Raquél Martín durante su lectura de poemas saharahuis en la presentación del libro "ENCUENTROS EN LA BADÍA. Gdeim Izik, presente" de Fernando Llorente.
The Western Sahara conflict has resulted in severe human rights abuses, most notably the displacement of tens of thousands of Sahrawi civilians from the country, and numerous casualties of war and repression.
Morocco has been repeatedly criticized for its actions in Western Sahara by international human rights organizations.
El Sahara Occidental fue introducido en la lista de los territorios no autónomos en 1960 en la Resolución 1542 (XV) de la Asamblea General de la ONU, de 15 de diciembre de dicho año, cuando era una colonia Española. Su proceso de descolonización fue interrumpido en 1976, cuando su antigua potencia colonial, España, abandonó el Sahara Occidental en manos de Marruecos y Mauritania (conforme a lo dispuesto en los Acuerdos de Madrid, ilegales según el derecho internacional). El territorio está ocupado actualmente casi en su totalidad por Marruecos, aunque la soberanía marroquí no es reconocida ni por las Naciones Unidas ni por ningún país del mundo.
El día 8 de noviembre de 2.010 fue desmantelado por las fuerzas de ocupación marroquíes, con salvajismo y ferocidad, además de con alevosía y nocturnidad, el campamento de protesta de Gdeim Izik, en las inmediaciones de la ciudad ocupada de El Aaiún, capital del Sahara Occidental, que en principio había levantado un grupo de jóvenes saharahuis, y que llegó a reunir a más de 20.000 personas, cobijadas en 4.000 jaimas. El 10 de octubre de 2.010 la protesta permanente de los saharahuis, que desata cada día el instinto criminal de las fuerzas de ocupación marroquíes, tomó un rumbo que trascendiera los límites de su sufriente existencia torturada, y llamara a la cordura, si le queda algo de ella, de la comunidad internacional. Transcurrido apenas un mes desde su instalación y crecimiento, los ejércitos enemigos no repararon en medios bélicos y otros horrores para arrasar el campamento en un intento inútil por acallar estruendosamente la protesta contra la bárbara ocupación, sin que la comunidad internacional manifestara indignación, mucho menos condena. Por el contrario aceptó las acusaciones de culpabilidad con las que el reino de Marruecos condenó a los saharahuis. La comunidad internacional bendijo así una vez más la ocupación ilegal y el terror que vulnera insistentemente los derechos humanos del pueblo saharahui.
Fernando Llorente sale al encuentro de unos estados de ánimo que, presos de la imptencia, ensombrecen la luz y enrarecen el aire de la badía, la Tierra Liberada del Sahara Occidental, hermoso y duro territorio en el que una parte del pueblo saharahui habita con sus rebaños de cabras y camellos. Y en donde Llorente se reencuentra con una parte de sí mismo.