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El Monasterio de El Escorial, una puerta al infierno que Felipe II se encargó de sellar | by Antonio Marín Segovia
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El Monasterio de El Escorial, una puerta al infierno que Felipe II se encargó de sellar

JARDINES DEL MONASTERIO DE EL ESCORIAL

 

El Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial es un complejo de palacio, basílica y monasterio, conocido como " el Monasterio de El Escorial" , fue residencia de la Familia Real Española. La basílica es lugar de sepultura de los reyes de España y el monasterio residencia de los frailes de la Orden de San Agustín. Ocupa una superficie de 33.327 m², sobre la ladera meridional del monte Abantos, a 1.028 m de altitud, en la Sierra de Guadarrama. Fue ideado en la segunda mitad del siglo XVI por el rey Felipe II y su arquitecto Juan Bautista de Toledo, aunque posteriormente intervinieron Juan de Herrera, Juan de Mijares, Giovanni Battista Castello El Bergamasco y Francisco de Mora.

 

Felipe II era un amante de la naturaleza y concebía sus jardines como un espacio productivo donde se cultivaran hortalizas y plantas medicinales, pero también los consideraba una fuente de placer y de belleza visual. Tenía gran aprecio por el paisaje, las fuentes y las flores, por lo que recopilaba modelos procedentes de jardines de Francia, Italia, Inglaterra y los Países Bajos y contrataba a los mejores jardineros, tanto extranjeros como españoles.

 

El complejo se encuentra rodeado de jardines por dos de sus lados, el Sur y el Este. Actualmente la visita se limita al denominado Jardín de los Frailes, pero también existen los jardines privados del Rey y la Reina y áreas dedicadas a huerta y arboleda. Por eso se pueden contar hasta seis escaleras diferentes para bajar a la huerta, ya que cada uno accedía desde diferentes jardines.

 

En la zona que transcurre por la fachada del mediodía, está ubicado el Jardín de los Frailes, donde para salvar el desnivel del terreno se levantó una terraza o talud, sobre la huerta o jardín del Bosquecillo, lo que contribuyó a que fuera comparado con los jardines colgantes de Babilonia. Se planteó como una transición entre el edificio y la huerta. En esta zona se pueden ver doce pequeños pilones rectangulares con fuentes centrales en forma de piña.

 

Actualmente los setos están formados de boj, antiguamente había sembradas flores exóticas y plantas medicinales, muchas traídas del Nuevo Mundo, además de rosales, clavelinas, alhelíes, margaritas, narcisos, entre otras muchas.

 

Los Jardines del Rey y de la Reina se extienden bajo los Aposentos Reales. Para salvaguardar su intimidad están separados por discretos cerramientos de pétrea arquitectura rematados con bolas herrerianas, aunque cuentan con puertas de comunicación para poder recorrerlos completos.

 

Estos recoletos ámbitos tienen pequeñas hornacinas con asientos, descansillos intermedios, bóvedas descendentes y otros detalles.

 

La zona de huerta se encuentra dentro de una cerca con varias entradas, entre la que destaca la llamada del Bosquecillo. La huerta se distribuye de forma regular en varios cuadros cuyo riego estaba asegurado por un formidable estanque que proporcionaba agua a la huerta y pescado a los monjes para sus abstinencias. El estanque está rodeado por un paseadero al que se accede mediante unas escaleras. Hoy en día en el estanque viven numerosas carpas y una pareja de cisnes negros y otra de cisnes blancos. Dentro de la huerta hay un Pozo de Nieve, así como una construcción llamada la Chacinería de 1596, original construcción para vivienda del hortelano y almacén de aperos.

 

 

www.elhogarnatural.com/reportajes/Jardines%20en%20El%20Es...

 

 

El Monasterio de El Escorial, una puerta al infierno que Felipe II se encargó de sellar

 

 

Su ubicación pudo estar influida por la leyenda local sobre una mina cuyas galerías llegaban hasta las mismísimas puertas del infierno. Con toda seguridad, el Monarca conocía el mito cuando levantó allí su particular Templo de Salomón.

