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Golondrina Azul y Blanco [Blue-and-white Swallow] (Notiochelidon cyanoleuca) | by barloventomagico
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Golondrina Azul y Blanco [Blue-and-white Swallow] (Notiochelidon cyanoleuca)

Lugar: Izcaragua Country Club, Autopista Petare-Guarenas, Estado Miranda, centro.norte de Venezuela.

 

Estas golondrinas tampoco tenían buena iluminación, lo cual, en el caso de esta familia, es un problema importante ya que todas ellas tienen figuras parecidas, siendo su coloración la característica principal para identificarlas. En este caso la parte ventral parece tener la misma coloración de la dorsal, lo cual es típico de la Golondrina azul y blanco (verla aquí)

 

Place: Izcaragua Country Club, Petare-Guarenas Highway, Miranda State, North-central Venezuela.

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Sobre las Golondrinas, y de algunas de sus especies en particular, tengo escrito lo que sigue.

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Golondrinas (Familia Hirundinidae)

 

A la familia Hirundinidae pertenece la Golondrina azul y blanca (Notiochelidon cyanoleuca), especie propia de Suramérica que, como su nombre lo indica, es de color azul oscuro por arriba y blanco por debajo, salvo las coberteras inferiores de la cola, que son de tonalidad negruzca, lo cual es su mejor marca de campo. En Venezuela es una residente común en o cerca de muchas áreas urbanas de las cordilleras de los Andes y de la Costa. También hay una subespecie migratoria proveniente del sur que aparece entre junio y agosto (invierno austral), en particular en zonas costeras. Se la encuentra generalmente en grupos pequeños, dedicada a su faena de recolección de insectos voladores o bien perchada descansando, frecuentemente en lugares muy visibles, como lo hacen la mayoría de las golondrinas.

 

La forma de las golondrinas es por demás conocida, con sus alas largas y puntiagudas y su cola generalmente en forma de horquilla, aunque algunas especies la tienen cuadrada o redondeada. También nos es muy familiar su vuelo rápido y acrobático en persecución de los insectos que constituyen su dieta fundamental.

 

Las golondrinas son en la mayoría de los casos aves migratorias que aparecen y desaparecen periódicamente, de modo que no sorprende el uso de la expresión «voló la golondrina» para significar que alguien se fue o se evadió. En todo caso, es un hecho que las personas atentas a los vaivenes de la naturaleza, en particular del clima y las estaciones, tal como lo es la gente del campo, saben por la llegada de las golondrinas o por su partida si las lluvias vendrán o arreciarán o si disminuirán o cesarán, dependiendo de la especie de que se trate, ya que unas son en nuestro país, sea transeúntes o residentes temporales provenientes del norte, en tanto que otras lo son del sur, si bien hay unas siete especies que son residentes permanentes, aunque algunas de ellas son muy raras. En los países boreales y australes, por su parte, en circunstancias normales no hay dudas posibles: todos saben muy bien que cuando las golondrinas desaparecen de allí es totalmente seguro que el frío otoñal e invernal se acerca, en tanto que su regreso coincide con la eclosión de la primavera.

 

Decía Arístides Bastidas que «en los países cristianos se les considera sagradas. Cierta tradición les atribuye un hecho divino, resumido en estos versos españoles: “En el monte Calvario / las golondrinas / le quitaron a Cristo / las cinco espinas”», siendo por ello veneradas en algunos pueblos de nuestro país «como pollitos del Señor o pájaros de la Virgen» (Bastidas, 1987, p. 143-144).

 

Se las puede encontrar prácticamente en todos los países del mundo, por lo cual tampoco resulta extraña la frecuencia con que aparecen en la literatura nacional y regional de muchos pueblos, incluidas la novela y la poesía de Barlovento. En «Nochebuena negra», por ejemplo, Juan Pablo Sojo las incorporó en términos aparentemente paradójicos, cuando dijo que «de los aleros surgían alegres golondrinas con sus hábitos de monjas aladas, ensayando en el aire claro el ritmo del Amor» (Sojo, 1976 [1930], p. 126), en tanto que en «Cuira es un río de Barlovento» José Fabbiani Ruiz, Premio Nacional de Literatura, también les dio una connotación conventual y, a la vez, sensual cuando escribió que el pueblito de «El Oro se arrebuja en la paz beatífica de la tarde. Pían las golondrinas, líneas negras en el aire, que acarician con el vientre la tibia superficie del río» (Fabbiani, 1946 [1943], Nº 1096, p. 38). Lo conventual se derivaría seguramente del hecho que muchas golondrinas presentan una coloración que a primera vista combina el negro, azul oscuro o marrón con el blanco, colores característicos de la vestimenta monacal, pero la pimienta sensual sería un agregado de los autores citados colocado allí ellos sabrían por qué.

 

Ese acariciar la superficie del agua de que hablaba Fabbiani Ruiz se debe, según refería Arístides Bastidas, a que las golondrinas «son devotas de la higiene personal», como lo son, por lo demás, casi todas las aves, pero la particularidad de las golondrinas les vendría porque «suelen bañarse haciendo vuelos rasantes sobre la superficie de pozos y estanques y sacudiendo después las alas» (Bastidas, 1987, p. 144), vuelos rasantes que en otras ocasiones les sirven para recoger y beber unas pocas gotas de agua y para capturar insectos.

 

En cuanto a la poesía, en la de Pedro Lhaya aparecen dos veces las golondrinas, en un caso metafóricamente, cuando en una estrofa de su «Elegía a Mima Bustillos» decía que «Mima Bustillos se fue sencillamente; / sin mucho ruido y poco lagrimear. / Las campanas batían alas de golondrinas / cuando en hombros de amigos dejaba la ciudad», mientras que en el otro, correspondiente al poema titulado «La ciudad amurallada», que canta a la nostalgia de su pueblo natal, el tono del poeta resultaba más bien descriptivo en la estrofa que dice: «Emerges de la bruma de mis días / con esa tenue luz de tus crepúsculos; / en vuelo de traviesas golondrinas, / junto al primer lucero taciturno.» (Lhaya, 1950, p. 28 y 33).

 

¡Sí, bravo por Don Pedro Lhaya!, eminente poeta y atento observador del medio barloventeño, ya que lo de «traviesas» resulta ser una de las cualidadades que muy bien podrían definir a las golondrinas.

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Bibliografía citada

 

 

Bastidas, Arístides. 1987. «Nuestros compañeros de hábitat». Ernesto Armitano Editor. Caracas.

 

Fabbiani Ruiz, José. 1946 [1943]. «Cuira es un río de Barlovento». En: Elite. Nº 1090 a 1099. 24 de agosto al 26 de octubre de 1946. Caracas.

 

Lhaya, Pedro. 1950. «Testamento del corazón». Ediciones Contrapunto. Caracas.

 

Sojo, Juan Pablo. 1976 [1930]. «Nochebuena negra». Biblioteca Popular Mirandina – Gobernación del Estado Miranda. Los Teques.

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Taken on May 1, 2016