No somos gato estaca, Ez gara estaka katua




idea

El proyecto NO SOMOS GATO ESTACA se compone y se desarrolla a partir de 2006 entre Cuenca y Donostia. La fotógrafía presentada como documento cotidiano pretende dar una visión subjetiva siempre bajo el pretexto realista. Hoy la fotografía goza de gran popularidad y cada vez es más difícil tener una mirada más selectiva a la hora de quedarnos con una imagen en concreto. Preguntas como por qué nos llama más la atención una imagen determinada o cuales son los motivos para hacer una fotografía no son fáciles de contestar, el proyecto NO SOMOS GATO ESTACA pretende contestar todas esas preguntas a la vez de ofrecer una serie de fotografías en formato de cuaderno que reflejen esta idea.


material

La fotografías son tomadas por Txema Maraví Artieda y su hermano Iñigo Maraví Artieda con cámaras analógicas totálmente automáticas. El revelado de los negativos y la realización de las copias se delega a profesionales del medio fotógrafico. Las fotografías todas en formato 10x15 cms. a color con papel brillo (txema) y papel mate (iñigo). Todas estas características son producto de una selección, no son caprichosas. La nueva fotografía tiene que ser susceptible desde el principio a una rigurosa selección, esto es importante por el motivo de que si no podemos generar imágenes con una pérdida total de su sentido.


referentes

Los referentes son muchos y muy variados; empezando por la pintura y la literatura romántica, la fotografía francesa de la primera mitad de siglo XX; Eùgene Atget, Henri Cartier Bresson, la fotografía americana de la segunda mitad; Stephen Shore, Stepehen Gill, Nan Goldin, Terry Richardson,Billingham, la fotografía de prensa, cineastas como Jim Jarmusch o Wim Wenders, la imagen en representación de Jeff Wall o la pintura en representación de Edward Hopper, etc... la imágenes no se componen de unos referentes en concreto, se trata de presentar todos los documentos cotidianos posibles con el objetivo de hacer más objetiva esa total y absoluta subjetividad, aunque no podemos despreciar su parte estética, de todas formas irán apareciendo nuevos referentes a partir del propio desarrollo del proyecto.

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A continuación añado los dos textos que hablan de fotografía y que aparecieron en el primer número de NO SOMOS GATO ESTACA:


La fotografía es arte, pero su relación no es tan directa. Podríamos decir que su relación es parecida a la de una rosquilla y unas virutas de caramelo. Ambas pertenecen al grupo ``rosquilla´ ´, pero no es lo mismo la rosquilla y las virutas de caramelo separadas. Ambos pueden ir unidos formando un nuevo concepto que si lo separamos se convertiría en algo totalmente diferente. Sin embrago, aun separados seguiría existiendo una relación entre ellos, esa relación es la que pretendemos captar. Vamos a explicar esto.


Esta relación no es algo que se busca con una intención fija. Esta relación es algo que nos encuentra a nosotros y nosotros decidimos si captarlo ( click) o simplemente nos limitamos a observarla. Henri Cartier bresson decía que la cámara fotográfica es el instrumento de la intuición y la espontaneidad( con esto solo quiero decir nada, así que no me hagáis caso, o si)


Llevar siempre la cámara encima, para sacar una foto, esa foto que te dice que le saques, ese banco que no te deja en paz, vas andando, lo miras y te grita.

Una economía de medios a la hora de hacer fotos es lo idóneo.


Lo más bonito de todo es el ``ojo´´. El ojo obturador es el ojo que en vez de ver las cosas como en un video las ve en forma de fotograma, es el clic visual, es el hecho de mirar algo y no ver lo que pasa sino que ves lo que es, ves aquello que se te dibuja en la retina y algo dentro de ti no te deja ignorarlo.


Nunca pensé que esto pudiera afectarme de tal forma pero estoy enfermo, no veo más que imágenes, temo volverme loco pero a la vez me gusta y esto es lo mejor, no puedo y no quiero evitar estar en este circulo esquinado que me hace sonreír.


