirtió en una expresión popular que hacía referencia al desfile que realizaban por la ciudad cientos de rancheros y pueblerinos que venían a ofrecer sus primicias; es decir, los diezmos, jalando a sus mulas, que estaban cargadas con las semillas y frutos de sus primeras cosechas.

 

La celebración era una de las más grandes en la Puebla de los siglos XVI y XVII, ya que en el primer cuadro de la ciudad y a un costado de la catedral se hacía una procesión solemne que era protagonizada por un dragón chino que cargaba una tarasca –un cuchillo español–, que significaba el mal y el pecado. Atrás venía la escultura de la muerte, la cual era considerada la reina del mundo, y recordaba a los fieles su naturaleza efímera.

 

Acompañando a la procesión venían los hombres engalanados y cargados de dinero, el cual dejarían a la iglesia como parte de su diezmo, el cual incluía también costales de maíz y frijol, productos de las primeras cosechas.

 

A partir de la promulgación en 1857 de las Leyes de Reforma, que fueron expedidas por Benito Juárez y en las que se impedía la celebración de esa y otras fiestas religiosas, la procesión del jueves de Corpus dejó de conmemorarse.

 

Por ello, la gente del pueblo trató de conservar la festividad de una manera simbólica, y para no olvidarla empezaron con la fabricación de mulas hechas en tule, madera, palma y cartón.

 

Los panzones, de reciente introducción, satirizan la pugna entre los ricos hacendados y los campesinos, pues encarnan el poder ejercido sobre los más débiles.

 

Fue a finales del siglo XIX cuando se incorporó a la tradición otro de los personajes que se venden en las calles que circundan a la plazuela de El Parián: las muñecas de cartón, que tienen un olor característico, el pegamento de cola.

 

Como ya se dijo, éstas se comenzaron a realizar como un homenaje a la cirquera Catalina de Urgel, quien como parte del circo Orrin, del empresario Ricardo Bell, visitó la ciudad de Puebla. Se sabe que a la gente le gustaron tanto sus acrobacias que empezaron a fabricar las muñecas regordetas vestidas con un leotardo.

 

Ahora, en la fiesta que se realiza en el centro de la Angelópolis, los puestos que ofrecen tanto a las muñecas como a los panzones se complementan con coloridos caballitos de madera

 

Por : Paula Carrizosa

 

FUENTE: www.lajornadadeoriente.com.mx/noticia/puebla/durante-el-j...

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Taken on June 9, 2012