Oaxaca City -
City Museum (Museo Casa de la Ciudad)
El título que la fotógrafa Mari Seder da a la exposición que presentamos, desde un inicio delata sus motivaciones. Nuestra artista encuentra en Oaxaca un fenómeno muy especial que es la devoción sincera que se manifiesta en los lugares que visita. La devoción toca en lo personal también a quien la presencia, lo que resulta en un juego de espejos entre la artista que fotografía y las personas y ambientes fotografiados.
Mari Seder es fotógrafa excepcional y su visión fotográfica está teñida de cierto interés antropológico. Impregnadas de gran respeto, sus imágenes describen con fidelidad y precisión lo que le toca presenciar.
Al mostrarnos estas devociones tan personales Mari Seder nos hace penetrar en un aspecto de la vida oaxaqueña que se manifiesta en interiores. Si consideramos la casa como una extensión del espacio que todos conocimos por dentro —un cobijo y refugio que en forma de edificación representa el interior de la madre en que todos hemos habitado—, entonces la interioridad que enfoca Mari Seder es de índole particularmente femenina.
Es costumbre en el Valle de Oaxaca reservar una habitación, o por lo menos parte de una, para ahí instalar un altar que la mujer de la casa mantiene amorosamente con flores siempre frescas y con perfume de copal. En la habitación y ante el altar —que he oído mencionar como “casa de los santos”— se celebran los banquetes y ceremonias importantes que marcan las etapas de la vida humana: bautizos, bodas, sepelios, es decir el nacer, la vida fértil y la muerte.
De mujer a mujer, de la dueña de la casa a la fotógrafa, fluye en los ambientes interiores una esencia del alma humana. Las devociones de esta naturaleza, por ser parte de la casa y de lo que ella representa, son manifestaciones espirituales de antiquísimas fuentes, que por debajo de vestiduras de culturas diversas corre como secreto río subterráneo. Río imparable, por lo demás, cuyo rugido secreto la mujer de la casa comparte con el grupo familiar, o con el pueblo al que pertenece. Sobre el altar se acostumbra poner figuras de bulto, fotografías y cuadros, y entre éstos con frecuencia aparece una figura femenina, la de la Virgen de Guadalupe. Es este un símbolo fértil y de origen profundo del alma de no sólo los oaxaqueños, sino de los mexicanos todos, que lo comparten, por cierto, con seres humanos de toda la Tierra.
He aquí el fruto del interés de la fotógrafa andariega, la viajera incansable por el mundo interior y secreto de los lares oaxaqueños, la razón que año tras año la hace volver a Oaxaca. Estas son algunas de las imágenes que luego lleva a países lejanos donde quienes miran estas manifestaciones muy particulares de nuestra cultura se sienten atraídos por su magia.
Susana Wald
Source
www.enamorartedeoaxaca.blogspot.com
Planeta.com review