Fue por esos días en que dejaste de aparecer y debí acostumbrarme a que así fuera.
Empecé a sentir una leve molestia en el pecho, bueno, en realidad no era incómodo, más bien extraño. Se hacía más intenso a la hora del baño, un leve puntito frío empezaba a crecer y aunque me resultaba raro, nunca creí que debiera visitar a un especialista, entre otras cosas porque hace mucho dejé de creerle a los médicos.
Poco a poco ese puntito dejó de serlo para volverse en algo más grande, no sé que palabra usar para referirme, el caso es que me distraía, dejaba de pensar en tí. Un día hasta me pareció que tenía vida propia, respondía a estímulos, sobre todo al agua, pensé en ponerle nombre, en últimas no lo hice.
Nunca le dije a nadie hasta hoy, que ya tiene vida y hasta me acompaña, es un pez que vive en mi pecho, justo donde solía estar el corazón.