Las niñas nacen, lloran, se peinan, se visten y lucen su vestido volando volados, desarmando moños y corriendo conejos que no las llevan a los cuentos. No quieren muñecas, no quieren muecas ni cuentas. Juegan, saben no ser princesas, pierden sapos y no dejan de dar saltos. Las niñas crecen, creen y crean. Las niñas se sacan los vestidos y lloran. No encuentran refugio, las apuntan y fuego. Las niñas se despeinan, se lastiman y crecen, creen y crean, pero no alcanza, entonces se despeinan, se lastiman y crecen, creen y crean. Las niñas no ven caballos, pintan de verde y amarillo las capas, se llenan de capaz, hubiera y debería, pero las niñas saben que desnudan su alma, la entregan a una pileta, no nadan, se ahogan y se salvan, juegan y pierden, juegan y ganan, pero pierden, siempre pierden algo porque ellas crecen, creen y crean. Las niñas se descalzan, no encuentran zapatos, las niñas se pinchan sin regar rosas, huelen a jazmines e inciensos, huelen a vida mal partida, sueños bien paridos de niñas que inspiran y aspiran nubes con formas de almohadones que las desprenden del cielo. Las niñas se queman, una dos tres mil veces, se encienden y expanden fuego por doquier, dejan cenizas, las niñas manchan sus vestidos grises y suspiran porque ellas crecen, creen y crean. Las niñas se sacan punta, pintan arcoiris entre el sol y la luna, una goma les quita tiempo, y las niñas ríen desesperadas, a gritos, entre llantos y renacimiento, las niñas se reproducen en un desgarro eterno de calores sin matices que enfrían ceños mientras el corazón rompe sus senos. Entonces las niñas mastican cuadros, encuadran sus recuerdos y recuerdan su inocencia, y se abren de piernas para dejarse pasar de nuevo ya con menos llantos pero no menos tristeza, ya con menos vestidos pero no con tanta desnudez, ya con menos vuelo pero sin sentir el suelo… y las niñas se encuentran, se abrazan, se hablan, se reconocen de todas sus vidas pasadas y pisan el pastizal que las habita para que esa noche las niñas no se sientan solas, se sientan que todo se transforma y que en ese instante las niñas que crecen, creen y crean están allí para ser compañía de caricias que se rompen, que mojan, se secan, caricias que no llegan y las niñas aplauden, mueven sus caderas y miran a las estrellas, piden deseos, piden sabiduría y paciencia, piden naturaleza, y se hacen de memoria su ritmo de días y noches, entre decencia y mal docencia: las niñas no dejan de ser niñas pero se saben lejos de las niñas que se asombran y muy cerca de las niñas que crecen, creen y crean. Las niñas se crían y ellas se juntan.
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A dúo con la genia de Lula y su amigo Faca Flores :) terrible honorazo(?) el mío!