 

 

Felipe II construyó el Real Monasterio de El Escorial con dos finalidades muy concretas: conmemorar la victoria en la batalla de San Quintín frente a los franceses y crear un monumento funerario a la altura de la dinastía de los Habsburgo. No en vano, el Real Monasterio de El Escorial es, sobre todo, el sueño de juventud de un Monarca aficionado a la arquitectura y a la teología en todos sus aspectos.

 

¿Pero por qué eligió Felipe II la sierra madrileña para construir su gran proyecto? Además de por un tema climatológico –la zona es fresca en verano– y por la cercanía de los materiales necesarios para la obra, han apuntado algunos historiadores una posible causa de índole esotérica. Según una leyenda medieval, Lucifer vivió en una cueva situada a los pies del Monte Abantos (Sierra de Guadarrama), justo los días entre la expulsión de las cortes celestiales y su destierro al infierno. En esos días, el ángel rebelde comenzó su andadura por toda la tierra donde creó siete puertas para acceder a las tinieblas. Una de ellas estaría en San Lorenzo de El Escorial.

 

Al parecer Felipe II no era ajeno a esta leyenda. Siguiendo el relato del cronista oficial del edificio, el padre Jerónimo fray José de Sigüenza, el Rey convocó a una comisión de expertos para decidir el lugar más propicio para la construcción. En este grupo de sabios había «filósofos, arquitectos, canteros experimentados y teólogos», quienes advirtieron al Monarca de las leyendas sobre la supuesta presencia del Diablo en la zona. No en vano, el secretario real Pedro del Hoyo –principal responsable del interés de Felipe II por la alquimia y otras ciencias de dudosa base– se desplazó al lugar para la decisión definitiva el 14 de noviembre de 1561. Según la crónica del padre Sigüenza, el grupo de expertos fue asaltado por un fuerte viento, casi huracanado, que «no les dejaba llegar hasta el sitio, y arrancó las bardas de la pared de una viñuela que fueron directos hacia sus rostros». Un fenómeno que, interpretaba el fraile, era una respuesta de origen demoniaco con la intención de persuadir al Rey de que situara allí una estructura religiosa.

 

Sin embargo, no existe documentación por parte de Felipe II –siempre pródigo en cartas escritas de su puño y letra– donde se recoja su inquietud por los fenómenos descritos por Sigüenza. Así y todo, el Rey comenzó la construcción del palacio-monasterio en 1562 y encomendó las tierras a los monjes jerónimos. Tradicionalmente, la Monarquía hispánica había estado muy vinculada a esta Orden religiosa. Y, aunque el Monarca se había trasladado a vivir al edificio muchos años antes, hasta 1586 no se concluyó definitivamente la Real Basílica, poniendo punto y final a la obra.

 

Un perro negro acecha por el templo

 

Durante las obras, que se alargaron cerca de 21 años, se extendió entre los peones la leyenda de que un misterioso perro negro acechaba por las noches obstaculizando las obras. Y si hacemos caso a esta historia entre el mito y la realidad, el perro fue finalmente capturado y se ordenó que se le ahorcase en una de las torres del monasterio, donde permaneció meses.

 

Sobre los planos y la simbología oculta del Monasterio de El Escorial mucho han hablado los historiadores. Felipe II ordenó construir una estructura típicamente renacentista, según los criterios racionalistas de la época, pero basado en el mítico Templo de Salomón. Varios arquitectos contemporáneos han coincidido en dictaminar que el Templo de Salomón –tal y como ha sido representado tradicionalmente»– y el Real Monasterio de El Escorial guardan muchas similitudes.

 

Así, el hispanista René Taylor llegó a afirmar que el edificio tiene una geometría oculta sustentada por el cuadrado, el círculo y el triángulo. En los textos bíblicos, no obstante, se asegura que los planos del Templo de Salomón están diseñados directamente por Dios. La idea de sellar una puerta del Diablo con un templo diseñado por Dios pudo sonar tentadora en la grandilocuente mente de Felipe II, quien plagó el templo de referencias al Rey Salomón y al Rey David, empezando por las dos enormes estatuas dedicadas a estos personajes bíblicos en la fachada principal de la basílica.

