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Atrapamoscas Tijereta [Fork-tailed Flycatcher] (Tyrannus savanna) (♀) + Guacharaca del Norte [Rufous-vented Chachalaca] (Ortalis ruficauda) | by barloventomagico
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Atrapamoscas Tijereta [Fork-tailed Flycatcher] (Tyrannus savanna) (♀) + Guacharaca del Norte [Rufous-vented Chachalaca] (Ortalis ruficauda)

Lugar: Puerto Píritu, norte del estado Anzoátegui.

 

Alrededor de las 7:00 a.m. me trasladé al lugar de encuentro con Abraham, mi botero, en el sitio denominado La Cerca, donde la distancia entre las playas norte y sur de la albufera se estrecha considerablemente facilitando el tendido de una malla sostenida por botalones cuya finalidad es cerrar el paso a la fauna acuática objeto de pesca con atarraya, obligando así a que se concentre a un lado y otro de la cerca, lo que hace más sencilla y fructífera la faena de los pescadores.

 

Lamentablemente la malla se ha estado deteriorando, lo cual, unido al cierre de la boca de la laguna, ha hecho mermar la captura, de modo que muchos de los tarrayeros han preferido pescar más bien en el área que va de la boca cerrada de la laguna hasta el mercado.

 

Un par de cuadras antes de llegar a casa de la madre de Abraham, lugar donde siempre dejo el carro, me encontré con estos dos ejemplares que posaron muy tranquilos para esta inusual toma.

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Sobre la Guacharaca he escrito lo que sigue.

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Guacharaca del norte [Rufous-vented Chachalaca] (Ortalis ruficauda ruficauda)

 

La Guacharaca del norte debe la primera parte de su nombre a una onomatopeya de su canto ruidoso, en tanto que la segunda hace referencia a que sólo se la encuentra al norte del río Orinoco, siendo el noreste de Colombia, al igual que Tobago y algunas islas de las Antillas Menores, los únicos otros lugares donde reside. Es un ave estrepitosa a tal punto que se le da también ese nombre, «en sentido familiar, a la mujer que habla mucho y en desgarrada voz» (Picón, 1964 [1912], p. 181). La mayor parte del día no se sienten, pero al anochecer, en la madrugada y al amanecer su griterío rimado se hace sentir con frecuencia.

 

Mi tocayo Eduardo López de Ceballos, que combinaba en delicado balance la pasión por la caza y la inquietud conservacionista, se familiarizó de tal modo con estas aves que se convirtió en un intérprete agudo de su lenguaje, afirmando que «el canto de las guacharacas es largo y variado, y cantan en coro. Algún macho comienza con inmenso diapasón. Lo sigue la hembra más discreta; luego, todo el bando. Van en armonía, como una buena sinfónica dirigida por un gran maestro. Otro bando, que está enfrente, algunas cuadras distante, les contesta; pero con educación. Espera que terminen. Luego, otro bando tercia en la disputa. El orgullo de un bando de guacharacas es su voz y, cada bando, trata de superar a sus rivales, tanto en potencia como en armonía. Así se explica que hayan llegado a tanta perfección» (López, 1974, p. 118).

 

Sería tal vez por ello que Hilty, si bien manteniendo una actitud académica, se preguntaba si en ese coro eran los machos quienes daban «un diapasón bajo, discordante OTRA MAS», en tanto que las hembras completarían «la secuencia con los mucho más altos GUACH-A-RACA, siendo el resultado una fuerte y sincopada canción con distinto “tempo” o ritmo» (Hilty, 2003 [2002], p. 258). Muy difícil saberlo ya que entre las Guacharacas, como sucede con muchas otras aves, machos y hembras lucen exactamente igual.

 

Pero López de Ceballos iba mucho más lejos en sus apreciaciones en cuanto al significado de las vocalizaciones de estas aves cuando aseguraba que no se debían solamente al placer musical, ya que, «además de cantar, las guacharacas conversan mucho. Se cambian impresiones sobre los sucesos del día y van dando noticias. Para entender bien lo que pasa en el monte, hay que aprender la lengua de las guacharacas. Avisan la frecuencia de la gente, aun cuando no se sientan en peligro. También, poniendo atención, se pueden saber las maniobras de otros animales por lo que las guacharacas van diciendo» (López, 1974, p. 118).

