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Pashupatinath. Nepal. Cremación. 1991.Analógica. Nikon D70

Existen crónicas que citan la existencia de este templo en el año 400 a.C.

 

“El lugar más impactante de Katmandú es el templo de Pashupatinath, a orillas del río Bagmati –una arteria del sagrado río Ganges–, que al descender del Himalaya “comunica” a los hombres con los dioses. “

 

Así lo sentencia el Rig Veda (ऋग्वेद), uno de los libros más antiguos de la humanidad.

 

Es uno de los más notables templos de Shiva (el creador y el destructor) , en Nepal conocido por sus manifestaciones “terribles” como el cruel y destructivo Bhairab.

 

Siguiendo con una tradición milenaria, todos los días llegan fieles y saddhus (hombres sagrados) que descienden por las anchas escalinatas de piedra junto al templo hasta las aguas del Bagmati, donde realizan inmersiones en el río totalmente contaminado.

 

Pero esto les da igual, porque los peregrinos no van a refrescarse sino a purificar las almas. Y ésto es así por que el Bagmati es un río sagrado y Pashupatinath un frecuente lugar de incineraciones, similar a Benarés en el Ganges.

 

Hay diferentes ghats, escalones de piedra que descienden a las aguas, en los que se erigen cada mañana las piras funerarias donde se incineran a los muertos.

 

Unos destinados ghats están destinados a la cremación de la realeza (en 2001 se incineraron allí a diez miembros de la familia real tras el regicidio del príncipe Dipendra) y otros muchos destinados para gente corriente, que casi siempre están ocupados con alguna incineración.

 

La mayoría de los nepaleses van a parar al fuego al término de sus días, pero no los “saddhus”, que al ser hombres sagrados no necesitan purificación: simplemente son depositados en el agua para que se los lleve la corriente directamente al “cielo”.

 

“Toda la familia rodeaba el cuerpo del anciano muerto, pero nadie parecía triste porque para los hinduistas el fin de la vida no posee a priori un carácter trágico, sino que lo consideran una liberación del sufrimiento de la vida.

 

El ritual continúa con el integrante más joven de la familia –un niño– dándole de beber al muerto un último sorbo de agua sagrada del río.

 

Entonces se enciende la pira y en dos horas no quedará nada; las cenizas serán esparcidas en el río donde todos se bañan, y cada cual seguirá con su karma a cuestas.”

Sólo los hinduistas pueden penetrar en el interior de Pashupatinath, pero en sus alrededores hay suficiente espectáculo.

Entre el humo de los finados, decenas de santones, yoguis y fakires, muchos falsos, algunos auténticos, posan para las fotografías a cambio de 10 rupias.

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Taken on October 23, 2010