Mallaucán guió a los mapuches hacia un bosque de araucarias, y allí pidió a los dioses que protegieran a sus mujeres y niños.
Cuando todo pareció perdido, ocurrió lo inesperado: las ramas de las araucarias comenzaron a sacudirse y cayó una lluvia de frutos que se abrieron y dejaron ver sus semillas.
Estas semillas fueron el mejor alimento; luego se sintieron con más fuerzas, volvieron a la batalla y vencieron a los españoles.