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Silvia Mottes/Silvia Estela Mottes' photostream |
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Cielos desde el balcon
Nosotros y el alma
Abismos en el alma.
Recóndito despliegue de utopías
Almacigo de alguna realidad alternativa
y una vos que se deja escuchar. Amiga, confidente
Que recrea ese pequeño inocente que escondemos
Temerosos de ser lastimados
nos vamos envolviendo capa tras capa
en un vano intento de cuidado
El destino sienta precedente.
Nuevamente nos deja desnudos, bajo el agua,
con solo una pajilla para tomar aire.
A fuerza de ahogo aprendemos lo preciado del oxigeno
Antes de lanzarnos a un nuevo desatino
nos llenamos los pulmones jurando no caer
en otra desmesura
El alma intacta. Incontaminada. Grandiosa
Guarda ese espacio donde todo es posible
Nosotros, en un intento de crecer,
seguimos el método de la prueba y el error,
arañando la felicidad y comiendo migajas
en el gran banquete de la vida
Silvia Mottes
All rights reserved
Uploaded on Feb 13, 2012
Tormenta
Pagar karma
Tenemos la pretensión de saber exactamente lo que hacemos. El porque y el porque no de cada cosa. Cada meta que nos proponemos, en caso de no cumplirla, tiene una sola explicación: el otro no me lo permite: el otro, los otros, las circunstancias ajenas a mi.
Soy una persona bastante cerebral. Me guío por mi pensamiento más que por mis sentimientos.
Me encontraba en un dilema, más allá de mi entendimiento: el porque estaba casada con un hombre y amaba a otro.
No hallaba una explicación y tenía que hacer algo al respecto y, para ello, primero debía saber de que se trataba. Busque soluciones en distintos lugares y con distintas técnicas: terapia froidiana con un psicólogo, carta natal con una astróloga (con revolución solar incluida), videntes de varias clases: tarot, runas, borra de café.
La famosa teoría de la prueba y el error no me había dado muy buen resultado: había hecho todas las pruebas y todo me conducía a un error.
Me habían recomendado una modalidad nueva: terapia de vidas anteriores.
El razonamiento para aplicarla se sustentaba en este pensamiento: si no sabes porque te casaste con una persona de la cual ni siquiera estabas enamorada, estas unida por un lazo de una vida anterior (cuestiones karmicas que le dicen). Si te enamoraste perdidamente de una persona que apenas conoces, y te aferras a ella como si fuese la única en el mundo, estas unida por un lazo de una vida anterior (adivinaste, otra cuestión karmica)
Simple, lógico, bastante bizarro.
A falta de algo mas ortodoxo para probar y, presa de la desesperación, decidí hacerla.
- Ahora, voy a pedir permiso para abrir el libro de la… (no recuerdo si dijo vida y alguna otra palabra)…de los archivos akasicos- dijo la terapeuta con vos profunda y casi en un susurro. Y mientras ella hablaba yo me imaginaba un libro viejo, con signos, señales y, porque no, imágenes.
Me sentía confortable. Me había hecho recostar en una otomana. Puesto una almohada bajo mi cabeza y, con una frazada suave y liviana, me arropo.
- Es importante que no sientas frío, y que estés cómoda, para que no te distraigas con alguna sensación de molestia- me explico mientras me cubría con la manta.
Me hizo relajar, practica que yo tenía incorporada por algunos años de yoga. Después me señalo que era posible que visualizara mi “yo superior”. – Vas a sentir como una presencia cerca de ti, no te asustes, porque, seguramente, te va a ayudar en el proceso - y, haciendo una cuenta regresiva, me introdujo a la visión de una vida anterior.
La consigna, de la que habíamos hablado previamente, era hacerme a mi misma la pregunta del porque estaba junto a Dardo, mi marido. Porque, habiendo tantas diferencias (el carácter, los gustos, en realidad todo), me había obligado a unirme en matrimonio con una persona tan distinta y, por la cual, solo sentía un afecto casi amistoso.
En ese momento pensaba que no estaba muy segura de lo que estaba haciendo. Fue solo un reflejo de mi impotencia la que me llevo a este lugar. Y, la pregunta del millón era: que le contestaría cuando no pudiera ver. Como le respondería a sus preguntas, a sus requerimientos.
Yo había reparado que estaba anotando todo lo que sucedía y, seguramente, me iba a preguntar lo que estaba viendo para dejarlo asentado.
-Para que preocuparse- , me dije, -veamos que pasa-.
Al llegar al número uno de la cuenta regresiva, me encontré en un lugar extraño que nunca había visto, en medio de una tormenta de arena, huyendo de alguien que me perseguía. Lo empecé a relatar con vos entrecortada y como si tuviera la boca pastosa. Tenía dificultades para hablar. Luego sentí que me tomaban por la espalda rudamente y me hundían un puñal en el pecho. No se si realmente sentí el dolor, lo que si se es que me habían matado.
Claro que había sido fuerte la visión. Si era el producto de mi imaginación no puedo asegurarlo.
Sin sacarme de ese estado me pregunto quien era la persona que me perseguía. Yo, sin dudarlo, conteste que mi marido, cuando inquirió el porque, respondí, sin pensarlo, porque quería hacerme suya, y para eso, me había raptado. Como yo no quería ser su esposa me escape de su casa, donde me tenía encerrada, y el me busco por el desierto hasta que, al encontrarme, me apuñalo por venganza de mi rechazo y de mi huida. Cuando inquirió sobre la época y el lugar, dije rápidamente, alrededor del 1700 en Turquía.
Después de estas respuestas, la terapeuta expreso unas palabras de agradecimiento por permitir las visiones que había tenido, y, lentamente, me fue sacando del estado de relajación, haciendo una cuenta progresiva.
