Como el alma de un río
como el sueño de un árbol
la nube por el cielo
desdeñosa avanzando
desprecia las miradas
amorosas del campo.
Perderá su hermosura
deshaciéndose en llanto
cuando su amor conceda
a la sed de unos labios.
No te entregues, blanquísima
virgen de los espacios,
que tu amante es el polvo
y tu amor será barro.
M. Altolaguirre.