 

Ahora bien, aunque las Guacharacas digan mucho en sus conversaciones, a la gente que habla y habla y nunca va al grano se le dice que «anda por las ramas como una Guacharaca», como le señalaba Julio Febres Cordero a Casiano Garrapatú en su «Cuenterío Barloventeño» (Febres, 1985, p. 90). Ello se debe a que estas aves, más que volar, parecen preferir saltar de rama en rama.

 

La Guacharaca tiene, según algunos, cierto parecido con las gallinas domésticas, pero con la cola más larga y hacia abajo y de color rufo en su parte inferior, de donde le viene el «ruficauda» de su nombre científico, traducible como «colirrufo», en tanto que su cabeza es gris y sin cresta, la garganta rojiza, el lomo parduzco, en tanto que la parte inferior es castaño grisáceo en el pecho, gris claro en el abdomen y las patas gris pizarra. Se alimentan de frutas y hojas principalmente, aunque en cautiverio —al cual se pueden adaptar sin dificultad cuando se crían desde pequeñas— su dieta se hace mucho más variada, al punto que, según contaba Bruno Manara, conoció «una guacharaca domesticada por un guardaparque, la cual entra en su casa a tomar café con leche y a comer lo que encuentre. El resto del día se la pasa acurrucada entre las ramas de árboles vecinos; pero cuando ve a alguien comiendo, se acerca a pedirle su parte» (Manara, 2004 [1998], p. 25).

 

Al sur del Orinoco hay una prima cercana suya, llamada Guacharaca guayanesa (Ortalis motmot), la cual difiere en que no tiene la cabeza gris sino rufo, en tanto que sus patas son rosadas, pero de resto son muy similares, lo cual no es extraño ya que el río Orinoco ha actuado en general como una barrera que ha conducido a que algunas aves poco dadas al vuelo, así como, con mayor razón, los animales terrestres, hayan permanecido aislados de sus congéneres de la otra ribera y seguido su propia evolución, adquiriendo ciertos rasgos propios que justifican su ubicación como especies diferentes. Del mismo modo, al sur del Orinoco se encuentran muchas especies de aves que no se ven o se ven muy poco al norte, y viceversa, lo cual ha contribuido en buena medida a la gran diversidad biológica de Venezuela.

 

Las Guacharacas criadas desde pequeñas, aunque son usualmente mansas, resultan ser a la vez muy buenos guardianes, tal como sucede también con los Alcaravanes y Guacamayas, todos ellos de regular tamaño y voces estridentes, teniéndoseles en el hogar campesino «tanta fe como al perro» (Loreto, 1980, p. 22). Pueden convivir también con otras aves de las cuales son parientes cercanos, como los Paujíes, aunque no se cruzan entre ellas, lo que sí podría suceder, según sostenía este mismo autor, al igual que el ya citado López de Ceballos, con gallos y gallinas, asegurando además que las crías también serían fértiles (López, 1974, p. 118 y Loreto, 1980, p. 22). De esta suerte resultaría ser que a un gallo de pelea «guacharaco» se le daría ese nombre no sólo por su color sino también por ser descendiente de Guacharaca. Lo que no aclaran estos autores es si al huir un gallo de pelea guacharaco lo hace con los mismos aspavientos de sus escandalosos supuestos ascendientes.

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Bibliografía citada

 

Febres Cordero, Julio. 1985. «»Cuenterío barloventeño». Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos. Los Teques.

 

Hilty, Steven. 2003 [2002]. «Birds of Venezuela». Princeton University Press. Princeton y Oxford.

 

López de Ceballos, Eduardo. 1974. «Fauna de Venezuela y su conservación». Editorial Arte. Caracas.

 

Loreto Loreto, Jesús José. 1980. «El lenguaje de los pájaros». Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas.

 

Manara, Bruno. 2004 [1998]. «Aves del Avila». Monte Avila Editores Latinoamericana. Caracas.

 

Picón Febres, Gonzalo. 1964 [1912]. «Libro raro». Biblioteca de Autores y Temas Merideños. Mérida.

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Taken on July 19, 2015