Cuando abrí los ojos, me hizo sentar y, nos pusimos a conversar del tema.
Le confesé que, ciertamente, la persona que había visto durante la sesión era, hasta físicamente, parecida a mi marido actual. Sentí la sensación de miedo al verme correr por el desierto y pánico al sentirme atacada. Cuando me apuñalo recordé que la terapeuta trato de tranquilizarme.
No se si durante esta conversación o en momentos posteriores estuve pensando sobre los sentimientos y las vivencias que había tenido: podría decirse que era razonable, después de lo visto, porque yo, a Dardo, le tenía miedo, o cierta aprensión cuando me miraba de reojo, por alguna cosa que suponía había hecho mal.
El nunca me insulto, ni me levanto la mano, ni discutía conmigo. La forma de imponerse era por cansancio. Insistía hasta la exasperación y terminaba venciendo mi no, por un si, solo porque yo quería que dejara de pedir. Aun así yo sentía ese ligero temor de su persona. En parte eso era lo que me había impedido, hasta ese momento, pedirle la separación. Yo sentía como una obligación hacia el bastante inexplicable lo que me ataba a su presencia.
De todas maneras esa sesión bien puedo ser producto de la imaginación que, a no dudarlo, tengo en demasía. ¿Quién lo puede saber? Yo en ese momento no.
Quedamos para una próxima entrevista con el fin de continuar la experiencia.
No se si estaba mas confundida, lo que si sentí fue una profunda curiosidad por lo que había vivenciado. Quería volver para tratar de ir al mismo lugar y, de ser posible, ver que encontraba.
Tres días más tarde me encontré nuevamente en el consultorio escuchando la cuenta regresiva de la terapeuta.
La consigna era, en esta oportunidad, igual que la anterior pero, después de preguntar nuevamente porque sentía que estaba con mi marido, debía preguntarme, porque sentía tanto amor, mezclado con miedo a perderlo, hacia Carlos, mi amante.
Al llegar al número uno me encontré nuevamente en el desierto, corriendo en medio de una tormenta de arena. Era creer o creer, igual visión, iguales circunstancias, igual final, solo que la terapeuta me llevo a lo siguiente antes que me apuñalaran salteando ese momento en mi recuerdo, para que no reviva, inútilmente, ese acontecimiento tan dramático y doloroso.
Ante la pregunta de porque estaba tan aferrada a mi amante pude ver un picaporte dorado y mi mano tratando de abrirlo nerviosamente. Vi una cómoda con un gran cristal biselado. Entre los cepillos para el pelo, el peine y los perfumes una carta estaba apoyada contra el marco del espejo.
Vi unas manos abriéndola con apuro y, luego de leerla, una congoja se apodero de mí. Vi como bajaba las escaleras corriendo y salía por la puerta principal hacia el jardín.
Luego, bajo la lluvia, vi un torrente de agua que discurría sobre el cause de un río, y seguía sintiendo una gran angustia.
Me llego la vos de la terapeuta, diciéndome que, si había una situación muy traumática, la pasara por alto y siguiera avanzando con la visión. Vi desde arriba a una joven tendida en el pasto, completamente quieta y mojada, con gente alrededor que le hablaba para hacerla reaccionar, yo la veía cada vez desde más arriba, sabiendo que la muchacha estaba muerta.
Sentí mucha pena y, a la pregunta de la terapeuta de porque se había suicidado, le conteste porque en la carta la abandonaba su novio, un caballero que había partido hacia la guerra y se había enamorado en el frente de otra mujer. A la pregunta de quien era el soldado, respondí que Carlos. Descartado estaba que la muchacha era yo, y que por el abandono me había suicidado.
Cuando, después de la cuenta progresiva de la terapeuta, volví a estar sentada frente a ella, no podía dudar mas, había visto la misma escena de la primera sesión, con los mismos detalles, sintiendo las mismas cosas. Era, si no contundente, algo para tomar en cuenta, la similitud de las imágenes me producía cierta reserva sobre un posible engaño. Era yo con lo que había visto, provocado por el mismo método.
El experimento se había reproducido cabalmente y había dado el mismo resultado: igual prueba, igual resultado. No había error.
Después de una ligera interpretación de la terapeuta, salí del consultorio con más dudas que respuestas. Entendía que la Licenciada, de eso se había recibido, tenía una gran habilidad para lograr que las personas revivieran escenas de, podríamos decir, archivos olvidados de su conciencia. Si uno creía o no en vidas anteriores, no tenía nada que ver con el hecho que lo que se descubría era el motivo de sentimientos y sensaciones con personas con las que, en esta vida, no había una historia previa que las justifique.
Lo que no podía llevar adelante esta licenciada era el tema de la interpretación. Según ella yo debía continuar con mi marido, por que estaba unida por una cuestión karmica, y olvidarme de Carlos, porque…, ella era acolita de los seguidores de Allan Kardec y, además, católica apostólica romana. Creo que más que por cuestiones terapéuticas, era por cuestiones de su religión.
Como era mi costumbre, tome lo que me servia y el resto lo deje sin un mayor cuestionamiento. Para que perder el tiempo del porque de su interpretación, bastante caprichosa a mi entender.
No estaba muy segura de compartir esta experiencia con mi amante. Lo que si sabía era que, de ninguna manera, lo iba a conversar con mi marido. Era negador de todo tipo de terapia y ni siquiera sabía que había ido a una sesión.
Recuerdo mi apuro por solucionar el tema, y recuerdo mi gran aflicción por las decisiones que debía tomar.
Sabía que no quería seguir estando a lado de un hombre que no amaba. Iba contra toda la lógica de mi vida. Vivir bien con quien uno ama, no por dinero, no por estatus, solo por amor.
