El hombre apaga el cigarrillo y sonríe tranquilamente, observando al publico. El silencio parece abrazar a cada uno de los asistentes, haciéndolos sentir en casa, cómodamente acurrucados. Si alguna palabra imprecisa brotase del pecho de aquel hombre, el estruendo entre la gente no daría tregua a su corazón hirviendo en emoción.
-Yo estoy aquí, disponible para alterar todo lo que hayas vivido hasta el momento, al punto de remover cada pieza del engranaje y hacer que todo marche correctamente, como el cirujano de tus pesadillas, que con sus manos recrea esas sombras en colores centelleantes. Quiero escuchar tu respiración cantando con la mía una vez tras otra vez, llenando de vida cada rincón, haciendo de esa nuestra mejor canción. Lo de afuera no importa, es el reflejo de nuestro interior. Observa, no mires como solías, date cuenta de que todo está brillando, que ya todo se tiñe de magia e ilusión, que más allá de lo evidente hay una sonrisa que yace quieta esperando brotar, llena de vida y de intención, anhelando vivir, anhelando sentir, aguardando el momento sabiendo que nunca es tarde para volver a empezar...
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