 

 

César Cervera - ABC

 

Madrid, 10 de octubre de 2014

 

www.abc.es/madrid/20141010/abci-escorial-puerta-infierno-...

 

 

La primera piedra del monasterio de El Escorial

 

La piedra fundacional, que dio comienzo a las obras, se colocó el 23 de abril de 1563, hace 450 años, en un acto discreto que no contó con la presencia del rey Felipe II.

 

El 23 de abril de 1563, hace 450 años, se colocó la primera piedra de la construcción del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, uno de los monumentos más representativos de la arquitectura española. El conjunto arquitectónico, de dimensiones colosales, está situado en las estribaciones de la sierra de Guadarrama, a unos 50 kilómetros al noroeste de Madrid, y consta de un monasterio y una iglesia, un palacio y un panteón real. El rey Felipe II (1527-1598) encargó su construcción al arquitecto renacentista Juan Bautista de Toledo, que había sido ayudante de Miguel Ángel en la basílica de San Pedro del Vaticano, y tras su muerte, en 1567, las obras corrieron a cargo de Juan de Herrera, que le imprimió su célebre estilo, el herreriano, caracterizado por la simetría y la austeridad. Felipe II construyó el monasterio de El Escorial para conmemorar la victoria en la batalla de San Quintín, acaecida el 10 de agosto de 1557, en la festividad de San Lorenzo, y posteriormente se convirtió en la residencia de la familia real española y en su lugar de sepultura. El mismo monarca murió el 13 de septiembre de 1598 en una alcoba de El Escorial. Según fray José de Sigüenza, que fue su consejero, la gota le atormentó durante varios años y en el verano de 1598 se sintió «asado y consumido del fuego maligno que le tenía ya en los huesos».

 

En 1562, un año antes de la colocación de la primera piedra, se preparó el terreno y se abrieron zanjas para construir los cimientos, en un paraje solitario junto a la humilde aldea de El Escorial. El padre Sigüenza explica que el 23 de abril de 1563 «le pareció a Juan Bautista de Toledo que era ya tiempo de comenzar la fábrica y asentar la primera piedra, fundamento de todo el cuadro y planta: juntó a los aparejadores y oficiales, llamó a los religiosos para que se hallasen presentes (no pudo subir el Prior al sitio porque estaba fatigado); el Vicario y los demás que hemos nombrado llegaron al medio de la zanja, que estaba abierta en la línea y perfil que mira al Mediodía, que es ahora debajo del asiento del Prior en el refectorio, en la mitad de aquel lienzo o fachada». Los religiosos y los circunstantes –el rey no estaba presente– se pusieron de rodillas y bendijeron el lugar. A continuación tomaron una piedra ya aparejada en cuyos lados aparecía inscrito «el nombre del fundador y del arquitecto, el día y el año en que se asentaba». Acto seguido se fueron todos a comer a la villa de El Escorial.

 

Durante siglos se desconocía la localización exacta de esta piedra angular, hasta que en 1971 se descubrió durante la construcción de unas nuevas cocinas en el monasterio. Mide 40 centímetros de alto y 1,60 de largo, y en una de sus caras se puede leer la siguiente inscripción: «Dios óptimo máximo, vele por esta obra».

 

www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/la-prim...

 

 

Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial

 

A partir del reinado de Felipe II y sobre todo con la corriente de austeridad católica que impregna la sociedad española de la Contrarreforma.

 

El ejemplo más destacado, sin duda, de este periodo es el Monasterio del Escorial (1562-1584) donde se reúnen en un mismo espacio: monasterio, iglesia, palacio y panteón real.

 

El Monasterio de El Escorial fue fundado por Felipe II en conmemoración de la victoria en la batalla de San Quintín contra las tropas francesas.

 

Tal batalla tuvo lugar el 10 de agosto, festividad de San Lorenzo, mártir cristiano que murió en una parrilla, por lo que se decidió que la planta del edificio tuviera esta forma.