No me digas que esta fotografía es mala, dime que no te gusta. No me digas que no te gusta, dime que es rara. No me digas que es rara, dime que le sobra algo. No me digas que le sobra algo, no me digas nada, pero siempre podrás decírmelo todo porque yo me como las rosquillas con virutas de caramelo, con azúcar, con nueces, con crocanti e incluso con aquella esencia infumable que la rodea y le crea un aura que puedo ver.

La fotografía es una forma de vida.



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La fotografía me subestima y me limita. Juego anímico que siempre busca lo mismo, lugares recónditos o caminos mil veces recorridos, un haz de luz, una sombra, la hierba, una piedra. Con mi cámara y elevado a dos milímetros del suelo siento formar parte de la superficie del mundo, puedo andar sobre las aguas heladas y saltar como una pulga en celo. Veo un cerebro ciego, mi cerebro, mis ojos y mi retina unidos obtienen así, una fotografía de mi sobrino, de un escaparate, de un parque, de un maniquí, de un abuelo en invierno y de un copo de nieve, de un cartón en el suelo, amigos, colores verdes y rojos, siempre grises, ramas de árboles, sombras, recuerdos de lugares, postales y accidentes, escultura y pintura, chistes, coches y restaurantes.

El retorno es una constante, una pizca de nostalgia, color o blanco y negro, buscamos la nada y el todo. Un momento que te he de robar el alma, que me caes bien, que me caes mal, eres guapa, eres feo e interesante, haz el idiota, corre ladera arriba, saca una foto y luego baja rodando. Adopta una pose “tripodiana”, piernas flexionadas, pecho erguido y coge la cámara, no hagas nada más, espera a que no ocurra nada.

Todas mis imágenes negativas sumidas en la oscuridad total esperan la muerte que concibe una forma anodina, un pasado informe recogido y enrollado. Revelado completo.

Dice el listo de turno: Hay fotos que me gustan y otras no. Y añade: El gusto, no es más que una parte infinitesimal de nuestros actos. Lo que realmente determina nuestros actos son nuestros recuerdos junto a una “animalidad racional” que denominamos cerebro.

Tiene razón, el inconsciente óptico, la hiperrealidad de la imagen, lo obvio y lo obtuso, la retórica y la poesía, el fusil fotográfico, todos estos rollos forman parte del acto fotográfico, que es luz y que ilumina, que aburre e intimida, un medio por el cual poder dar forma real a la irrealidad visible, un orden limitado de formas dentro del caos, un hombre mirando a una bolsa movida por el viento y un arbusto que mira cómo se seca la ropa limpia de un tendedero.


NO SOMOS GATO ESTACA


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Publicado en ABCD el 10 de noviembre de 2007

Uno de los libros más extraordinarios que conozco es Investigaciones sobre la mirada, de Adrián Unger. Las investigaciones de Unger, fisiólogo de la universidad de los franciscanos de Löwen, se mueven en un terreno intermedio entre la anatomía y la poesía, entre la especulación y la metafísica. El libro es de 1946, y de él sólo existen, que yo sepa, una traducción al francés de 1958 y otra al inglés de 1959, que es la que yo leí hace unos años y que un milagroso azar me ha devuelto al fondo de uno de esos armarios que llevamos años sin revisar y que, al ser abiertos y aireados, nos muestran de pronto delicados fragmentos intactos de nuestro distante pasado.

El libro llegó a mí de una manera bastante curiosa. Lo encontré en la biblioteca de un camping (sic) en Edimburgo, Escocia, a principios de los años 80. Nunca he sido ladrón, pero aquel libro llamó tanto mi atención que al instante decidí quedármelo. Recuerdo que la lectura del libro me impresionó mucho entonces, pero los jóvenes están acostumbrados a sentirse impresionados y están convencidos, por otra parte, de que el mundo está abarrotado de misterios. ¿Qué es un misterio más cuando todo parece un misterio, cuando el sexo, el amor, el tiempo, el espacio, la identidad, el volumen, la memoria, los insectos, las constelaciones, la realidad toda, en definitiva, parece un inconcebible misterio? Por otra parte, mi inglés no era muy bueno en esa época, y no estoy seguro de haber comprendido del todo lo que afirma este libro escandaloso. Y es que, me digo, si de verdad hubiera entendido entonces lo que descubre Unger, si de verdad lo hubiera tomado en consideración, mi vida habría sido diferente.

