Ponencia Vitoria (Octubre, 2016)
Ni psicológica, ni médica, ni terapéutica. La batalla es política

El pasado viernes, en Vitoria, traté de exponer una idea bien simple: si la discapacidad no es una condición individual, entonces nos estamos equivocando de medio a medio. Porque seguimos enfocando mayoritariamente nuestras preocupaciones e intervenciones educativas al terreno individual: las adaptaciones curriculares significativas individualizadas, las aulas específicas, los centros especiales, el trabajo de especialistas en Pedagogía Terapéutica (PT) y Audición y Lenguaje (AL) con el niño o la niña concreta, las evaluaciones psicopedagógicas individuales… Pero si la discapacidad no es biológica sino de naturaleza social y cultural, entonces la batalla no puede ser psicológica (intrapsicológica), ni médica, ni terapéutica, sino política. Porque se trata de la cosa pública, y no de una cuestión privada.

Y entonces me pregunto qué está ocurriendo en esa batalla política para que las escuelas comunes sigan sin ser comunes, para que las aulas comunes sigan sin ser comunes, para que muchos docentes comunes sigan sin ser comunes… y para que 3.800.000 personas (sí, casi cuatro millones de personas en España) a las que se les atribuye la discapacidad (que es social y cultural, no personal) con sus 7.000 asociaciones sigan siendo excluidas del derecho a la educación en equidad, a la titulación en las etapas obligatorias, al empleo digno, a la vivienda, a la participación en la comunidad, etc. O arreglamos el enfoque, o seguiremos buscando la justificación de estas desigualdades en la biología, y la solución en mejorar las terapias. O podemos pensar que la solución pasa por asumir que la tarea está en la defensa de los derechos civiles de todas las personas, lo que nos invita a reelaborar nuestras relaciones con las otras personas. Con todas ellas.



[Conferencia titulada “Discapacidad, resistencia y esperanza. La educación como liberación de la opresión” (Vitoria, Octubre de 2016). Muchas gracias a todas las personas que decidieron acompañarme en Vitoria y conversar tan vivamente sobre estos temas, y gracias a Down Áraba, que no solo me invitó, sino que tuvo la paciencia de esperarme].
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