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...de las tormentas (El Almazarán) | by Gonzalo y Ana María
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...de las tormentas (El Almazarán)

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Después de este pequeño parón provocado por el cambio de "ordenata", continuamos con la serie de historias y vivencias reales de los habitantes de Letur. Como ya os dijimos, están recogidas en el número 36 de la revista Zahora, definida como "Revista de Tradiciones Populares". El título de este número es "Letur. Vidas y Vivencias", en la que la ciudadana alemana Anneliese Grasreiner, afincada en Letur, deja constancia de una serie de testimonios de los vecinos de Letur y otros pueblos de los alrededores que fue recopilando durante mucho tiempo en sus visitas a estos pueblos y conversando con sus moradores.

 

Las tormentas...

 

"De las tormentas hay una anécdota que habla del sacerdote Don Pedro, tío de Don Joaquín, de la familia de los dueños de La Longuera. Un labrador le dijo un día: “Usted, Don Pedro, ¿no podría traer, cuando venga a La Longuera, una botella de agua bendita, para echar cuando llegase la tormenta?” Y el sacerdote contestó: “¿Qué? ¿agua bendita? -¡cohetes! ¡cohetes!”

 

El hombre no esperaba aquello, esperaba un consuelo para su desesperación, porque el uso de los cohetes entonces ya estaba prohibido. Entre los labradores, ese diálogo con el sacerdote se repetía como un chiste, aunque no les hacía ninguna gracia. Hubieran preferido el agua bendita. Pero se veía que el sacerdote mismo no creía tanto en el milagro del agua bendita.

 

Existían cohetes especiales para espantar la tormenta. Pesaban cerca de medio kilo y para tenerlos y usarlos había que pedir un permiso. En El Almazarán se reunían los vecinos y acordaban comprar diez o quince cohetes. Lo que costaban, lo dividían entre ellos. Tenían un puesto de unos tres metros de altura con dos púas haciendo horquilla, allí ponían el cohete, cuando la tormenta empezaba a descargar. Con otra caña igual de larga, con una mecha le daban fuego al cohete. Este se subía a la nube y al explotar partía la nube. Daba miedo de ver las nubes partiéndose dando remolinos. Pero entonces la nube daba la voltereta y se maliciaba, y descargaba en el cortijo siguiente haciéndole más daño que si lo hubiesen dejado. Por eso, los del Almazarán no querían que los de La Longuera tirasen cohetes, y viceversa. Las protestas de los vecinos llevaron al acuerdo de prohibirlo en todos los cortijos.

 

No quedó entonces otro remedio que los métodos ancestrales, el tocón de Nochebuena, o la sal, o las tenazas tiradas a la calle en forma de cruz... "

 

Extraido de la revista Zahora, nº. 36. "Letur. Vidas y Vivencias".

 

Por lo visto, se trataba de cohetes de ioduro de plata. También fueron utilizados tiempo atrás en las provincias de Murcia y Almería, que nosotros sepamos, aunque con cierto secretismo por parte de los agricultores porque este uso estaba prohibido. Estos cohetes, al estallar dispersan cristales de ioduro de plata, o alguna otra sal, de muy pequeño tamaño. Estas partículas actúan como núcleos de condensación del vapor de agua presente en las nubes, y se forman gotas de agua que precipitan como lluvia, de modo de "vaciar" las nubes ANTES de que se formen cristales de hielo. Se utilizan en las zonas donde una granizada arruinaría los cultivos.

 

Otro método utilizado era el de esparcir el ioduro de plata desde una avioneta. Era curioso ver como se empezaba a avecinar un tormentón con nubes terroríficas, cuando de pronto se oía el motor de una avioneta sobrevolando por encima de las nubes y a los pocos minutos, estas desaparecian como por arte de magia. Evidentemente, los agricultores negaban tal hecho, pero yo que he conocido a muchos, porque soy de campo, me llegaron a asegurar que sí lo utilizaban y era la única forma de salvar las cosechas del granizo.

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Taken on May 28, 2011