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84/365 Mi vinilo favorito | by NoraeLebowski
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84/365 Mi vinilo favorito

Hoy hace diez años que no está. Me he acordado de ella mientras compraba un ramo de flores para mi mujer. La gente moral pensará que eso es una cabronada para ella y los niños. Pero en absoluto, me acuerdo de ella prácticamente cada día sin quererlo y no porque la ame o la extrañe sino porque fue una de esas personas que te tocan y contagian y luego no te curas nunca. Es crónica y le debo muchas cosas, como por ejemplo, mi éxito en la fotografía o mi gran colección de vinilos.

Tenía veinte años cuando la vi paseando por la playa. Llevaba un bañador de faldero a rayas rojas y blancas. Vislumbré su acento italiano y su olor a salitre incluso teniéndola a metros de mí. Ella sonrió y así es como comenzó todo. Venecia tenía por nombre y por piel, aunque su corazón fuera más helado que el invierno en Noruega. Jamás nos llevamos bien. Jamás le regalé flores. Jamás pensé que tendríamos futuro y simplemente por eso, me ahogaba en su canal. Pensé que la estaba queriendo como ella a mí y después, cuando marchó, me di cuenta de que ambos habíamos estado disfrutando de un carpe diem extenso y propietario, pero sin amor en él. Me encogí de hombros y seguí con mi vida, como ella hizo con la suya.

Al principio pensé que debería sentirme triste, como poco, cabreado. Luego conocí a mi mujer sentado en un café a la intemperie. Y los calmantes dejaron de hacer efecto. En mi mujer encontré una vía de escape y en ella, mi musa. Exteriorizaba su belleza en mi mujer, en todo lo que me habría gustado que fuera Venecia. La maldita me hacía coger con fuerza la cámara y trabajar, trabajar, trabajar. Me enseñó qué era la fotografía, me enseñó a excitarme con sólo mirar. Era mi mujer la que aparecía en los negativos pero era Venecia y Noruega quienes me visitaban a través del objetivo. Se convirtió en la música que escuchaba y en mi pasión por el coleccionismo. Y cuando recurría a ella y ella no venía, cogía algún vinilo y en seguida aparecía. Morena, con su traje de baño con faldero a rayas rojas y blancas, en mi cabeza, en mi retina, necesitándola para seguir subsistiendo pero sin amarla. Entonces descubrí que ella no era mi fotografía, ni tampoco mi música. Ella era mi arte. Estaba en la cámara y estaba en el tocadiscos. Y da igual qué sonara, quién posara, porque ella siempre será mi vinilo favorito. Aunque vosotros penséis que es una cabronada para mi mujer y los niños.

  

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Taken on July 4, 2011