"Era un individuo de regular estatura y anchas espaldas, delgado, recio. Vestía una ropa a la que el largo uso había dado un color indefinible; sus pies estaban calzados con ojotas. Y a pesar de la tibieza del día, cubríale el torso una gruesa manta de invierno, rota y deshilachada. Se inclinaba humilde ante mí, pero sus redondos ojos verdes, muy claros, fijábamos con risueña expresión interrogativa en mi semblante. Imposible habría sido definir la edad de aquel sujeto; pues los ásperos y lucientes cabellos, el grueso mostacho, las espesas cejas de un rubio claro, denunciaban la juventud, al par que las ondas mejillas fatigadas, sueltas, picadas de viruelas; la estrecha frente, en que las marcadas arrugas parecían cicatrices, hablaban de largos años de trabajos y padecimientos. Y ahora, su gruesa boca fruncíase en una sonrisa, como la de un niño que acabase de cometer una falta de la que pidiera perdón".
Ilustración para introducción del cuento "Candelilla".
(Collage digital - Adobe Photoshop CS2).