Sabia que de ninguna manera iba a obligar a nada a Carlos, que, por otra parte, estaba casado y no tenía ninguna intención de separarse. Solo estaba consiente que lo adoraba y que, cada noche, me juraba a mi misma que, si tenía la oportunidad de vivir con el, lo seguiría hasta el fin del mundo, pase lo que pase.
En fin, era una decisión difícil de tomar o no. Era más difícil vivir en la mentira, me decía a mi misma.
Al llegar a casa y ver la luz prendida supe que Dardo ya había llegado del trabajo. Tenía que tomar una resolución y cuanto antes lo hiciera, antes me sentiría en paz.
Al abrir la puerta, su cuerpo se interpuso ante la cocina, y, casi sorprendido, se acerco para besarme. - hola, te estaba esperando, creí que ya estabas en casa- me dijo, buscando mi boca. Yo, casi con descuido, corrí mi cara, poniéndole la mejilla para que me besara. - No te acordás que te avise que me veía con Gladis- mentí, sabiendo que mi amiga siempre me cubría, y, además, sabiendo que el no le iba a preguntar.
– Preparo la comida- dije rapidamente. Trataba de apurar el tiempo de la conversación y, a la vez, huir de su presencia para no tener que enfrentarlo.
- Dale, mientras me ducho. ¿Qué calor hizo hoy? – lo de siempre. Su tema favorito, el tiempo y otras intrascendencias.
Bueno, ahora, a pensar, que mientras se ducha, se viste y come, no va ha tener nada que cuestionar y tengo mi mente libre.
Claro, se lo tengo que decir. Pero lo antes posible. Yo se que el ni se lo espera. Pero eso a mi no me importa, solo debo hacerlo.
Durante la cena, en algún momento vi que se quedo mirándome fijo. - ¿A vos te pasa algo?- me dijo. Esto no estaba en el libreto, el nunca se daba cuenta o inquiría sobre mis estados de animo. Mientras no le reclamara o no le pidiera algo que el no quería hacer, estaba todo bien. Trate de sacarlo de tema haciéndome la distraída – ¿No se a que te referís? – dije y, seguidamente, seguí comiendo para tener la boca ocupada y no hablar.
Dardo pestañeo, apretó los labios, en una actitud de duda y, mirándome de reojo, volvió a preguntar -¿Qué te pasa?- casi en forma desafiante.
En nuestros cuatro años de matrimonio nunca habíamos discutido. Era una convivencia casi amistosa, en donde dejábamos y tomábamos libertad de ambas partes, sin darnos mayores explicaciones.
- Mira, no se que te pasa a vos, que estas tan preguntón, pero a mi no me pasa nada – mentí, tratando de minimizar su pregunta.
- Bueno- dijo mansamente – pero no me engañas, a vos te pasa algo- siguió el argumento desafiante de antes – ya vamos a ver de que se trata- y después de decir esto, se concentro en la televisión sin dirigirme mas la palabra.
Solo, de vez en cuando, me miraba de reojo, sin mover la cara, como dando a entender que sabía que le estaba mintiendo.
Me hacía sentir bastante incomoda, pero, supuestamente, ya sabía porque era. El, finalmente, era un tipo de cuidado.
No iba a ser tan fácil decirle que quería separarme. No iba a querer y, además, me iba a pedir explicaciones y yo, sabia perfectamente, no debía decirle nada que había otro hombre. Suponía el resultado de esta cuestión
Tenia que apurar los tiempos. Yo no iba a resistir mucho su presión. Me sentía acobardada, pero, al mismo tiempo, decidida a finiquitar la cuestión.
Cuando termino el partido, estaba contento porque había ganado su equipo. Le pedí que habláramos y me dijo- ahora soy yo el que no quiero, mañana puede ser, déjame disfrutar este buen momento, porque, por tu cara, no es nada bueno lo que te pasa y no quiero que me arruines el día- y sin saludarme se fue a dormir.
No estaba segura de estar enojada, sabía que no podía obligarlo a que me escuchara. Lo importante, para mi, era tener yo la resolución de hablar. Que iba a decir él era una incógnita, pero bastante predecible.
En la mañana estaba peor que cuando me había acostado. Durante la noche me sentí torturada por las decisiones que debía tomar y el resultado impredecible de estas.
Recordé la protagonista de la película “Durmiendo con el Enemigo”.
Me levante y, después de hacer el desayuno, llame a Dardo.
Cuando se sentó en la mesa, lo mas suavemente posible, le pregunte - ¿ahora si podemos hablar?-
- Bueno, puede ser. ¿Qué te pasa?- me pregunto medio en serio, medio en broma.
Siempre había tenido chispa para los chistes. Siempre había sido el centro de atención en las reuniones.
- Quiero que nos separemos. No quiero vivir mas con vos- le dije, sabiendo que, para mi, era la mejor manera de encarar el tema.
Se rió y, queriendo convencerme me dijo – Buenos, no es para tanto. Ayer estabas enojada, ¿verdad?- ante mi negativa siguió diciendo- no mientas, te sentías mal y yo no quería que me pasaras la factura de tu malestar, por eso te conteste así. No quería pelear- la verdad es que nunca peleamos porque yo, en los años de matrimonio, nunca me opuse a lo que el quería.
- No hay nada que discutir- le dije lo mas serenamente que pude – no quiero vivir mas con vos. Quiero el divorcio. No lo pensé anoche, ya lo vengo pensando hace un tiempo- trate de ser firme en mi determinación.