 

Se trata de un edificio derivado de fuentes italianas, pero de gran sobriedad y desornamentación, lo que unido a su colosal tamaño y el color gris del granito de su fábrica, le confiere una solemnidad aplastante.

 

Juan Bautista de Toledo inicia las obras en 1562. A él se deben la planta general del edificio, la fachada meridional y el patio de los Evangelistas. Le sucedió como arquitecto general principal el italiano Giovanni Battista Castello "el Bergamasco", que construyó la gran escalera a la imperial del interior, la primera de este tipo en Europa.

 

Juan de Herrera, el estilo herreriano y el Monasterio de El Escorial

 

Juan de Herrera, auxiliado por Antonio de Villacastín dirigió la obra desde 1572 hasta el final (1584), y le imprimió su sello característico. Los trabajos de ornamentación, sin embargo no terminaron hasta comienzos del siglo XVII.

 

Herrera, estudioso de las teorías del romano Vitrubio, es una de las grandes figuras de la arquitectura española de todos los tiempos e influyó decisivamente en la arquitectura española del último cuarto de siglo. Otras obras de Herrera, al margen del Escorial, serán la Lonja de Sevilla y la catedral de Valladolid.

 

La arquitectura herreriana se basaba en el protagonismo de la pureza de la línea frente a los elementos decorativos

No fue azarosa, por tanto, la inmensidad de los muros del edificio, casi desnudos y sólo interrumpidos por hileras de ventanas. Los torreones de las esquinas añaden un sentido militar a la construcción. Estas torres se rematan en chapiteles a cuatro aguas, con pizarra negra, que repiten el contraste cromático con la piedra. La decoración arquitectónica se basa en columnas jónicas y dóricas y frontones triangulares, además de pináculos con bolas.

 

Palacio

 

El palacio es de planta rectangular. En el interior destacan el Salón de los Borbones, con techos pompeyanos y tapices españoles; la Sala de las Batallas, con pinturas y el Palacio de los Austrias, del s. XVI.

 

La fachada principal presenta tres portadas monumentales, y sobre la puerta hay una estatua de San Lorenzo realizada por Juan Bautista Monegro, la parrilla del santo y el escudo de armas de los Habsburgo.

 

Iglesia del Monasterio

 

Se accede a la Basílica a través del sobrecogedor Patio de Reyes. Se llama a sí por las seis enormes estatuas que decoran la fachada. Representan a los reyes de Judea. Las esculpió Monegro y Sebastián Fernández creó los cetros y las coronas con bronce dorado.

 

La grandiosa basílica ocupa el centro del edificio. Tiene planta de cruz griega, con gran cúpula en el crucero. Su retablo es una obra maestra de Juan de Herrera, quien realizó los planos. Las bóvedas están pintadas al fresco por Lucas Jordán y Lucas Cambiaso.

 

De especial atracción turística es el el Panteón de los Reyes, ubicado debajo de la capilla mayor. Es obra del s. XVII por Crescenzi y es de planta octogonal. Las obras comenzaron bajo el reinado de Felipe III bajo la dirección de Juan Gómez de Mora.

 

Otras dependencias

 

Dos siglos más tarde, en el siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III se añadieron al conjunto dos pequeñas construcciones de recreo llamadas "Casitas".

 

Además el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial tiene un convento, una biblioteca decorada por pinturas murales y el Museo donde se reunieron las más importantes obras de arte que se conservaban en el monasterio y que incluyen numerosos cuadros de distintas épocas y estilos, que van desde pinturas flamencas de los siglos XV y XVI hasta la Escuela Española del XVII. Algunos de los más importantes cuadros expuestos son de Miguel Coxcie, Tiziano, José Ribera, entre otros.

 

www.arteguias.com/monasterio/escorial.htm

 

 

Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial

 

 

Historia

 

 

El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial es el monumento que mejor resume las aspiraciones ideológicas y culturales del “Siglo de Oro” español, expresadas aquí mediante una síntesis original de formas artísticas italianas y flamencas por impulso de Felipe II.

