"Mi madre piensa que soy agua y que jamás podré ser tierra (como mucho tierra mojada, mientras rie y se bebe el té). Lo dice porque cree que no voy a parar en ningún lugar y que todo a mi alrededor se mueve a tal velocidad que cuesta hasta crear recuerdos que parezcan reales. Entonces me habla de Sigur Rós, de las películas subtituladas con finales dramáticos y de esa manía de desaparecer sin avisar.
La miro sin decir nada (me enseñó a esperar a que los demás suelten hasta la última espina de lo que piensan antes de interrumpirles). Es cuando vuelve a reir y me dice, con pena, que nadie comprende a la gente que siente tan radicalmente la Luna llena, a los que compran flores para la habitación y acaban regalándolas a desconocidos, o a los que lloran al ver un video de danza, fotografías de McCurry o al escuchar la cinta de un amigo tocando el piano... Entonces llega al final con un: todo el mundo teme a esa gente, por eso nadie llegará a seguir para siempre tu corriente pero, aun que parezca contradictorio, eso es lo más espectacular.
Le sonrío y empiezo a cantarle. Amapola, lindisima amapola, no seas tan ingrata, quiéreme.. Mientras pienso que soy tierra..."