Su cara se fue transformando, al comprender que no estaba jugando, que era en serio. De incredulidad paso a miedo y siguió con un gesto desencajado de terror. Mientras me negaba mi propuesta – No, no es cierto, no me estas pidiendo esto…- hasta que, finalmente, totalmente colérico, empezó a gritarme. En su discurso enfatizaba en todo lo que había aguantado, soportado, tenido paciencia. En todas las cosas que había hecho en consideración a mi.
Se había puesto de pie y caminaba a grandes zancadas de un lado a otro de la cocina, elevando la vos y agitando los brazos dándole énfasis a sus palabras.
Cuando termino se quedo de pie frente a mi, esperando.
Nuevamente le dije – me quiero separar-
El, agobiado se sentó, apoyo los codos en las rodillas y puso su cara entre las manos y empezó a llorar. – si yo no te obligue, vos estas conmigo porque querès, yo te gane, yo te seduje, tenes que estar conmigo- yo lo escuchaba, pero era como si hablara para si mismo o para otro.
De pronto sentí que el también sabía la historia de la otra vida. Lentamente se puso de pie y, su cara, una mascara de pavor y odio, me recordó a la del turco que había visto en la regresión.
En ese instante supe que me iba a atacar y me acerque a la mesa donde estaban los cuchillos. Dándole la espalda tome el mas grande y, al darme vuelta, lo escondí atrás mío. Sentía mucho miedo. No se de donde saque fuerzas y le dije, con un hilo de vos – no te acerques por favor-
Como un animal acorralado se hecho encima mío. Yo sabía cual era mi fin, lo había revivido dos veces y, con toda la fuerza, apuntando el cuchillo a su estomago, lo espere, tratando que se le clavara la hoja. Sentí su grito y todo se puso negro. Me desmaye.
Cuando reaccione, estaba acostado sobre las baldosas de la cocina. Al mover las manos las sentí pegajosas. Tenía un gran peso sobre mi cuerpo, era Dardo y no respiraba. Y, al contrario de lo que hubiera imaginado, me sentí tranquila, en paz.
Me levante, fui al baño a lavarme la sangre que había en mis manos y llame a la policía.
- De acuerdo a como me relataste que fueron los hechos fue en defensa propia. Aunque no haya testigos, es posible que te den dos años en suspenso. No vas a ir ni un día a la cárcel- me aseguro mi abogado.
Yo estaba resignada. No atemorizada. Me sentía vacía. Ayer segura y con dos hombres: uno que me quería, otro a quien querer. Hoy había matado a un inocente por temores internos, de otro tiempo.
Yo sabía que él no me había atacado. No tuvo oportunidad. Yo, primero, lo mate, y, después, ¿le pediría explicación sobre que iba a hacer?
- Esta bien, gracias- dije con desencanto.
Me aislé, al punto de no ver a nadie ni contestar llamados.
Cuanto tiempo podría mantener la mentira de defensa propia. Había matado y, ahora, ¿como seguía el karma?
Cuando tenía que salir a comprar comida, elegía la noche y caminaba hasta otro barrio para no encontrarme con gente conocida. No quería ver ni que me vieran.
A la semana, una noche al salir encontré a Carlos esperándome. Me abrazo fuerte y trato de consolarme-yo se que lo hiciste por mi, por lo nuestro ¿es cierto? ¿El se entero? ¿Te ataco?- me bombardeo a preguntas y yo no quería mentir, pero tampoco podía explicar que mi miedo, que era de otra época, fue mortal para Dardo.
Le suplique – por favor, ahora no, espera que te llame. No puedo hablar con nadie. Después te explico- en realidad no podía explicar nada, la situación era inexplicable.
- Sobreseída del cargo. Queda en libertad- me dijo la jueza. El abogado había hecho bien su trabajo. Y yo también.
Una pregunta: me había cargado el karma por la muerte o me había desembarazado de él. Quien lo sabía. Yo, ni ahí, que iba a volver a la terapeuta, ya lo sabría si leía el diario. Pero yo no contestaba el teléfono, así que, si me llamo, ni enterada estaba.
Carlos empezó a perseguirme, con el mismo tesón que lo había hecho Dardo.
Yo lo amaba pero, había un muerto por él, que quería decir, que significaba a esta altura, mi juramente, “si estoy con él lo seguiré a donde quiera” no lo se, no quiero ni pensarlo.
Me sentía un envase sin contenido y, para colmo, descartable.
- No te quiero ver mas, ya lo que fue no es posible- le dije a Carlos después de tres meses de persecución por su parte. Creí así, de algún modo, expiar mi culpa. No sabía que podía ser de aquí en más mi vida. De lo que estaba segura es que no podía estar al lado de un hombre que había provocado en mí el titulo de asesina. Me absolvieron, pero yo no sentía así. Me sentía culpable.
Vendí el departamento y me mude. Solo el portero del edificio tenía mi dirección a donde me enviaba la correspondencia mensualmente.
Sentía que aislarme y no tener contacto con ninguna persona de mi vida anterior podía permitirme alguna posibilidad de calmar mi culpa.
Al llegar las cartas, las personales las apartaba sin leerlas. El resto, cuentas y facturas las pagaba y archivaba. Un día reconocí en una carta la letra de Carlos y, por curiosidad la abrí y me puse a leerla. Al terminar su lectura, tenía la cara cubierta de lágrimas. La congoja del pecho no me dejaba respirar y la sensación de muerte por mano propia era una cosa cierta.
Sin proponérmelo lo había logrado, el karma fue pagado. Carlos se había suicidado.
Silvia Mottes
All rights reserved
Uploaded on Feb 1, 2012
Identidad
Saltando baldosas
El mensaje #1º Aviso: caminar sobre las baldosas oscuras de la vereda, no pisar las rayas ni las baldosas blancas, saltarlas, no pisar las líneas blancas, saltarlas, si no cruzar la calle # apareció un buen día en la computadora de Víctor como un mail de Correo Masivo. “Propaganda absurda si la hay” pensó al borrarlo.
