JUAN LOPEZ

JUAN LOPEZ

"SALIMOS, CORTAMOS Y VOLVIMOS A SALIR"

Hubo días divertidos.

Por un momento intentamos olvidar el 3D y convertimos nuestro paseo cotidiano en un arcade plano.

Teníamos tres vidas, tres magias y algún continue. Los que vivíamos aquí, igual que los buenos, caminábamos de izquierda a derecha y los de allí al revés.

Digamos que la ciudad era un scroll horizontal que avanzaba despacio y que había personajes que luchaban contra ese scroll a base de golpes imaginarios. Soñando, bajando cuestas sentados en monopatín, revelando en una hora, fotocopiando apuntes o preguntándole al Google si Dios estaba ahí; algunos se especializaron en golpes mensaje de dos megapixels, como mucho. De pocos colores y pocas palabras. Nada de puñetazos, ni patadas voladoras.

Pocos colores, pocas palabras.

Algunos veían en esos golpes: grafiti, chándal y hip-hop. Y en parte tenían razón, pero no iba tanto por ahí. Ahí se colorea mucho y se habla deprisa. Formalmente, y con una sonrisa, estaban entre la estética de auto-escuela de barrio y el gigantismo publicitario. A medio camino entre el cartel de "se alquila" y el dibujito moderno vectorial sin encajar. Implantaron sus mensajes en la piel de la ciudad actuando de guerrilleros imaginarios. Haciendo del tiempo un pegamento de barra y jugando a ninjas de cubo y brocha a las tantas de la mañana. Si estaba en la calle, tenía que ser joven.

Hubo cinta aislante sobre la pared.

Aparecieron dibujos grandes que nos hacían sentir observados e insignificantes. Decían que estaban proyectados desde no se qué parte de la caverna y que los materiales eran plásticos en su mayoría sacados de alguna ferretería. A veces recordaban vallas publicitarias, por las letras grandes y esos mensajes sospechosos en imperativo felíz.Aparecieron así de repente, fruto de alguna mano clandestina y era curioso porque parecian no acotar ningún espacio. Más bien al revés, lo hacían desaparecer para convertirlo en algo así como una información de sí mismos, se convertían en un susurro de lugar o de no se qué lugar de la felicidad de cada uno.

Al menos eso parecía.

Si la pared era callejera, se convertía en un silencio enmedio de todo el ruido local; si algún golpe llegaba a la pared de una galería ( los buenos pasan de fase), era el silencio, eso si, un silencio de letras grandes y además joven.

Uno casi podía pasearse dentro.

( De repente, Juan López)

Juan era uno de esos que golpeaba cuando nadie miraba; cuando algunos veíamos la tele por la noche. Él se iba con un cubo y una brocha, a pegar carteles y a despegar los de otros. "Que yo me bajo un rato...", decía, y volvía a las tantas preguntando si habíamos cenado.

Rescataba mensajes como los arqueólogos rescatan huesos y vasijas. En descenso, camino hacia abajo, hacia un mensaje oculto por el ruido de otros mensajes. Lo suyo era algo así como un ejercicio de cirugía, nadando entre capas de tiempo marcadas por carteles de fiestas y ofertas de dos por uno. Eso era lo bonito del juego. Por un lado, los días marcados en horizontal, en su ruido particular de cartel anunciados. Por otro lado, Juan López, en vertical hacia abajo, regresando al futuro o congelando el presente.

Nos quedamos en "pause"

Su mensaje, estaba "enmedio" y no tanto en "el medio".

Juan es un copión que actuaba de esponja absorbente cuando nadie miraba. Cogía de aquí y de allí, de los que caminaban de izquierda y derecha y al revés.

(Ahora no es un paseo, es la vida un arcade plano)

A su manera, se valía de las tretas publicitarias de otros y lo hacia con materiales de copistería. En sus incursiones nocturnas, su actuación era de superhéroe local. Nadie le veía nunca cambiarse de traje. La obra de Juan en la calle es la que más me ha molado siempre, por lo de su golpe de mensaje, no nos engañemos, no es para pararse a mirar, es una obra de flashazo y sonrisa (primero el flash y luego sonries, al revés que en el fotomatón).
Es una obra de pasar cerca con el coche, de encontrarsela después de comprar el pan o saliendo de bares de dos por uno. Obra por tanto de echarse a andar, de encuentro fortuito, de mensaje recibido y mira a ver si tienes este número.

Seguimos buscando

Por un momento, volvemos al 3D y convertimos nuestro paseo cotidiano en rutina.

Sergio Jiménez
www.subcoolture.com/

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