Hay veces que resulta difícil ponerle título a una foto, esta es una de ellas, así que acepto sugerencias. Podría utilizar un título enigmático tipo "241015hostia! que nadie más que yo entendería, pero que es un buen resumen para una jornada en la que hice 24 km, con una mochila de 10 kg tirando por lo bajo para tan solo poder hacer fotos durante 15 minutos...¿Y mereció la pena? Sí, rotundamente sí...lo de "hos...y lo que sigue" fue la única palabra que salió de mi boca cuando miré al cielo la primera vez que salí del refugio :-)
También podría optar por algo meramente descriptivo tipo " A los pies del Cuernavacas"....síiiiiiiiiiiiiiiiii...ya sé que es Curavacas, el emblemático, fiero y precioso a rabiar pico de la Montaña Palentina....y síiiiiiiiiiii....ya sé que no son los pies, sino más bien las estribaciones de su espalda....el caso es que un título tan aséptico no respondería en absoluto a la esencia que desprende ese lugar...
Así que sin título descriptivo y sin título enigmático el caso es que no tengo título para esta panorámica de un lugar que me ha hechizado por completo.
Comenzamos la ruta con algunas calvas de nieve y poco más, dos horas después un pequeño aperitivo y nuevamente en marcha. A partir de este momento y sin darnos cuenta las calvas comenzaron a ser manto y el manto a espesarse hasta que una capa de 5-10 cm de nieve polvo castigaba nuestras piernas un poco más. Lentamente vimos como las últimas pisadas humanas y las huellas de algunos quads iban desapareciendo dando paso a las de ciervos, zorros, alguna dudosa de lobo etc etc. Cuatro horas después llegamos a nuestro destino, tiramos las mochilas, yo me acuerdo del que me recomendó un trípode pesado y estable y de la madre que lo parió y comenzamos a acomodarnos. Hacía un poco de frío, así que decidimos ir a coger leña de esa que calienta tres veces, cuando la cortas, cuando la pujas y cuando la prendes. Nos acercamos también a aprovisionarnos de agua y descubro que el río está prácticamente helado y la nieve cubre a modo de champiñones las piedras que asoman salpicadas en el curso del río, una auténtica preciosidad. El cielo se cubre por completo y a regañadientes nos vamos al refugio y preparamos la cena. Asomé varias veces pero nada, niebla y completamente cubierto hasta que tras un rato de sobremesa de esas que te quedas embobado mirando al fuego y de vez en cuando entablas conversación, de esas que estás en paz, absolutamente feliz, salí afuera y .....¡Hostia! Me puse todas las capas que pude y salí casi corriendo, el cielo era inmejorable...15 minutos después el traicionero curavacas no se debió sentir demasiado cómodo como modelo fotográfico y una intensa niebla me obligó a retirarme. Es difícil describir lo mucho que disfruté en esos 15 minutos, iluminando, corriendo y estudiando y planificando lo que iba a hacer y en qué orden para no dejar mis huellas en las siguientes fotos :-). De vuelta al refugio, nueva sobremesa de esas impagables con mi amigo Alejandro y cada poco asomando de nuevo a mirar al cielo, al final un pequeño atisbo de mejoría me hizo salir a nintentarlo de nuevo....y como si de una maldición se tratase, cuando me había alejado lo suficiente para retratar el hermoso río con su traje blanco de gala, una niebla súbita y una ventisca de nieve se abalanzó sobre mí, no veía más allá de dos metros e incluso me desorienté y aparecí 300m por encima del punto en el que pensé que estaba el refugio, aunque rápidamente me di cuenta por algunas referencias, pero las pisadas anteriores ya habían desaparecido y la cosa asustaba un poco, así que finalmente regresé al refugio a mirar al fuego y de vez en cuando al cielo...no pude hacer nada más esa noche, pero os puedo asegurar que no tardaré en volver a ese indescriptible lugar.