Ya a lo lejos el crucero diviso,
allí pues se bifurca el camino,
¿quién decidirá entonces mi sino?,
¿seré yo o se encargará el destino?
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Cruceros y caminos aparte, una pequeña anécdota de esta semana:
Eran eso de las nueve cuando regresaba yo a casa después de pasar una tarde intelectual en ese centro del saber y el conocimiento que es la biblioteca universitaria (y donde sorprendentemente el complejo funcionamiento de las manillas de las puertas sigue siendo un gran misterio para algunos pobres angelitos que por la desdicha de no saber cómo girar el pomo se ven en la triste obligación de ¡dar un put** portazo!... angelitos... ^_^). Como decía, iba yo caminando buscando una forma de respirar con la bufanda que no supusiera el empañamiento total e inmediato de los cristales de mis gafitas nuevas (igualito igualito que Blasa, incluso un poco más, pura seducción al baño María) cuando escuché una conversación en la distancia: dos hombres, en su edad dorada, hablaban sobre la corrupción en España, y esto fue lo que oí justo cuando pasaba a su lado:
—Sí, allí en Valencia... Además hicieron también eso de la Fórmula 1.
—¿El qué?...
—Eso para que los coches vayan a toda hostia.
¡Sí señor!, directo y conciso, sin adornos innecesarios, así se explican las cosas, la información tal cual. ¡Quiero a este hombre dando el telediario ya!
Pequeñas cosas del día a día que nos hacen sonreír :).