Y ahora me pregunto dónde estará esa mirada, si tan solo se habrá suspendido en el tiempo, como los latidos de mi corazón cuando te veían tener los últimos alientos de vida.
Si estarás bien porque, no me imagino que no estés. Si habrás sabido todo lo que te hemos querido cada día que has estado junto a nosotros. Ni siquiera sé como he tenido fuerzas para verte encima de esa camilla pero de lo que no tenía fuerzas era de dejarte solo en ese momento, de que tuvieras miedo cuando no tenías porqué tenerlo (aunque para mí sea tan duro ahora) pero no quería que te sintieras solo. Has estado poco tiempo para el que todos esperábamos cuando te vimos entrar por aquella puerta, tan pequeño que te patinaban las patas en el suelo, aquel bebé y aquella mirada de tristudo. Luego hiciste tus trastadas y nos enfadabas más que a nadie tirando en cada paseo o comiéndote los colchones, pero fuiste creciendo y aprendiendo, fuiste comportándote, hasta ser lo que eras hoy.
Aunque ahora todo el mundo haya empezado el mes e incluso tú lo hubieras hecho, también lo has terminado y no puedo ver tus ojos ni siquiera pensar en tu mirada, me duele todo y el mundo a mi alrededor parece inquietante. Tembloroso. Parece tener miedo, como yo, que no sé que hacer exactamente, pero hay algo que sí sé, y es que tú no merecías pasar todo esto, tú eras nuestro y no de un puto mosquito, tú eras parte de nuestra felicidad.
Te queremos muchísimo pequeño y espero que estés descansando tranquilo. Te echo de menos Zeus, porque has sido mi primer bichito especial, mi primer... bebé y quiero que sepas que nunca, nunca te vamos a olvidar.