Pasada una semana volvió a aparecer. Allí Víctor se percato que delante del mensaje decía “#2º Aviso” y recordó que la vez anterior no había prestado atención a lo de 1º aviso. Sintió ganas de borrarlo como al primero pero se detuvo buscando un indicio sobre su origen y exactamente a que se refería.
Recordó de pequeño, cuando iba con su madre por la calle, haber jugado a no pisar las líneas blancas de la vereda y solo saltar por las baldosas oscuras o negras.
Unos días antes cuando salio de su casa vio a un niño hacer lo mismo y sintió el impulso de imitarlo. Se planteo mentalmente lo ridículo que se vería a su edad saltando baldosas y, haciendo a un lado la idea, continuó su marcha evitando mirar el suelo y tentarse con lo que estaba sintiendo.
Paso a buscar a Marian por su casa. Al salir con ella y caminar una cuadra se detuvo abruptamente delante de las líneas de peatones que hay en las calles para cruzar frente a los semáforos
-¿qué te pasa? crucemos que tenemos paso- lo apuro Marian tratando de ir hacia el otro lado de la calle. Víctor se quedo paralizado y dijo a modo de disculpa
-olvide ver algo en ese negocio- mientras la tomaba del brazo, se daba media vuelta y retrocedía hacia un negocio que estaba en la esquina. Miro, casi sin mirar, la vidriera. Luego camino unos metros alejándose de la esquina y cruzo por el medio de la cuadra. Ya no recordaba este episodio. Marian se lo señalaría pero él, viendo la imposibilidad de reconocer de donde venía el impulso, lo borro de su mente.
A la semana apareció nuevamente el mail en la computadora presidido por # 3º y Ultimo Aviso. Sabía que tratar de averiguar de donde provenía el mensaje era imposible así que solamente lo dejo en el correo sin borrarlo y siguió con su trabajo.
Estaba terminando una presentación para la editorial y decidió, a cualquier costo, no levantarse hasta finiquitar la misma. Conciente que esto conducía a una pequeña crisis por cansancio pero atento a que la inspiración, según su experiencia, no era cosa de todos los días ni se presentaba a toda hora, cuando se tenía se debía aprovechar al máximo. Pasada la medianoche dio, con la última palabra escrita, un largo suspiro producto del cansancio y de la satisfacción del trabajo concluido y desperezándose se puso de pié. Saldría a realizar una caminata para despejarse, comer algo y luego volver para acostarse.
Subió al ascensor palmeándose el bolsillo asegurándose la dotación de cigarrillos, premio merecido después de su ardua jornada. Vivía en un tercer piso.
Tuvo la sensación que el tiempo del viaje era mayor que lo habitual. Miro el reloj de su muñeca y vio que no funcionaba. Se había parado a las doce de la noche en punto. Sintiendo el cansancio del cuerpo movió su cuello, sus hombros, levanto cada una de sus piernas, en una suerte de gimnasia primaria como tratando de hacer funcionar sus músculos, entumecidos por las horas de trabajo sentado y de quitar la atención al tiempo que tardaba el ascensor.
“Tengo la mente en otra dimensión, debo bajar al planeta tierra” se dijo sacudiendo la cabeza como queriendo eliminar todo pensamiento irracional, como el porque de los avisos en Internet. ¿Por qué lo recordo en este momento? no lo sabía.
Al detenerse el ascensor tomo aire con un gran suspiro de alivio hasta que se abrió la puerta. El panorama ante si no dejaba duda del absurdo. No se podía describir a ciencia cierta en que lugar se encontraba. La luz era tenue lo que dejaba ver con cierta dificultad. Las paredes eran rugosas e irregulares y, por la falta de luminosidad, no se podía distinguir el techo. Unos cinco metros delante podía distinguir tres personajes sentados en algún tipo de asiento que semejaban tronos de la realeza, espaldas alto y patas torneadas. Reponiéndose de la sorpresa, trato de verles las caras pero, no supo porque, los rasgos que pudo observar eran casi desdibujados, no poseían contornos precisos. El del medio parecía carecer de pelo, su cuerpo era desproporcionadamente grande y la ropa que llevaba, una suerte de capa oscura y, a la vez, iridiscente, tenía un cuello alto y de un color rojizo. Los de los costados tenían capuchas oscuras que le ensombrecían parte del rostro y unos ojos huidizos que se posaban sobre su persona.
Miro hacia atrás intentando volver a tomar el ascensor pero solo vio oscuridad, como si nunca hubiera llegado por ese medio. Sintió una vos de trueno que parecía salir de todos los rincones del lugar y que estaba emitida por el personaje que estaba en el medio ya que este era el que movía la boca y los dos que tenía a cada lado solo asentían con la cabeza
-¿¡porque no respeto nuestros avisos!?- Víctor bastante confundido por la escena y semejantes personajes, trato de retroceder hasta que se dio cuenta que no podía mover sus pies pues se hallaban como adheridos al suelo. El personaje del medio, en un tono un poco mas bajo le volvió a preguntar:
-¿porque no hizo caso de nuestros avisos? ¿Acaso ustedes, los intelectuales, que son tan etéreos para los pensamientos no pueden ser igual de concretos para algunas nimias acciones?- Víctor se vio compelido a responder casi sin pensar
-¿de que me esta hablando?- a lo que el personaje respondió
-de los avisos dados en la computadora para que tomara la iniciativa de saltar las baldosas. El mensaje fue muy concreto y especifico. ¿O no le pareció así?- al tiempo que estirando su cuellos y su torso pareció querer acercarse al lugar donde estaba Víctor. Este no supo como, pero tuvo la sensación de sentir el aliento del personaje rozándole la cara.
