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La caida de la casa Gildemeister en Concepcion 1939, presumo foto Harry Benöhr

  

En la imagen vemos un edifico de singular valor. Vemos un edificio con daños, un enfermo tras el movimiento telúrico, enfermo pero de pie. Vemos más adelante unas gorras que dirigen y orientan ese deseo, matar y eliminar al enfermo, para que un nuevo hijo de la ciudad ocupe su lugar. Muerte que sin duda enorgulleció a sus autores. Un cuento para los nietos. Nuestro legado como ciudad: la destrucción de la misma.

 

No vemos a la autoridad de la época, pero más relevante que ello, es que no vemos a los técnicos que debieron asesorarlas.

 

Vemos cómo las cuerdas y las manos tiran las balaustradas, pilastras, cornisas, dinteles y detalles de ventanas junto a las miles de miradas que se dieron a través de ellas.

 

Es verdad que un terremoto daña los edificios, todos los edificios, como una guerra lo hace con las personas, pero el trabajo estás en eso, en estudiar los daños y repararlos. ¿Pero lo sabemos hacer?, ¿sabemos operar estos enfermos? Es verdad que todo edificio morirá, pero no adelantemos su partida.

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Taken on August 17, 2010