Esta retícula parte de los gabinetes de curiosidades como respuesta a la multitud de hallazgos y objetos extraños procedentes de las grandes exploraciones a partir del siglo XVI. Lo curioso en cada una de ellas es el hecho inherente de una necesidad por preservar, clasificar y emprisionar lo incomprensible y lo foráneo.
Desde un apego inmesurable a los recuerdos, los objetos, las palabras y los lugares, me dispongo a encacillar los monstruos que son, quizá, las criaturas más incomprensibles que haya podido encontrar.
Todo surge del amor, o al menos de una particular y única forma de amar; la única que tantos libros y canciones me dieron a conocer. Como en el ensueño las emociones son abrumadoras, por largos tiempos discurrí en el intento de hallar un hilo conductor a mis planes y propuestas por un romance perfecto. Quizá tuve una idea falsa de la verdad, pero pienso que en algún momento estuve cerca de ser justamente quien quice ser. He terminado por renunciar a dicho intento y ahora puedo examinar los hechos y valorarlos serenamente.
Desde mis libros, nacieron relaciones de a mentiras y estos son Jose María, Andrés y Juan: mis posibles amores, mis finales inciertos, mis amantes y amores inconclusos. Todos, finalmente inexistentes.