Recordó los mensajes 1, 2 y 3 que había recibido en la computadora y pregunto
-¿usted se refiere a los mensajes para que saltara baldosas?- el personajes miro a cada uno de los lados, asintiendo la respuesta y luego miro a Víctor diciendo
-por supuesto. ¿O es que no quiere que el planeta siga girando en su orbita alrededor del gran maestro?- Víctor se sintió confundido y, a la vez, intrigado.
-¿Usted se refiere a que si no quiero que la tierra siga girando alrededor del sol?- el personaje como relajándose se apoyo en el respaldo del sillón. Volvió a mirar a cada lado asintiendo y dijo mas suavemente
-exacto, nos vamos entendiendo- y callo esperando alguna respuesta de Víctor. Este trato de pensar con coherencia ante esta situación bastante incomoda e inesperada y pregunto
-¿y cual sería la necesidad de saltar baldosas para mantenernos en orbita?- el personaje movió la cabeza hacia ambos lados en señal de desaprobación y luego miro a cada uno de sus acompañantes farfullando algunas palabras que no resonaron, como las anteriores, en el lugar. Luego volvió a hablar
-a veces me olvido de su desconocimiento de las leyes del sistema- Víctor sintió que le estaban empujando la parte de atrás de las piernas y, cayendo, quedo sentado en un sillón.
-Paso a comentarle como se maneja el tema de las vibraciones- volvió a hablar el personaje. Como Víctor parecía aturdido el personaje le pregunto
-¿quiere que baje los decibeles del traductor?- Víctor cerro los ojos y sacudiendo la cabeza asintió. Se sintió un leve silbido y la vos comenzó a oírse en un tono mas bajo
-en épocas remotas una vez instalado el planeta azul en elipse alrededor del gran maestro este tuvo que inventar seres que lo poblaran para que, con su traslación, produjeran vibraciones que lo mantuvieran en curso. La máxima idea, inteligencia del planeta, los hacía mover rítmicamente y en forma necesaria para su estabilidad. Cuando hace unos miles de años los lideres pidieron un planeta para el proyecto hominis se le concedió el tercer planeta del gran maestro. Los seres implantados debían ser obedientes y pacíficos sino el proyecto se cancelaría. A contrario de lo que se habían propuesto, estos seres eran bastante complicados, confusos e irracionales. Los líderes incursionaron varias veces tratando de revertir las desviaciones de los hominis. Mas de una vez el gran maestro trato de deshacerse de este proyecto pero por su gran veneración hacia los lideres volvió a aceptarlos en pequeños grupos. A su pesar, se volvían a reproducir y volvían a incursionar en malos hábitos hacia sus congéneres y su hábitat. Se les comunico de todas las maneras conocidas en cada momento de su pasar como evitar el exceso de arrogancia. Se les envió más avatares que a cualquier otro proyecto: Buda, Jesús, Mahoma, Moisés, fueron solo algunos de los que su reciente historia recuerda. Hubo muchos que no quedaron registrados, que los descuartizaron apenas los escucharon, que los encerraron de por vida para que no emitieran palabra. Pero el hominis se negó a recibir las enseñanzas. Creyó que era una cuestión de creer, no de saber, y con esos mensajes invento religiones para que unos pocos, solo unos pocos los siguieran al pie de la letra, el resto fingía seguirlos, pero apenas estaban solos, continuaban haciendo las cosas incorrectas. Hasta que no se construyeron ciudades de concreto el tema de las vibraciones se pudo manejar con los animales, que era el medio de transporte de los hominis. Cuando había guerras, después de que murieran en las batallas gran parte de la población, se hacía caminar, correr y vibrar a muchos animales y se contrarrestaba el efecto de la falta de hominis. Cuando el hominis comenzó asfaltar las calles las vibraciones del paso de la gente dejaron de sentirse con la misma intensidad pero se aprovecharon las que producían las maquinas inventadas para la fabricación de manufacturas. El problema es que ahora, en las grandes ciudades, se erradicaron las fabricas por lo que, a veces, se necesita alguna vibración adicional, para lo cual se utiliza a los niños, seres celestiales hasta que se transforman en hominis y olvidan su origen angelical. Ellos reciben el mensaje y se ponen, naturalmente, a saltar las baldosas. Como en estas épocas los niños no están mas en las calles, los tienen encerrados, los llevan de la mano, no los dejan salir solos, necesitamos apoyo de algunos hominis y elegimos los más puros, los más angélicos, los intelectuales que viven otra realidad, no la concreta. La mayoría usando la palabra excentricidad hacen lo que le pedimos por mensajes mentales. Su caso fue especial como es un ser mas concreto se le envió el mensaje por medio de su mayor aliado, su procesador.-
Víctor durante la alocución del personaje se debatía entre protestar, aceptar o rebatir todo lo que estaba escuchando. Cuando termino de hablar comprendió que no podía tener ningún tipo de confrontación ya que, evidentemente, la altura de esta gente era algo inalcanzable mientras él fuera un hominis.
-¿Y ustedes que vendrían a ser?- pregunto humildemente. El personaje volvió a mirar a sus lados, farfullando algo con cada uno de sus dos acompañantes y dijo,
-el Tribunal Galáctico que, en caso de no obtener su colaboración, lo juzgara -. Víctor, fiel representante de los humanos, desconfiado le pregunto
-¿y como se yo que lo que me esta diciendo es verdad? ¿Qué no es una simple charada?- el juez del Tribunal volvió a mirar a sus dos acompañantes y haciendo una reverencia, se dirigió nuevamente a Víctor
-tendrá su respuesta- y al momento desaparecieron de la vista de Víctor.
