Caracas a sus 444 años de ser fundada es una ciudad grande, caótica, algo desordenada, pero hermosa.
Moldeada de acuerdo a la orografía del valle del Guaire, es una ciudad que ha crecido violentamente en los últimos 40 años. Ha visto pasar decenas de gobernantes, miles de habitantes y muchos años de cariño, amor y desidia compartidas. "De lejos Caracas es bonita" o "Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra". Se ha dicho tanto de esta ciudad, se ha planificado tanto, se ha prometido mucho y se ha cumplido poco.
Caracas trata de recuperar poco a poco ese espíritu que tuvo hace algunos años, donde las casas de ladrillos de barro en La Pastora podían convivir en perfecta armonía con las grandes estructuras modernas de Los Palos Grandes. Ahora es una ciudad dividida, polarizada, y creo que eso es algo difícil de cambiar si dejamos de ver a esta bella ciudad como parcelas que representan ciertos partidos políticos y clases sociales, y la vemos como una sola entidad.
Hay tanto que recuperar de esta ciudad, comenzando por aquello que la hacía una ciudad ejemplar en Latinoamérica: su gente. Muchas veces he pensado que el caraqueño promedio actual no tiene sentido de pertenencia con respecto a su ciudad, y es lamentable. Espero que eso algún día eso cambie para bien, y que Caracas siga tan brillante y bonita como se ve en esta foto, que al acercarnos no veamos desidia e indiferencia, sino cambio, progreso y evolución.
Caracas, te quiero.