Robert H. Vance arribó a fines de febrero de 1847 al puerto de Valparaíso; lo que sus ojos pudieron apreciar de esta nueva realidad está perfectamente descrito por un contemporáneo suyo, el ingeniero de minas Paul Treutler (1958) en su obra "Andanzas de un alemán en Chile, 1851-1863" que dice al respecto: "... el puerto, donde se encontraban al ancla centenares de buques más grandes o más pequeños, pertenecientes a los más diferentes países y cuyas aguas eran cruzadas por innumerables botes, ofrecía un espectáculo muy interesante. Se movían en él grandes vapores, apurando con sus estridentes pitazos a los pasajeros retrasados; algunos veleros levaban anclas, y los alegres cantos de los marineros se escuchaban desde nuestro sitio, la banda de un buque de guerra británico tocaba God save the Queen; y la de un buque de guerra francés, alguna marcha de asalto, y volaban alrededor de nuestro buque grandes cantidades de gaviotas y alcatraces, peleándose con gran gritería los despojos de cocina tirados por la borda."
Pocos días después, exactamente el 8 de marzo de l847, el daguerrotipista Robert H. Vance en sociedad con otro profesional de apellido Hoytt - seguramente norteamericano - se da a conocer como retratista a los vecinos de la ciudad-puerto, ofrecía en esta oportunidad distintas variantes de retratos. Este primer contacto con el público chileno, lo realiza a través de las páginas del principal diario del país, "El Mercurio" prestigiosa publicación fundada en 1827 por el norteamericano Thomas G. Wells. El joven Robert - sólo contaba con 22 años de edad - con una clara visión empresarial, utilizó las páginas de este periódico para publicitar sus distintos establecimientos de retratos. Estos anuncios llenos de valiosa información sobre su actividad profesional y los distintos viajes de negocios, constituyen, según nuestro criterio, parte importante de la literatura fotográfica de Chile durante el siglo XIX.
Es importante resaltar el pionerismo fotográfico de Vance en Chile. Su actividad a partir del verano de 1847 lo convierte cronológicamente entre uno de los primeros 10 daguerrotipistas que actuaron en esa nación sudamericana. En este escaso grupo de pioneros, sólo un equipo norteamericano lo procedió en este negocio, fueron los legendarios hermanos Charles y Jacob Ward, quienes ya se encontraban establecidos aquí a partir de 1844 y cuya relación con Vance veremos más adelante.
Si debemos guiarnos por las estadísticas, diremos que, la etapa del daguerrotipo en Chile se extendió entre 1843 hasta los primeros años de la década del '60. En estos 20 años de vigencia trabajaron en el país alrededor de 50 profesionales que podemos discriminarlos de la siguiente manera; 10 actuaron antes que Vance, 15 fueron contemporáneos a su permanencia en Chile y los restantes 25 operaron posteriormente a su alejamiento en agosto de 1850. Como dato complementario de esta evaluación, es preciso apuntar que el 90% de estos daguerrotipistas y ambrotipistas fueron extranjeros y sólo un 10% eran de nacionalidad chilena.
Con justicia debemos destacar la importancia fundamental que tuvieron los daguerrotipistas extranjeros en América Latina; el invento fue originario de Francia y la primera oleada provino de esa nación, pronto se sumaron ingleses. alemanes, italianos o suizos. A los europeos se agregaron con celeridad los norteamericanos, quienes contaban a su favor con la cercanía geográfica a estas plazas y una pujante industria de apoyo; unos y otros fueron los verdaderos padres de la fotografía en estas naciones y así están reconocidos por la historia. Ellos instalaron sus primitivos atelieres en las principales ciudades, recorrieron esta dilatada y difícil geografía, realizaron vistas urbanas y rurales, documentaron sitios arqueológicos y tomas antropológicas, realizaron exposiciones de sus obras, publicaron noticias, retrataron a buena parte de la sociedad de la época y fundamentalmente se destacaron como docentes en la formación de discípulos.
En su expansión continental los daguerrotipistas europeos y norteamericanos se enfrentaron comercialmente, esta lucha no sólo abarcó la captación de clientes en el campo de la retratística, también la puja se extendió a la faceta industrial, pues unos y otros representaban de hecho a los fabricantes de material daguerreano con sede en el viejo y nuevo mundo. Firmas proveedoras de Francia, Inglaterra o Alemania competían con sus similares americanas para ubicar sus manufacturas, por otra parte la constante evolución técnica de la fotografía fue el causante de ríspidas discusiones entre profesionales de distintas banderas, estas diferencias aún hoy se pueden constatar consultando en archivos los diarios de la época.
Cámaras de daguerrotipo, lentes diversos, estuches de tafilete o unión case, joyas para retratos miniatura, manuales de instrucción, planchas daguerreanas, todo provenía de estos países líderes. Podemos afirmar que muchos de estos daguerrotipistas viajeros, fueron en realidad encubiertos vendedores de equipos, su "modus operandi" consistía en instalarse en una ciudad de importancia, ganar dinero con la venta de retratos y al poco tiempo ponían todo el negocio en venta, lucrando con la transferencia de equipos de toma y revelado y hasta cobraban por la enseñanza de este nuevo oficio. Muchos establecimientos de retratos funcionaron paralelamente como proveedores mayoristas de material daguerreano. En este proceso de luchas y rivalidades América Latina estuvo absolutamente ausente. Es que en ninguna de estas nuevas naciones surgió una fábrica de elementos daguerreanos, en contraposición a lo que sucedió en los Estados Unidos, donde una ciudad - Daguerreville - se fundó alrededor de una empresa de estos suministros .-
Robert H. Vance no fue ajeno a estas luchas, observando con atención sus anuncios de prensa, vemos que enfatiza su carácter de daguerrotipista norteamericano, mencionando incluso las medallas ganadas en Nueva York y Filadelfia, estos mensajes públicos contenían un doble discurso, por un lado proclamaba su pertenencia a uno de los grupos y por el otro lado trataba de captar clientela entre la rica colectividad americana de Chile. Lógicamente, las distintas cámaras que poseía Vance para el ejercicio de su profesión y el stock de material daguerreano para atender la clientela, provenían de las fábricas americanas y lo acompañaron en su viaje marítimo desde Boston.
Vance y Hoytt actuaron intensamente durante todo el mes de marzo de 1847 en Valparaíso, por supuesto el rubro más explotado fue la retratística. El final del verano se presentaba con la fuerte luminosidad propia de estas latitudes, tan necesaria para la toma de retratos en el interior de los estudios vidriados.
Este fue el primer contacto profesional y humano de Vance en Chile, aquí pudo apreciar las costumbres, con su mezcla racial, la herencia española, la influencia de los criollos, las comidas típicas, la religiosidad del pueblo dirigida por la poderosa Iglesia Católica y la práctica diaria del idioma castellano que tendrá que ejercitar durante tres años y medio.
Un mes después de esta inauguración, o sea a principios de abril de 1847, la firma comercial de Vance y Hoytt decide mudarse a Santiago. Esta decisión empresarial coincide con muchos daguerrotipistas y fotógrafos, cuyas actividades fueron un péndulo comercial entre Valparaíso y Santiago.