Todo fue oscuridad hasta que tuvo un atisbo de luz. Se encontró en algo similar a una burbuja transparente sentado en posición de loto y flotando en el espacio. Vio la inmensidad del universo tachonado de estrellas, planetas y galaxias, vio la tierra, un globo ligeramente aplanado, verde azulada y con manchones blancos de las nubes que la circundan, vio la luna y sus cráteres a una distancia que parecía podía tocarlos, sintió el calor del sol en su rostro y se pregunto “¿Qué más me tienen que mostrar para creer?”.
En ese momento volvió a encontrarse frente al Tribunal Galáctico. Pidió perdón por no haber obedecido los avisos, agradeció por la deferencia de la explicación y, cuando quiso saber algo más de del funcionamiento del universo, se encontró en el sótano del edificio donde estaba su departamento rodeado de escobillones, caños y artículos de limpieza.
Llamo al ascensor mientras palmeaba su bolsillo para corroborar la existencia de su paquete de cigarrillos y de su encendedor. Al entrar marco planta baja. Miro su reloj y comprobó que, siendo las doce de la noche, funcionaba perfectamente. En solo un par de minutos se encontró frente a la salida del edificio. Salio a la calle y al mirar a ambos lados y no ver a nadie por lo avanzado de la hora, comenzó a saltar sobre las baldosas negras pensando “todo sea por la estabilidad del planeta”.
Silvia Mottes
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Uploaded on Jan 8, 2012
¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!
Y Cristo volvió
Cristo vino a la tierra por ∞ vez, y nadie lo esperaba y el se presentó. No ante algún gran mandatario. No ante algún miembro de la realeza. No ante algún dignatario eclesiástico. No ante una logia secreta… sino fue a un punto del planeta en donde pudiera pasar desapercibido y observar el comportamiento de nuestra humanidad. Una gran ciudad, ya que somos a sus ojos todos los hombres iguales, tan falibles, tan mortales y tan capacitados como cualquiera.
Entonces, el gran planteo fue, es y será:
¿Hemos evolucionado tal cual lo pretendemos, porque no vivimos en cavernas, no comemos con las manos, no dormimos sobre hojas o paja y nos limpiamos con papel higiénico luego de hacer nuestras necesidades?
¿El hombre abandonó, finalmente, el hábito de someterse los unos a los otros? ¿Acaso hemos dejado la época de barbarie en la cual batallábamos por alguna nimiedad? ¿Unos pocos elegidos enviaban al frente a cientos, miles y, a veces, algún que otro millón de seres para que se peleen, descuarticen, maten los unos a los otros en nombre de una política, una nación, una religión o, hasta, una mujer? ¿El hombre ha aprendido a perdonarse, a conciliar, a no explotar, a no engañar ni mentir ni robar?
¿El hombre ha pensado en el bien de sus congéneres o sigue tan autista como aquellos que se creyeron dioses o hijos de dios y mandaban matar, sometían, esclavizaban y torturaban por el solo placer de hacerlo?
¿Acaso el hombre ya comparte su suerte, los ingresos y los bienes son equitativamente para los que trabajan y conviven en algún territorio? ¿Piensa en su comunidad como miembro activo y la protege y se somete buenamente a sus lineamientos para el bien de todos sus integrantes?
“Bueno”, pensó Cristo, “salgamos a ver los resultados en la humanidad de los dos mil años que han pasado desde mi última visita”.
Al caminar por las calles y ver a un pordiosero pedir limosna, recordó la sal de la tierra
Al ver una razzia donde levantaban prostitutas y travestis para ficharlos en la comisaría, recordó a Maria Magdalena.
Al ver el proceso inacabable y desatinado hacia algún inocente, para tapar al culpable por ser poderoso, recordó a los servidores de la riqueza y a los que tienen hambre y sed de justicia.
Al ver a las altas jerarquías de algunas religiones, el oro y la fastuosidad en la que se manejan, su falta de caridad y las contiendas interminables que hacían en nombre de su Dios, recordó a los escribas y fariseos.
Al ver la manipulación genética y sus derivaciones a mediano y largo plazo, recordó la hecatombe de la Atlántida
Al ver las cárceles llenas de personas por el único delito de pensar en forma diferente que el mandamás de turno, recordó las persecuciones de sus discípulos.
Al ver los grandes monopolios dirigir las economías en detrimento de las personas y de la naturaleza, pensó en los tesoros en la tierra.
Al ver las contiendas interminables entre países por la posesión de algún bien que de poder y supremacía, recordó el amor hacia los enemigos que el había predicado.
Entonces, Cristo pensó: “no merecen seguir en este, mi mundo. El mundo que mi padre creó para acercar el Reino de los Cielos al hombre” y decidió el fin de la humanidad, mas antes creyó oportuno darle una chance a su conocimiento y algún tiempo más de vida a la Tierra. Y siguió viendo
Y vio al cura tercermundista que batallaba contra la pobreza y la ignorancia atendiendo a los pobres en las villas miserias.
Y vio al maestro rural que viajaba a pie o a lomo de burro horas para poder dar clase a chicos de los montes alejados de los centros urbanos
Y vio a los médicos y a las enfermeras luchando en hospitales mal administrados, casi sin remedios y por una paga miserable.
Y vio a los jornaleros que se levantaban antes del amanecer para trabajar de sol a sol en plantaciones ajenas, para llevar un plato de comida a sus hijos
Y vio a las monjas que ayudan en los hospitales atendiendo a enfermos como si fueran su propia familia
Y vio científicos desvelados buscando la cura para nuevas enfermedades
Y vio a los cascos azules interceder en zonas de guerra, lejos de sus propios territorios, para evitar las luchas armadas.