Lo más inquietante del libro es que es la obra de un científico. Unger comienza con un estudio puramente fisiológico de la mirada humana. Nos explica, por ejemplo, que los colores no existen, y que en realidad todo eso que consideramos «el mundo visible» no es más que una colección de radiaciones. Nos explica que cuando leemos un texto nuestra mirada no «corre» por las líneas escritas, sino que salta aquí y allá y hace pequeñas «fotografías» a izquierda y derecha.

Algo muy parecido, afirma, es lo que hacemos cuando miramos las cosas. Nuestros ojos saltan, toman una fotografía, comparan la fotografía con el archivo existente y si no hay nada distinto, o genéricamente distinto, vemos la imagen guardada en el archivo. La mirada, afirma Unger, no es continua. Al contrario de lo que suponemos, los ojos no ven casi nunca lo que tienen delante. Cuando miramos, afirma Unger, estamos casi todo el rato pensando.

Pero lo más asombroso es la forma en que Unger explica este fenómeno. Es en este punto donde comienzan verdaderamente las «Investigaciones» a que hace referencia el título. Cuando fijamos la mirada en un punto e intentamos ver de manera continuada, explica nuestro autor, comienzan a tener lugar una serie de fenómenos inesperados. Primero, nos damos cuenta de lo increíblemente difícil que resulta ver de forma continua cualquier cosa, aunque sea una simple letra mayúscula, un simple círculo, una uña. Después, y si perseveramos en este curioso ejercicio durante unos minutos, empezaremos a notar que el mundo desaparece de nuestra vista. Concentremos la mirada en una imagen, en nuestro rostro en el espejo, en un diagrama, durante varios minutos y enseguida eso que tenemos ante nuestros ojos comenzará a desaparecer y, finalmente, desaparecerá por completo.

Sólo podemos ver, afirma Unger, cuando miramos a hurtadillas y de forma discontinua. Cuando intentamos usar nuestros ojos de verdad, y mirar de verdad lo que tenemos delante, entonces eso que tenemos delante desaparece, y empezamos a ver sólo luz o, como él explica, «rayos de energía» y «resplandores».

Los escépticos recordarán que Unger no sólo es un científico sino también un religioso (franciscano), y relegarán sus curiosísimas observaciones sobre la mirada humana al territorio de la «mística». Sin embargo, la observación central de Unger tiene un carácter empírico y puede ser fácilmente contrastada con los hechos. En las últimas páginas de su libro, Unger especula que quizá nuestros ojos fueran diseñados, precisamente, para ver esas radiaciones y esas fuerzas que nos hemos acostumbrado a ignorar. No es mucho lo que he podido averiguar de su vida. No escribió ningún otro libro, y murió en 1962 en Löwen a la edad de 96 años. Llevaba diez años ciego.


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unas citas:



“Veo el paisaje en continua amenaza por los fotógrafos que, en la cima de una montaña, se precipitaron
al vacío encontrando la muerte en su última instantánea.”


Txema Maraví.


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“La fotografía es arte, pero su relación no es tan directa. Podríamos decir que su relación es parecida a
la de una rosquilla y unas virutas de caramelo. Ambas pertenecen al grupo ``rosquilla´´, pero no es lo
mismo la rosquilla y las virutas de caramelo separadas. Ambos pueden ir unidos formando un nuevo
concepto que si lo separamos se convertiría en algo totalmente diferente. Sin embargo, aun separados
seguiría existiendo una relación entre ellos, esa relación es la que pretendemos captar. Vamos a explicar
esto.”



Iñigo Maraví.


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Name:
Íñigo y Txema Maraví Artieda
Joined:
December 2007