 

Agrupando en un edificio varias funciones, San Lorenzo el Real nace como un monasterio de monjes de la orden de San Jerónimo, cuya iglesia sirviese como panteón del Emperador Carlos V y de su mujer, así como de su hijo Felipe II, sus familiares y sucesores, y donde los frailes orasen ininterrumpidamente por la salvación de las personas reales.

 

Asimismo, cuenta con un palacio para alojar al rey, como patrono de la fundación, y a su séquito. El colegio y el seminario completan la función religiosa del Monasterio, y la Biblioteca se establece para estos tres centros. Este esquema se mantiene, en cierto modo, en la actualidad. La figura de Carlos V es decisiva en la fundación de este Real Sitio por lo mucho que influyó en el espíritu de su hijo, por el ejemplo de sus últimos años pasados entre los monjes jerónimos de Yuste y por la necesidad de dotarle de una digna sepultura.

 

Una vez decidido a fundar el Monasterio, Felipe II comenzó en 1558 a buscar su emplazamiento, que quedó fijado a finales de 1562, comenzándose la obra según el proyecto o “traza universal” de Juan Bautista de Toledo. En 1571 la parte del convento estaba ya más o menos concluida; en 1572 se comenzó la “casa del rey” y en 1574 la Basílica, finalizada en 1586 y consagrada en 1595, fecha que puede considerarse la del final de la Obra, aunque la última piedra se colocase en 1584 y la tarea decorativa se prolongase algunos años. El rey supervisó con cuidado toda la construcción. No puede considerarse desde luego obra de un arquitecto, sino fruto de una compleja colaboración en la que destacan dos proyectistas, Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera. Al primero, que había trabajado en el Vaticano como ayudante de Miguel Ángel, le corresponde la disposición de la planta general y la mayor parte de las trazas. Durante el periodo en el que el segundo dirigió las obras se edificó la mayor parte del conjunto, y en ello bastantes partes que no habían sido diseñadas por Toledo. Teniendo en cuenta las numerosas consultas a otros arquitectos italianos y españoles para llegar a las síntesis finales, hay que considerar que la obra de El Escorial es una emanación particularísima del carácter de Felipe II.

 

Esenciales en el conjunto de El Escorial son la Biblioteca Real y los panteones: el de reyes y el de infantes.

 

Felipe II vivía en San Lorenzo de Semana Santa a otoño, sobre todo al final de su vida; sus sucesores pasaban aquí por lo general dos o tres semanas en noviembre. Fue Felipe V quien estableció la costumbre de pasar aquí todo el otoño hasta principios de diciembre, y esa regla fue seguida por el resto de los Borbones hasta Isabel II.

 

El Monasterio quedaba aislado en medio del campo, con sólo unos edificios de servicio para el palacio y el monasterio: las dos casas de oficios y la Compaña. Pero Carlos III ordenó la creación de una pequeña ciudad cortesana cuyo arquitecto fue Juan de Villanueva, quien asimiló a su formación clasicista italiana el espíritu nacionalista que El Escorial adquirió para la cultura de la Ilustración española. Destacan entre sus obras la Casa de Infantes y la del Ministro de Estado.

 

Jardines del monasterio y de las casitas

 

Dos lados del Monasterio –Norte y Oeste- están flanqueados por la Lonja, y los otros dos por los jardines en terraza, a la italiana, con trazados rectilíneos de boj podado en recuadros. A lo largo de la fachada sur y parte de la oriental se extiende, bajo las ventanas de las celdas monásticas, el jardín de los frailes. Más allá de éste, en un nivel inferior, se encuentra la huerta que también estaba organizada mediante calles rectilíneas.

 

La terraza al Este del edificio está ocupada por otros jardines cerrados, similares en todo al de los frailes pero separados de éste por muros con hornacinas puesto que estaban destinados a las personas reales, ya que rodean la Casa del rey y amenizan la vista desde las ventanas de palacio.

 

 

www.patrimonionacional.es/real-sitio/monasterios/6172

 

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Taken on October 18, 2016