Y vio grupo de hombres que defendían a la naturaleza en todas sus expresiones
Y vio huelgas de hambre por la paz y por la dignidad del ser humano
Y vio abogados que defendían con pasión causas de personas sin recursos
Y vio a mujeres dar de comer a niños, ancianos y pobres sin más recursos que sus manos y su devoción por el prójimo
Y vio gente que amaba, protegía y cuidaba no solo a sus propios hijos sino también a los que se cruzaran en su camino
Y vio comunidades indígenas que vivían en paz, armonía y guardando un gran respeto por sus ancestros
Y vio mucha gente que se amaba la una a la otra
Entonces recordo la promesa que Dios hizo a Noe dejando el Arco Iris como prueba que nunca volvería a eliminar a los hombres de la faz de la tierra y pensó.
“Tal vez si hubiera menos religiones, menos países, menos políticos, menos terratenientes, menos multimillonarios, menos leyes, menos petróleo y menos avances científicos, tal vez… solo tal vez… el hombre aprenda a convivir con el hombre. Puedo esperar dos mil años más para ver si esto sucede.”
Y dijo:
- Padre, por ellos intercedo ante ti, dales una nueva oportunidad - .
Y se retiro al Reino de los Cielos, a la diestra de Dios.
Silvia Mottes
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Uploaded on Dec 29, 2011
Un cuento de Navidad
Escuchando el amor
Su voz sonaba agradable y tenía la virtud de crear un clima acogedor e intimista. La vocación de locutor le nació casi al mismo tiempo que aprendió a hablar. Natural narrador de cuentos y aventuras, su destino se marco en forma casi automática.
En la ciudad muy pocos lo conocían, pero si era habitual la compañía de su voz en todas las casas. La música de la radio y sus acotaciones oportunas al comentar o dar las noticias lo había convertido en invisible habitante en cada una de las casas.
Su vida, más allá de una novia de la infancia a la que nunca pudo proponerle compartir el destino porque cuando tomo coraje ella ya estaba frente al altar con otro, era solitaria. Habitual conversador frente al micrófono, al tener personas delante sentía un ligero pudor a confesar sus pensamientos y sentimientos. Definitivamente eligió el ostracismo.
El medio siglo lo encontró en la radio. Vísperas de navidad. A pesar que el dueño de la emisora le insto a dejar la programación grabada para que pudiera pasar la fiesta con su familia, Ajeno a la socialización quiso permanecer esa noche en la cabina de transmisión, lugar ideal para no sentir el peso de su soledad.
En algún momento frente al micrófono recordo su infancia. Sus navidades con sus padres, sus vecinos, tíos, abuelos, Aquellos tiempos en que su corazón, exaltado por la espera, no dejaba de latir apresuradamente cuando bajaba las escaleras a la madrugada tratando de sorprender a Papá Noel al momento de poner los regalos. Recordó también los juguetes pedidos que, a fuerza de cartas con dibujos y explicaciones del caso, el inefable Santa terminaba poniendo debajo de su árbol.
Y cuando quería que vengan sus abuelos, que vivían en otra ciudad, su reclamo en cartas y oraciones nocturnas terminaban con su cometido, tenerlos presentes en la mesa de nochebuena.
Claro que sus recuerdos fueron dando lugar a un hermoso relato que casi ocupaba toda la audición de esa víspera de Navidad que el dueño de la radio había programado con villancicos y alguna que otra música clásica, como era habitual en el programa grabado.
La audiencia, al principio, ensimismada en las últimas corridas de compras y arreglos de la mesa no estaba atenta a su relato, hasta que en cada casa, alguno que pasaba cerca de la radio le prestaba atención y llamaba al resto de la familia para que escucharan al locutor. Descripciones de fiesta, de risa, de amor compartido, de deseos materializados en regalos esperados, comenzaron a ser escuchado por toda la ciudad.
Vecinos que en su niñez habían compartido veredas de juegos y, por cuestiones de nada, se habían dejado de saludar recordaron épocas de compartir los cohetes e inaugurar los juguetes recién sacados del árbol prestándoselos mutuamente. Parientes que habían festejado en su infancia y adolescencia la mesa con los abuelos y dejaron de llamarse por alguna nimiedad de momento, recordaron sus mayores ya idos y sus primos y tíos no visitados hacía años. Padres e hijos distanciados por alguna cuestión generacional de entendimiento, recordaron las ilusiones, los juguetes, las caricias y abrazos. La emoción de las doce. Las corridas con los preparativos.
Lentamente en cada casa todos fueron juntándose alrededor de la radio y escuchando las palabras del locutor sintieron que, de alguna manera, el espíritu de la navidad los volvía a tocar. Los teléfonos de otras ciudades comenzaron a sonar con la urgencia del saludo de navidad y las puertas de los vecinos comenzaron a ser golpeadas por gente de la cuadra que con una botella en la mano se acercaba para brindar. los padres recibieron a sus hijos, quienes juntando la comida preparada mudaban el lugar de la fiesta.
Eran las doce menos cuarto cuando el locutor un poco cansado por el monólogo sin interrupción de dos horas decidió tomar un descanso. Al levantar la vista tuvo una visión, detrás del vidrio de la cabina estaba la gente que vivía en la cercanía de la radio. Vecinos de él en los últimos treinta años. Esperándolo para saludarlo y brindar con él.
Sus ojos se le llenaron de lagrimas y cosecho su siembra…
Silvia Mottes
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Uploaded on Dec 21, 2011
Abstractas
Paisajes
Personas y mascotas
Grafitis, carteles y puertas
Edificios y detalles de la...
Cielos y atardeceres
Galeria de flores, plantas...
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