La vida es un jardín; lo que siembres en ella,
eso te devolverá.
Así que elige semillas buenas, riégalas y con seguridad
tendrás las flores más bellas.
Cada acto, cada sonrisa, cada
mirada es una simiente.
Cada una tiene en sí el poder vital y germinativo.
A menudo sembrarás llorando, pero ¿Quién sabe
si tu simiente no necesita del riego de tus lágrimas para que germine?
Piensa que los vientos fuertes harán que tus
raíces se hagan más profundas para que tu rosal
resista mejor lo que habrá de venir.
Y cuando tus hojas caigan, no te lamentes; serán
tu propio abono, reverdecerás y tendrás flores nuevas.
¿Rompió el alba y ha nacido el día?
¡Salúdalo y siembra! ¿Llegó la hora cuando el
sol te azota? ¡Abre tu mano y arroja la semilla!
¿Ya te envuelven las sombras porque el sol se
oculta? ¡Eleva tu plegaria y siembra!
Y cuando llegue el atardecer de tu vida, enfrentarás
la muerte con los brazos cargados y una sonrisa
de satisfacción.
Cada acto, cada palabra, cada sonrisa,
cada mirada es una simiente.
Procura, siempre: "Una siembra de amor"
Al final de la vida cuando nos pidan cuentas,
nos pedirán cuentas del amor, de lo que hayamos
hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.
En medio de un mundo de violencia, ahí estamos nosotros
para marcar la diferencia. Hoy coloca esta semilla de amor en tu corazón y no
te arrepentirás.
P. Dennis Doresn, L.C.