Veneno para matar a las hadas.

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    A que sabe un mujer?

    A limón. Así saben las gotitas de sudor que se quedan atoradas en la nuca. ¿Nunca las has probado? Son ricas. Lo primero que necesitas es acercarte a esa nuca que tanto deseas, acercadte con la lengua muy dispuesta a dejarse sorprender.
    Si tu eres de los que da por sabido todos los sabores, de esos gandallas que no se asombran por nada, entonces ni caso tiene que lo intentes, porque cuando esas gotitas hagan contacto con tu lengua no apreciarás el tesoro.

    A mango verde. Tal vez sea de los sabores femeninos más característicos. Se localiza en el sexo de la mujer. Hay varios requisitos que contribuyen a que este sabor sea plenamente disfrutable: 1) que la mujer no se asee antes de la succión; si es de esas personas que han de bañarse previamente de cualquier acto amoroso, entonces aquel sexo sabrá a Dove, es decir tendrá un sabor asqueroso; 2) que quien paladee, sepa hacerlo; para esto, el exito depende de la capacidad de proyección de la lengua, esto es de que ése órgano sea capaz de proyectarse hacia el fondo y hacia arriba, y de la posición; hay que buscar el ángulo ideal, que no resulte incomodo y que permita una absoluta libertad. Lo mejor es tirarse boca abajo, acercar la cara a la vulva y aventar la lengua tal como las víboras al momento de atacar.

    A pasto ¿Quien no ha probado el pasto? Es un olor fuerte, que transtorna, porque nimás ni menos ahí esta concentrado el sabor de la vida, aún en sus manifestaciones más intravenosas. Es un sabor fuerte, pero rico, tal cual el del pasto. Lo ideal para desgustar ese sabor es fijar la nariz ahí mismo en el nacimiento del mechoncito, sacar la lengua y probar. habrá mujeres que su sabor sea todavía más trepidante. No por eso retire la boca abruptamente. Al contrario, hay que dejar que aquella esencia resbale por los labios hasta que se adhiera a la lengua. Entonces aglutinar saliva y hacer una especie de buche. Esto le quitara el habla a una mujer. ¿tanto me amas?, preguntara a la primera y uno simplemente le dirá veme, recogiendo la babita.

    A tequila. Ese es justamente el sabor del perineo, acaso la parte mas sensible del cuerpo humano. Bendita sea la lengua que alcanza a llegar hasta esa zona -zona minada, habría de ser. Pocas mujeres resisten que las papilas gustativas se detengan ahí. Porque la sola sensación rebasa por mucho cualquier autocontrol. Si de por sí no es posible -ni mucho menos aconsejable- distraerse a la hora en que se hace el amor, mucho menos cuando la lengua roza parte tan sobrehumana. Es como si una descarga eléctrica recorriese todas las ramificaciones nerviosas y lo mas bello es que el sabor del perineo se acerca notablemente al del tequila. Como si ambos proviniesen del mismo agave.
    Ese aroma del tequila que hace mover la cabeza de un lado para otro y cerrar los ojos como si se estuviera a punto de lanzar al cielo unaplegaria, esa sensación es la misma cuando se ésta ante el perineo.
    Entonces lo siguiente es probar, sacr la lengua y probar. Exactamente como los niños, que prueban de todo, porque sus prejuicios no estan suficientemente crecidos, asi hay que ser para satisfacción de uno mismo y del otro. Dejar que la nariz haga lo suyo. Dejar que los dedos hagan lo suyo. Dejar que la boca haga lo suyo. Exactamente como el tequila el perineo exige su tiempo. Degustarlo constituye un ritual. Nadie llega a la primera, abre una botella de tequila, se la pone en la boca y escancia el líquido. Si alguien que no lo haya probado jamas hace esto, excuso contarles el resultado. Se va a atragantar y tal vez escupa el néctar. Por eso digo que el tequila es fuego de fuegos y para disfrutarlo hay que educar al gusto. Tal cual si estuviesemos ante un perineo, que para gozrlo hay que saber sus secretos, meterse de lleno en su esencia para finalmente sacarle todo el jugo posible. No se requiere maestría para esto solo experiencia.

    A sandía con chile, limón y sal. Tal es el sabor de los pies femeninos. Sobre todo la pielecita entre los dedos. Para quien prefiere el sabor agridulce, de ese que produce pucheros y sacudidas, los pies corren el riesgo de constituirse en su platillo favorito. claro que hay riesgos si se decide gustar de ese sabor. El primero que no es posible dejar de probarlos. A partir de la primera vez que se les mete a la boca, crean una especie de adicción El segundo, que invite a un tercero al festín.

    A pan de muerto. Es el sabor de las nalgas, con todo y la rayita que tienen en medio. Esta sensación proviene desde su apariencia. ¿Aquien no se le antojan las nalgas? ¿a quien no se le antoja el pan de muerto? El volumen desproporcionado de las nalgas invita a pasar por ahi la lengua. Y lo fascinante es que no se acaban, no se desgastan, no se reblandecen. Las nalgas resisten todas las lenguetadas del mundo, incluso a doble ración: de a hombre por nalga (o de a mujer como se desee). Pero aquí urge hacer una precisión: no se esta hablando únicamente del pan de muerto colmado de azúcar, sino del pan de muerto en general, pues sabido es que hay determinadas comunidades que no gustan de endulzarlo sino unicamente adornarlo de huesitos.

    A coctel de frutas. Es el sabor de la boca de una mujer .
    Y es cierto. Pocas cosas tan irresistibles del cuerpo de una mujer como su boca. Ignoro si tenga que ver en esto que a traves de la boca la mujer se entrega o si es porque con la boca ensarta mediante el beso o simple y llanamente porque la boca en si misma es una especie de talismán y ejerce una suerte de embrujo en quien se la queda viendo; ignoro en efecto a que se debe la elocuencia de este órgano, pero lo que si se, como cualquier hombre con dos dedos de frente, es que la boca sabe a frutas. A ninguna en especial sino a la combinación de las frutas favoritas de cada quien.

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