Este soldado turista toma una instantánea de una naranja que alguien olvidó en uno de los 2711 bloques de hormigón que conforman el Monumento Memorial al holocausto judío en Europa. Una vez dentro, esta cuadrícula laberíntica de 19.000 m2, con columnas cada una de una altura diferente, pretende sumirnos, entre sus interminables pasillos, en una atmósfera inquietante de agobio y opresión, simulando lo que debieron de sentir miles de judíos encerrados en los campos de concentración y exterminio.
Diseñado por el arquitecto Peter Eisenman y por el ingeniero Buro Happold, fue construido entre 2003 y 2004 y costó 25 millones de euros.
En una ciudad como Berlín, las pintadas y graffitis se encuentran por doquier; como curiosidad que oí decir a una guía turística que acompañaba a un grupo de españoles, la superficie de estos bloques está tratada con Protectosil, una sustancia anti-graffiti. La paradoja es que esta sustancia fue creada por la compañía Degussil, quien había estado implicada en la persecución nazi y cuya subsidiaria Degesch había producido el Zyklon B, usado para asesinar a la gente en las cámaras de gas. Cómo se nos burla la vida.
Fuente: Wikipedia
Berlín, Alemania.